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     COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Temas del Domingo 27 de Octubre, 2002
1. LA POLÉMICA POR LA ADOPCIÓN DEL ACUERDO DE KIOTO EN CANADÁ.
2. LA REUNIÓN DE LOS MINISTROS DE ECONOMÍA EN QUITO Y EL FUTURO DEL ALCA.
3. LAS PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO DE IGNACIO “LULA” DA SILVA EN BRASIL.

  LA POLÉMICA POR LA ADOPCIÓN DEL ACUERDO DE KIOTO EN CANADÁ.

En los últimos días la escena política en Quebec y Canadá estuvo marcada por el anuncio del gobierno federal de un plan que serviría de base para la ratificación del acuerdo de Kioto en diciembre. Como se sabe el acuerdo de Kioto impone una reducción de los gases que producen efecto invernadero a los niveles de comienzos de los años noventa y que fueran adoptados luego de la primera cumbre de la tierra. Se trata de un debate importante por sus efectos estratégicos y por lo que revela del doble discurso canadiense en materia de su participación en el desarrollo internacional así como la existencia de graves desequilibrios regionales. Valga señalar en primer lugar que ya ha adquirido niveles de consenso que la contaminación ambiental tiene efectos profundos sobre el clima y el llamado calentamiento del planeta. Se trata de un consenso cada vez mayor en los círculos científicos y en el público en general que cuestiona profundamente los estilos de producción que han sido adoptados por el desarrollo capitalista salvaje que ha conocido el planeta en el último siglo principalmente por el uso de energías fósiles, que se traducen en la emisión de toneladas de contaminantes en la atmósfera. La segunda parte del siglo XX es efectivamente considerada como la del despertar de la conciencia ecológica, principalmente a partir del reconocimiento de que el planeta es pequeño y que el equilibrio ecológico que permite la vida, es frágil y que la gestión responsable de los recursos naturales es reñida con los apetitos de ganancia y de expansión permanente del planeta. Del mismo modo, la conciencia de la diversidad de especies y las amenazas que pesan sobre ellas son también consecuencias que forman parte del debate de situaciones que no pueden ser enfrentadas al interior de las fronteras políticas que se han dado los estados por que son precisamente fenómenos globales. En segundo lugar, debe recordarse que los expertos consideran que el famoso acuerdo de Kioto que hasta los Estados Unidos acordaron ratificar en un primer momento no resuelve el problema. Al fijar las emanaciones de gases con efecto invernadero a niveles de 1990, se establecen niveles que de todas maneras van a afectar de manera duradera la atmósfera. Sin embargo este acuerdo fue considerado como un importante paso simbólico en el reconocimiento de los efectos de la producción industrial sobre el medio ambiente y la necesidad de imponer límites porque los mecanismo de renovación de la atmósfera no son capaces de competir con las toneladas de carbono que son lanzadas en la atmósfera. A pesar de ello, uno de los primeros gestos de la administración Bush, que ganó las elecciones con el apoyo del poderoso lobby de las