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Comentario del Domingo |
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| Por MARCELO SOLERVICENS |
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1.- LAS NEGOCIACIONES DEL GOBIERNO DE QUEBEC CON L0S EMPLEADOS DE LA FUNCIÓN PÚBLICA
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Esta semana comenzaron las hostilidades entre el gobierno y los empleados de la función pública quebequense. Se habla del inicio de un otoño agitado, por parte de los sindicatos. El gobierno se muestra empecinado en mantener su oferta sin negociar más allá del 12,6% sobre 6 años y los analistas consideran que tratará de usar su disputa con los sindicatos para mejorar una popularidad muy baja en las encuestas. Todo indica sin embargo que el otoño no será tan ardiente porque lo que está en juego va más allá de las negociaciones: son cuestiones políticas relativas al modelo quebequense y a las próximas elecciones y no está claro que las negociaciones van a ser el mejor terreno de disputa. Veamos algunos antecedentes. El proceso de negociaciones colectivas entre el gobierno y sus empleados es un proceso complejo en sí mismo, porque el trabajo de los funcionarios consiste en dar servicios a la población y no la producción de artículos cuantificables como en una empresa privada. Se trata de un proceso que se repite cada ciertos años, cuando se establece la convención colectiva de acuerdo a una normativa bien organizada. En Québec sus fundamentos se inscriben desde que, producto de la llamada “revolución tranquila” de los años 60, se trató de evitar que la función pública fuera dependiente del poder de turno como en los tiempos de Maurice Duplesis y se aceptó la sindicalización como parte de la modernización del aparato del Estado. En esa perspectiva el tema de las negociaciones entre el gobierno de turno y sus funcionarios son completamente diferentes de las negociaciones de empresas porque la capacidad de negociación depende de la opinión pública. En términos generales el gobierno tratará de mostrar a sus funcionarios como privilegiados y en el peor de los casos imponer el contrato de trabajo mediante una ley especial pero debe considerar también que los funcionarios son electores. Las relaciones laborales entre el gobierno y sus empleados son objeto de análisis específico en los estudios sobre relaciones laborales, que no es sólo propio de Québec sino también una dinámica semejante en la mayoría de las llamadas sociedades postindustriales modernas. También es un proceso que en Québec siempre ha tenido importante infuencia política, no sólo por el número de funcionarios sino que además porque siempre las negociaciones introducen elementos de inestabilidad social que los gobiernos temen o tratan de usar en su favor. Otras veces produce efectos devastadores cuando el gobierno olvida que son electores, como le ocurrió al gobierno del partido quebecois después que con la crisis económica de comienzos de los ochenta, cuando rebajó los salarios quitándoles a los funcionarios lo que les había otorgado antes del referendo. El contexto de las actuales negociaciones entre el gobierno de Jean Charest y sus funcionarios está marcado por el objetivo del gobierno de desarticular el modelo quebequense que le permitió a los funcionarios poder negociar con el gobierno desde una posición independiente. El gobierno liberal quiere reducir el tamaño de la función pública con su llamado proceso de reingeniería del aparato del estado. Además, los funcionarios han perdido mucho poder adquisitivo en los últimos años al punto en que ahora se reconoce que ganan menos que en el sector privado. Las escaramuzas entre le gobierno y sus funcionarios no son nuevas. Los sindicatos están respondiendo a las amenazas del gobierno de Jean Charest desde que en 2003, reformó leyes laborales que permiten la subcontratación y reorganizan los sindicatos. Buscan aumentos de salarios que correspondan al aumento del costo de la vida y que se apliquen separadamente los aumentos para la equidad salarial. El gobierno trata de dividir a los sindicatos al inscribir en su oferta los montos para la equidad salarial. Por su parte el gobierno con niveles de popularidad muy bajos y despues de haber cedido en muchas oportunidades frente a las presiones sociales quiere ganar nueva popularidad sobre las espaldas de los funcionarios. La ministro de finanzas Monique Jerome-Forget insistió nuevamente esta semana que el gobierno no tiene dinero y