 |
 |
Temas del Domingo 29 de Febrero, 2004
1.- EL FRACASO DE LOS PROGRAMAS DE REINTEGRACIÓN AL MERCADO DE
TRABAJO EN QUEBEC Y CANADÁ.
2.- LA HUÍDA DE ARISTIDE NO TERMINA CON LA CRISIS HAITIANA.
EL
FRACASO DE LOS PROGRAMAS DE REINTEGRACIÓN AL MERCADO DE TRABAJO
EN QUEBEC Y CANADÁ.
Esta semana un diario local dio a conocer un Informe de
Empleo-Québec que muestra el fracaso de los programas coercitivos
de reintegración al empleo por parte de los jóvenes. En
efecto el programa que exige que los jóvenes de menos de 25 años
están obligados, so pena de sanciones financieras, a emprender
gestiones de búsqueda de empleo encuadradas por Empleo-Québec,
alcanzó apenas el 39% del objetivo establecido en 2001. Según
el gobierno, se debe esperar hasta 2005 para evaluar el programa por
lo tanto no comenta el informe. Sin embargo, está claro que con
los nuevos enfoques del gobierno liberal es difícil que puedan
hacerse los cambios necesarios para emprender una verdadera política
de ayuda a los jóvenes. Eso se ve con el plan Place à
lemploi, anunciado en Julio de 2003 por el Ministro del Empleo
de la solidaridad Social y de la Familia, Claude Bechard. Ese programa
condiciona la ayuda social a que los asistidos sociales sigan planes
de búsqueda de empleo. También se comprueba con la postergación
del Plan de lucha contra la pobreza que debe implementar
la Ley que busca eliminar la pobreza y la exclusión social en
diez años y que fuera adoptada unánimemente por la Asamblea
Nacional, en diciembre de 2002. Tanto el programa de los jóvenes,
como el de Place à lemploi violan la ley contra
la pobreza y la exclusión social. Esta ley obliga al gobierno,
en su artículo 15.2, a que este fije un ingreso mínimo
garantido que sea equivalente a las prestaciones actuales y que no esté
sometido a sanciones de ningún tipo. Todo esto indica que el
gobierno liberal de Jean Charest con su plan de reingeniería
del Estado no dará muestras de imaginación en el campo
de la solidaridad social, en el que era considerado por el Programa
de las naciones Unidas para el desarrollo como el mejor del mundo. En
esa medida la campaña del colectivo por la ley contra la pobreza
y la exclusión plantea hacer de Marzo, el mes en que el gobierno
presenta su presupuesto anual, es un momento importante de su lucha.
El informe en cuestión no se preocupa de lo que ocurrió
con los jóvenes ni tampoco analiza el impacto de los recursos
humanos limitados en Empleo Québec como para asegurar el seguimiento
de los jóvenes asistidos sociales. Debe destacarse que según
el Frente común de personas asistidas sociales, el mal resultado
del programa está directamente ligado a la disminución
del personal en Empleo-Québec, ya que la institución no
cuenta con el personal necesario para acompañar las gestiones
de búsqueda de empleo de los jóvenes.
En lugar de ser un problema que afecte exclusivamente a este programa
dirigido a los jóvenes que se encuentran en la ayuda social en
la provincia de Québec, se trata de un problema generalizado
en Canadá. En efecto, los gobiernos ultra conservadores de Alberta
y de Ontario ya han impuesto este tipo de programas coercitivos con
efectos desastrosos, por la cantidad de jóvenes que viven al
margen de los programas sociales gubernamentales de ayuda. Efectos desastrosos
también para los asistidos sociales de todas las edades y principalmente
en el caso de los jefes de familias monoparentales, principalmente mujeres.
Los efectos más dramáticos de estas políticas se
ven en el aumento en el número de los sin techo en Canadá.
También se aprecia este tipo de enfoque coercitivo a nivel de
las medidas federales de empleo o de acceso al empleo para los jóvenes.
