Comentario del Domingo

Por MARCELO SOLERVICENS

Ir a la Portada Domingo 25 de Septiembre del 2005
 

1.- LA CAMPAÑA POR EL LIDERAZGO DEL PARTIDO QUEBEQUENSE
2.- LA GUERRA EN IRAK, LOS HURACANES Y LA POLÍTICA DEL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE
3.- LAS ELECCIONES EN ALEMANIA Y EL REGRESO DE LA IZQUIERDA EUROPEA


 
     1.- LA CAMPAÑA POR EL LIDERAZGO DEL PARTIDO QUEBEQUENSE

Esta semana comenzó finalmente la campaña oficial por le liderazgo del partido quebequense, él cual, podría formar el próximo gobierno dentro de dos años, si se cree las encuestas que indican una impopularidad inédita para los liberales. La información esta semana se ha centrado, en el interés de los periodistas por exigir una confesión completa de parte del candidato con mayores posibilidades, el ex ministro Andrés Boisclair, respecto de su consumo de cocaína en el pasado. A pesar de ello, lo cierto es que la primera campaña por el liderazgo del partido quebequense desde hace veinte años constituye un proceso interesante porque los nueve candidatos reflejan diferentes tendencias presentes en el partido soberanista.

En primer lugar, y en términos de contexto, puede señalarse que el partido quebequense aparece, desde que Bernard Landry renunciara hace un par de meses, como el gran ausente de la política quebequense. Está más bien centrado en su debate interno, esperando primero que Bernard Landry aclarara que no se iba a presentar para recuperar la presidencia del partido luego de que se dio cuenta que su acción había sido demasiado intempestiva. Se trata de una situación que ha favorecido a los liberales de jean Charest que ha pesar de no haber mejorado su posición en las encuestas benefician del silencio de los pequistas y de las negociaciones con los funcionarios públicos para entrar en una nueva etapa, a dos años de las elecciones.

Una serie de elementos indican también que el contexto que exigiría avanzar hacia la soberanía ha perdido importancia. Por un lado, el jefe del Bloque quebequense Gilles Duceppe, decidió no trasladarse de Ottawa a Québec pese a su popularidad. Por otro lado, el gobierno de Paul Martín, según los observadores, ha decidido dejar de lado sus esfuerzos por ganar votos en Québec. Ello por los efectos del escándalo, llamado de las comanditas, que se espera que vuelva a la actualidad cuando el Juez Gomery de a conocer su informe primario en Octubre y su informe final en enero y no en Diciembre como se esperaba. Todo indica que los liberales han preferido insistir en su popularidad en el Canadá Inglés en lugar de intentar recuperar votos en la provincia de Québec. También la decisión de gastar el excedente fiscal de 2004'2005, que se supo esta semana que se redujo a poco más de un millar de dólares es una estrategia que permite reducir el debate sobre el llamado desequilibrio fiscal, levantado por los soberanistas para justificar la independencia de Québec. El tercer elemento es que al haber un gobierno federalista en Québec, la tendencia se expresa más bien en una buena cohabitación entre el nivel federal y provincial. Sólo las declaraciones del ministro de relaciones exteriores Pierre Pettigrew han provocado polémica. Todo ello para señalar que, independientemente del mantenimiento de altos niveles de popularidad del PQ y de la soberanía, la campaña no se realiza en el contexto de una urgencia por imponer la soberanía.

En segundo lugar y en la perspectiva interna del partido quebequense, como todos están de acuerdo con realizar un referendo lo que se ha impuesto como noticia es el objetivo de mostrar una cara más joven del partido quebequense, confirmando que el PQ y la soberanía no fue el objetivo de una generación específica. Por un lado, el partido quebequense cuenta con apenas unos 80 mil miembros en lugar de los más de 300 mil con que contaba en 1980. También que pese a que uno de los desafíos mayores que se plantean, el de integrar a una nueva generación posterior a la revolución tranquila, que la mayoría de esa membresía es mayor de cincuenta años, vale decir de los llamados baby boomers. En ese marco, por las presiones de los periodistas a partir de una denuncia anónima que el candidato más popular, el joven ex ministro Andrés Boisclair, debe confesar todo sobre su consumo de cocaína cuando era el ministro más joven del gobierno pequista pueden desmoronar ese escenario. Aunque Boisclair reconoció errores de juventud, insistiendo en que eran cosa del pasado, los periodistas no parecen querer soltar el hueso porque ello permite acercar el escenario político quebequense al de otras latitudes. No están claros los efectos de ese acoso, porque las encuestas indican que ha despertado una ola de simpatía especialmente entre los jóvenes que ven en ello una razón de acercarse al PQ. También ha conseguido audiencias enormes en sus discursos de esta semana frente a los estudiantes de CEGEP y de las universidades. El desafío allí es precisamente de vender suficientes tarjetas de miembros como para que esa simpatía se exprese en la votación interna del partido quebequense.

