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por MARCELO SOLERVICENS |
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1. Las elecciones a la Asamblea Nacional de Quebec: balance y perspectivas.
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Poco más de cinco millones y medio de electores deben concurrir a las urnas el Lunes 26 de Marzo para elegir los 125 parlamentarios miembros de la Asamblea Nacional de Québec. La última legislación estuvo dirigida por el primer ministro Liberal Jean Charest, elegido el 14 de abril de 2003, luego de dos mandatos del partido quebequés. Se esperaba, que los liberales obtuvieran sin mayores problemas un segundo mandato, más por tradición y debilidad de la oposición que por popularidad. Sin embargo, la campaña electoral termina con posibilidades de que los liberales apenas obtengan un gobierno minoritario, o incluso que pueda ganar el partido quebequés de André Boisclair. Se trata de algo sorprendente en la historia política quebequés que muestra que las campañas electorales tienen resultados. Lo cierto es que la lluvia de encuestas de opinión que proyectan los resultados en las circunscripciones más disputadas ha despertado el interés del electorado, por lo que se espera gran afluencia en los lugares de votación especialmente en algunas circunscripciones en las que se prevé una lucha entre el PLQ, el PQ y la ADQ. Desde ya, más de medio millón de electores votaron anticipadamente. Otra novedad de la campaña electoral es el alza en las intenciones de voto de la Acción Democrática de Mario Dumont, particularmente en la región de la ciudad de Québec, que transformaría las elecciones en una votación con tres contendores a diferencia del tradicional bipartismo de la política quebequense. También es necesario destacar que en la región de Montreal, donde las intenciones de voto por la ADQ son muy limitadas algunos esperan que en algunas circunscripciones como en Mercier o Gouin, pueda darse la elección de alguno de los portavoces del nuevo partido Québec Solidario. Lo cierto es que Québec Solidario parece haberse inserto en el panorama político quebequés como alternativa progresista frente a los partidos tradicionales. Lamentablemente, en estas elecciones los medios de comunicación tradicionales han conseguido nuevamente imponer una campaña electoral que se asemeja a une gesta deportiva entre los jefes de los partidos: es lo que favorece el éxito de la campaña de “one man show” de Mario Dumont. Lo cierto es que los grandes temas sobre el desarrollo de Québec, del proyecto de sociedad y de su futuro, con excepciones notables han sido reemplazados por anuncios de promesas o debates como en torno a los llamados acomodamientos razonables que buscan el mínimo común denominador, en lugar de favorecer el debate sobre las políticas de inmigración. Alguien señaló en un momento que en Canadá, las campañas no son el momento para discutir de cosas serias, y la campaña quebequense lo ha demostrado con creces. Las diferencias entre las plataformas del partido Liberal y el Partido Québequés son anecdóticas y se refieren más bien al compromiso de cumplirlas en el caso de los pequistas, de formar un buen gobierno. Las propuestas de Mario Dumont inscritas resueltamente a la derecha del espectro político fueron presentadas demagógicamente y no resisten análisis. Lo sorprendente es el tardío despertar de los sectores progresistas en denunciarlas. Las perspectivas del repunte del debate sobre la soberanía de Québec se ven cuestionados por las posibilidades que, en caso de victoria del PQ este forme un gobierno minoritario. La insistencia de André Boisclair en avanzar la propuesta de su partido abriendo el debate en la sociedad, puede contar con el informe sobre las posibles violaciones de una instancia federalista en el referendo de 1995. Lo cierto es que el escenario soñado por el primer ministro Canadiense Stephen Harper que la victoria de los liberales en Québec facilitara su elección mayoritaria gracias a Québec en las próximas elecciones. Veamos algunos elementos : El balance de la campaña electoralLas elecciones en Québec, no se han caracterizado por un alto nivel de debates, ya que en lugar de hablar de los proyectos de sociedad para Québec se han caracterizado por anuncios de promesas y en el mejor de los casos y más generalmente una carrera en torno a los jefes de partido como si se tratara de un sistema presidencial en lugar de un sistema parlamentario. Ello pese a que los electores votan, producto del sistema parlamentario de origen británico que impera en Canadá, por el parlamentario de su circunscripción la cobertura mediática se ha concentrado casi exclusivamente en los lideres de partidos, salvo para señalar errores de algunos candidatos. El avance de la ADQ de Mario Dumont está