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Temas
del Domingo 30 de Marzo, 2003
1.- BALANCE DE LA CAMPAÑA PARA LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
2.- LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.
BALANCE DE LA CAMPAÑA PARA LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
Solo faltan dos semanas para que los electores quebequenses concurran a las urnas el próximo 14 de abril, para elegir que partido obtendrá la mayoría de diputados necesaria para formar el próximo gobierno de la ìBelle-Provinceî. Sólo dos semanas y todavía se mantiene la incógnita sobre cual, entre el partido quebequense del primer ministro saliente Bernard Landry y el partido liberal dirigido por Jean Charest, que postula por segunda vez al cargo de primer ministro, será quién formará el próximo gobierno. Mientras tanto, Mario Dumont, líder de la Acción Democrática y candidato vedette hace unos meses, ahora combate apenas para conservar los escaños que obtuvo su partido en las elecciones parciales de hace un año.
En ese marco, el debate mañana lunes, con los tres candidatos representados en la Asamblea Nacional, reviste particular importancia. Es lo único que puede precisar los temas de la campaña e influenciar el resultado electoral. Ello porque los medios de comunicación, ocupados por cubrir la Guerra de la Administración Bush contra Irak, han relegado las intervenciones de los candidatos a los &últimos temas de los noticieros. Aunque en comparación con la guerra en Irak, los temas en debate en las elecciones no parecen tan importantes, es una falta de criterio importante el que los medios de comunicación locales, abandonen completamente la cobertura de lo que ocurre en la provincia en aras de la información espectacular: debieran mantener una información balanceada.
La campaña para las elecciones provinciales dura sólo cuatro semanas, sin embargo, esta vez la campaña dura desde hace más de un año y ha pasado por todos los escenarios posibles. Hace un año se pensaba que los liberales tenían asegurada la elección y que la regla de la alternancia en el poder se cumpliría con la misma rigurosidad que en los últimos cincuenta años : ningún partido ha obtenido un tercer mandato consecutivo. Hace un año, el partido quebequense perdía ministros y daba todos los signos de un partido gastado por el poder y sometido a la crítica de los diferentes sectores.
Las victorias obtenidas por la Acción Democrática de Mario Dumont, en las elecciones parciales de la primavera del 2002, cambió el contexto. La ADQ de Mario Dumont, aparecía por primera vez en el radar de los quebequenses como un partido capaz de formar el próximo gobierno. En ese momento, los analistas anunciaron la desaparición del Partido Quebequense y que la ADQ reemplazaría al PQ del mismo modo en que el PQ reemplazó la Unión Nacional en los años setenta. Se anunciaba además una lucha a tres bandas en la que el PQ se jugaba su sobreviva política.
Después, en el otoño pasado, el partido quebequense se reactivó anunciando una serie de medidas populares, terminando un buen mandato gracias a expansión de la economía quebequense y la disminución del desempleo. Por su parte, los electores descubrieron el carácter derechista, a la Ralph Klein, del programa de la ADQ. Vieron además su abandono de la defensa de los intereses de Quebec y comenzó la caída de popularidad de ese partido. Debe señalarse que las encuestas confirman la caída en las intenciones de voto para la ADQ de Mario Dumont al punto que para algunos el líder debe ahora tratar de salvar los escaños que consiguió aumentar en las elecciones parciales del año pasado.
Sin embargo, luego que el PQ recuperó algunos votos de los adequistas, son los liberales de Jean Charest quienes han mejorando su posible votación, siempre según las encuestas. Ahora la votación del Partido Liberal se equipara a la del PQ (alrededor del 38 %), y ahora, según los observadores, podría superar el umbral de más del 30 % en el electorado francófono. Ese se considera el umbral para que gracias al voto de más del 70 % en las circunscripciones anglófonas o alófonos, permitiría que los liberales de Jean Charest formen el próximo gobierno.
Todo ello para afirmar que el resultado de las elecciones es incierto. Cualquier traspiés o desempeño excepcional de los candidatos pueden variar los resultados el día de la elección. Ello explica también que la esperada campaña de ideas se ha transformado en una campaña por tratar de cometer la menor cantidad posible de errores.
En ese contexto, la ADQ ha moderado los aspectos mas derechistas de su programa, pero perdió su popularidad de hace unos meses y debe explicarse constantemente por sus famosos bonos de educación y por la batalla anticipada contra el mundo sindical al prometer terminar con la seguridad de empleo en la función pública. Ello augura una verdadera batalla social si salieran elegidos.
El PQ ha comprendido que los quebequenses no desean por el momento un nuevo referendo sobre la soberanía y han enterrado esa propuesta para el próximo gobierno, a no ser que este sea exigido por la sociedad civil y los pequistas estén seguro de ganarlo. El PQ insiste en que el balance de su estadía en el gobierno ha sido buena para Quebec y promete seguir en la misma vena con algunas ideas nuevas.