transnacionales de la energía que son las principales contaminadoras del medio ambiente , anunció que no ratificaría el acuerdo de Kioto, con lo cual, las cuotas necesarias de países para que el acuerdo sea una realidad se vio en peligro. Finalmente, se ha producido el gradual aislamiento de Estados Unidos por las decisiones de la comunidad Europea, de Rusia y otros países que anunciaron que ratificarán el acuerdo. La discusión de las características de adopción del acuerdo son complejas pero pueden resumirse en el debate de como contabilizar las cuotas producidas. Para Canadá por ejemplo era cuestión de considerar que sus enormes reservas forestales servían para disminuir las cuotas de reducción de la producción de gases con efecto invernadero. Es en ese contexto que durante la reciente cumbre sobre el desarrollo sustentable realizada en Johannesburgo, Sud Africa, a comienzos de septiembre, el primer ministro canadiense Jean Chrétien anunció oficialmente que Canadá ratificaría el acuerdo de Kioto antes de fines de año. Con ello, Canadá recuperó parte de su prestigio porque aparecía cada vez más como la sucursal de la Casa Blanca, por otro lado desató la ira de los conservadores de la Provincia de Alberta, también de Ontario y de Columbia Británica que han lanzado una fuerte campaña contra el acuerdo por los costos que implicaría. Esta semana, el gobierno federal lanzó el plan de implementación del acuerdo de Kioto que se traduce esencialmente en disminuir los gases con efecto invernadero en 100 megatoneladas. Los esfuerzos comenzarán a regir en relación a los niveles de la adopción del acuerdo (reducción de 6 % en relación a los niveles de 1990) y durante el periodo de implementación del acuerdo entre 2008 y 2012. Según los expertos, en Canadá las industrias canadienses lanzarán a la atmósfera más de 700 megatoneladas de gases con efecto invernadero en 2010 , más de 47 % de lo que se prometió si se aplica el acuerdo de Kioto, fijando en 1990 el monto permitido. Como en Canada el debate federal provincial nunca está lejos de las discusiones, y porque la energía es una materia de legislación provincial, aunque Ottawa fije las normas, el debate es político. Por un lado, La Asamblea Nacional de Quebec sacó una resolución que considera que los esfuerzos que ha realizado no son reconocidos y que favorece a las petroleras y no a las energías que emiten menos contaminantes como la hidroelectricidad. Por otro lado, los primeros ministros de Alberta, de Ontario entre otros se han lanzado en una campaña abierta para que no se aplique el plan porque sus costos son demasiado enormes y paradojalmente porque el plan de Kioto no tendrá verdadetros efectos sobre el medio ambiente. Un debate que debe seguirse de cerca por cuanto todo parece indicar que la más importante campaña se hará dirigida a que los individuos disminuyan la producción de gases con efecto invernadero, reduciendo sus desplazamientos, disminuyendo su consumo en calefacción y otros elementos. Es más fácil obligar a los individuos a salvar centavos antes que evitar que las poderosas compañías que no pagan impuestos inviertan para disminuir la contaminación.