directamente ligada al tipo de cobertura imperante, a pesar que las encuestas le daban apenas 12% en Diciembre pasado y cuando los observadores le daban por muerto políticamente. El interés de las elecciones es porque no se sabe quien va a ganar. La impopularidad del gobierno liberal saliente se ha mantenido a pesar de los esfuerzos de Jean Charest cuestionando la tradición de dos gobiernos consecutivos, en el mejor de los casos puede ser de un gobierno minoritario. Por su parte el Partido Quebequés no ha podido capitalizar esa impopularidad asegurando su elección que en el mejor de los casos podría ser minoritario. Por su parte, Mario Dumont de la ADQ, consiguió gracias al recurso de una agresiva campaña de antología de demagogia y populismo de derecha, aprovechando las lecciones de 2003, aparece como el gran ganador de la campaña electoral porque las encuestas lo ubican como posible balanza de poder en el caso de gobierno minoritario. Con pocas diferencias, las encuestas publicadas hasta el sábado, porque la ley electoral las prohíbe el Domingo que precede las elecciones, indican que los electores favorecen dentro del margen de error a los liberales y los pequistas, mientras la ADQ se ubica ligeramente más atrás. Por su parte, Québec solidario y el Partido Verde se disputan alrededor del 10% de los votos. Las tendencias al fin de la campaña favorece al PQ, mientras los liberales no dejan de perder apoyo mientras que la ADQ parece haber tocado techo. Ciertamente se trata como se sabe de una instantánea en un momento dado, pero está claro que la tendencia en las postrimerías de la campaña, favorece a los pequistas de André Boisclair, mientras los liberales no dejan de perder apoyo y la ADQ parece haber tomado techo. Aunque Québec no ha tenido un gobierno minoritario desde hace más de un siglo, las encuestas apuntan a esa posibilidad, pero en la votación final los electores pueden fortalecer la tendencia. Lo que ocurre a fines de la campaña quebequés recuerda lo ocurrido en Canadá en los años noventa, con el fortalecimiento de los partidos con asideros regionales. Una situación que revela el fracaso del sistema electoral actual y la necesidad de introducir la proporcional. La campaña electoral de Jean Charest ha sido pésima. Falló en su cálculo de que era el mejor momento para desatar la elección, su privilegio. No contó con la capacidad de Mario Dumont de quitarle votos. También se equivocó al considerar que el líder pequista André Boisclair no sería capaz de hacer una buena campaña. Jean Charest también cometió errores importantes. Entre otros, buscó defender el balance de gobierno y tratar de convencer a todos que había cumplido sus promesas, siendo que los antecedentes de promesas incumplidas en cuanto a baja de impuestos, de eliminación de listas de espera y otras eran evidentes. Ubicar nuevamente la salud como el tema principal, pese a que no fueron capaces de cumplir los compromisos contraídos con las listas de espera, facilitó las críticas de los oponentes A ello se agregó un mal desempeño en el debate electoral y que no apareció como el “campaigner” que todos esperaban. A ello se agrega que Jean Charest desaprovechó la oferta de nuevos fondos para corregir el desequilibrio fiscal del presupuesto de Stephen Harper el Lunes pasado, anunciando que los destinaría a bajas de impuestos en lugar de destinarlos a la salud que debía ser su primera prioridad. Con ello, el gobierno Harper se ha visto en problemas en el Canadá Inglés que ha vuelto ha criticar el comprar los votos federalistas en Québec en desmedro de las otras provincias. Finalmente, y frente a la declaración del primer ministro canadiense Stephen Harper de que para negociar mejoramiento del desequilibrio fiscal era necesario que hubiera un gobierno federalista en Québec, se vio obligado a atacar a su principal aliado pidiendo quedar fuera de la campaña. Los analistas consideran que perdió la batalla de la denuncia del separatismo, un tema muy usado por los federalistas. Esgrimió el viejo espantapájaros de la pérdida de las pensiones de vejez al inicio de la campaña, olvidando que no era una elección referendaria. También cometió el lapsus lingue de que el Québec era divisible, pese a que como Primer Ministro, su rol constitucional es de proteger la integridad del territorio quebequense oponiéndose al particionismo. Con ello, su campaña dejó un enorme vacío que la ADQ de Mario Dumont se apresuró en tratar de llenar. Mario Dumont hizo una excelente campaña para quién se consideraba muerto políticamente en Diciembre resucitó gracias al uso demagógico de los reducidos casos referidos a los llamados acomodamientos razonables, explotando el temor al extranjero y las posiciones racistas en un lenguaje cercano a los comentaristas radiales. También explotó sus nexos con