Por su parte los liberales de Jean Charest tratan de evitar que se discuta la promesa adoptada en el Congreso Liberal el año pasado en el sentido de deshacer las fusiones municipales impuestas por el gobierno. Ello en el caso que una mayoría de ciudadanos de las antiguas municipalidades lo exija. El problema es que los liberales están divididos : una buena parte de sus electores tradicionales exigen que se mantenga esa promesa, porque un estudio reciente mostró que no sería costoso. Otros, como algunos posibles ministros están abiertamente en contra de la separación de Westmount y otras municipalidades porque aumentaría la segmentación urbana.
Además, ningún partido ha podido imponer su agenda. Los liberales no han conseguido que la salud se transforme en el tema de la campaña, aunque esta sea la principal preocupación de los quebequenses. Los adequistas no han conseguido imponer su pretendida nueva propuesta neoliberal que dejaría atrás la revolución tranquila. Tampoco lo pequistas han conseguido dejar claro que es lo nuevo que harían en un tercer mandato. La idea de la conciliación entre el trabajo y la familia propuesta por Bernard Landry se inscribe en una lógica de continuidad antes de ser algo nuevo.
En el marco de las polÌticas hacia los inmigrantes o las llamadas comunidades culturales, los partidos no ofrecen novedades. Los pequistas dicen que han hecho avances y que seguirán adelante en el marco de la regionalización de la inmigración y de abrir la función pública a la contratación de neo-quebequenses. Los liberales plantean seguir con su trabajo tradicional en favor de las llamadas comunidades culturales y sus lazos más estrechos con las inmigraciones más antiguas y tradicionales que les permite plantear un programa específico. Los adequistas, fuera de declaraciones generales no tienen ni en su programa ni en las declaraciones de sus propios candidatos algo específico que proponer en apoyo a la integración de los inmigrantes. En términos generales, los debates suscitados por los partidos en la campaña no dan prioridad a los desafíos de la inmigración pese a que Quebec es una provincia de inmigración como el resto de Canadá.
Por su parte, la Unión de Fuerzas Progresistas, nuevo partido de izquierda, que intenta por primera vez su chance en las elecciones provinciales generales, no ha podido dar a conocer a la opinión pública sus postulados y propuestas. Sin embargo, por el carácter disputado de las elecciones en algunos distritos, podría influenciar los resultados y posicionarse por primera vez como una fuerza política insoslayable para las próximas elecciones. No para estas.
En ese marco y considerando el interés despertado por la guerra de Estados Unidos contra Irak, y de no mediar errores garrafales en el debate de los jefes de partidos, puede señalarse que se sabrá quién constituirá el prÛóximo gobierno en esta provincia sólo el día de las elecciones. Una situación que debe seguirse de cerca.
LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.
La guerra oficial de Estados Unidos contra Irak ya ha cumplido una semana y media. Al momento de un balance de la situación puede señalarse que se cumple la previsión de que se sabe como se empieza la guerra pero no se sabe como se terminará. Existe una creciente incertidumbre con respecto a los resultados de la guerra pero está claro que en Irak se vive una tragedia que marcará profundamente el siglo 21.
En primer lugar, puede señalarse que fue contra la opinión de la comunidad internacional que la Administración Bush lanzó su Guerra contra Irak. Un gesto que fue calificado de ilegal por el Secretario General de la ONU y de ilegítimo según la posición francesa por no haber agotado todos los mecanismos diplomáticos. Mientras tanto, la llamada sociedad civil exige el fin de la guerra y protesta casi cotidianamente contra el unilateralismo de la administración Bush, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial.
Está claro que la guerra de Estados Unidos contra Irak no es, lo que los polemólogos califican como guerra justa, es una invasión que responde a los intereses de Estados Unidos. Paradojalmente, es Saddam Hussein quien aparece librando una guerra justa : Irak se defiende de la invasión por una potencia extranjera. En esa medida la posición de Canadá, de no apoyar la guerra por realizarse al exterior del marco multilateral otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU, es una excelente posición que honora al gobierno federal. Por ello, las declaraciones de esta semana del embajador de Estados Unidos en este país, no son apropiadas porque desconocen que Canadá es efectivamente un país independiente que tiene el derecho de fijar su propia política extranjera y en este caso cuenta con el apoyo masivo de la ciudadanía. Es más, los sucesos acaecidos en Irak en la última semana confirman que se trató de una buena decisión. Canadá debe resistir las presiones de su poderoso vecino y presionar a la vez para que se les otorgue un rol importante a los mecanismos multilaterales de solución de conflictos. En esa medida la campaña porque la ONU denuncie la guerra como un gesto ilegal es fundamental para obligar también a que las fuerzas ocupantes aseguren la sobreviva de las poblaciones civiles.
