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Tema
del Domingo 28 de Septiembre, 2003
1.- LAS ELECCIONES EN ONTARIO Y LAS ENSEÑANZAS PARA QUEBEC
2.- PERSPECTIVAS DESPUES DEL FRACASO DE LA OMC EN CANCUN
3.- EL BRASIL DE LULA FORTALECE EL EJE LATINOAMERICANO
LAS ELECCIONES EN ONTARIO Y LAS ENSEÑANZAS PARA QUEBEC
La campaña electoral en la vecina provincia de Ontario no
ha despertado gran interés en Québec. La elección
del jueves 2 de octubre, opone por un lado, al ex ministro de finanzas
de Mike Harris, el saliente primer ministro conservador Ernie Eaves.
Por otro lado, al jefe de los liberales Dalton McGinty y al líder
del partido Democrático Nuevo, Howard Hampton. Las encuestas
anuncian una victoria de los liberales, que se asemeja más
que nada a una derrota de los conservadores por las consecuencias
de 13 años de gestión neoliberal en la provincia más
poblada de Canadá.
Se trata, de elecciones importantes para el Canadá y Québec
porque con sus doce millones de habitantes, Ontario es la provincia
más populosa de Canadá, es su corazón industrial
y de nuevas tecnologías y el que domina la situación
económica del país. Es la provincia que determina la
escena política federal. Por su peso demográfico, es
en la provincia de Ontario donde se elige al primer ministro de Canadá.
Los liberales federales asientan allí su poder electoral eligiendo
a más de un centenar de diputados. Ello les permite ganar gracias
a la dispersión del voto de los otros cuatro partidos de oposición.
Coyunturalmente, las elecciones en Ontario son importantes para los
planes de unificación de la derecha canadiense. Conservadores
y aliancistas esgrimen incluso como de uno de los posibles líderes
de la derecha unificada al ex primer ministro de Ontario Mike Harris.
La unificación de la derecha, podría permitirles diputar
la próxima elección federal a las que convocará
Paul Martin para la próxima primavera, el seguro sucesor de
Jean Chrétien. La derrota de los conservadores en Ontario hará
más difícil el proyecto de unificación de la
derecha porque es la gestión de Mike Harris lo que está
en el trasfondo de la campaña electoral.
Lo que nos interesa destacar sin embargo es que las actuales elecciones
en Ontario son particularmente importantes para Québec. No
tanto porque existe una tradicional rivalidad entre las dos provincias
que formaron los cimientos fundadores de la Confederación canadiense.
Es que la campaña ha revelado que los ontarinos se disponen
a terminar con la llamada revolución del sentido común
de Mike Harris que gobernó la provincia por tres mandatos sucesivos,
mandando a la oposición a su heredero, Ernie Eaves. Mientras
tanto en Québec, el nuevo gobierno de los liberales de Jean
Charest se disponen con trece años de atraso a imponer las
mismas recetas neoliberales que se han demostrado fracasadas en Ontario.
Los ejemplos de las catastróficas consecuencias de las políticas
neoliberales en Ontario abundan. Pese a que históricamente
los conservadores han sido el partido que más veces ha gobernado
los destinos de Ontario en los últimos 100 años, está
vez está claro que a la larga, la política conservadora
de reducir los costos del Estado y bajar los impuestos ha sido demasiado
cara para los ontarinos.
Por un lado, están los catastróficos resultados de reducir
el gasto estatal en servicios esenciales o aquellos que no se consideran
rentables de acuerdo al pensamiento neoliberal. Debe señalarse
que el escándalo del agua contaminada en Walkerton, que provocó
la muerte de seis personas fue interpretado como una consecuencia
de la gestión neoliberal. En efecto, el gobierno de Mike Harris
había eliminado los fondos que permitían hacer exámenes
de la calidad del agua a nivel de las municipalidades, porque se consideraba
que el medioambiente no era rentable.
Se agrega a ello también que los recortes financieros en el
sistema de salud de la provincia de Ontario hicieron difícil
las reacciones apropiadas frente a la crisis creada por la epidemia
del síndrome respiratorio agudo severo, el SRAS. Esa crisis
afectó además duramente la economía de la provincia,
por la reducción del turismo.