En tercer lugar, y respecto de las reglas del juego, destaca que se trata de la primera experiencia de elección directa de un presidente de partido, mediante un complejo sistema de voto por teléfono para aminorar los costos. La elección del presidente del partido quebequense no se realizará en un Congreso sino que a través del anuncio de los resultados del voto. Ello hace que los pequistas consiguen poner en el tapete público sus debates. El problema es que con nueve candidatos es difícil seguir los debates.

En cuarto lugar y respecto de los contenidos, es necesario destacar que la campaña se realiza a la sombra de la resolución del último congreso del partido quebequense que reforzó la opción soberanista como razón de ser del PQ. Ello ha dejado fuera de la campaña las declaraciones que planteen una revisión de fondo del proyecto soberanista como el que planteaba el ex ministro Joseph Facal.

Está claro que André Boisclair plantea más bien una continuidad de la política del PQ acompañada de un cambio generacional porque sería el primer líder pequista que no provendría de la generación de la llamada revolución tranquila. La segunda candidata más popular, Pauline Maurois, también se inscribe en la continuidad política ya que es de la generación de la revolución tranquila y porque es la candidata más experimentada. Su principal dificultad es que aparece en su tercer intento por alcanzar la dirección del PQ, bajo la estampa de haber empujado a la renuncia a Bernard Landry, quien es su enemigo jurado. De Legendre a los otros seis candidatos, el que destaca, es Pierre Dubuc, que es el candidato del Club de los sindicalistas y progresistas por un Québec libre que hicieron el desafío de embestir el PQ para fortalecer su ala de izquierda y que plantea propuestas que inscriban el PQ resueltamente en posiciones socialdemócratas.

En resumen, en la campaña pequista se trata de lanzar en el próximo mandato un nuevo referendo, sin que éste esté limitado a las llamadas condiciones que permitan ganarlo. Los principales candidatos plantean una continuidad de las posiciones actuales del PQ en materia de gestión del aparato estatal y se diferencian por sensibilidades que en ningún caso se inscriben en un viraje más a la derecha. Todo indica por lo tanto, que Andrés Boisclair consigue efectivamente convencer que dejó atrás sus experiencias de juventud con la cocaína, será el próximo presidente del partido quebequense. Sin embargo, ello no es seguro

   2.- LA GUERRA EN IRAK, LOS HURACANES Y LA POLÍTICA DEL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE

El temido Huracán Rita no provocó los efectos devastadores sobre Houston, que su predecesor el huracán Katrina había provocado en Nueva Orleáns mostrando que las desigualdades de oportunidades del país más rico del mundo también se producen en el ámbito de la suerte. Por otro lado, el sábado 24 de septiembre en Washington, más de 200 mil personas manifestaron su desacuerdo con la guerra de Irak en la protesta anti bélica más grande desde el comienzo de la guerra de Irak. Aunque en el resto del mundo la oposición ante la política energética de Washington como ante la guerra son conocidas, es interesante destacar que estos dos hechos cuestionan abiertamente los dos pilares de la política de Washington.

En primer lugar está la relación evidente que se hace entre la política de rechazo al llamado Protocolo de Kyoto y de favorecer los combustibles fósiles en la política energética de la Casa Blanca y el llamado calentamiento planetario, asociado a fenómenos cada vez más violentos de la naturaleza como el huracán Katrina o el huracán Rita. Aunque el protocolo de Kyoto es considerado insuficiente por los expertos, el calentamiento planetario producto de la política energética del modelo de desarrollo dominante es aceptado como una realidad indiscutible en los medios científicos. No se trata de un problema que pueda combatirse al interior de las fronteras de un solo país o mediante una política unilateral, porque el cambio climático no reconoce fronteras. La devastación causada por el huracán Katrina, reveló también los Estados Unidos de los pobres. Mostró que la catástrofe de Nueva Orleáns, aumentada por la ruptura de los diques era una catástrofe anunciada y que había sido prevista por informes oficiales. Las inversiones fueron postergadas en aras de las medidas de seguridad posteriores al 11 de septiembre del 2001. Ello obligó a la Casa Blanca a lanzar un plan de intervención estatal mucho más costoso para asegurar la reconstrucción de las zonas desbastadas. La consecuencia de ello es que el gobierno de Bus es ahora criticado por los sectores conservadores por plantearse contra la doctrina de estado minimalista y plantear proyectos como el de la reconstrucción de Nueva Orleáns como si se tratara del New Deal. En conclusión, la catastrofe dejada por el huracán Katrina y el huracán Rita, han hecho más por convencer de la existencia del cambio climático producto de la política energética que todos los informes de expertos y han mostrado las consecuencias nefastas del enfoque conservador de la Casa Blanca. Una constatación que ubica en pésima postura al gobierno de Georges Bush.

La marcha de ayer contra la guerra de Irak, que según las estimaciones más conservadoras fue de más de los 100 mil manifestantes esperados por los organizadores, muestra que el tema de la guerra en Irak, ha entrado en una nueva etapa en Estados Unidos. En efecto, luego del bajón del movimiento pacifista provocado por la re elección de Bush a la presidencia en noviembre pasado, Cindy Sheehan, la madre de un soldado muerto en Irak, que esperó durante más de un mes frente al rancho de Bush en Tejas que el presidente le diera audiencia, se transformó en la nueva cara del movimiento anti-guerra en Irak, por el lado de los costos en jóvenes estadounidenses por una guerra basada en la mentira.

Esta situación se agrega a la constatación de que en Irak se vive un caso clásico de pantano como el de Vietnam. Algunos autores como Immanuel Wallerstein, consideran que Estados Unidos ya perdió la guerra de Irak. Ello porque no ha conseguido derrotar la resistencia iraquí, no ha podido establecer un gobierno estable en Irak que sea amistoso con Estados Unidos y tiene dificultades crecientes en mantener el respaldo de la opinión pública estadounidense a la guerra. No había armas de destrucción masiva, hecho reconocido oficialmente por la Casa Blanca. La invasión y la caída del gobierno de Saddam Hussein según los observadores, no han traído la libertad esperada. Existe el reconocimiento de que la situación en Irak es de una guerra contra las fuerzas de ocupación y la de una guerra civil abierta. En lugar de imponer la democracia al estilo estadounidense, la Constitución que debe ser aprobada el 15 de octubre corresponde más bien a una constitución teocrática que lleva al cisma étnico del país entre zonas sunitas kurdas y chiítas. Lo peor de ello es que el gobierno estadounidense no puede sentirse seguro de que el gobierno que se establecerá finalmente en Irak, sea amistoso con Estados Unidos. Por otro lado, pese a que las fuerzas de ocupación debieran haber sido recibidas como libertadores, ellas están enfrentadas a la constante hostilidad de la población civil. Los británicos sufrieron esta semana un revés importante en sus relaciones con los chiítas en el sur de Irak, al entrar en batalla contra los policías que ellos mismos formaron, al defender dos agentes secretos británicos que no aceptaron ser revisados por la policía iraquí. Las imágenes de los soldados saliendo de un carro de combate en llamas por los ataques de la población civil mostraron una situación de fuerza de ocupación y no de aliados. Lo cierto es que el principal fracaso de la guerra de Irak, aquel que el aumento de los precios del petróleo que incrementan las ganancias de las multinacionales aliadas de la Casa Blanca no consigue acallar, son los 2000 marines muertos, más del 90 por ciento de los cuales murió después de que el presidente estadounidense dirá por terminada oficialmente la guerra.

Está claro entonces que la manifestación más importante del movimiento contra la guerra en Irak el sábado 24 de septiembre es un momento importante en el cuestionamiento de la política unilateral estadounidense y una crítica fundamental a la política exterior y energética de la Casa blanca.

   2.- LAS ELECCIONES EN ALEMANIA Y EL REGRESO DE LA IZQUIERDA EUROPEA

Las elecciones del domingo pasado en Alemania crearon un impasse político en el país reunificado en la década del 90, que puede forzar una alianza de circunstancias entre la derecha democratacristiana y los socialdemócratas, principales adversarios de la contienda electoral. Más allá de ello, los resultados revelan tanto el temor de las posiciones conservadores de Angela Merkel, como la crisis de confianza de los socialdemócratas y un despertar de nuevos partidos de izquierda en Alemania. Una situación que puede tener un gran impacto en Europa, cuna de las ideas políticas de occidente.

Los resultados de las elecciones no permitieron que la candidata conservadora de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) aliada con la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) Angela Merkel, pudiera clamar victoria. Con apenas 35,2 por ciento Merkel, no está en condiciones de formar el gobierno con sus aliados naturales de Partido Liberal, que obtuvo 9,8%. Con ello no alcanza el porcentaje suficiente de representantes en el parlamento como para asegurar un gobierno estable. Puede clamar que tiene la mayoría y por ello debiera gobernar, pero el golpe fue duro, porque todas las encuestas la daban como ganadora segura. Al contrario, el resultado fue uno de los más bajos que haya obtenido la alianza conservadora.

Según los observadores, su posición política de “modernización” del estado Alemán mediante la aplicación de medidas neoliberales que causarían más desempleo, fue lo que hizo que perdiera votos y que repuntara el primer ministro Gerhard Schroeder. Angela Merkel era presentada como la Margaret Thatcher alemana y como ejemplo de la unificación porque es originaria de la Alemania del Este antes de la unificación.

Por su parte el Partido Social Demócrata de Gerhard Schroeder obtuvo 34,3% de los votos, y sus aliados del partido verde 8,1% con lo que no cuenta tampoco con los escaños suficientes en el parlamento como para poder formar el gobierno. La caida en la votación de Schroeder estuvo ligada principalmente a la aplicación de políticas neoliberales con el objetivo de poder adaptar Alemania a la economía mundial. El impacto de la absorción de la Alemania del Este ha creado una situación de empantanamiento de la economía alemana que Schroeder se planteo confrontar mediante la revisión del llamado modelo alemán, reduciendo el peso del Estado y aumentando la flexibilidad laboral. Entre los conservadores de Angela Kermel y los socialdemócratas de Schroeder, la diferencia era más bien de intensidad de los cambios que debían aplicarse, siempre desde la óptica de hacer más competitiva la Alemania. Se está muy lejos de los planes de reducción de la jornada de trabajo como el mecanismo para enfrentar la sobreproducción como se planteaba en los años ochenta.

Una de las causas principales según los observadores para el resultado de los socialdemócratas fue la elevada votación del Partido de Izquierda, que obtuvo 8.7% y que es producto de la fusión de los disidentes del Partido Socialdemócrata dirigidos por Oskar Lafontaine y los sobrevivientes del partido comunista de Alemania del Este. Oskar Lafontaine renunció al gobierno de Schroeder cuando este comenzó a aplicar las reformas que terminan con los derechos de los trabajadores para reducir el costo de la mano de obra y reducir el tamaño del aparato del estado. Lafontaine agrupo a los movimientos de la sociedad civil llamados antimundialistas o alter mundialistas en Alemania. La alianza con los sectores sobrevivientes del fenecido partido comunista Alemán, permitió que Angela Merkel no pudiera ir a buscar el voto que esperaba en la Alemania del este dando una alternativa de voto a los sectores afectados por los efectos de la mundialización.

Se trata de un voto de protesta que ha sido culpado por los observadores como el causante de que los socialdemócratas de Schroeder no obtuvieran un tercer mandato como lo consiguiera el primer ministro británico, Tony Blair. Aunque la socialdemocracia podría aliarse nuevamente a los verdes y al Partido de Izquierda para formar un gobierno mayoritario, pero Gerhard Schroeder ha decidido que no puede aliarse a la que califica de extrema izquierda.

Como consecuencia del resultado de la votación se han iniciado negociaciones entre los partidos para formar el gobierno. Alemania cuenta con un sistema parlamentario de representación semi-proporcional. Por un lado, ha quedado claro que no podrá formarse un gobierno de coalición ni en torno de los democratacristianos, ni de los socialdemócratas. Se encaminan más bien a la designación de un gobierno de gran coalición entre los democratacristianos y los socialdemócratas. Se trata de una primicia, aunque la diferencia entre los dos bloques sea de orden menor. Ella es más bien de sensibilidades y en cuanto al ritmo de las transformaciones neoliberales para adaptar la economía alemana a la mundialización.

Las elecciones en Alemania revelan el resurgimiento de alternativas de izquierda en Europa como resultado de la oposición a las políticas de adaptación a la mundialización. Está claro que esos sectores no tienen la fuerza como para imponer otra mundialización. Algunos les califican de aguafiestas porque habrían facilitado la derrota de los socialistas en Francia permitiendo que la segunda vuelta se hiciera entre le Pen y Jacques Chirarc. O con respecto al voto en contra de la Constitución Europea, orientada por esa estrategia de flexibilización del empleo y reducción del aparato estatal. Lo importante sin embargo es que se está transformando en una fuerza capaz de moderar el proceso de las políticas neoliberales. Una situación que debe seguirse de cerca.


   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
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