En segundo lugar se constata que el objetivo principal de la guerra de Estados Unidos no es el de encontrar y destruir las llamadas armas de destrucción masiva. Después de una semana y media no se ha podido encontrar nada que justifique haber invadido Irak y que los Estados Unidos contaban con antecedentes reales que justificaran su acto de agresión. Tampoco la guerra es para liberar los iraquíes del gobierno despótico de Saddam Hussein. La verdad se encuentra principalmente en las informaciones de los medios de comunicación sobre las compañías que harán el negocio del siglo con la reconstrucción de Irak después de la caída del régimen de Saddam Hussein cuando Estados Unidos ganen la guerra. También el escándalo de que ya se han entregado los contratos sin concurso y que esas compañías están directamente ligadas a los llamados halcones de la Casa Blanca quienes tenían planificada la guerra antes incluso que el presidente Bush ganara las elecciones. Es el caso, entre otros del vicepresidente Dick Cheney. El control del petróleo iraquí debiera financiar la costosa guerra, que se calculaba en más de 300 mil millones de dólares. Pero también implica la reconstrucción de Irak en términos de infraestructura y todo tipo de organización de la economía gracias al libre mercado. Ello explica las reticencias del presidente Bush en que las Naciones Unidas asuman un rol importante tanto durante la guerra como después de ella, como no sea en la distribución de alimentos y la ayuda humanitaria. Esta es una fuente de fricción entre Bush y su principal aliado, el primer ministro británico Tony Blair.
La guerra de Estados Unidos contra Irak, da razón en parte a los teóricos que plantean el rol imperialista que se ha asignado los Estados Unidos y quienes aseveran que ese país tiene sin embargo pies de barro como lo señalan las tesis de Emmanuel Todd. Según ese autor, el país del Tio Sam vive la peor crisis económica de su historia por su déficit y su dependencia del comercio exterior. Ello ha transformado la principal potencia en un parásito que vive de lo que extrae de las neo-colonias que controla. Lo cierto es que todo parece indicar que las consideraciones propias al beneficio del pueblo de Irak y la pretendida instalaciÛn de la democracia, sólo explican en parte la guerra de la llamada coalición británico-estadounidense.
En tercer lugar, y una semana y media más tarde del inicio de la Invasión de Irak, la campaña para controlar Bagdad y derrocar a Saddam Hussein se ha empantanado. El espectro de la experiencia estadounidense en Vietnam comienza a surgir en los análisis. Mientras el Pentágono anuncia que la guerra se realiza de acuerdo a lo planificado, nadie sabe a ciencia cierta cual era el plan. Además aparecen abiertas contradicciones en la Administración Bush, entre el ministro de defensa y el Pentágono sobre como continuar la guerra; mientras que el secretario de Estado Colin Powel se hace más discreto en los últimos días. Mientras se espera la llegada de refuerzos, la aviación estadounidense sigue bombardeando Bagdad, Basora, y otras ciudades que los analistas ni consideraban como posibles escenarios de guerra ya que se esperaba que por ser de mayoría Shiíta acogerían como liberadores a los marines. En realidad han sido recibidos como invasores y fuerzas de ocupación.
Las tropas invasoras están estacionadas cerca de Bagdad esperando refuerzos porque extendieron demasiado las líneas de abastecimiento y son hostigados por los llamados fedayines de Saddam Hussein que desarrollan tácticas de guerra de guerrillas. Lo cierto es que las bajas estadounidenses y británicas de más de un centenar, ya superan las de guerras que han librado los marines después del fin de la guerra fría y hasta la Casa Blanca confirma que seguirán aumentando. Por su parte la muertes de civiles en Irak por los bombardeos suman centenares por los llamados daños colaterales. Las deserciones del ejército iraquí, que el pentágono cuantifica en 4 mil son menores que los escenarios esgrimidos por los halcones del pentágono antes de la guerra. Ya está claro, sin embargo, que la guerra de Irak será una gran tragedia como las que la humanidad pensaba haber dejado atrás con la llegada del siglo 21.
En cuarto lugar, los analistas declaran que la novedad de la guerra es el surgimiento del nacionalismo iraquí. La esperada insurrección del pueblo iraquí no se produjo y en lugar de que las tropas británico-estadounidenses fueran acogidos como liberadores se han transformado en realidad en fuerzas de ocupación que además ven enemigos en cada iraquí, civil o militar. Las masas iraquíes Shiítas del sur de Irak, no quieren ser liberadas por los marines yanquis y han iniciado una guerra de resistencia que se acompaña en el resto de Irak. La resistencia recurre a todos los mecanismos de la resistencia contra el invasor empleado por todos los pueblos que sufren la agresión, además de aquellos propios del medio oriente. El primer atentado por un suboficial calificado de héroe por el gobierno iraquí, y que provocó la muerte de cuatro soldados estadounidenses mostró cuan costosa será la ocupación de Irak. Ese atentado, calificado de suicida en la terminología occidental, es entendido ya por algunos analistas franceses como un gesto semejante al de la resistencia francesa en la segunda guerra mundial. Lo cierto es que en lugar derrocar el régimen de Saddam Hussein y del Partido BAAS, como un fruto podrido, el pentágono ha galvanizado el nacionalismo iraquí que ya se había expresado en la guerra contra Irán. Ha galvanizado además las masas populares árabes de la región, al punto que las manifestaciones son cotidianas y se asiste a la llegada de voluntarios árabes a Irak par combatir las fuerzas de ocupación.