Aunque los ejemplos son numerosos, valga señalar uno de las
últimas situaciones. Hace unas semanas se repitió un
nuevo escándalo mostró que los recortes presupuestarios
se traducen en una baja peligrosa de los standard de calidad que ponen
en peligro la seguridad alimenticia. La política gubernamental
espera que la industria se autoregule, pero ello no ocurre. En Aylmer,
una pequeña localidad a unos doscientos kilómetros de
Toronto, Aylmer Meat packers, distribuyo carne en mal estado, de ganado
muerto antes de llegar al matadero o por enfermedades. Ello es atribuible
a la reducción de personal en los inspectores de alimentos
de 103 a sólo 8, cuando Ernei Eaves era ministro de finanzas
y pese a que los crípticos y personal médico habían
prevenido al gobierno de las consecuencias.
También el credo neoliberal de la privatización y el
libre mercado ha tenido consecuencias catastróficas en algunos
casos. Es lo que ocurrió con la aguda crisis creada por la
privatización de HydroOntario expresada en el aumento exorbitante
de las facturas de electricidad y el empeoramiento de la calidad del
servicio en zonas no rentables para las empresas privadas que compiten
entre ellas por aumentar sus ingresos y no les interesa directamente
el servicio público. La fragilidad del servicio eléctrico
y el aumento de los costos de energía hicieron que el gobierno
debiera intervenir para evitar el caos. La pana de corriente de hace
unas semanas hizo recordar a los ontarinos que es muy difícil
enfrentar la pana de electricidad con una red eléctrica privatizada.
Una situación semejante a la que se ha provocado en otros lugares
con las privatizaciones, como en California por ejemplo.
En ese marco, y faltando algunos días para las elecciones,
aunque estas no han despertado mucho interés en la población,
hacen que las encuestas den como ganador al candidato liberal Dalton
Mcginty, porque el NDP no tiene posibilidades pues su partido no se
ha recuperado de la pésima experiencia del primer ministro
Bob Rae que le abrió la vía a la revolución del
sentido común de Mike Harris.
En ese marco, y cuando los ontarinos, desengañados con la experiencia
neoliberal de Mike Harris, que su sucesor no podrá, continuar,
se aprestan a votar por cualesquier otro candidato, es paradojal que
en Québec los liberales se plantean iniciar con Jean Charest
un plan ideológico semejante que no puede sino llevar a la
ruptura de la paz social y al deterioro de las condiciones de vida
de la mayoría mientras sólo algunos benefician de los
recortes de impuesto de por más mil millones de dólares
que se apresta a hacer el primer ministro de Québec, Jean Charest,
en su próximo presupuesto.
El debate sobre el balance del gobierno conservador en Ontario en
la campaña electoral sirve de advertencia clara sobre lo que
puede producirse en esta provincia con la reingeniería del
aparato estatal que propone el gobierno liberal-conservador de Jean
Charest.
PERSPECTIVAS DESPUES DEL FRACASO DE LA OMC EN CANCUN
Sigue arreciando la polémica creada en torno al fracaso de
la quinta reunión interministerial de la Organización
Mundial de Comercio en Cancún. Una reunión de esa instancia
de la mundialización heredera del GATT y fundada en 1995, que
terminó abruptamente el 14 de septiembre sin declaración
final, en un impasse.
Como se recordará ese encuentro internacional terminó
al no encontrarse un compromiso respecto del fin o la reducción
de las subvenciones agrícolas porque los países desarrollados
querían avances antes en las llamadas preguntas de Singapur.
Los países desarrollados acuerdan subvenciones de más
de 300 mil millones de dólares a sus agricultores. Ellas son
disposiciones que se encuentran en el Farm Act de Estados Unidos o
la política común de la Unión Europea. Ellas
permiten que los países desarrollados puedan invadir los países
del tercer mundo con productos tradicionales como el trigo, el arroz
y otros, a precios que asemejan un dumping. Ello destruye las economías
del tercer mundo.
Mientras existían algunos avances en las negociaciones sobre
la agricultura gracias a la iniciativa de los países del G-21,
los países desarrollados quisieron imponer como moneda de cambio,
el debate sobre las llamadas preguntas de Singapur. Las preguntas
de Singapur son un paquete de propuestas que extiende el debate sobre
el comercio a temas no tradicionales que interesan a los países
desarrollados, como la seguridad de los inversionistas, el acceso
a los mercados públicos por parte de las multinacionales, entre
otros.