Vale destacar que pese a que los programas sociales son de competencia
provincial, por su poder de gasto, como se le llama, el gobierno federal
interviene directamente en muchos de ellos.
Es necesario destacar la deriva de los programas sociales en las últimas
décadas en Canadá en favor de enfoques coercitivos en
lugar de estímulos incitativos favorables al desarrollo de políticas
de pleno empleo, de solidaridad social, o planes de eliminación
del pobreza. La compleja trama de programas y proyectos responde generalmente
salvo algunas excepciones a este enfoque que estigmatiza las personas
en situación de desempleo o dependientes de la asistencia social.
Un problema de complejidad ligado también a las disputas en cuanto
a competencias federales provinciales porque la reducción del
número de personas que pierden sus empleos para acceder al seguro
de empleo lleva a la ayuda social más rápidamente que
antes a los individuos más propensos a la marginalización
del mercado laboral.
El problema principal es precisamente que la estrategia de enfrentar
la problemática del acceso al empleo desconoce las complejidad
del problema.
En primer lugar, deben considerarse la problemática individual
de cada caso. Uno de los problemas es de no considerar que las dificultades
de los jóvenes en la ayuda social está ligada a la falta
de estima de si que aumenta las necesidades de un acompañamiento
que no estigmatiza su situación. Ello requiere el apoyo de personal
con el cual no se cuenta en Empleo Québec.
En segundo lugar, debe considerarse que lejos de ser un problema individual,
aunque los efectos de la pobreza y la exclusión son sufridos
por individuos concretos, el desempleo y la marginalidad son problemas
estructurales de las sociedades capitalistas que los programas sociales
intentan moderar para evitar explosiones sociales. Esto quiere decir
que existen ciclos económicos que resultan en periodos de crecimiento
económico a los que suceden periodos de recesión que aumentan
o disminuyen el número de empleos disponibles. Anteriormente,
en la estrategia del llamado Estado Providencia, los gobiernos buscaban
aumentar la demanda gracias a planes de empleo.
Como se recordará, uno de los argumentos para la aplicación
del enfoque coercitivo y de castigo aplicado desde comienzos de los
80, fue la acusación que los desempleados o los asistidos sociales
eran abusadores del sistema. Que esos programas limitaban la oferta
de empleo de bajo costo para las empresas. Por ello se trataba de llevar
a niveles de miseria las prestaciones del seguro de empleo o las de
la ayuda social. En la óptica neoliberal, es el mercado que debe
desarrollar esta demanda de empleos. Se parte entonces a la caza de
las empresas que van a necesitar empleos sin percibir que por los ciclos
económicos la fluctuación es fuente de inestabilidad permanente.
Por último, existe la problemática del enfoque de solidaridad
social. Este enfoque, que es el que se aplica en algunas sociedades
no solamente socialdemócratas o socialistas, supone que en las
sociedades el bien común supone establecer umbrales decentes
de ingresos que eliminan la pobreza. Esto supone romper con la estrategia
de tratar la pobreza o la marginalidad o las dificultades de integración
al mercado de trabajo como un epifenómeno. Se trata de mecanismos
que permiten romper con la lógica destructiva del mercado. Como
la llamada mano invisible del mercado de los liberales clásicos
eb lugar de llevar al equilibrio, aumenta la marginalidad y la distancia
entre ricos y pobres, deben considerarse las lógicas de ayuda
social como aspecto fundamental de sociedades civilizadas. Por ello,
fracasan los planes coercitivos de integración al empleo de los
jóvenes cuando no existe la inversión social necesaria.
Es necesario que luego de años de fracaso, se abandone esta lógica
coercitiva y que se la remplace por programas incitativos que permiten
una lógica integrada que persigue mejorar las condiciones de
vida de la población. Como decía un eminente filósofo,
es en como se trata a los más indefensos cuando se ve el nivel
de civilización de una sociedad. Es necesario entonces apoyar
el combate del colectivo contra la pobreza y la exclusión.
LA
HUÍDA DE ARISTIDE NO TERMINA CON LA CRISIS HAITIANA.
El régimen del Partido Lavalás, dirigido
por Jean Bertrand Aristide se desplomó. El domingo 29 de Febrero,
a las 6h45 Jean-Bertrand Aristide, Titid que encarnara hace
15 años a esperanza de los pobres y marginados de la antigua
perla de las Antillas durante el combate contra la dictadura de los
Duvalier, siguió el camino tradicional de los dictadores haitianos.
Aristide, se demoró apenas unas pocas horas en renunciar, luego
que Washington le quitara el apoyo el sábado. Fue el propio secretario
de estado, Colin Powel quién según el New York Times organizó
su huida a Republica Dominicana desde donde se espera que encuentre
refugio en Marruecos, en Panamá o en África del Sur. Según
rumores Washington le forzó nuevamente la mano.
Se trata de un nuevo fracaso de las elites haitianas sumisas a la potencia
imperialista estadounidense, que domina negligentemente los destinos
de la Isla desde hace más de un siglo. La partida de Aristide
no abre una nueva era de esperanza para Haití. Lo que se vislumbra
después de la caída de el ex sacerdote salesiano, es un
nuevo periodo de inestabilidad bajo la tutela de fuerzas estadounidenses
de intervención, a las que eufemísticamente se les llama
comunidad internacional. Los Estados Unidos esperan la resolución
de la ONU para ingresar sus tropas, para poner el orden en Haití,
sometido al pillaje de grupos rivales. Se trata por ende de una reedición
de las fracasadas intervenciones internacionales del pasado. Más
aún, Haití, es un pequeño país de 8 millones
de habitantes, sin petróleo o recursos naturales importantes,
y con niveles de analfabetismo importantes, donde la mayoría
de la población vive en la miseria por lo que no despierta el
interés de la potencia colonial. Todo eso explica que la intervención
estadounidense siempre ha sido negligente en imponer marcos estables.
Las masas populares latinoamericanas tienen experiencia en deponer periódicamente
a presidentes, cansadas por la corrupción, los abusos y la crisis
económica. Valga recordar, entre otros, la renuncia del Presidente
Gonzalo Sanchez de Lozada en Bolivia, la seguidilla de gobiernos en
Argentina después de la renuncia de Alejandro de la Rúa
en Argentina. Lo específico del caso Haitiano es que el intervencionismo
recurrente de la potencia imperial no ha permitido el desarrollo de
la clase política o de una sociedad civil fuerte de recambio
que asegure confrontar estas situaciones.
Por ello, antes que una solución haitiana, la partida de Aristide
pone en acción el Plan B, de Washington que implica el traslado
del poder al sucesor constitucional Boniface Alexandre, Jefe de la Corte
Suprema. Eso permite salvar la imagen de una continuidad constitucional.
Lo más probable es que ello permita la realización próxima
de elecciones, mientras los marines yanquis mantienen el orden. En suma
la partida de Aristide abre una nueva etapa de reorganización
de las elites haitianas bajo la dirección estadounidense, como
en el pasado.
Pongamos las informaciones en perspectiva.
El antecedente inmediato del desenlace del gobierno de Aristide fue
el anunció oficial del secretario de estado Colin Powel el sábado,
en lenguaje diplomático, que Washington pedía la renuncia
del presidente haitiano Jean Bertrand Aristide, manteniendo su interés
por una salida política. Este cambio de posición culminó
una semana de tergiversaciones durante la cual Washington reconocía
aún el carácter democrático del Gobierno de Jean-Bertrand
Aristide, exigiendo que la oposición aceptara que siguiera en
el poder. Con ello los Estados Unidos evitaron ser sobrepasados por
Francia que exigía la intervención de la llamada comunidad
internacional y el establecimiento de un gobierno de Unidad Nacional
con la exclusión de los grupos rebeldes armados del norte. También
Canadá abandonó en los últimos días su estrategia
de buscar una salida política que incluyera a Jean-Bertrand Aristide,
Terminó aceptando la posición planteada por organizaciones
de cooperación internacional que consideraban que el nivel de
corrupción y de dictadura del régimen del ex sacerdote
salesiano lo transformaba en parte del problema y no de la solución
en Haití. Se impuso nuevamente el liderazgo estadounidense de
la comunidad internacional, más preocupado de evitar una oleada
de refugiados haitianos que ya ha comenzado a rechazar en sus costas,
que de resolver los problemas haitianos. Desapareció el rol que
trató de jugar el CARICOM, compuesto por las naciones del Caribe
y la OEA. Se comprobó que bastaba una palabra de Washington para
Aristide se fuera.
