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Temas
del Domingo 26 de Octubre, 2003
1.- LA REINGENIERÍA DEL ESTADO Y EL NUEVO ENFOQUE DEL GOBIERNO
CHAREST EN POLÍTICA DE IMMIGRACIÓN.
2.- LOS IMPACTOS DE LA CRISIS BOLIVIANA.
LA REINGENIERÍA DEL ESTADO Y EL NUEVO ENFOQUE DEL GOBIERNO CHAREST EN POLÍTICA DE IMMIGRACIÓN.
Esta semana comenzó la sesión ordinaria en la Asamblea
nacional de Québec. La primera del gobierno Charest, porque
las de la primavera fue sólo una escaramuza mientras se diseñaban
las nuevas políticas de un gobierno que pretende con su concepto
de reingeniería, reinventar el Québec, dejando atrás
el Estado surgido de la revolución tranquila.
Este será un otoño movido en la provincia de Québec.
Porque el proyecto de modernizar el Québec como
indicó el primer ministro Jean Charest en una carta pública
en los periódicos se inscribe en una lucha abierta contra los
intereses corporatistas de los sindicatos y del movimiento popular.
Jean Charest insiste en su concepción elitista de la democracia
en el sentido de que como fue elegido, el tiene el derecho a introducir
todos los cambios que sean necesarios porque recibió un mandato
de la población. Los sindicatos y el movimiento estudiantil
y popular han iniciado movilizaciones para contrarrestar medidas en
preparación, aunque nadie puede afirmar a ciencia cierta cuales
serán esas medidas
En la práctica y como lo señalara el propio primer ministro
de la provincia de Alberta Ralph Klein, portaestandarte de las políticas
neoliberales conservadoras en el Oeste de Canadá, el primer
ministro de Québec es un verdadero conservador con el que tiene
una unidad de pensamiento completa. Más allá de lo anecdótico
del hecho, es necesario recordar que Québec no es Alberta donde
las ganancias de petróleo permitieron financiar las medidas
neoliberales y exportar a Colombia Británica los asistidos
sociales. Está claro entonces que antes que un gobierno liberal,
los quebequenses han elegido un gobierno conservador que se plantea
transformar profundamente la estructura económica y el rol
del estado privatizando aspectos importantes de la vida social.
Entre los aspectos más importantes en discusión en el
parlamento en esta sesión está aquel de las modificaciones
a la ley 45 que regimenta la subcontratación. Principalmente
en lo que se refiere a transferir los sindicatos a las compañías
subcontractantes de servicios para el estado. Los sindicatos se plantean
movilizarse contra la propuesta que significa cambiar las reglas del
juego en materia de relaciones laborales.
Otro aspecto es el de la famosa ley 9 sobre las desfusiones que sin
estar ligada al plan de reingeniería del estado se ha transformado
en un lastre importante del gobierno liberal con efectos desastrozos
sobre el gobierno municipal de Gerald Tremblay en Montreal que pierde
consejales en favor de los desfusionistas.
Además de ello está el cambio de la ley que regimenta
las direcciones regionales de salud. El gobierno de sea reorganizar
a nivel local el sistema de salud.
Tras ese debate existen estudios, declaraciones, debates y sobre todo
rumores. Lo cierto es que el gobierno liberal de Jan Charest se plantea
un vasto plan de reingeniería estatal para disminuir costos
pero sobre todo con una visión del estado que significa reducirlo
y dar un rol preponderante al mercado y al sector privado. Algunos
hablan en broma de privatizar el estado.
En este campo han surgido polémicas respecto de las transformaciones
que se plantea realizar el gobierno liberal en el campo de la inmigración.
Según informó un periódico local, el gobierno
liberal se plantea desarrollar un sistema subcontratación,
de outsourcing como se dice en América latina siguiendo el
lenguaje de los gestionarios en Washington. Esto en el caso espécifico
de un organismo de la comunidad judía de Montreal. Aunque el
gobierno pequista también había establecido acuerdos
para atraer inmigrantes ligados a esa comunidad en el mundo, en este
caso se trataría de que en el caso de Argentina, Uruguay y
Brasil este organismo participará en el proceso de selección
de inmigrantes. Aunque el ministerio se guarde la última palabra
en el reclutamiento de inmigrantes significa un cambio importante.