que no puede ofrecer mas de 12,6% de aumento sobre un periodo de 6 años y ello incuyendo los pagos por la llamada equidad salarial. Por su parte y en el marco de la campaña por el control de la opinión pública, el primer ministro Jean Charest pidió a los funcionarios que no tomaran de rehenes a los padres y los hijos en las escuelas, mientras un editorialista favorable decía que no debía exagerar porque hablar de toma de rehenes cuando los empleados de CEGEP erigían piquetes afuera no podía compararse con los rehenes en Irak o en otros países. Todo indica que por el momento existe un balance en la relación del gobierno con sus funcionarios. Está claro que el gobierno deberá negociar finalmente o bien crear las condiciones para imponer una ley especial que obligue al regreso al trabajo. Los sindicatos deben mantener la presión sin perder el apoyo de la opinión pública, recurriendo principalmente a que se respete que el pago de la equidad salarial no debe formar parte de la negociación porque fue impuesto por la corte. Tras esta situación está en juego el mejoramiento de la posición del gobierno Charest cuando ya se encamina al final de su mandato. Los rumores indicaban en un momento que iba a hacer una movida como la de Chrétien de llamar a elecciones mientras la oposición pequistas elige su lider o aprovechando de la prueba de fuerza con los funcionarios. El otoño puede ser ardiente. Lo que está claro sin embargo es que el gobierno se juega su popularidad, o lo poco que queda de ella. Se trata de un nuevo frente en el que el gobierno liberal de Jean Charest aparece nuevamente muy mal preparado. La mejor indicación de la importancia creciente del proceso político venezolano en las Américas se expresa en la creciente agresividad de la Casa Blanca y las élites políticas estadounidenses contra un país con el que todavía mantienen relaciones diplomáticas y dependen del petróleo que les vende. En efecto Washington y el lobby conservador han apoyado el golpe de estado fallido contra Chavez; han financiado la oposición económica, política y social conservadora, pese a que esta está desprestigiada luego de decenios de ejercio corrupto del poder; han buscado bloquear Venezuela en foros internacionales, tratando de aislar su posición crítica contra el Proyecto de Zona de Libre Comercio de las Américas que ha conseguido desarmarlo. También han tratado de desprestigiar de todas la maneras posibles al presidente Chavez por su estilo populista cercano a las masas populares. Todo ello a pesar de que Chaves ha sido democráticamente elegido, que ganó el referendo revocatorio fomentado como alternativa destabilizadora por la Casa Blanca. Crítica contra Chaves que abarca también el acercamiento entre Caracás y la Habana en el marco de la asunción de gobiernos progresistas en América latina, que no son más que la punta del iceberg de la profunda tendencia liberadora de las masas populares latinoamericanas que han derrocado gobiernos y buscan alternativas frente al fracaso del neoliberaismo y la tutela del big brother del Norte, haciendo fracasar el proyecto de la Zna de Libre Comercio de las Américas.Todo ello explica que Hugo Chavez se haya transformado en el nuevo demonio del “cowboy” tejano. Es en ese contexto que es necesario ubicar la exhortación al asesinato del Presidente democráticamente electo de Venezuela Hugo Chavez Frías por parte del cercano aliado del actual ocupante de la Casa Blanca, el televangelista Pat Robertson. Según el televangelista en su emisión semanal que es vista por más de un millón de personas sería más barato asesinar a Chavez que iniciar una guerra contra Venezuela, que bajo Chavez sería un antro de comunistas y fomentaría el terrorismo musulmán. Aunque Robertson se desdijo un par de días despues su explicación de que eliminar no significaba asesinar, lo cierto es que su declaración es contraria a todas las disposiciones internacionales. La Casa Blanca persiste en su mutismo en condenar las declaraciones de Pat Robertson. Hasta el día de hoy, la Casa Blanca no ha repudiado los propósitos de Robertson señalando que se trata de la opinión de un individuo privado. Se trata de una situación preocupante porqué más allá de las declaraciones del líder de los fundamentalistas religiosos, se perfila la opinión de las elites conservadoras estadounidenses sobre sus relaciones con América latina considerada como su patrio trasero. Pat Robertson no es solamente un individuo privado sino que un miembro prominente del ala más