En la nueva situación creada por la partida de Aristide, la que
aparece como la nueva elite privilegiada por Washington es la llamada
oposición democrática. Este heteróclito conglomerado
político, social y económico, se unificó principalmente
en torno a la exigencia de la partida de Aristide, ahora se confronta
a una nueva situación sin que exista un consenso en el quehacer
en Haiti. Por ello, rechazó la propuesta que permitía
que Aristide terminara su mandato el 6 de febrero de 2006, a cambio
de compartir el poder con la oposición : demasiado poco, demasiado
tarde.
También debe recordarse que lo que cambió el carácter
del conflicto fue el estallido de la insurrección armada en Gonaives
el 5 de febrero. Ella mostró que el gobierno de Aristide, pese
a su carácter dictatorial, no era capaz de controlar el territorio
nacional. Cuando Aristide disolvió el ejército en 1994,
luego de ser reinstalado en el poder por Washington, por presiones del
llamado caucus negro del partido demócrata formó una fuerza
policial de apenas 5000 hombres entrenada entre por los marines y por
policias d otros paises, como por la Gendarmería Real de Canadá.
Sin embargo, la disolución del ejército en lugar de asegurar,
como en el caso de Costa Rica, una pacificación del país,
llevó a una fuerza bajo el control directo del ejecutivo y finalmente
a la reedición de la formación de una fuerza paramilitar,
sobre todo a partir del segundo gobierno de Aristide en 2000: La formación
de las milicias controladas por Aristide, conocidas como Les Chimères
llevó a un marco que aumentó la corrupción y los
abusos. Son estas milicias las que fueron el último baluarte
del presidente Aristide en Port au Prince. Ellas fueron víctimas,
según los observadores, de la última traición de
Aristide, porque ni siquiera les habló públicamente, dando
instrucciones: Simplemente se fue.. En ese marco, las precarias fuerzas
policíacas que entregaron sin mayor defensa las ciudades del
norte del país, no podían reforzar el Estado de derecho
del que hablaba el presidente Aristide. Al contrario, la policía
aparecía más bien dependiente de las milicias privadas
de Aristide, reclutadas en los sectores más pobres de la sociedad
haitiana. De allí proviene también el grueso de la oposición
armada a la que se unieron como líderes los antiguos jefes del
Ejército disuelto por Aristide.
Todo indica entonces que la oposición democrática depende
de la caución que le entregue Washington a través de las
fuerzas de intervención que comenzarán a instalarse con
la partida de Aristide. Por un lado, está la oposición
calificada de legalista y pacífica tiene varios portavoces. Uno
de ellos es el hombre de negocios André Paíd que dirige
el grupo de los 184 que representa unas 300 organizaciones de la sociedad
civil. También están los siete partidos políticos
agrupados en la llamada convergencia democrática, entre ellos
el antiguo alcalde de Port au Prince, Evans Paul que fue uno de los
tantos que rompió con Arisitide cuando inició su deriva
autoritaria. Por otro lado, están las llamadas fuerzas rebeldes
heteróclitas del norte con sede en Cap Haitien, la segunda ciudad
del país y dirigidas por Guy Philippe. Ellas ocupan militarmente
la mitad del país y sitiaban Port Au Prince. Luego de la partida
de Jean Bertrand Aristide han entrado en la capital y se asisten a enfrentamientos
según las informaciones. Ello crea el marco para la intervención
internacional, porque Washington quiere la caución de la ONU,
para intervenir y forzar una salida política que no afecte la
campaña para las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
No está claro el desarme de las fuerzas rebeldes. Pese a que
Aristide las calificaba de terroristas para tener el apoyo
de Washington al ligarlas a su cruzada mundial contra el terrorismo;
nadie cree que se trataba de aquello. Estas fuerzas están compuestas
por partidarios decepcionados de Aristide como es el caso de la llamada
Armée Canibale. Pero a ellos se agregan antiguos
miembros del ejército Haitiano, o incluso que sirvieron bajo
el régimen militar de Raoul Cedras. Entre los que se encuentran
incluso antiguos torturadores y miembros de escuadrones de la muerte.