Aunque la información es confusa y ha sido desmentida en parte
por la ministro de Inmigración Michelle Courchesne está
claro que el proceso de subcontratación estatal también
toca a la política de inmigración. Ello coincide con
los planteamientos del programa liberal en materia de reclutamiento
y de integración de inmigrantes.
El primer aspecto es que el gobierno busca reforzar la participación
de organismos étnicos en el proceso de reclutamiento, de acogida
y de integración de inmigrantes. Se trata de favorecer la inmigración
y la integración gracias al apoyo de aquellos que ya han hecho
el camino. La idea en sí puede ser considerada como positiva
en la medida en que se trata de incorporar las llamadas comunidades
culturales al proceso de integración. El peligro sin embargo
es la constitución de ghettos y el abuso por parte de los inmigrantes
ya instalados respecto de los recién llegados. Ello sin considerar
quienes pueden trabajar a la organización de paquetes de inmigrantes
gracias a constituirse un papel de lobbying. Esos paquetes pueden
estar ligados precisamente a trabajos específicos. En esa medida
por el hecho de que estadísticas Canadá,
revela que la integración al empleo se hace más difícil
para los inmigrantes en los últimos años, lo que se
traduce en que recurren más a menudo que el resto de la población
a la ayuda social. Ello se agrega a otras estadísticas que
señalan que el desempleo entre los inmigrantes es mayor que
entre el resto de la población. Además que estos tienen
menos ingresos que el resto de la población.
Ciertamente el gobierno liberal busca organismos plenamente constituidos
que le aseguren mecanismos de control apropiados. Sin embargo, ese
problema implica que el acceso a la inmigración dependerá
de ese nivel de organización. Ello favorecerá comunidades
culturales ya organizadas lo que no es el caso de las comunidades
latinoamericanas por ejemplo.
Tras esa posibilidad sin embargo lo que permanece no es el interés
por un proceso de integración más apropiado sino que
la necesidad de reducir los costos, mediante la reducción del
personal estatal destinado a esas tareas. Si el gobierno pequista
con sus planes de ciudadanía y de desarrollo de la integración
a la sociedad de acogida y del desarrollo del francés como
idioma común ahora el gobierno liberal busca reforzar las comunidades
culturales como ente primario de adscripción para los neoquebequenses.
Un problema de concepción que requiere por lo menos de procesos
de discusión que en el marco del procesos de reingeniería
del estado no parecen posibles.
Los organismos que trabajan en la acogida de inmigrantes aparecen
confusos. Sería importante el desarrollo de un debate sobre
la cuestión.
LOS IMPACTOS DE LA CRISIS BOLIVIANA.
La movilización indígena y popular boliviana, pese
a una represión gubernamental que provocó más
de ochenta muertos, obtuvo la renuncia del presidente boliviano Gonzalo
Sánchez de Losada el 17 de octubre. Las masas populares bolivianas
dijeron ¡Basta! a las políticas neoliberales del presidente
boliviano que profundizan la miseria en el país más
pobre de América del Sur así como su dependencia de
las transnacionales estadounidenses. La revuelta se tradujo en el
rechazo del símbolo representado por un nuevo proyecto de venta
a rebaja de las riquezas naturales bolivianas que seguía el
esquema colonial y neo-colonial, de la plata, del salitre, del estaño.
Para colmo, la exportación del gas natural boliviano era organizada
por un Consorcio estadounidense que se llevaría la mayor parte
de los beneficios dejando sólo migajas en Bolivia. Además,
el gasoducto debía transitar por tierras que habían
sido bolivianas antes que Chile le arrebatara el acceso al mar a Bolivia
en 1883. En esa medida es importante destacar los impactos de la crisis
boliviana y los desafíos que esperan al nuevo presidente Carlos
Mesa, que quitó el apoyo al gobierno de coalición por
la represión de la revuelta popular.