conservadora del partido republicano que se caracteriza por su lenguaje agresivo y sus ideas polémicas en las que expone abiertamente lo que los intelectuales del partido republicano piensan privadamente. Pat Robertson es además el líder de la Coalición cristiana y dueño de un canal de televisión que usó para apoyar la campaña para la reelección de Georges Bush, que, como se recordará fue apoyada abiertamente por la derecha integrista religiosa estadounidense presente en muchas sectas del mismo estilo de la que dirige Pat Robertson Lo cierto es que es dificl explicarse el silencio de la Casa Blanca, a no ser de considerarlo como un nuevo ejemplo de dos pesos dos medidas de la política exterior estadounidense porque la exhortación corresponde exactamente a la figura legal de llamado a la violencia presente en el Patriotic Act dictado por Bush después de los atentados suicidas de septiembre de 200. También es paradojal que no se reaccione siendo que Washington ha propiciado la mano dura a nivel internacional contra los llamados a la violencia terrorista - Por ejemplo, luego de los atentados en en Londres, la Gran Bretaña, uno de los principales aliados de Washington en la lucha contra el llamado terrorismo mundial, decidió finalmente ir contra sus principios centenarios de libertad de expresión, y decidió perseguir quienes emitan discursos que propugnen la violencia. En esa medida, al condonar la declaración de Pat Robertson con su silencio, la casa blanca, como lo señala el New York Times, está apoyando una acción de tipo ilegal que desprestigia la política exterior estadounidense en el mundo. Está claro que se trata de un buen ejemplo de las actitudes recurrentes de Washington y los portavoces del fundamentaismo religiosos. El Vicepresidente Venezolano, Rangel, exigió que la Casa Blanca actúe legalmente. Los cancilleres del grupo de Rio reunidos en Bariloche emitieron una declaracion el 26 de Agosto exigiendo también que el gobierno estadounidense aplique la ley contra Pat Robertson y castigue su exhortación a matar al presidente venezolano. En esa medida, las declaraciones de Pat Robertson muestran que las hostilidades entre Washington y Caracás no han terminado que la solidaridad con Venezuela es necesaria. Lo que está en juego va más allá de las declaraciones de Pat Robertson, es que Caracas, que propone reforzar la integración latinoamericana para hacer frente al ALCA, se verá confrontada cada vez más a la agresividad de Washington. Una situación que debe seguirse de cerca. El 25 de agosto en Nueva York, se dio a conocer el “Informe de las Naciones Unidas sobre la Situación Social en el mundo el 2005”. El informe publicado por el departamente de asuntos económicos y sociales da a conocer antecedentes que confirman los efectos sociales desastrozos de la globalización al constatar que las desigualdades sociales en el mundo son más pronunciadas hoy, que hace 10 años. La conclusión más importante del informe es que el mundo vive una crísis de desigualdad social ligada a la globalización y que ello produce un mundo no sólo injusto sino que además inestable y peligroso. El informe cita claramente a Canadá como uno de los países, junto con el reino Unido y los Estados Unidos, donde más han aumentado las desigualdades en los ingresos de los asalariados. Veamos algunos elementos de este informe. El Informe constata que a pesar del crecimiento fulgurante de la economía China y en menor medida de la India, que se ha traducido en el mejoramiento de las condiciones de vida de millones de personas en esos dos gigantes paises. No sólo la pobreza sigue siendo una realidad a 10 años de que se cumpla el plazo de eliminar la pobreza extrema según los llamados objetivos del milenio de la ONU en 2015, el mundo está inmerso en una creciente crisisde desigualdad social que ha aumentado en los últimos años producto de la globalización. De este modo, el Informe señala que el crecimiento económico no es, como lo plantean algunos, la panacea para la solución de los problemas del desarrollo. En efecto, el informe indica que el análisis del crecimiento economico y de los ingresos muestra que en lugar de distribuirse equitativamente, ella favoriza la cumulación de la riqueza de algunos y aumentar la pobreza de la gran mayoría. En los hechos aunque ha existido gran crecimiento económico en la última década, las cifras muestran que las desigualdades se han incrementado en los últimos 10 años. El informe considera que el crecimiento de las desigualdades