  LA REUNIÓN DE LOS MINISTROS DE ECONOMÍA EN QUITO Y EL FUTURO DEL ALCA.

El próximo fin de semana se realizará en la ciudad de Quito, Ecuador, la reunión de los 34 ministros de comercio de las Américas con la excepción de Cuba que por decisión de Washington estó excluida de las negociaciones. Los ministros deben seguir las discusiones iniciadas en 1994 para establecer una Área de Libre Comercio de las Américas. Las organizaciones sociales participantes en la Alianza Social Continental y en general de lucha contra la mundialización dominada por las transnacionales realizarán encuentros y manifestaciones paralelas para se escuche la opinión de la sociedad civil. Por otro lado, servirá también de inicio a un vasto plan de consultas populares que comenzó en Brasil y que se realizará en todos los países de las Américas, también en Quebec, en los próximos meses. Esta reunión se realiza en Ecuador también en medio de la primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales que son una demostración de la oposición a los partidos tradicionales y que deben dirimir el candidato populista de izquierda (Gutierrez) y un rico empresario de derecha (Novoa). Como se recordará, hace dos años las movilizaciones sociales lidereadas por el movimiento indígena hicieron caer el gobierno de Jaguad. Sin embargo, el nuevo presidente interino realizó precisamente el mismo plan de Jaguad, que ha traido crecimiento a Ecuador pero también empobrecimiento de muchos sectores como en otros lugares en que se aplican políticas neoliberales. Todo indica sin embargo que en el nuevo contexto la estrategia que Washington tenderá a utilizar es la de los acuerdos de libre comercio bilaterales asociados a cláusulas políticas de lucha contra el terrorismo. Además la victoria de Lula se agrega para Washington a la crísis económica existente en Argentina y la creciente inestabilidad creada por el Plan Colombia. Es necesario considerar entonces las consecuencias del regreso de lo político sobre las prioridades económicas que funcionaban hasta el 11 de septiembre del año pasado. Como se recordará, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, fue propuesto inicialmente por el padre del actual presidente Estados Unidos en 1990. Se trataba de crear una sola zona de libre comercio, la más importante del mundo desde Alaska a Tierra del Fuego. El verdadero lanzamiento de las negociaciones se hizo en 1994 por parte del presidente Clinton, lo que se tradujo en el desarrollo de una serie de cumbres de las Américas, que suplantaron a la OEA como mecanismo de dominación del continente por parte de la Casa Blanca. La última de estas cumbres tuvo lugar en Quebec el año pasado, causando gran revuelo e inscribiéndose en el creciente proceso de rechazo de la sociedad civil a la globalización dominada por las transnacionales y a espaldas de los procesos democróticos. La reunión de Quito es clave en el respeto del itinerario fijado en Quebec que supone el lanzamiento del ALCA para el 2005. La última cumbre prevista para el próximo año deberá dar los últimos toques al acuerdo. Todo esto realizado en negociaciones secretas a las que tiene acceso el poderoso lobby de dueños de empresas de las Américas, mientras las organizaciones populares no tienen acceso. El ALCA se plantea por parte de Washington principalmente como la extensión del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, con agregados importantes que son aún tema de discusión a nivel de la Organización Mundial de Comercio. Fuera de aspectos generales que se traducen en una mayor interpenetración de las economías con Washington. Se traduce además por la integración de los sectores de servicios al libre comercio, (privatización de la salud y de la educación y otros servicios). Por la imposición de los mecanismos de solución de diferendos que se traducen en que las compañías pueden hacer juicios contra los gobiernos cuando las leyes ambientales o sociales limiten la capacidad de ganancia de las compañías. También incorpora los famosos derechos de propiedad de las transnacionales cuando producen por biotecnología nuevos productos como el caso de Monsanto en Saskatchewan. La crisis Argentina, la elección de Lula y las crecientes críticas de gobiernos como el de Venezuela han moderado el interés por el establecimiento de este acuerdo aunque las negciaciones continúan. En efecto, lo que surge como característica esencial de la situación actual es que pese a que el presidente Bush obtuvo el Fast Track, que le permite concluir acuerdos comerciales que deben ser aceptados o rechazados en bloque por el Congreso la Casa Blanca preferirá, establecer acuerdos bilaterales o bien acuerdos con regiones específicas como es el caso de América Central con el bullado Plan Puebla-Panamá que crea un corredor que facilita la toma de control de toda la región por parte de las transnacionales estado-unidenses y que variará completamente la región. En ese marco se ve también como probable que se firme rápidamente el acuerdo de libre comercio con Chile. Pese a ese contexto, donde los Estados Unidos, además de los aspectos económicos y sociales de la negociación, busca incorporar crecientemente aspectos ligados a su combate contra el terrorismo como lo hizo en el caso de la reunión de la APEC, instancia de los paÌses que tienen costas en el Pacífico, donde se liga ahora los acuerdos comerciales no sólo al libre comercio, a la propiedad privada y la democracia, sino que también a la participación en la cruzada antiterrorista de Washington. Pese a ese contexto, la reunión ministerial es fundamental precisamente porque los ministros son los que van a determinar cuáles son las áreas que van a influenciar las negociaciones bilaterales o regionales del futuro. Sobre todo se trata del desarrollo también de la conformación de la resistencia de la sociedad civil frente a las estrategias neoliberales que no consideran las consecuencias sociales de las prácticas económicas de las transnacionales.


  LAS PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO DE IGNACIO “ LULA ” DA SILVA EN BRASIL.

