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     COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Tema del Domingo 31 de Agosto, 2003

1.- LA POLÉMICA DE LOS DOS ONCES DE SEPTIEMBRE

  LA POLÉMICA DE LOS DOS ONCES DE SEPTIEMBRE

Un editorialista de un periódico local de Montreal, criticó la cobertura mediática de la última semana aquí en Québec y en general en el mundo por los paralelos establecidos entre los dos once de septiembre. Aquel del recuerdo de las víctimas de los atentados suicidas contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y contra el Edificio del Pentágono en Washington el once de septiembre de 2001, por un lado.
Por otro lado la conmemoración del trigésimo aniversario del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 que terminó con la experiencia socialista democrática del presidente Salvador Allende.
El editorialista critica que implícitamente se haya establecido un lazo analítico que estableciera un nexo de causa efecto entre ambos que disminuiría el peso de las victimas de Nueva York por la participación de estados Unidos en el golpe de Estado en Chile hace treinta años.
Respecto a ello, es necesario recordar algunos elementos.
En primer lugar, es evidente que no existe un nexo de causa efecto directo entre los dos hechos. Los contextos y los hechos son diferentes. Jugar al cálculo del número de vidas humanas, de su mayor o menor valor, es inaceptable.
Ciertamente, nadie discute ahora de la participación activa de Washington en el golpe de estado que destruyó la democracia en Chile hace treinta años, las encuestas del Congreso, los recientes documentos desclasificados lo demuestran más allá de toda duda. Puede discutirse que fue solo una participación financiera, de instrucciones y de trabajo de zapa para desestabilizar el gobierno, lo cierto es que sin la participación del gobierno de Richard Nixon la historia podría haberse escrito de manera distinta. El apoyo a la dictadura de Pinochet nunca disminuyó, pese a ser uno de las dictaduras más sangrientas de América latina, que incluso recurrió al terrorismo en propio territorio estadounidense con el asesinato de Orlando Letelier. El golpe de Estado en Chile se dio en contexto de guerra fría que justificaba todas las violaciones del derecho internacional en la lucha contra el comunismo, como lo decía Kissinger los Estados Unidos no podían quedarse de brazos cruzados cuando un pueblo se equivocaba al elegir el comunismo. Las autoridades de esa época en Washington no consideraron el carácter democrático del proceso político chileno, dando razón a quienes pensaban que el imperialismo no permitiría ni siquiera un socialismo democrático al sur del Rio Grande.
En el caso del otro once de septiembre, en 2001, el contexto es totalmente distinto. Se trata de un atentado suicida de un grupo de fundamentalistas musulmanes, antiguos aliados de estados Unidos en la lucha contra el comunismo en el medio Oriente y en Afganistán, que plantean una plataforma religiosa de castigo a Estados Unidos, que se inscribe en el marco del conflicto israelo-palestino, incluso, según algunos como guerra de religiones o de civilizaciones o de nacionalismo pan-árabe, que busca llevar la guerra al interior del Imperio. Para el once de septiembre de 2001. las casi tres mil víctimas civiles sufrieron del descenso de un nuevo escalón en las guerras internas o entre naciones inauguradas en la segunda guerra mundial. La canalización de la violencia en los atentados suicidas y el uso del terrorismo de estado como herramienta de control policial reflejan profundos problemas de crisis de sistemas de dominación en el mundo. La guerra de la administración Bush contra el terrorismo, iniciada con la guerra en Afganistán primero y luego la invasión de Irak, contra la opinión de la comunidad internacional ha llevado la administración estadounidense al empantanamiento actual en ese país. La reacción a los atentados del 11 de septiembre de 2001, se ha elevado a política de estado que reduce libertades civiles y políticas en occidente mientras se lleva la guerra y la militarización en el mundo árabe y en el resto del mundo. Mientras tanto los culpables como Ben Laden, no han sido capturados.
Considerando la diferencia de contextos y, en la medida en que los dos hechos correspondieron a dinámicas completamente distintas es muy difícil hacer acercamientos directos porque efectivamente no existe ningún nexo de causa efecto. Al contrario, los chilenos y las organizaciones de solidaridad a nivel mundial, pensaron que el 11 de septiembre de Nueva York, ocultaría la conmemoración de lo que había ocurrido en esa delgada franja de tierra entre la cordillera y el mar en el confín de las Américas.
Para los chilenos este trigésimo aniversario tuvo un impacto fundamental al reabrir por primera vez desde el regreso de los gobiernos civiles hace treinta años, el debate sobre la memoria del gobierno constitucional de Salvador Allende y su proyecto de socialismo con empanadas y vino tinto, con un homenaje al gobierno de la Unidad Popular. Por primera vez, la memoria de Allende ha permitido reactualizar la posibilidad de que Chile comience a liberarse de la pesada herencia de la dictadura militar que le impedía pensar libremente su futuro. Posibilidad que termine con una transición que se prolonga indefinidamente manchada con la impunidad de los culpables de violaciones de los derechos humanos, empezando por Pinochet, cuando Chile pese a su enorme crecimiento de los últimos años es el país con la distribución más regresiva de los ingresos, lo que se traduce en altos niveles de violencia estructural manifestados en la delincuencia. Con un modelo económico neoliberal viejo de treinta años, que se agota y que no permitirá llenar la promesa de desarrollo para el bicentenario.
En ese marco, aunque no hay nexo causa efecto entre los dos once de septiembre, ellos recuerdan que las comparaciones son odiosas. Recuerdan que los imperativos éticos de los gobiernos deben ser de mejorar las condiciones de vida de los pueblos y favorecer el desarrollo harmónico de la sociedad mundial. La importancia adquirida por el once de septiembre chileno en este trigésimo aniversario tiene mucho que ver con el valor ético de Salvador Allende y de su sacrificio por la democracia chilena. Tiene que ver con el proyecto chileno. La opinión sobre el porqué, el otro 11 de septiembre se ha desdibujado, se la dejo a ustedes.

 Marcelo Solervicens

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