dentro de los países y entre los paises es una consecuencia de la globalización en el dominio del empleo, de la seguridad de empleo y los salarios. En general siguen altas tazas de desempleo, en particular entre los jóvenes que representan el 47% de los 186 millones de cesantes según los informes oficiales. La incapacidad de la economía formal en incorporar a los jóvenes se traduce en el aumento de la economía informal y la inestabilidad social en los países. Otra tendencia es que millones de personas trabajan largas horas, pero siguen pobres. Un cuarto de los trabajadores y trabajadoras del mundo no ganan lo suficiente para que su familia sobrepase el umbral de la pobreza, vale decir un dólar diario. Esto afecta principalmente a los trabajadores no-agrícolas y del sector informal. El informe de la ONU constata que la evolución del mercado del trabajo y el aumento de la competencia por la globalización han llevado al incremento de la economía informal y la deterioración de los salarios, de las condiciones de trabajo principalmente en los paises en desarrollo. Por otro lado, entre los trabajadores calificados y los no calificados han aumentado las diferencia desde los años 80: mientras el salario mínimo real disminuye, los salarios de empleos calificados aumentan. Como señalábamos esto ocurre particularmente en Canadá donde junto con el Reino Unido y Estados Unidos son los países donde más ha aumentado la desigualdad social entre los trabajadores. Se trata allí de una consecuencia directa de las políticas neoliberales adoptadas desde los años 80 que se traducen en la precarización del mercado del trabajo. El informe constata también que se han incrementado la desigualdad en el acceso a la salud, a la educación y las posibilidades de participación a nivel social económico y político. Esta situación es particularmente grave en regiones de Asia y en el Africa por la influencia de la epidemia del síndrome de inmuno deficiencia adquirida (VIH-SIDA). Ello se traduce en que la esperanza de vida ha disminuido, en que el acceso a las vacunas, a la salud prematernal e infantil, la nutrición. En el campo de la salud persite la diferencia en el acceso de los niños y niñas. Todos estos elementos cuestionan las capacidades de las nuevas generaciones y la reducción sostenible de la pobreza. El informe señala también que la exclusión de sectores sociales de la toma de decisiones políticas, es un fenomeno presistente. Los pueblos indígenas, los jóvenes, los minusválidos. El informe insiste en que la desigualdad crea situacionesde violencia. Por ello considera que es peligroso para la paz y la seguridad a nivel nacional e internacional porque las luchas por la tierra, por el poder político y otros generan conflictos y violencia a todos los niveles, desde el recurso a los niños soldados hasta la violencia familiar. Entre las recomendaciones del Informe sobre la situación social en el mundo en 2005, está el de remediar a los desequilibrios de nacidos de la globalización y una repartición más equitable de las ventajas de la economía mundial mediante el incremento de la participación democrática que remedie la exclusión política. En general se trata de un informe de gran importancia para la argumentación concreta sobre los efectos sociales desastrozos de la mundialización sobre la desigualdad social a punto de no hacerla sustentable porque engendra la violencia estructural que alimenta los conflictos planetarios, regionales o nacionales. Esta constatación es fundamental pero requiere precisamente profundizar el análisis de la crisis que amenaza al mundo surgido de la post-guerra fría. Ante el fin del conflicto Oeste Este por el desplome de los socialismos europeos, las alternativas al desarrollo de la globalización neo-liberal en la sociedad civil o en nuevas experiencias políticas nacionales, no llegan a controlar las tendencias negativas de la mundialización, al punto de que un autor señala que el mundo dividido cada vez más entre ricos y pobres, de que hablaba el inglés Herbert George Wells y que era consenso a fines del siglo XIX ya se ha hecho realidad. La esperanza principal radica en las organizaciones sociales que en su accionar en el Foro Social Mundial y otras instancias, pueden desarrollar las alternativas y favorecer el desarrollo de los actores sociales y políticos que hagan cambiar las políticas de los gobiernos para controlar los apetitos de las corporaciones multinacionales. 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