Valga señalar como lo recuerda el New York Times que estos últimos
son parte de las tropas militares formadas por Washington en la tradición
del ejército neocolonial instalado con la larga intervención
en Haití en el siglo pasado. Estos se encuentran en el Frente
para El Avance y el Progreso en Haití. Aunque el líder
militar Guy Philippe, prometía que desarmaría cuando Arisitide
se fuera, está claro que persiguen un rol político en
el nuevo gobierno o el transformarse en policía o nuevo ejército
bajo la tutela estadounidense.
Todo indica que nuevamente los destinos de la Perla de las Antillas
se decidirán en la oficina oval de la Casa Blanca. El problema
es que en Haití no existe un verdadero proyecto político,
económico y social que fuera más allá de la partida
del dictador. A nivel de Washington, no existe más interés
que el de evitar la llegada de refugiados haitianos a sus costas y mantener
su control geopolítico en la región. Ello no reemplaza
una política de desarrollo. Por ello la verdadera comunidad internacional,
la de la solidaridad con el pueblo haitiano puede jugar un rol importante,
porque no basta con restablecer el orden y el funcionamiento de las
instituciones, se deben confrontar los desafíos del país
más pobre de las Américas; que son de participación
política, social y económica.
Aristide partió como volvió en 1994, bajo las órdenes
de Washington. Luego de encarnar la esperanza de los pobres en el combate
contra la dictadura de Duvalier en los años ochenta, y ser en
1990 el primer presidente elegido democráticamente en Haití
en 200 años, Aristide termina en dictador de opereta que parte
entre gallos y a medianoche decepcionando las esperanzas de los pobres
de Haití. El golpe de estado de Raoul Cedras con apoyo de Washington
en 1991 lo fuerza al exilio y a entregar su alma al imperio para retornar
al poder en 1994. Su reelección en 2000 y el fraude en las parlamentarias,
elecciones innecesariamente fraudulentas porque la diferencia era entre
trabajar con la oposición o contar con el poder absoluto, hace
que la ayuda internacional sea congelada. Con ello se agudiza la crisis
económica y la corrupción y los abusos. Ello lleva a los
levantamientos de las masas populares haitianas y a la represión
de estudiantes el 5 de diciembre de 2003 que le enajena el apoyo de
organizaciones sociales. Su estilo dictatorial lo hace romper con sus
propias milicias que permite la creación de la insurrección
armada en su contra. Son sus antiguos partidarios quines inician la
insurrección armada con la toma de Gonaices el 5 de febrero.
Que es la antesala del fin.
Aunque el desenlace de la crisis haitiana interpela los hechos coyunturales
de los últimos días, lo cierto es que ella se explica
por los problemas estructurales del capitalismo dependiente. También
porque Haití no es Irak, no tiene petróleo y por lo tanto
despierta un interés tangencial y limitado de parte de las elites
estadounidense. Ellas solo quieren evitar el flujo masivo de refugiados
o bien evitar perder el control desde el punto de vista geopolítico.
En ese marco, la huída de Jean_Bertrand Arisitide cierra un capítulo,
pero no termina con la crisis haitiana, porque ella fluye de los efectos
perversos a que llevan las intervenciones de la llamada comunidad internacional.
Marcelo
Solervicens Desea
escribir al autor ?
Las opiniones expresadas en este artículo,
son de exclusiva responsabilidad de su autor
|
|
  |