El primer aspecto, el más evidente es que la revuelta popular
e indígena boliviana tiene un componente económico evidente,
producto de las malas condiciones de vida de la población y
la crisis del modelo neoliberal. El producto interno bruto en 2002
era de sólo 882 US$. Un tercio de la población, vale
decir 2,6 millones de los 8 millones de bolivianos vivía con
apenas 200US$ anuales. Según las estadísticas en Bolivia
se vive un deterioro progresivo de los ingresos desde hace varias
décadas principalmente en los sectores pobres y vulnerables
producto de las políticas económicas y de las privatizaciones
de los últimos años.
En cuanto al gas natural, fue en 1985 que se aplicó el programa
de ajuste estructural exigido por el Fondo monetario internacional
que se tradujo en el uso de 85% de los ingresos de los Yacimientos
Petrolíferos Fiscales Bolivianos para financiar el déficit
fiscal. Ello fue el antecedente de la privatización o capitalización
de la compañía nacional de hidrocarburos impulsada en
1996 en el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada con
la Ley sobre los Hidrocarburos. Ello permitió también
la liberalización del comercio del gas natural que se traduce
en la entrada de compañías extranjeras que benefician
del descubrimiento de nuevos yacimientos. Los beneficios esperados
de la exportación de gas natural a Estados Unidos y México
sería de sólo 70 millones dólares anuales para
el gobierno boliviano, mientras que el Consorcio PACIFIC LNG obtendría
más de 1.300 millones de dólares al año- Este
consorcio está constituido por las transnacionales Rapsol-YPF,
British Gas (BG) y British Petroleum (BP). A ellas se agrega Unión
Texas de Bolivia en el nuevo campo Margarita en Tarija. En esta provincia
es donde se encuentra el 86% de las reservas de gas en Bolivia. El
gobierno boliviano obtendría beneficios de impuestos por 18%
de los nuevos campos y de 50% en los antiguos campos porque no es
parte del proyecto como tal y beneficiará sólo de los
impuestos.
El consorcio PACIFIC LNG prefiere instalar el gasoducto desde Tarija
hasta el puerto chileno de Mejillones y no por un puerto peruano porque
le significaría economías de 200 millones de dólares.
Los cálculos finales del proyecto indican que Bolivia obtendrá
70 millones dólares por año, mientras el consorcio PACIFIC
LNG obtendrá 1.300 millones de dólares por año.
Además la licuación del gas no se hará en territorio
boliviano lo que disminuye los impactos a nivel del empleo y el desarrollo.
El proyecto anuncia entonces el paso de Bolivia a un nuevo ciclo de
exportación de sus recursos del subsuelo que sería ahora
el del gas natural después del fin del Estaño, nacionalizado
en los cincuenta cuando estaba en su periodo de declive.
El nuevo gobierno de Carlos Mesa se plantea realizar un referendo
para decidir sobre la continuidad de la exportación del gas
natural y plantear una revisión de la ley de hidrocarburos.
Como si el mensaje de la gran mayoría de la población
boliviana no hubiese sido claramente expresado con la sublevación
popular e indígena.
Pese a que los movimientos sociales indígenas y populares se
han retirado luego de la victoria está claro que no existe
un proyecto de desarrollo en la clase política, por lo que
la crisis política sigue latente. Y es que también hay
un componente político de la crisis boliviana. Este es el resultado
de la corrupción y la desorganización de la llamada
clase política que en el parlamento que está más
ocupada, según los observadores, en la distribución
de cuotas de poder, antes que en el desarrollo de proyectos de desarrollo
sustentables. La pérdida de legitimidad de la clase política
en Bolivia no es un fenómeno exclusivamente boliviano. Lo cierto
es que pese a que Bolivia ha vivido uno de los periodos más
largos de su historia republicana, sin regimenes militares, está
claro que la clase política no interpreta los intereses nacionales
Ello lleva, como en otros países que fuerzas políticas
no tradicionales como el Movimiento al Socialismo del dirigente cocalero
Evo Morales puedan alcanzar el segundo lugar en las elecciones presidenciales
del año pasado. Este partido aparece como una nueva alternativa
de gobierno de tendencia socialdemócrata que tiene como novedad
el incorporar el componente indígena a la política boliviana.
