![]() |
Comentario del Domingo |
||
| Por MARCELO SOLERVICENS |
|||
1.- EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES AL GOBIERNO FEDERAL EN CANADÁ.
|
||
Canadá vivió toda una noche de elecciones. Los electores canadienses eligieron como se esperaba un gobierno conservador minoritario, claro que fue más minoritario que lo que se esperaba. Ello obliga a actuar con circunspección al nuevo primer ministro Stephen Harper, que asumirá el poder al nombrar su nuevo gobierno el próximo 6 de febrero. Harper debe dejar de lado las demandas tradicionales de su partido, como terminar con la libre elección en caso de aborto. En efecto, como ocurre a menudo en el sistema parlamentario de origen británico donde el partido con mayor número de diputados forma el gobierno, la victoria de los conservadores se asemeja más bien a una derrota de los liberales antes que a la ola conservadora en la que insisten los medios de comunicación tradicionales. Aunque las elecciones no produjeron un gobierno estable, los resultados se inscriben en la creciente complejidad del panorama político canadiense en el que la distribución regional del voto sigue siendo definitoria. Para algunos, es el Oeste el que llegó al poder por primera vez, pero está claro que sin una mayoría en Ontario y en Québec, no podrá nunca formar un gobierno mayoritario No caben dudas que el gran derrotado de las elecciones fue el primer ministro Paul Martín. Por ello es que renunció a la dirección del Partido Liberal inmediatamente después de conceder la victoria a Stephen Harper. Aunque está claro que en la derrota de los liberales influyó la pésima campaña de Paul Martín quien no aprovechó los 19 meses de gobierno para cambiar la imagen de los liberales. Un ejemplo de ello fue que no exigiera la renuncia del ministro de finanzas Ralph Goodale, cuando la Gendarmería de Canadá anunció que haría una investigación por las revelaciones de delito de iniciados en la bolsa de valores. Ello confirmó para muchos electores que los liberales no habían cambiado y seguían ligados a escándalos. Los analistas insisten en que los electores votaron contra un gobierno corrupto y arrogante, el que después de 13 años de gobierno estaba desprestigiado por escándalos que le hicieron perder popularidad en Québec. Un partido que no proponía nada nuevo y que al comienzo desarrolló una campaña contra la amenaza soberanista y terminó con una campaña de denigración del líder conservador. Lo cierto es que Stephen Harper fue más hábil y consiguió, gracias a los constructores de imágenes, al apoyo de los asesores del ex primer ministro Brian Mulroney y a una serie de promesas electorales orquestadas rítmicamente, a presentar una campaña positiva que contrastaba al punto de desmentir su perfil de extrema derecha y aparecer como un candidato más centrista. Lo cierto es que, pese a la pésima campaña liberal y la excelente campaña conservadora, el descalabro liberal fue menos impactante que lo que anunciaban las encuestas, porque los electores no le dieron confianza como para otorgar la mayoría absoluta de diputados a Harper, sólo obtuvo 124 sobre los 306 diputados. Valga destacar sin embargo que los conservadores consiguieron avances importantísimos en Québec, al transformarse en alternativa federalista a los liberales en la “Belle Province”, gracias a su promesa de eliminar el desequilibrio fiscal y promover un “federalismo de apertura”. Los electores reemplazaron así la alternativa federalista de los liberales por el federalismo de los conservadores que aparece menos arrogante que el de Paul Martín. No está claro sin embargode si se trata de un cambio profundo o bien de un refugio electoral para castigar a los liberales. Los análisis sobre el “voto estratégico” de los electores quebequenses ha llenado varios estantes en la bibliotecas de ciencias políticas. Según los analistas, los liberales tienen la posibilidad de re-fundarse y podrían regresar al poder rápidamente si logran presentar una imagen de renovación de su liderazgo. Por ello, los conservadores obtuvieron del electorado un mandato de gobernar al centro del espectro político. Su derrota relativa en Ontario, muestra que muchos electores dudan aún de la