En quinto lugar, la guerra comienza a desestabilizar aún más una región que ya es de una gran complejidad. En el norte de Irak, los Kurdos buscan mantener la autonomía que han gozado desde la guerra del Golfo, y son los aliados más férreos de Estados Unidos en Irak. Mientras tanto, Turquía que negó el paso libre a las tropas amenaza con entrar en territorio iraquí para evitar que se consolide una nación Kurda autónoma o si estos consiguen controlar, con el apoyo de los Estados Unidos, los ricos campos petroleros al Oeste de Kirkuk.
Mientras tanto Siria e Irán ya han recibido amonestaciones de parte del ministro de defensa de Estados Unidos Donald Rumsfeld por permitir el tránsito de armas para Irak. Ello cuando ya se han realizado las primeras manifestaciones de apoyo al pueblo iraquí en Irán. Lo que podría indicar que Teherán quiere tener un rol más activo en la región. Se activan las masas populares árabes en la región, denunciando el rol favorable a Estados Unidos del gobierno de Jordania que transformó ese reino, a diferencia de la primera guerra de Irak, en un tampón entre Irak e Israel. Las masas árabes denuncian también la pusilanimidad del gobierno egipcio, que se vio obligado a aceptar por primera vez manifestaciones públicas para evitar el caos. Está claro que como la guerra será larga, antes que ella termine, se desestabilizará el complejo tablero de ajedrez del medio oriente. Ello puede afectar la causa palestina y la situaciÛn de Israel.
En sexto lugar, debe señalarse que en lo que va corrido de la guerra de ocupación de Irak, la información y las comunicaciones han jugado un rol determinante en la percepción de la opinión pública mundial sobre el conflicto. Un rol que no favorece a los Estados Unidos. A diferencia de la llamada guerra Nintendo que había mostrado CNN en la guerra del Golfo Pérsico y en otras oportunidades, el mundo ha descubierto la cadena de televisión Al-Jazeera de Qatar . Ella aparece como una especie de contrapoder que ha permitido dar a conocer, por ejemplo, las entrevistas a los soldados estadounidenses capturados por los iraquíes. Luego de intentar censurar esas imágenes CNN debió difundirlas, haciendo resurgir el espectro de la catástrofe en Somalia.
Es evidente, sin embargo, que en la guerra la primera víctima es la verdad. Ella no se encuentra en el término medio entre lo que dicen los contrincantes. A pesar de ello, la multiplicación de fuentes de información hace que aparezcan variables importantes. Ello no debe hacernos olvidar sin embargo que sólo después del conflicto sabremos algunas de las verdades que hoy nos ocultan.
En ese marco, los próximos días de la guerra son cruciales. Las fuerzas ocupantes, como las califica la Organización de las Naciones Unidas, tienen un poderío de fuego enorme y ese poderío aumentará aún más con la llegada de nuevos hombres y pertrechos a la región. Está claro que la guerra de Irak ya es y seguirá siendo cruenta y no tendrá nada que ver con la primera guerra de Estados Unidos contra Irak. Los Estados Unidos están aislados fuera de sus aliados británicos y de Australia y no se prevé que se incorporen nuevos aliados a la llamada coalición.
Sin embargo, los europeos critican la porfía de la Casa Blanca en recurrir al uso de la fuerza militar como característica fundamental de las relaciones internacional lo que según ellos corresponde a una concepción hobbesiana del derecho internacional. En base a las ideas del filÛsofo inglÈs del siglo XVII Thomas Hobbes que planteaba que los seres humanos son enemigos unos de otros y que el gran Leviatán que se impone por la fuerza absoluta asegura el orden frente al caos. Ello hace prever que la guerra continuará. Lo que transformará la guerra de Estados Unidos contra Irak en la primera tragedia del siglo 21. Por su parte, el empantanamiento actual de la guerra podría probar incluso, una verdad demostrada en otras oportunidades y que va más allá de la defensa pura y simple del régimen de Saddam Hussein y del Partido Baas : que cuando un pueblo se une contra el invasor no hay fuerza capaz de destruirlo.
Marcelo Solervicens
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