el gobierno Conservador de Stephen Harper. Con ello, según los analistas, con promesas simplistas y demagógicas logró galvanizar sectores tradicionalistas en las regiones desilusionados con liberales y pequistas. Gracias a su experiencia de veterano de campañas electorales, esta es la cuarta en que participa, usó en el debate electoral el mismo método artero, que Jean Charest usó contra Bernard Landry en 2003. Mario Dumont siguió un estilo simplista cercano al de la campaña exitosa de Stephen Harper, de un anuncio por día, aunque no fueran promesas realistas. En ello benefició que los medios de comunicación tradicionales no exploraron las consecuencias de sus promesas y la debilidad de su equipo de candidatos. La ADQ se inscribe con esta elección en la tradición de la Unión Nacional y del Duplessismo, con el que varios analistas le comparan por su conservatismo. Su propuesta de autonomista en la disputa federal provincial, ya ha sido intentada en el pasado. Mario Dumont aumentará su número de parlamentarios pudiendo ubicarse como balanza del poder si se cumplen los vaticinios planteados por algunas encuestas y el voto en las urnas no cristaliza en el apoyo a un gobierno mayoritario. Por su parte, el líder del PQ André Boisclair ha hecho buena campaña según los observadores, en todo caso, mejor de lo esperado. Al inicio de la campaña electoral, las críticas a su estilo de liderazgo en su propio partido, su baja popularidad, su desempeño de jefe del partido quebequés contribuyó, a que frente a la impopularidad de los liberales y de Jean Charest los electores volcaran sus intenciones de voto hacia Mario Dumont. Lo cierto es que fue capaz de defender sus posiciones en el debate y no cometió errores en lo transcurrido de la campaña, incluso frente al complejo tema del voto con el Niqab. El problema es que su propuesta de dar prioridad a la educación como elemento estructurante frente a los desafíos que se plantean al Québec y las propuestas concretas de mejoramiento en diversas áreas, no galvanizaron los soberanistas porque las intenciones de voto por el PQ están muy por debajo de las intenciones de voto favorables a la soberana de Québec. El PQ no levantó un proyecto global de sociedad aunque se inscriba en la tradición socialdemócrata. Al final de la campaña apareció al punto de conseguir la reactivación de los pequistas en una coalición amplia que puede mejorar las posibilidades de ese partido en las elecciones del lunes. Lo cierto es que el surgimiento de Québec Solidaire y del Partido verde en el paisaje político quebequense se inscriben claramente como alternativa frente al agotamiento del partido quebequés, dentro del marco de la crisis de los partidos tradicionales. Particularmente en el caso de Québec Solidario que se declara como partido soberanista, una alternativa para los sectores progresistas y de los movimientos sociales quebequenses frente al partido quebequense, lo que permite completar el panorama político electoral quebequense. La plataforma de Québec Solidaire permitió plantear una serie de medidas progresistas como la lucha contra la pobreza, por el medio ambiente, entre otras. Se trata de temas que no son planteados por los partidos políticos tradicionales. Ciertamente, la división entre le partido verde y Québec solidaire porque los verdes se plantean como federalistas, no favorece las posibilidades electorales de estos dos partidos. Está claro que el surgimiento de nuevos partidos que cuentan con 10% del electorado y no son representados en la Asamblea Nacional, plantea la necesidad de contar con un sistema de voto proporcional. Las perspectivas de la campaña electoral en el panorama CanadienseLa incertidumbre en cuanto a los resultados de las elecciones del Lunes anuncia impactos importantes no sólo para Québec sino que también para la política canadiense.. El primer aspecto se refiere al impacto probable de las elecciones en Québec. Ellas anuncian el fin del bipartidismo tradicional de la política quebequés y al surgimiento de nuevos remas y de nuevas fuerzas. El debate sobre el gobierno minoritario en Québec abre debates importantes. Este nuevo contexto recuerda lo ocurrido en la política canadiense con la expansión de los regionalismos producto de las dificultades de representación política creadas por la ausencia de representación proporcional y la crisis de legitimidad de los partidos políticos tradicionales en el marco de la mundialización. En efecto, aunque los avances de la ADQ que son revelados por las encuestas podrían hacer creer a la existencia de una corriente de fondo a favor de sus posiciones conservadoras, lo cierto es que ello evidencia más bien las dificultades de representación de parte de los partidos políticos tradicionales en esas regiones. En el caso de la región de Montreal es