El 27 de octubre de 2002 es un día especial no sólo para Brasil sino que además para toda AmÈrica latina. Con la elección de Ignacio “Lula” Da Silva en la presidencia se da un nuevo intento de las masas populares latinoamericanas en dotarse de un gobierno que responda a sus intereses y sus objetivos de desarrollo. La mayor parte de esos intentos en el pasado fueron frustrados. En el caso de Brasil, se espero que el nuevo contexto y los proyectos de Lula se traduzcan en el inicio de un proceso político que permitirá levantar una nueva vía para el desarrollo de los pueblos latino-americanos. Es necesario destacar entonces que más allá de las cuestiones electoralistas, Lula encarna un proceso, es parte del proceso pero no es ajeno a él, se trata, en un país de 170 millones de habitantes en un proceso de búsqueda de soluciones para los candentes y agudos problemas que vive Brasil. Se trata de todo un objetivo, por cuanto el contexto no es fácil. Antes de caer en lo que será durante los próximos meses una serie de sesudos análisis sobre el desempeño del gobierno de Lula y su impacto en América latina, pueden plantearse algunos desafíos fundamentales. En primer lugar, destacar que según las encuestas Lula no sólo obtendrá la presidencia sino que además el más alto porcentaje de votos de la historia de Brasil para cualquier presidente electo. Podría alcanzar hasta el 68 % de los votos válidos sobre el candidato oficialista José Serra. Ello podría traducirse en una importante capacidad para que Lula pueda contar con un margen de maniobra para poder realizar su plan de gobierno compuesto de 232 tesis que reflejan el carácter pluriclasista de su base apoyo. El primer desafío entonces es de ver como diseña Lula su gobierno y como combina los sectores empresariales que le apoyan y los sectores como el Movimiento de los Sin Tierra, en una sociedad muy jerarquizada y en la que es el primer presidente que no pertenece a ninguna de las elites, pudiendo desarrollar bajo las presiones un gobierno de tipo más populista antes que uno que siente las bases para las soluciones que requiere Brasil. El segundo aspecto, es como aplicará su programa. Ello, permaneciendo al interior de las estructuras capitalistas y en condiciones del dominio de las políticas neoliberales a nivel mundial poder desarrollar un programa que es eminentemente keynesiano y redistributivo al interior de la lógica capitalista. Ciertamente, en eso es ayudado por el hecho de que Brasil es una enorme economía de 170 millones de habitantes. Un país que de acuerdo a los mecanismos de análisis tradicionales no puede ser caracterizado como un país de renta de exportaciones como en el caso de la mayoría de los países del tercer mundo, incluida la Argentina. Donde 55 millones viven bajo el umbral de la pobreza pero que parte de ellos, pueden ser integrados rápidamente al mercado de consumo porque no son los 33 millones de indigentes que si requieren de reformas estructurales para poder acceder al consumo. Un país que tiene un vasto territorio y donde la introducción de mecanismos de control limitando pueden mejorar la situación de millones de personas sobre todo en el Nor-Oeste. Otro desafío fundamental es como consigue negociar su participación en el seno de la economía mundial, particularmente en lo que se refiere al desarrollo del MERCOSUR, por ejemplo y en relación a las posibilidades de negociación con Estados Unidos en otro marco que el del ALCA. La principal crítica a las posiciones del anterior presidente Fernando Enrique Cardoso es precisamente que abandonó el nacionalismo tradicional de la polÌtica económica exterior brasileña. No está claro entonces si Lula desarrollará una alianza de tipo nacionalista que permitirá unificar los diferentes sectores sociales y económicos y militares en torno a lo que tradicionalmente se plantea como la vía brasileña, Lo cierto es que ese es un desafío abierto. Cual es el mecanismo que le permite mantener abiertas sus líneas de comunicación con el núcleo central de su movimiento. Debe recordarse además que la Constitución determina que la presidencia de Lula durará por un sólo período, por lo tanto las posibilidades de que pueda contar con mucho tiempo para desarrollar grandes planes de desarrollo son limitadas sobre todo por la importancia que adquieren las coyunturas internacionales en los últimos meses. En esa medida un gran desafío de su presidencia es el de asegurar que el fenómeno del Partido de los Trabajadores no sea sólo un gobierno sino que se traduzca en líneas de continuidad para la elección de un nuevo mandatario que surja del Partido de los Trabajadores que por el momento no se vislumbra. Finalmente, debe recordarse que el desafío de Lula no es solamente el desafío de la izquierda brasileña que optó por la negociación y el desarrollo de transformaciones para mejorar el sistema. En esa medida, no está claro, si Lula preferirá aliarse a los presidentes que buscan el crecimiento combinado con la igualdad como es el caso de Lagos o bien si optará por posiciones populistas más radicales como las de Hugo Chavez en Venezuela. Si acaso se planteará como defensor de la integración de Cuba en el marco de las Américas o bien si buscará establecer medidas diplomáticas generales. Mucho se ha señalado que la principal característica de Lula son sus dotes de organizador y de negociador. Necesitará mucho de esa experiencia para poder enfrentar los desafíos que confronta su gobierno desde todos los sectores de la sociedad tanto en Brasil como a nivel internacional. Todo indica que la votación que obtendrá le permitirá contar con un margen de maniobra más amplio que el que se esperaba pero su estilo se verá en las primeras semanas y podrá saberse a ciencia cierta como ha respondido a los desafíos planteados.

 Marcelo Solervicens

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