Como se recordará, la Organización mundial de Comercio
funciona como su antecesora el Acuerdo general de tarifas y comercio,
GATT, a través de rondas de negociación. La actual ronda
de Doha debiera terminar en 2005 pero nadie cree que ello sea posible.
También es importante recordar que a diferencia de otras instancias
internacionales que dejan libertad a los estados en aplicar sus compromisos
internacionales, en el caso de la OMC las decisiones de sus tribunales
de arbitraje son de carácter punitivo y los estados están
obligados a conformarse a las reglas del comercio internacional fijadas
por la OMC.
Los especialistas coinciden en señalar que a pesar del fracaso
de la reunión de Cancún, la actual ronda de negociaciones,
llanada la ronda de Doha no ha muerto. Es así como las diferentes
tendencias que van desde el mundo de las altas finanzas hasta el movimiento
favorable a otra mundialización, pasando por los gobiernos
de los 148 países participantes y expertos en comercio internacional,
plantean sus diagnósticos y proponen sus soluciones. Ello permite
apreciar las tendencias actuales en la organización económica
del planeta. Ello se produce en el marco de una recuperación
de la popularidad de la instancia multilateral por excelencia, como
es Organización de las Naciones Unidas por las crecientes dificultades
del unilateralismo de Washington en la colonización de Irak.
Para algunos la reunión de Cancún fue un fracaso mayor
que pone en cuestión el enfoque multilateral del comercio internacional
en una organización donde las decisiones se toman por consenso
de todos sus miembros. Según Zoelick, el ministro de comercio
de estados unidos, la retórica se habría apoderado de
la Organización Mundial de Comercio, un foro que se había
mantenido con alto nivel de seriedad. Ahora se habría transformado
en una nueva Asamblea General de la Organización de las Naciones
Unidas. Como se recordará, una de las principales críticas
planteadas a la Organización Mundial de Comercio es precisamente
que no pertenece al sistema de las Naciones Unidas sino que es una
instancia paralela que se inmiscuye en la esfera de trabajo de agencias
de la ONU. Ello ocurre en el caso de agencias multilaterales que funcionan
por consenso como es en el campo de la salud la OMS, con los derechos
de propiedad farmacéuticos. También, es el caso del
Consejo económico y social, la Organización de las naciones
Unidas para el Comercio y el desarrollo UNCTAD o de la UNESCO. También
están aquellas agencias de la Organización de las Naciones
Unidas creadas para ayudar los países en desarrollo o en situación
financiera crítica en las que funciona la regla del voto según
la contribución de los países como ocurre con el Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Esas organizaciones infeudadas
por los países desarrollados gracias a su poder económico
podrían servir de modelo para lo que desean los países
desarrollados de la Organización Mundial de Comercio.
Frente a la situación creada por el fracaso de la reunión
de Cancún, Washington se propone reforzar los acuerdos paralelos
bilaterales poniendo en el refrigerador la instancia de la Organización
Mundial de Comercio porque se avecinan las elecciones presidenciales
en Estados Unidos. En esa medida puede esperarse una fuerte ofensiva
de firma de acuerdos de libre comercio que incorporen aspectos que
corresponden a las preguntas de Singapur. Las preguntas de Singapur
se refieren a acuerdos de protección de las inversiones y de
acceso al mercado publico gubernamental para las multinacionales.
Es lo que se encuentra en el Tratado de Libre Comercio entre Chile
y Estados Unidos. Estas cláusulas también se encuentran
en las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio entre América
Central y Estados Unidos que están en sus últimas etapas
de negociación.
Para otros gobiernos, la OMC ha adquirido mayor legitimidad en la
medida en que los países del tercer mundo se han transformado
en actores a nivel internacional y que ejercen su derecho a veto,
porque los acuerdos de la OMC deben ser tomados por consenso de sus
miembros. Por un lado está la creación del llamado grupo
de los 21 o 22 que incorpora a Brasil, India, China, Egipto y otros
países que son potencias intermedias o emergentes que representan
cerca del 57 % de la población mundial. Por otro lado están
países más pobres de África, del Caribe y de
Asia que fueron los que se retiraron primero de las discusiones. Lo
cierto es que lo que cristalizó en Cancún fue la voluntad
de que los compromisos deben incluir a todos los actores internacionales
y no sólo los intereses de los países desarrollados.