conversión centrista de Harper y temían que una vez con gobierno mayoritario impusiera a sangre y fuego una agenda extremista conservadora oculta. Por su parte, Jack Layton del Nuevo Partido Democrático, consiguió aumentar significativamente la votación de su partido, presentándose como alternativa de izquierda a los liberales para los sectores más progresistas en el Canadá Inglés. Con ello evitó la derrota que ocurrió en la elección anterior en la que Paul Martín consiguió robarle votación, al esgrimir el temor de una victoria de los conservadores. Desgraciadamente con 29 parlamentarios, el NPD no consiguió suficientes escaños como para ser balanza del poder del gobierno conservador minoritario. El aumento de la votación del NPD abre perspectivas de desarrollo de la izquierda en el Canadá Inglés bajo el liderazgo de Jack Leyton, que hizo una buena campaña. Por su parte, el bloque quebequense de Jean Duccepe se encontró, al regreso de las vacaciones de fines de año, con que su campaña contra los liberales había surtido efecto y que los quebequenses estaban dispuestos a dar una lección a los liberales. El problema es que los conservadores de Stephen Harper se habían transformado en una alternativa para los federalistas quebequenses que no deseaban votar por el bloque quebequense porque Harper ofrecía un federalismo de apertura y la posibilidad de poder acceder al gobierno para los electores de unas regiones, y no estar condenados a la oposicón. Puede decirse que surtió efecto la campaña de los partidos federalistas y de los medios de comunicación tradicionales sobre la relativa inutilidad del bloque quebequense en Ottawa, porque nunca podría formar el gobierno. La victoria de los conservadores en 10 circunscripciones de Québec demostró que el Bloque quebequense había errado en su estrategia de olvidar los conservadores y que le costarían caro las declaraciones arrogantes de que podrían ganar el 50% más uno de los votos, como primer paso a la soberanía de Québec. Ello pese a que Gilles Duceppe repitiera despues que no se trataba de elecciones referendarias. Ahora el bloque quebequense aparece, según la prensa federalista, como el gran derrotado de las elecciones en Québec, una paradoja inexplicable si se considera que tienen 51 diputados y sólo perdieron 3 diputados. Las derrotas del Bloque quebequense en la región de Québec, opacaron las victorias en la región tradicionalmente liberal de Montreal, contra los ministros Pierre Pettigrew, Liza Frula y en Brome-Misisquoi contra Denis Paradis. Por primera vez el bloque quebequense ganó en circunscripciones con alta presencia de inmigrantes. Se ha abierto el debate sobre el llamado “misterio de Québec”, porque en la región de la capital nacional ganaron los conservadores en 7 de las ocho circunscripciones. Lo cierto es que los conservadores consiguieron presentarse como opción federalista a los liberales y ofrecieron la posibilidad a esa región postergada, de ser gobierno y no estar condenadas a la oposición como ocurre con el bloque quebequense. El impacto de las victorias conservadoras en Québec es que se esfumó la posibilidad que el gobierno conservador no contara con ningún diputado en Québec que era el mejor escenario para los soberanistas. Por otro lado, el llamado federalismo de apertura es una posibilidad soñada para el impopular gobierno de Jean Charest que espera capitalizar del apoyo de Stephen Harper, a quién apoyó veladamente para las elecciones, acordándose de su pasado conservador. Eso plantea que la pelea por el Québec será bastante movida. Lo cierto es que cunde la inquietud en el campo soberanista que por motivos publicitarios había bajado sus reivindicaciones tradicionales que van más allá incluso del reconoimiento de la “sociedad distintiva” ofrecida por el fracasado acuerdo del Lago Meach. Ahora los federalistas podrían, eliminando el desequilibrio fiscal y ofreciendo un puesto para Québec en la UNESCO, mantener el sistema federal, simplemente haciéndolo funcionar como lo estipula la propia Constitución de la federación canadiense del Acta del América del Norte Británico, que distribuye las competencias federales y provinciales. La victoria de Stephen Harper aparece