Un contrasentido en un país donde mas del 70% de la población
se considera de origen indígena Quechua o Aymará.
En ese marco, no es sorprendente la creciente popularidad del dirigente
Aymará Felipe Quispe, diputado del movimiento indígena
Pachakuti (MIP) y lider de la Confederación Sindical Única
de Trabajadores Campesinos de Bolivia. Quispe plantea reconstituir
el Qullasuyu y la reconstitución de la nación indígena.
Quispe da un mes al gobierno de Mesa pero desde ya considera que el
nuevo gobierno es una continuidad del gobierno de Sánchez de
Losada.
Lo que se vive actualmente en Bolivia es que producto del fracaso
del modelo neoliberal y la crisis de los partidos políticos
tradiconales hay un de desarrollo de las alternativas indígenas
de los cocaleros de la antigua COB y los Aimarás de Movimiento
Indígena Pachakuti. Un fenómeno natural en una Nación
que cuenta con más de 70% de la población reconocida
como indígena y donde la discriminación se produce contra
la mayoría en fenómenos semejantes a los que se produce
en Guatemala y otros países donde la estratificación
social sigue líneas étnicas.
El nuevo gobierno de Carlos Mesa está enfrentado a enormes
desafíos. Por un lado, debe reformular políticas gubernamentales
favorables al desarrollo boliviano , lo que es difícil para
un gobierno que se constituye, después de una profunda crisis
de legitimidad. Lo más probable es que se produzca un gobierno
que busca establecer un proceso de negociación con las transnacionales
y el gobierno de Estados Unidos. Por otro lado debe crear el marco
propicio a la recomposición del juego político boliviano,
para lo que llama a la creación de una asamblea Constituyente.
Debe también mostrar que desea la integración de la
mayoría indígena al sistema político, por ello
es que decidió incorporar tres ministros indígenas a
su gobierno, entre ellos a nivel de ministro de Educación
A pesar de ello, según los observadores, es en torno al contenido
de la propuesta de referendo sobre el proyecto de exportación
del gas natural boliviano donde se juega el futuro de su gobierno.
Algo que aún no está claro. También en el campo
de los coletazos más importantes de la crisis estarán
sus propuestas de reforma de la ley de hidrocarburos de 1996. Aunque
nadie espera una propuesta de nacionalización de los yacimientos,
está obligado a limitar el margen de maniobra legal con el
que cuentan ahora las transnacionales para explotar las riquezas del
subsuelo boliviano.
Ligado con esto está el tema de las relaciones con Chile y
las exigencias de Washington de que se firme un tratado de libre comercio
entre los dos países antes de fines de año y que Bolivia
juegue un rol más activo en la formación del área
de libre comercio de las Américas, ALCA.
También existen otros elementos, aplacados por la crisis del
gas natural, como es la presión del movimiento de cocaleros
contra la campaña de erradicación de las plantaciones
de Coca. El gobierno de be pronunciarse sobre si seguirá o
no con la erradicación de plantaciones de Coca en la región
del Chaparé que son consideradas como un éxito por Washington.
Valga señalar que el gobierno de Gonzalo Sánchez de
Losada era considerado por la administración Bush como el más
eficaz en la lucha antidroga de los países de la región
andina. El New York Times señalaba como anécdota el
sábado 25 de octubre, que cuando Gonzalo Sáchez de Losada
visitó Washington, poco después de ser elegido presidente
de Bolivia, había señalado en broma que si no recibía
un aumento de la ayuda para desarrollar nuevos cultivos, podía
volver pronto a Estados Unidos, pero como refugiado. Es efectivamente
lo que pasó pues el Goñi, eligió como exilio
dorado, las playas de Miami. Aunque no fue directamente porque Washington
nunca envió los 200 millones que pedía Sanchez de Losada
para reconvertir los cultivos de coca, recibió sólo
10 millones; lo cierto es que fue producto de la defensa de los intereses
estadounidenses en Bolivia que fue forzado a renunciar.