En esa medida, para algunos analistas, ha resurgido el conflicto Norte
Sur, lo que actualiza la problemática del desarrollo que ha
sido abandonada desde que reina en la esfera económica internacional
el llamado consenso de Washington y la hegemonía del movimiento
ideológico neoliberal luego del desplome de los regímenes
políticos del llamado socialismo real. Para otros sin embargo,
por el hecho de que no existe un conflicto Oeste-Este, es difícil
percibir la existencia de una ruptura Norte Sur porque los países
del G21 son países emergentes que se plantean favorables
al desarrollo de la economía de mercado.
En cuanto a la llamada sociedad civil, los movimientos sociales de
todo tipo que apuntan cada vez más a una propuesta favorable
a otra mundialización, el fracaso de la reunión
de Cancún fue un éxito de su movimiento como en el caso
de Seatle. La creciente resistencia de los países pobres frente
a las actuales reglas injustas del comercio internacional que favorecen
las transnacionales y las barreras no tarifarías en los países
desarrollados mientras los países pobres son obligados a abrirse
al comercio mundial, muestran la necesidad de establecer nuevas reglas
justas del comercio internacional. Reglas que deben considerar los
impactos del comercio sobre los derechos humanos, económicos,
sociales y medioambientales de la población mundial. La premisa
cuestionada en Cancún fue aquella que plantea que el comercio
internacional por si solo trae el crecimiento económico y la
prosperidad.
En ese marco, los desafíos que plantea el fracaso de la reunión
en Cancún son importantes porque inscriben a la orden del día
el desorden internacional actual. Ellos apuntan a la importancia de
que emerjan nuevos actores a nivel de gobiernos y movimientos sociales
que cuestionen el peso actual de las transnacionales y de los burócratas
que deciden la suerte de millones personas sin haber sido elegidos.
EL BRASIL DE LULA FORTALECE EL EJE LATINOAMERICANO
El presidente brasileño Ignacio Lula da Silva ha ocupado el
escenario internacional en las últimas semanas. Para algunos,
el líder del Partido de los Trabajadores que lleva sólo
unos diez meses en el gobierno ha mostrado miles de facetas que confunden
su base social. Además de bailar con los tiburones de las grandes
finanzas y las transnacionales aplicando políticas monetaristas
del gusto del Fondo Monetario Internacional, ha decepcionado el movimiento
de los sin tierra y los ecologistas al ceder a las presiones de la
transnacional Monsanto permitiendo por decreto la producción
de soya transgénica.
Para otros, el nuevo gobierno brasileño se transformó
en país líder al inscribir en la agenda económica
mundial los intereses de los países del tercer mundo en Cancún
para la última reunión de la Organización Mundial
de Comercio. También se transformó en líder la
Asamblea General de las Naciones Unidas al aparecer formando una especie
de triangulo de países no alineados junto con India y África
del Sur. Un nuevo eje de países que pese a no buscar transformaciones
revolucionarias buscan constituirse en potencias intermedias en América
del Sur. África y Asia cuestionando la hegemonía de
Estados Unidos y sus socios menores en esas regiones. Liderazgo también
en América porque Lula también molestó a los
Estados Unidos con su visita a Cuba y su apoyo apenas velado al proceso
revolucionario cubano. En suma, a pesar de sus contradicciones el
Brasil de Lula se ha transformando en un actor importante en las Américas
y en el mundo. Una situación que cambia el espectro de relaciones
de fuerza en el nuevo orden internacional y regional.
En política interna, hay que recordar que para acceder al poder,
el Partido de los trabajadores de Brasil debió moderar su programa
con el fin de establecer una vasta coalición de distintos sectores
. Esa coalición pluriclasista y heterogénea coincide,
por un lado, en una agenda social que persigue terminar con la pobreza
en uno de los países con la más regresiva distribución
de los ingresos. Por otro lado, esa coalición busca el desarrollo
de Brasil como potencia económica intermedia que debe asumir
un rol importante en América latina y en el mundo porque Brasil
es una de las diez más importantes potencias mundiales. Finalmente,
la coalición también incorpora sectores militares y
aquellos preocupados por incorporar a la Nación y al desarrollo
a todo el territorio brasileño. En esa medida, y por el carácter
extendido y contradictorio del apoyo al gobierno de Lula, y en el
marco de una relativa crisis económica del país, se
esperaban fuertes contradicciones internas por la oposición
entre las exigencias perentorias de la base de apoyo tradicional del
Partido de los Trabajadores y por otro lado, las exigencias no menos
perentorias del Fondo Monetario Internacional y de los sectores conservadores
brasileños.