paradojal, porque todos coinciden que no revela un viraje del Canadá hacia la derecha por parte del electorado. Al contrario se asiste más bien a un recentraje del nuevo partido conservador, que deja de lado los aspectos más extremistas de la agenda surgida de la alianza de los antiguos reformistas y de los progresistas conservadores que aprovechó del desgaste en el poder de los liberales y del deseo de alternancia en el poder del electorado. Al proponer una serie de medidas concretas Harper consiguió disipar las dudas sobre los objetivos ideológicos de su partido asegurando de manera insistente que no impondría una agenda de extrema derecha. También consiguió que se quedaran callados los voceros más extremistas de su diputación para no asustar a los electores como en la anterior elección. Los analistas consideran que Harper buscará efectivamente realizar sus promesas de disminuir la TPS, el impuesto a la compraventa federal, de eliminar el programa de guarderías de los liberales cambiándolo por montos de dinero directamente a las familias, como lo planteaba el jefe de la ADQ Mario Dumont en la última campaña. También los conservadores plantean disminuir las listas de espera en la salud mediante la extensión del rol del sector privado. Lo cierto es que todo aparece muy vago y su oferta de eliminar el llamado desequilibrio fiscal con un nuevo acuerdo con las provincias no está claro porque no ha previsto dineros en el presupuesto. Todo parece indicar que los conservadores tratarán de aplicar la Constitución federal a la letra sin inmiscuirse en el campo de competencia de las provincias. La propuesta de estado minimalista de los conservadores se aviene bien con ese esquema. También los conservadores se plantean realizar un nuevo voto libre con respecto a la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, que surge directamente del respeto de la Carta de derechos. Harper ha sido también vago con respecto al tratado de Kioto, que ha indicado como algo inútil. Tampoco se sabe su posición sobre el paraguas anticohetes de Washington y en otros temas de política internacional. Con los liberales enfrascados en una dolorosa campaña para la elección de un nuevo jefe y con los bloquistas preocupados por encontrar respuesta al misterio de Québec y preparándose para las elecciones provinciales que se anuncian difíciles por el apoyo que obtiene ahora Jean Charest, no se ven posibilidades de nuevas elecciones en el futuro cercano. Ello pese a que los partidos de oposición tienen mayoría en el parlamento y que el bloque quebequense tiene la balanza en el poder. La situación aparece compleja porque los conservadores no cuentan con margen de maniobra en el parlamento actual. Además, si quieren obtener un gobierno mayoritario en las próximas elecciones, que probablemente tengan lugar en un par de años, deben gobernar al centro para entusiasmar los electores en Québec y en Ontario. Las elecciones del 23 de Enero en Canadá fueron menos dramáticas y definitivas que lo que podría pensarse a primera vista. Ciertamente confirmar la regionalización del voto en Canadá, confirman que los electores no deseaban seguir con los liberales. Lo que no está claro aún, es si efectivamente la mayoría del electorado desea un verdadero gobierno conservador. Esta semana ha causado gran revuelo la victoria del Partido Hamas en Palestina ocupada. Es la política de Washington de democratización en el medio Oriente la que atrapa a la Casa Blanca y recuerda que el conflicto israelo-palestino sigue bloqueado y que la democracia, cuando se expresa no responde favorablemente a las políticas de dominación internacional y se revelan un castigo infligido a la dirección pragmática del Fatah, qe negocia con Israel pero no obtiene resultados y aparece aquejado de corrupción aguda. La situación en Palestina y en general en el Medio oriente es una de las más complejas que se viven en el planeta. Como se recordará, por decisión de las Naciones Unidas en 1948 se le entregó a los judíos un territorio para construir el estado de Israel, olvidándose de los palestinos. Desde el primer momento Israel expulso a palestinos, consiguió expandir su control de territorios en sucesivas guerras israelo-árabes hasta que en 1967 ocupó ilegalmente Cisjordania y Gaza y otras regiones cuya negociación con países árabes como Egipto le permitieron asegurar su existencia. Después invadió el Líbano para expulsar el Fatah. Gracias al apoyo estadounidense y la división de los estados árabes Israel ha podido asegurar su existencia como un enclave y ahora la tesis principal para la paz es la de la coexistencia de un estado de Israel y un Estado Palestino. En efecto, la propuesta surgida en las últimas décadas es la de la coexistencia de un estado Palestino y el estado de Israel, pero ni siquiera esa propuesta ha podido avanzar como solución por la negativa de diversos gobiernos israelitas, pese a que el Fatah ha hecho enormes concesiones. En ese marco, y luego de décadas de lucha que llega al uso de los atentados suicidas a partir de los ochenta por los palestinos y de los asesinatos quirúrgicos por parte del estado de Israel, los principales puntos en litigio siguen siendo los mismos que hace cinco décadas: el establecimiento de la Palestina, al lado del Estado de Israel, el estatus de Jerusalén y el retorno de los refugiados expulsados por Israel. Luego de que la causa palestina era la causa de todos los países árabes, con la Intifada de fines de los años ochenta, el eje del conflicto se trasladó a los territorios ocupados por Israel y también al sur del Líbano del que Israel tuvo que retirarse hace un par de años. Los acuerdos de Oslo en 1993, abrieron las posibilidades de que a cambio del reconocimiento del Estado de Israel se estableciera la autoridad Palestina y la posibilidad de formas de autogobierno en los territorios, pero el asesinato de Rabin y los gobiernos del Likhoud empantanaron el proceso de paz que fue finalmente abandonado por Israel hace más de cinco años, al señalar que no contaba con un interlocutor de paz en Yasser Arafat. Finalmente, producto de la segunda Intifada , provocada por Ariel Sharon, Israel decidió retirarse unilateralmente de Gaza para asegurar mejor su control sobre el resto de la Palestina, construyendo un muro de seguridad que es una violación flagrante de las leyes internacionales. Lo cierto es que con la muerte de Arafat hace un año y luego de años en que el Fatah administraba los territorios ocupados, existe gran cantidad de denuncias de corrupción abierta y de ineficacia del Fatah que hacho grandes concesiones sin conseguir nada a cambio. En ese contexto se han desarrollado nuevos movimientos integristas como en el resto de la región. El movimiento Hamas alcanzó gran popularidad en los territorios ocupados, se trata de una emanación de los hermanos musulmanes. La victoria del partido político musulmán Hamas en Palestina ocupada causó revuelo porque anuncia un re-posicionamiento de las fuerzas en Palestina. En efecto contra todos los análisis la formación musulmana radical ganó ampliamente las elecciones legislativas contra el Fatah, principal formación de la Organización de Liberación de la Palestina, OLP, del fallecido líder palestino Yasser Arafat. Mahmoud Abbas, el actual presidente de la autoridad Palestina que fue establecida como resultado de los acuerdos de Oslo, seguirá a cargo de la política exterior y las negociaciones con Israel pero deberá componer con un gobierno lidereado por Hamas en política interna. La novedad de las elecciones radica también en que Hamas ganó en todos los lugares y no sólo en algunas áreas y que siempre se ha negado a reconocer los acuerdos de Oslo, desconoce el Estado de Israel y plantea una agenda de islamización de la Palestina. Las consecuencias de esta situación son complejas. En primer lugar, la victoria inesperada de Hamas expresa un cambio importante en el movimiento palestino. El movimiento laico tradicional palestino, con un pragmatismo a toda prueba, ha sido suplantado por una formación de claro contenido y objetivos político religioso. Como se recordará, Hamas fue creado para la primera Intifada, el levantamiento a los fines de los años ochenta cuando los palestinos en los territorios ocupados decidieron comenzar directamente sus acciones de movilización. La victoria de Hamas revela un relativo fracaso de los sectores laicos en obtener una solución al conflicto israelo-palestino además de un castigo a la corrupción administrativa producto del ejercicio del poder mínimo que deja el ocupante durante 40 años. Ahora los militantes del Fatah exigen la renuncia de los líderes, a quienes culpan de la derrota. Ello porque la llegada al poder de Hamas, significa que perderán sus puestos en la policía y la administración de la autoridad Palestina. Por su parte Hamas no está seguro de querer tomar el poder, porque no reconoce la existencia del estado palestino una posición semejante a la del movimiento de Yasser Arafat hasta los años 80. Las capitales occidentales esperan que Hamas, adopte una actitud pragmática y modere sus posiciones y acepte la existencia del estado de Israel. La amenaza de cortar la ayuda económica que mantiene los palestinos en una situación de cesantía de más del 50% esperan que surta efecto. Por su parte, la elección de Hamas también significa convulsiones en Israel donde Ariel Sharon sigue en estado de coma y se preparan las elecciones que podrían favorecer a Bejamin Nettaniahou, del extremista Likoud quien impondrá nuevamente un gobierno de halcones, alejando nuevamente las posibilidades de paz por la vía de la negociación y la aplicacón de acuerdos internacionales. Por su parte en Washington y Londres, la reacción contra el voto democrático de los palestinos revela el carácter instrumental a su política, de la democracia propuesta por Washington para el medio oriente. Bush ha efectivamente planteado que la democracia debe salvar la región contra el terrorismo. Sin embargo, son precisamente los que Washington califica como terroristas los que aparecen victoriosos. Se repite en alguna medida el escenario de Argelia con la victoria del Frente Islámico de Salud, que fue abortada por un golpe de Estado, por razones semejantes a las que se invocan ahora, y que dio paso a una cruenta guerra civil. Con la diferencia que la negación de los resultados de las elecciones reforzará a Hamas en este caso y puede bloquear las posibilidades de paz durante décadas. Debe destacarse también la hipocresía de la llamada “comunidad internacional” que plantea que aunque la democracia es un valor fundamental no se puede aceptar en Palestina. Aunque no caben dudas que las elecciones fueron limpias y que contaron con la participación de más del 77% de los electores, Washington no acepta la victoria de Hamas y exige que este renuncia a la violencia y acepte la existencia del estado de Israel. La paradoja es que como en otras regiones, fue tanto Washington como Israel quienes apoyaron financiera y militarmente Hamas en sus inicios, precisamente para debilitar Fatah y poder beneficiar de esa división de los palestinos. También debe reconocerse la filiación de Hamas con los “hermanos musulmanes” que también obtuvieron alta votación en Egipto a pesar de postular con candidatos independientes. La política de la llamada democratización del medio oriente impulsada por Washington para combatir el terrorismo aparece cuestionada porque es una organización considerada como terrorista la que ganó las elecciones legislativas. Washington exige que Hamas renuncie a la violencia y reconozca el estado de Israel, y amenaza con suspender la ayuda económica de más de mil millones de dólares con la que controlaba hasta ahora el movimiento palestino. Algunos observadores ya han criticado esta postura como un nuevo ejemplo de los dos pesos dos medidas de la política exterior de Washington en la región. Es difícil ahora que Washington mantenga su interés por la democracia en la región porque las elecciones en otros países arriesgan también con fortalecer corrientes integristas que pueden hacer caer los gobiernos dictatoriales o monárquicos aliados de la Casa Blanca. Aunque la victoria de Hamas hace aún más compleja la situación en el medio oriente, se trata de un proceso que demuestra nuevamente que la vía de la paz justa sigue siendo la de una mediación que fuerce a Israel y no solamente a los palestinos a hacer concesiones. Una situación que debe seguirse de cerca porque implica una inflexión importante en una de las regiones “calientes” del planeta. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad de su autor |