Ello permite concluir que es torno al tratamiento de los intereses
de las transnacionales petroleras estadounidenses que se juega el
futuro del nuevo gobierno boliviano, dirigido por Carlos Mesa. Estas
no han abandonado la partida.
La historia se repite, tartamudea como diría Marx. La crisis
boliviana se inscribe en un contexto latinoamericano y mundial de
crisis del modelo neoliberal y de búsqueda en América
latina de nuevas alternativas políticas de derechas, izquierdas
o populares.
En primer lugar, la crisis boliviana confirma que las políticas
neoliberales en América latina provoca el empobrecimiento de
las masas populares y aumenta la distancia entre los ingresos de ricos
y pobres. A un nivel regional, se comprueba que las medidas de Ajuste
estructural y de privatizaciones impuestas por el Fondo monetario
internacional, FMI y de apertura al mercado mundial en el marco de
la globalización, aumentan la distancia entre Norte y Sur trayendo
aparejadas un deterioro sostenido de las condiciones de vida de la
población.
Las consecuencias sociales catastróficas que acarrea los años
de estancamiento económico provocan movimientos populares e
indígenas como el boliviano. Son los mismos que depusieron
gobiernos en los últimos años en Venezuela, en Ecuador,
en Argentina y otros países latinoamericanos en las revueltas
del hambre. Esa corriente de fondo de agotamiento del modelo neoliberal
lleva a la emergencia del nuevo bloque de países que buscan
alternativas de desarrollo propiamente latinoamericanos. Con las experiencias
de Lula en Brasil, de Chavez en Venezuela, de Kirschner en Argentina,
de Lucio Gutierrez en Ecuador. Pese a que a nivel ideológico
es un bloque disparatado, coinciden en propuestas que se alejan del
neoliberalismo dominante, abriendo puertas a nuevas alternativas,
socialdemócratas o más radicales.
En segundo lugar, la caída de Gonzalo Sánchez de Losada
es una derrota de la política de Washington en la región.
El presidente Bush pierde un aliado clave del Plan Colombia y de la
lucha anti-insurreccional realizada bajo la cobertura de la lucha
contra el narcotráfico. Efectivamente, la exportación
de la experiencia boliviana de erradicación de cultivos a Perú
y otros países aparece cuestionada. Es una derrota también
de la política de control de recursos naturales sudamericanos
por parte de las masas populares movilizadas. Es una derrota de las
políticas que Washington trata de imponer en América
del Sur.
Se trata también de una derrota de las transnacionales que
bajo criterios de rentabilidad imponen sus leyes a los gobiernos en
el tercer mundo. No es la primera victoria de las masas populares
contra las transnacionales debe recordarse el caso de la constructora
Bechtel que sufrió una derrota en Cochabamaba cuando las masas
populares consiguieron desprivatizar el agua y expulsar a la poderosa
trasnacional que ahora obtiene enormes beneficios con la reconstrucción
de Irak. En esa medida debe considerarse que frente a la pusilanimidad
de los gobiernos frente a las transnacionales son las masas populares
e indígenas que defienden la soberanía nacional mostrando
los límites del poderío de las transnacionales
El impacto internacional de la crisis boliviana es la emergencia de
nuevos actores con la movilización de las naciones indígenas
discriminadas y explotadas a las que se les niega la existencia. Un
fenómeno que existe en la totalidad de los países latinoamericanos
aunque ello se manifieste con mayor agudeza en los territorios de
los antiguos imperios existentes antes de la invasión española.
Aunque sea prematuro concluir sobre el impacto de la experiencia boliviana,
está claro que ella ayuda al despertar de las masas populares
latinoamericanas en su combate contra las políticas neoliberales.
Las
opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad
de su autor |
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