Qubec Solidario y los verdes los que aparecen responder a las posiciones favorables a la solución de temas del medio ambiente, de lucha contra la pobreza y en general de las políticas de los movimientos sociales. Esta diversidad se acentúa cuando las posiciones con relación a la soberanía de Québec se alejan de la primera plana noticiosa o cuando esta no incorpora los aspectos sociales. La campaña presenta un panorama político quebequense más complejo ligado a la diversificación de la sociedad. Se trata del surgimiento de nuevas fuerzas políticas como Québec Solidario y los Verdes que comienzan a contar en el panorama político porque que traen planteamientos que no son abordados por otros sectores políticos tradicionales. Algunos plantean la existencia de una fractura entre Montreal y Québec y entre la ciudad y las regiones, como parte del reforzamiento de perspectivas conservadoras porque las regiones han sido olvidadas en beneficio de la Metrópolis como base del alza del ADQ, lo cierto es que aunque el interés por Mario Dumont tiene raíces en la Unión Nacional y el reinado de Duplesis, el aumento de su votación está ligado al vacío creado por el pésimo gobierno de Jean Charest y las debilidades del partido Quebequés en encarnar una alternativa frente a los liberales. El segundo aspecto se refiere a las consecuencias de las elecciones quebequesas en la política canadiense. Como se sabe, el gobierno conservador minoritario canadiense de Stephen Harper espera ganar las próximas elecciones y obtener un gobierno mayoritario gracias a aumentar su votación en Québec. La suerte de Jean Charest y de Stephen Harper aparece ligada. Una derrota de Jean Charest en Québec le costará muy caro a Stephen Harper porque no aparecerá como el primer ministro capaz de contener el separatismo quebequense. El primer ministro canadiense conservador eligió el Lunes de esta semana, la última semana de la campaña electoral, para lanzar un presupuesto que es un gran paso adelante en la solución del desequilibrio fiscal y con ribetes claramente centristas, a pesar de mantener los cortes realizados el año pasado. Se trata efectivamente de un presupuesto que anuncia próximas elecciones a nivel federal. Nadie puede pensar que elegir una semana antes de las elecciones en Québec para presentar el presupuesto era un gesto inocente. Tal como se esperaba, se trataba de apoyar a su aliado quebequés con nuevo dinero de la llamada perecuación. E ministro de finanzas Flaherty, proclamó que con ese presupuesto se habia resuelti el problema del desequilibrio fiscal, respondiendo a la reivindicación conjunta de la sociedad quebequenses. Debe recordarse que Bernard Landry llamó a Yves Seguin en 2001 para que cifrara el desequilibrio fiscal. Aunque el presupuesto no transfiere la totalidad de los montos exigidos por Québec. Harper buscaba a la vez mejorar su posición para aumentar su numero de diputados en Québec gracias a su federalismo de apertura y obtener así un gobierno mayoritario conservador gracias a Québec. El problema es que la idea de Charest de usar 700 millones de dólares para bajas de impuestos desvirtuó simbólicamente la lucha contra el desequilibrio fiscal con lo que el presupuesto que se esperaba que tuviera un impacto importante, fuera olvidado. Es muy difícil comprender que pese a que Charest no pudo resolver los problemas del sistema de salud, que siguen siendo su prioridad para el segundo mandato, haya decidido destinar el dinero ofrecido por Harper para bajas de impuestos que les permitirían ganar votos en la clase media que está tentada con Mario Dumont. Charest perdió credibilidad y provocó una airada reacción en el resto de Canadá por hacer concesiones a Québec como en los tiempos de los liberales. Lo cierto es que aquella que debía ser la pieza maestra de la última semana de campaña desapareció del panorama electoral. La declaración de Stephen Harper en el sentido de que estaría dispuesto a ir más lejos en acomodar las reivindicaciones de Québec con transferencias de puntos de impuestos, pero que ello necesitaba que los quebequeses eligieran un gobierno federalistas causó gran revuelo en Québec, por la ingerencia del primer ministro en una elección quebequesa. Una declaración que favorece a los soberanistas porque al electorado quebequés no le gusta la ingerencia de Ottawa en sus elecciones. Hasta Jean Charest tuvo que pedirle a Stephen Harper que se quedara callado. La campaña electoral ha estado llena de altibajos y está claro que está marcada por el signo de la transición. En espera de los únicos resultados que valen, los de las elecciones de mañana, es evidente que los quebequenses están en postrimerías de una campaña electoral que marcará duramente el panorama político quebequés. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor |