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COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Temas del Domingo 29 de Septiembre, 2002
1. EL DISCURSO DE MARIO DUMONT EN EL “CANADIAN CLUB” DE TORONTO Y EL PELIGRO DE LA DERECHA EN QUEBEC.
2. LA NUEVA DOCTRINA GUERRERA DE BUSH : EL REGRESO DEL IMPERIO.
3. LAS ELECCIONES DEL 6 DE OCTUBRE EN BRASIL Y LA VICTORIA ANUNCIADA DE “LULA”.

  EL DISCURSO DE MARIO DUMONT EN EL “CANADIAN CLUB” DE TORONTO Y EL PELIGRO DE LA DERECHA EN QUEBEC.

Mario Dumont, jefe de la Acción Democrática de Quebec (ADQ), ocupó el centro de la noticia esta semana con su discurso del lunes pasado en el selecto Canadian Club de Toronto. El Canadian Club, lugar de encuentro de la crema de los empresarios canadienses y de los federalistas, acogió entusiasmado al candidato de la ADQ porque defiende valores que se ubican más a la derecha que la Alberta de Ralph Klein y considera que el debate constitucional es cosa del pasado. También causo noticia la continuación del debate sobre las amenazas del jefe de la ADQ de eliminar la seguridad de empleo de la función pública. Algo que volvería la provincia al periodo oscuro de Duplessis cuando la función pública quebequense dependía del gobierno de turno. Lo positivo de ello es que el movimiento sindical parece despertar para oponerse a la entrada del neoliberalismo de ultraderecha propuesto por el programa de la ADQ. En Toronto Mario Dumont defendió las cuatro ideas centrales del programa de la ADQ. En primer lugar, responsabilizar individualmente los funcionarios estatales mediante la flexibilización de sus puestos, para eliminar la burocracia. Ello mediante cambios en la ley de seguridad laboral de la función pública. Pese a que la reducción de la función pública ya permitió eliminar el déficit fiscal debe seguirse con la disminución del aparato estatal. Eso porque se trata de una posición ideológica de extrema derecha antes que una necesidad : ya se redujo el tamaño del Estado y la jubilación de la gran masa de funcionarios contratados con la Revolución Tranquila da gran margen de maniobra al gobierno. En segundo lugar, defendió su proyecto de libertad de elección en materia de salud y de educación que permitiría la privatización de los servicios públicos, con bonos para educación, bajo la forma de créditos de impuestos, semejante a lo propuesto por Bush en las últimas elecciones en Estados Unidos. Idea que sería aplicada también a las guarderías de cinco dólares que serían reemplazadas por créditos que se entregarían a los padres para que elijan las guarderías. Ello provocaría la privatización del sector. En el sector salud, Mario Dumont plantea la instalación de un sistema dual como el propuesto por Stockwell Day, mediante el acceso a servicios de salud que equivalen a la privatización de la salud. En tercer lugar Mario Dumont defendió la tesis que su gobierno no se dejaría influenciar por los grupos de interés. Eufemismo que quiere decir que el único grupo de interés al que responderá es el de los empresarios a quienes entregó precisamente ese discurso. En esa medida no se plantea crear deudas morales que le impiden realizar su programa ideológico neoliberal. También planteó la disminución de la deuda pública como su objetivo esencial. Finalmente, Mario Dumont planteó un tema privilegiado por el sector patronal y que hasta en Estados Unidos se dejó de lado, como es la idea de simplificar la fiscalidad mediante la introducción de un impuesto ™nico, la ìflat taxeî, que desbarataría toda la misión de redistribución del Estado, obligando a todos a pagar impuestos y bajando el impuestos de los altos salarios. Las ideas del programa de la ADQ no son nuevas. Corresponden al proyecto tradicional de la ultraderecha modernizado desde Reagan y que producto del debate soberanista no había entrado en la provincia de Quebec, en comparación con otras provincias. Está claro ahora que los empresarios, que son quienes instalan o derrocan los líderes políticos en Canadá, hanİdadoİİsuİapoyo alİcandidato adequistaİ. Ellos parecen haber abandonado a Jean Charest, pese a que el actual líder del partido liberalİdejoó el partido conservador para venirİa salvar Canadá oponiéndose al partido quebequense luego del referendum de 1995. En el Consejo general del Partido Liberal, este fin de semana se trató de revivir los valores liberales para oponerlos a los de Mario Dumont, resucitándose incluso a Claude Ryan para explicar que los liberales deben ubicarse contra el ADQ. Se plantea inversión en la salud, disminución de impuestos, y se abandonó la idea de priorizar el pago de la deuda. Está claro sin embargo que los liberales dan giros a derecha e izquierda dependiendo de las semanas y se debaten en la ambigüedad sobre si van a robarle ideas a la ADQ o van a separarse de ellos. Jean Charest aparece así criticando las mismas ideas que había planteado en un momento en las elecciones de 1998. Los organizadores de las máquinas electorales de los liberales apoyan al nuevo candidato de la extrema derecha que muchos asimilan a Maurice Duplessis que gobernara Quebec en los años cuarenta y cincuenta en lo que se llamó el periodo del oscurantismo. Después del discurso frente al Canadian Club está claro que se trata de Maurice Duplessis sin la afirmación de Quebec en el espacio canadiense. Los liberales buscan desesperadamente de ubicarse en el espacio político por momentos a la derecha y otras veces a la izquierda. Mientras tanto, el PQ critica el oportunismo federalista de Mario Dumont y se ha vuelto el partido socialdemócrata por excelencia. En este marco, lo que se anticipa como la más larga campaña electoral de la historia de Quebec, porque ya se sabe que ella se realizará en la próxima primavera, será muy movida, sobre todo al mantenerse la incertidumbre sobre los efectos de un combate a tres, que no es lo propio del sistema electoral quebequense. Una situación que debe seguirse de cerca.


  LA NUEVA DOCTRINA GUERRERA DE BUSH : EL REGRESO DEL IMPERIO.

El mundo se encuentra confrontado a la consolidación de un nuevo orden internacional unipolar a la cabeza del cual se encuentran los Estados Unidos como la única potencia hegemónica del planeta, que impone su paz americana como los romanos a comienzos de la era cristiana. Con la única diferencia que ahora se trata del mundo entero como espectro de intervención de los Estados Unidos. Esta idea no es algo que se discuta de manera secreta. Es la esencia del documento presentado como la nueva política estratégica de Estados Unidos en política internacional presentado el viernes 20 de septiembre al Congreso. La nueva Doctrina Bush, pasa de la aceptación de las instancias internacionales como aquellas que otorgan una legitimidad a la guerra o a las intervenciones armadas , a una lógica como la de la Doctrina Monroe que anunciaba que América era para los americanos, que ahora se aplicaría a todo el mundo. Es la lógica del unilateralismo que algunos analistas teóricos confundían con una especie de aislacionismo como fue en el comienzo de la segunda guerra mundial. El instrumento de la política guerrera del resurgimiento del Imperio es la demanda al Congreso que autorice al ejecutivo de declarar la guerra o decidir intervenciones armadas sin su aceptación. Como se recordará esa disposición fue retirada al ejecutivo luego del escándalo del presidente Richard Nixon. Ella había permitido anteriormente, luego de la Resolución llamada del Golfo de Tonkin el 7 de agosto de 1964, que Lyndon B. Jonson pudiera escalar la guerra de Vietnam. El enunciado de política exterior de la administración Bush, plantea los riesgos de permanecer pasivos frente a los ataques presuntos contra los intereses de Estados Unidos a nivel mundial, defendiendo la tesis del recurso a acciones armadas preventivas que evitarían las posibles acciones hostiles contra Estados Unidos. Esta política ya está en aplicación en el debate creado por el ataque propuesto por Washington contra Irak y en su política de obtención de la impunidad frente al Tribunal Penal Internacional permanente. En efecto, es evidente que la guerra que se apresta a librar Estados Unidos en Irak, con el apoyo o no de la llamada comunidad internacional corresponde a sus deseos de política interna que nada tienen que ver ni siquiera con su cruzada de guerra contra el terrorismo, porque no ha podido establecer lazos entre Irak y el llamado grupo Al Qaeda que sería responsable de los atentados suicidas contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y contra el Pentágono en Washington. Esta semana Washington a propuesto al Consejo de Seguridad una nueva resolución que sería semejante a la que justificó los ataques en otros lugares del mundo, con los estilos de un ultimatum. Ello permitiría dejar de lado la propuesta irakí, antiguo aliado de Washington en la región, de aceptar el regreso de los inspectores para ver si tiene bombas nucleares o químicas o biológicas. Si Saddam no deja entrar los inspectores al interior de 7 días, Washington tendría libertad para desatar la guerra. Las reticencias de otros miembros del consejo de seguridad como Francia, Rusia y China hacen difícil que Washington obtenga una resolución que le de luz verde. Sin embargo, todo indica que en pleno período de elecciones al Congreso requiere mostrar éxitos de política extranjera que le permita poder contrarrestar una situación económica cada vez más precaria producto de los escándalos financieros y estancamiento del crecimiento. Otro aspecto de esta situación es la ofensiva de Washington frente a sus aliados de obtener la impunidad de los ciudadanos estado- unidenses frente al Tribunal Penal Internacional que podría juzgar los crímenes de guerra como los que podría realizar en Irak, que son catalogados dentro del eufemismo de daños colaterales. Como se recordará, pese a que el presidente Clinton firmó el Tratado de Roma que en 1998 creó el Tribunal Penal Internacional permanente, Bush repudió el tratado y hasta ahora ha obtenido la impunidad para sus ciudadanos en doce países entre los que está por supuesto lugares de conflicto como Afganistán, Uzbekistán e Israel, pequeños países como Micronesia y Timor Oriental, y medianos como Honduras, República Dominicana, Rumania y otros. La próxima semana la Comunidad Europea debe estudiar una propuesta semejante. La idea de esos tratados es precisamente de sustraer a los ciudadnos estado-unidenses del TPI, cuando violen los derechos humanos y que en esos países no puedan detenerlos y extraditarlos. En este marco, los Estados Unidos se inscriben con el claro objetivo de dominación mundial activo, independiente del desarrollo de los foros internacionales que interesan sólo en la medida en que estén de acuerdo con Estados Unidos y sanciones positivamente sus acciones. Ello implica mantener la regla de dos pesos dos medidas, caracterÌstica de la polÌtica exterior de Washington que permite que sus aliados puedan cometer crímenes como los que efectúa el estado de Israel que se declara en rebeldía respecto de sanciones del propio Consejo de Seguridad que le obligan a volver a las fronteras anteriores a la guerra de los seis días. En el caso de América latina, se traduce por el desarrollo de la guerra de baja intensidad en Colombia y en la destabilización del gobierno de Chávez en Venezuela y en general de mantener la región como su zona de influencia determinante. Aunque la nueva política exterior estado-unidense se inscribe en las acciones anteriores del Pentágono, nunca se había planteado abiertamente que Washington se sentía autorizado en atacar de manera preventiva en cualquier lugar del mundo donde pudiera considerar que sus intereses podrían ser amenazados. Algo que debiera hacer que los analistas desempolvaran los textos sobre el imperialismo estado-unidense.


  LAS ELECCIONES DEL 6 DE OCTUBRE EN BRASIL Y LA VICTORIA ANUNCIADA DE “LULA”.

El próximo domingo 6 de Octubre, 115 millones de electores deben concurrir a las urnas en Brasil, para elegir el próximo presidente del gigante sudamericano de 174 millones de habitantes y 5 potencia económica del planeta. Se trata también del país en que la diferencia entre ricos y pobres es la más dramática del mundo según el Banco Mundial. Importantes también por actitud de Brasil frente a las negociaciones del ALCA para 2005 y para que Brasil salga de su aislamiento provocado por la geografía y el idioma y se transforme en líder del desarrollo de una propuesta Sudamericana frente a los objetivos de Washington en la Región. Esta situación se ve aún más importante porque la victoria del dirigente sindicalista obrero sin diploma de la nueva Izquierda Ignacio “Lula” da Silva pueda ganar en la primera vuelta de las elecciones. En efecto, la última encuesta realizada por la Folha de Sao Paulo, anuncia que el candidato del Partido de los Trabajadores Ignacio “Lula” da Silva, contaría con el apoyo de 49 % de las preferencias electorales. Lula estaría al borde del 50 % más uno que le permitiría ganar en la primera vuelta de las elecciones del 6 de Octubre sin tener que dirimir en una segunda vuelta electoral el 27 de Octubre con los otros 3 candidatos con mayores posibilidades electorales. De los otros tres candidatos debe señalarse que el oficialista José Serra obtendría 21%. Serra, fue ministro de la salud del presidente saliente Fernando Enrique Cardoso, se hizo conocer por su oposición a las industrias farmacéuticas transnacionales. Serra es candidato de la Coalición de centro derecha Gran Alianza, formado por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño formado en la época de los gobiernos militares y que ha estado en todas la coaliciones de gobierno y del Partido Social Demócrata Brasileño, formado por el presidente saliente. Serra se presenta como el candidato de la continuidad sin riesgo. El ex-gobernador del Estado de Rio de Janeiro Anthony Garotinho, obtendría sólo 16 %. Garotinho, candidato de la coalición Frente Brasil Esperanza, formado por el partido socialista brasileño, el PGT y el PTC. Se presenta con discurso populista , con referencias bíblicas y se presenta como jefe de familia que adoptó políticas sociales positivas en su Estado. Promete aumentar el salario mínimo y reducir la violencia. Ciro Gomes, de la coalición Frente Laborista obtendría sólo 12 % y aumentan las presiones para que abandone su candidatura para favorecer la elección de Ignacio “Lula” da Silva. La Coalición está formada por el Partido Popular Socialista, PPS, el Partido Democrático de los Trabajadores y por el PTB. Las encuestas anuncian entonces el posible triunfo del candidato tradicional de la Centro-izquierda brasileña, candidato presidencial por cuarta vez es candidato de la Coalición “Lula Presidente”, formado por el Partido de los Trabajadores, PT, el partido laborista, el Partido comunista de Brasil y el PMN. Los sectores financieros han tratado de desarrollar sin éxito una campaña de terror contra Lula. Las movidas financieras han llevado a una devaluación de la moneda en los mercados internacionales a casi 4 Reales por dólar. Brasil cuenta con una deuda externa pública de 260 mil millones de dólares pero cuenta con un mercado interno importante que le permite resistir a los embates de los mercados internacionales. Por su parte Washington, pese a que no puede tratar con Brasil como lo hace con Nicaragua o con Chile, expresa preocupación por los cambios que puede traer la llegada al poder del candidato surgido del movimiento sindical y muy ligado al movimiento por otra mundialización y opuesto al ALCA. Todo indica sin embargo que el enfoque pragmatista y la búsqueda del centro político por parte del líder histórico del Partido de los Trabajadores le ha dado resultados. Su proyecto de gobierno es casi de centro-derecha y no substancialmente diferente de lo realizado por el gobierno de Fernando Enrique Cardoso. Lula firmó el llamado “Pacto de Transición” del presidente Cardoso con el Fondo Monetario Internacional, como los otros cuatro candidatos comprometiendose a mantener los equilibrios macro-económicos. Eligió como candidato a la Vice-presidencia al senador José Alencao, super patrón de la industria textil. Se alió al Partido Liberal. Además ha explotado la veta nacionalista del ejército, elogió la política económica planificada de los regímenes militares y rechazó la adhesión al tratado de no proliferación de armas nucleares. Este enfoque le ha dado resultados que repercuten en que se ha transformado en posible ganador en la primera vuelta. En efecto, en los últimos días Lula obtuvo el apoyo del Partido del Movimiento democrático brasileño en el Estado de Rio de Janeiro. Uno de los 27 estados con que cuenta Brasil. Este es el partido que forma parte de la coalición oficialista de José Serra y aliado del presidente saliente Fernando Enrique Cardoso. Ya en el estado de Sao Paulo y de Minas Gerais el PMDB habían dado el apoyo a Lula. Lo real sin embargo, según sus partidarios y los movimientos sindicales y sociales es que pese a que pese a los cambios electorales en su programa de gobierno, sigue siendo considerado un izquierdista por Wall Street y por los empresarios de la avenida Paulista. Su base social fundamental está formada por los sectores más progresistas y excluidos de la política brasileña como es el caso de los ecologistas herederos de la lucha de Chico Mendez en la zona amazónica; como es el movimiento de los sin tierra y el movimiento sindical. Lula da Silva es además una figura emblemática de la izquierda latino-americana, de extracción obrera y sindicalista formador del partido de los Trabajadores que planteó la vía democrática de acceso al poder. A pesar de ello, no está claro si la posible elección de Lula en la primera vuelta, significa una transformación fundamental de la política brasileña y un apoyo a los proyectos de la izquierda latino-americana. Se puede soñar sin embargo que la llegada de la izquierda en el país más grande de América latina y aquel en que existe la mayor distancia entre ricos y pobres según el Banco Mundial puede hacer avanzar el levantamiento de propuestas de alternativas económicas progresistas en América latina. Una situación que debe seguirse de cerca.

 Marcelo Solervicens

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