Lo cierto es que el balance de la gestión de Lula durante estos
diez meses ha sido moderada. Por un lado ha establecido medidas de
carácter populista que permiten enfrentar por primera vez problemas
de pobreza postergados durante décadas pero al mismo tiempo
impone el control de su base social. Por otro lado ha seguido una
política pragmática como fue la aceptación de
la producción de soya transgénica, esta semana, con
lo cual se favorece a la transnacional Monsanto y se infiere una derrota
importante al movimiento ecológico y contra la producción
de organismos genéticamente modificados. Una decisión
que tendrá gran impacto porque Brasil es uno de los principales
productores de soya del mundo.
Aunque los incidentes anunciadores de niveles de ruptura con la base
social tradicional del Partido de los Trabajadores son importantes,
incluyendo las críticas del al Movimiento de los Sin Tierra,
o bien por la adopción del polémico plan de pensiones,
no puede anunciarse que el gobierno de Lula esté confrontado
a una crisis social.
Es más bien en el plano internacional donde la influencia del
cambio de gobierno en Brasil es más importante porque Brasil
deviene un nuevo actor internacional que ayuda a la cristalización
de posiciones de lo países desplazados en el nuevo orden internacional.
En efecto, como señalábamos, Brasil fue un factor importante
en cuestionar el control de los países desarrollados en la
Organización Mundial de Comercio en Cancún. Esta semana
en la Asamblea General de las Naciones Unidas comenzó a surgir
el llamado triangulo de tres países con aspiraciones de potencias
medianas Brasil, India y África del Sur para exigir una reforma
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del sistema de las
Naciones Unidas en general. Una exigencia de reforma que ya no puede
ser desconsiderada porque ella es formulada no en el marco de la guerra
fría, sino por democracias que funcionan de acuerdo a las reglas
del mercado. Ello favorece posiciones de mayor independencia frente
a la política belicosa del pentágono a nivel de los
países del llamado Tercer Mundo.
Brasil ha comenzado a adoptar un liderazgo importante a nivel latinoamericano
en favor del multilateralismo. Por un lado el gobierno brasileño
busca reforzar la integración económica de América
del Sur para negociar en mejores condiciones con Europa y Estados
Unidos. Con ello, se ha transformado en obstáculo para los
planes de Washington de control de su patio trasero expresados en
la forma actual del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas,
el ALCA. En esa medida la propuesta de extensión del MERCOSUR
y la unión con los países de la Comunidad Andina es
un resurgimiento de viejos proyectos de integración que fortalecen
además, el desarrollo de un eje de mayor autonomía latinoamericana
expresado en el gobierno de Chavez en Venezuela, de Kirtchner en Argentina.
Es en ese marco que puede interpretarse como parte de una política
de creciente autonomía, la corta visita del presidente brasileño
Ignacio Lula da Silva, a la República de Cuba esta semana.
Por un lado, esa visita permitió que Cuba reforzara su situación
económica gracias a doce acuerdos de diferente tipo con la
economía más importante de América del Sur. Con
ello se favorece el proceso de retorno de Cuba al concierto de naciones
latinoamericanas pese al mantenimiento del bloqueo y la política
agresiva estadounidenses. Por el lado de Brasil, la visita a la isla
caribeña puso de manifiesto que pese a sus concesiones a Washington,
al FMI, al Banco Mundial o a las transnacionales, el gobierno brasileño
guarda niveles de autonomía política y económica
importantes y que espera jugar un rol de liderazgo en América
Latina frente Estados Unidos.
Ciertamente, las gestiones políticas internas y externas del
gobierno del presidente Lula están cruzados por líneas
contradictorias y que el gobierno no tiene una propuesta estructurada
a nivel nacional o internacional, como no sea un cierto pragmatismo
progresista. Sin embargo las acciones del gobierno de Lula han abierto
esperanzas para los países del tercer mundo que luchan por
la autodeterminación y negociar las relaciones con la economía
mundial en el marco de la globalización.
Marcelo Solervicens
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opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad
de su autor |
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