arte arte latino por MARCELO SOLERVICENS
Ir a la Portada Comentario del Domingo 22 de Julio del 2007



Marcelo Solervicens

1.- La visita del Primer Ministro canadiense a cuatro países de América Latina.
2.- Los derechos de las transnacionales y el proyecto Pascua Lama de Barrick Gold en Chile.
3.- Reflexiones sobre la brutalidad policial contra los futbolistas chilenos en Toronto.


  
   1.- La visita del Primer Ministro canadiense a cuatro países de América Latina..

El viernes La visita esta semana del primer Ministro canadiense Stephen Harper a Colombia, Chile, Barbados y Haití, fue ampliamente cubierta por los medios de comunicación canadiense, contrastando con el poco interés que despertó en la prensa de los países visitados. En comparación, los Chilenos por ejemplo, recordarán más el Canadá por la brutalidad policial contra los jugadores en Toronto en lugar de la visita del primer ministro canadiense. La gira de Harper fue interesante sobre todo para los canadienses porque estuvo marcada por la controversia, la confusión y la visibilidad de la ayuda canadiense en Haití. Y es que todo indica que la gira parece haber perseguido mejorar la imagen del gobierno minoritario de Harper en política exterior ante los electores canadienses con vistas a las próximas elecciones en lugar de marcar una nueva etapa de las relaciones entre Canada y América latina y el Caribe. Veamos algunos antecedentes.

En primer lugar, la controversia vino de la retórica de Stephen Harper, privilegiando el comercio antes que la primacía del respeto de los derechos humanos. Lo más notable en este sentido fue cuando aseveró que era una posición ridícula la de esperar que un país reuniera todas las condiciones en materia de derechos humanos antes de incrementar las relaciones comerciales u ofrecerle ayuda. Esa era una respuesta a las exigencias de ONG y organismos de derechos humanos canadienses y latinoamericanos de que Canadá ligue el respeto de los derechos humanos a las relaciones con los países latinoamericanos.

El primer ministro canadiense anunció el inicio de las negociaciones de libre comercio entre Canadá y Colombia, como un reconocimiento a los esfuerzos del gobierno colombiano en avanzar en la construcción de la democracia y en el respeto de los derechos humanos. Declaró que cuando se ve un país que quiere avanzar hacia la democracia y los derechos humanos, se le debe apoyar. Con ello Stephen Harper le dio un espaldarazo que le sirve mucho al presidente colombiano Álvaro Uribe. Su gobierno ha sido constantemente cuestionado en materia de derechos humanos, lo que llevó recientemente a que el Congreso estadounidense, ahora de mayoría demócrata, abortara las negociaciones finales del acuerdo bilateral de libre comercio entre los dos países, precisamente en castigo por el expediente de Uribe en materia de respeto de los derechos humanos.

Entre otros aspectos destacan los vínculos estrechos tanto de Uribe, como de los miembros de su gobierno y senadores con los escuadrones de la muerte de las paramilitares autodefensas unidas de Colombia y las bandas de sicarios de la oligarquía colombiana. También por la controvertida operación de desmovilización de los paramilitares que se ha traducido en la impunidad de los responsables de numerosos crímenes cometido en la cruenta guerra civil que afecta Colombia desde hace treinta años. También destaca su política de mano dura lanzando operaciones militares en lugar de negociar para liberar rehenes en manos de la guerrilla, que provocó la muerte de unos parlamentarios secuestrados, durante la operación militar. Una mano dura que no ha posibilitado durante sus dos gobiernos que haya avances en iniciativas de paz para solucionar el conflicto con la guerrilla de las FARC, el que requiere soluciones políticas.

En Colombia perdura el fenómeno de la llamada “violencia” que tiene profundas raíces ligadas al hermetismo del sistema político, y sigue siendo uno de los países más violentos del hemisferio internacional, sobre un trasfondo de guerra civil y de destructuración creada por el narcotráfico. Las declaraciones del Presidente Uribe en el sentido que la cantidad de muertes de sindicalistas ha disminuido, no deben hacer olvidar que en Colombia impera la impunidad más completa. El año pasado 700 personas fueron secuestradas y hubo más de 17,000 asesinatos.

En lugar de plantear una tercera vía, el apoyo irrestricto al gobierno Colombiano, Stephen Harper actúa como aliado fiel de la política exterior de la Administración Bush en América latina, que ha convertido a Colombia en su principal aliado y beneficiario principal de su ayuda militar y financiera. Esa posición rompe con la política tradicional canadiense que ha ligado en diversas oportunidades sus relaciones comerciales al respeto de los derechos humanos, recurriendo incluso a sanciones como en el caso de África del Sur, de China y otros países.

En segundo lugar la gira de Harper estuvo marcada por la confusión, por ejemplo en el caso de su visita a Chile. Su visita era para marcar el décimo aniversario del tratado de libre comercio bilateral entre Canadá y Chile, que pese a aumentar las exportaciones chilenas no ha tenido mayor impacto en las relaciones comerciales entre ambos países y consolidar a las transnacionales canadienses como las mas importantes inversionistas en el sector minero. Harper señaló ante la Cámara Chileno Canadiense de Santiago que era una estupidez pensar que Latinoamérica tenía sólo dos oportunidades. Señaló que Canadá representaba el modelo de una tercera vía entre los extremos representados por Estados Unidos y por el presidente Hugo Chávez de Venezuela. Una declaración incongruente que aparentemente se inscribía en línea de filiación con los tímidos intentos desarrollados por los gobiernos canadienses de elaborar una política exterior autónoma respecto de estados Unidos, por ejemplo por el antiguo primer ministro de Canadá Pierre Elliot Trudeau en los años setenta. Lo cierto es que si hay algo que ha caracterizado los dieciocho meses de gobierno minoritario de Stephen Harper es su alineación con la actual política exterior de Washington en materia de rechazo del Acuerdo de Kyoto y de apoyo a la política de combate al terrorismo. Por ello, la postura de Harper fuera de no corresponder a ningún análisis anterior, aparecía más bien como una declaración en que la retórica primaba sobre el contenido y la seriedad.

A lo más, por su insistencia en caracterizar las relaciones entre Canadá y América latina bajo el signo de las relaciones comerciales, sus declaraciones están en filiación con las políticas del gobierno conservador de Brian Mulroney que firmó el tratado de libre comercio de América del Norte. Alineación además con la política conservadora neoliberal que considera que los gobiernos son los agentes de marketing de las compañías transnacionales por su defensa del proyecto Pascua Lama de la transnacional minera canadiense Barrick Gold que marcó su estadía en Chile, negándose a escuchar los representantes de las comunidades afectadas por la explotación minera. Con ello el mensaje es que Canadá apoya esa controvertida transnacional cuyos proyectos han causado catástrofes ecológicas en otros países.

En su escala en Barbados y en reuniones con los pequeños países del Caribe, el primer ministro Harper siguió planteando su idea del desarrollo de acuerdos de libre comercio bilaterales, en este caso con los 15 países del CARICOM que también negocian un acuerdo bilateral con Washington. También en Barbados, Stephen Harper siguió enfrascado en la controversia y la confusión al criticar la gobernabilidad y los derechos humanos en Cuba, siendo corregido por el primer ministro de Barbados Owen Arthur que aclaró que Cuba tenía derecho a elegir su propio camino y que ello debía respetarse. Se trata allí también de un error de Harper porque Canadá tiene relaciones y tienen inversiones en Cuba y tradicionalmente ha planteado una política distinta de la agresiva política exterior estadounidense contra el proceso político en la isla caribeña.

Finalmente, en tercer lugar, la gira estuvo marcada por la visibilidad, sobre todo para consumo de los electores canadienses de la ayuda a Haití apropiándose de los esfuerzos de largos años de ONG y el gobierno canadiense en ese país sin resaltar los complejos debates que han surgido recientemente en Canadá y Haití. Harper destacó que Canadá ha ofrecido ayuda de 520 millones de dólares entre 2006 y 2011, en apoyo al desarrollo de las instituciones básicas, como el sistema judicial, la policía y ayuda humanitaria. El primer ministro Harper en visita en el barrio más pobre de Port au Prince, capitalizó sobre la imagen tradicional de cooperación internacional canadiense y de misiones de mantenimiento de la paz, una política que, paradojalmente ha abandonado como eje de la política exterior canadiense que se concentra en Afganistán.

Lo que surge del viaje de Stephen Harper es que está en plena campaña para las próximas elecciones. Sus lados débiles son precisamente expedientes de política internacional como su rechazo del Acuerdo de Kyoto y la naturaleza que ha dado a la intervención canadiense en Afganistán bajo comando de la OTAN. Políticas que son muy impopulares en el electorado canadiense especialmente en Québec donde el 75% considera que Canadá debe retirar sus tropas de Afganistán. Al presentar una política canadiense hacia América latina y e Caribe, Harper intentó, lográndolo sólo a medias, presentar una visión más compleja de su política exterior alineada con la casa Blanca y presentarlo con altura de estadista.

El mensaje real de su gira a América latina, al visitar sólo países como Colombia, Chile, Barbados y Haití y dejar de lado países tradicionalmente importantes para la política exterior canadiense como Argentina o Brasil, e incluso, y por su oposición apenas velada contra la posición autónomista del presidente venezolano Hugo Chávez, es que deja de manifiesto que su gobierno no tiene una política exterior propia en la región.

El primer ministro Harper buscó aprovechar el verano para seguir mejorando sus posibilidades para las próximas elecciones al aparecer como hombre de Estado y embajador de los valores canadienses en América latina. El problema es que ese mensaje fue confuso, lleno de controversias y apareció oportunista al explotar el trabajo de varios gobiernos canadienses y de ONGs por la ayuda humanitaria y las misiones de mantenimiento de la paz de Canadá en Haití.

   2.- Los derechos de las transnacionales y el proyecto Pascua Lama de Barrick Gold en Chile.

La visita del primer ministro canadiense Stephen Harper a Chile tuvo la virtud de revelar para los canadienses y chilenos la pusilanimidad de los gobiernos de Ottawa y de Santiago frente a los planes de la transnacional minera Barrick Gold. La Transnacional canadiense planea invertir alrededor 12 mil millones de dólares para extraer oro y otros minerales de un valor estimado a mas de 25 mil millones de dólares durante 23 años que crearía unos 5500 empleos pero amenaza con producir una catástrofe ecológica mayor. Veamos algunas reflexiones.

La visita especial de Stephen Harper el 18 de Julio a la sede de la minera Barrick Gold cuando estuvo en Santiago, constituyó un apoyo tácito a Barrick Gold y mostró la influencia de esa transnacional canadiense que consiguió transformar el primer ministro de Canadá en su agente de marketing en ese complejo expediente frente a las autoridades chilenas y la opinión pública canadiense. Un apoyo tácito porque Harper se negó a reunirse con los representantes de las comunidades afectadas en su acceso al agua por el proyecto de la transnacional minera canadiense y despreció sin mayor análisis las críticas que surgen de organizaciones de derechos humanos y medioambientales. Debe recordarse que las empresas canadienses acumulan el mayor número de inversiones mineras en Chile y el mensaje de Harper es que deben ellas arreglarse con los gobiernos para implementar sus proyectos, sin que el gobierno canadiense las vigle para ver si son socialmente responsables.

El caso es que el proyecto de explotación minera de oro en el Norte de Chile y de Argentina, sobre la cordillera de los Andes erosionará tres glaciares. El proyecto de la transnacional canadiense Barrick gold es bastante conocido gracias a las denuncias de organizaciones ciudadanas en Canadá y en Chile. Las organizaciones sociales han estado exigiendo que las compañías transnacionales estén obligadas de respetar los derechos humanos y del medioambiente y que deben ser lo que se llama “socialmente responsables”. El de la Barrick Gold es un ejemplo emblemático de los estragos ambientales y daños a la población provocados por la minería a cielo abierto de transnacionales canadienses en Guatemala, Honduras y México. Es un nuevo ejemplo de la inaceptable codicia de las empresas transnacionales que actuad de manera irracional animadas exclusivamente por la búsqueda de ganancia a toda costa, como lo revela el documental “La Corporación”. En efecto, en aras de aumentar sus ganancias no respetan el medio ambiente, los derechos laborales o las consecuencias de la explotación minera sobre las poblaciones. Por ello que la acción ciudadana es el único mecanismo para detener las transnacionales frente a la pusilanimidad de los gobiernos.

El gobierno chileno dirigido por una presidente socialista, Michelle Bachelet, en contradicción con las políticas de independencia nacional con las transnacionales defendidas por el presidente socialista Salvador Allende, ha aceptado la explotación minera pese a las denuncias de que afecta las reservas de agua para las poblaciones de la región, bajo la promesa que la compañía no desplazaría los glaciares. Ello se produce gracias a las políticas de apertura a las transnacionales instaladas por la dictadura militar de Pinochet y continuadas por los gobiernos sucesivos de la Concertación desde el 11 de Marzo de 1990. Es más la explotación de la Barrick Gold se basa en las reglas adoptadas en el tratado de libre comercio entre Canadá y Chile y del Tratado transfronterizo con Argentina que permite la explotación de explotaciones mineras en la Cordillera de los Andes.

La comunidad diaguita de Huasco Alto presentó una denuncia que ya ha sido acogida por la comisión interamericana de derechos humanos. Por otro lado, una Comisión de la Cámara de diputados chilena esta abocada a estudiar las denuncias de irregularidades cometidas por la autoridad medioambiental al aprobar el proyecto Pascua Lama y sobre los efectos de este sobre el medio ambiente y sobre las comunidades indígenas de la región que perderán una fuente fundamental de agua potable y para uso en la agricultura. Un informe de 2002, señala que los tres glaciares afectados han perdido entre el 50 y el 70% de su masa inicial producto de los trabajos de preparación de la explotación a tajo abierto. Según Barrick el derretimiento de los glaciares se debería al calentamiento planetario.

El gobierno minoritario conservador de Stephen Harper, se había visto forzado a aceptar un proceso de consulta en Canadá por la decisión del parlamento. Ese proceso de consultas de gobierno empresas y organizaciones de la sociedad civil, culminó en la necesidad de que las empresas fueran socialmente responsables, el problema es que no impuso que esta regla fuera obligatoria y sometida a multas, pero era más bien de carácter voluntario, lo que deja abierta la puerta a abusos si no existe presión sobre las asambleas de accionistas y de otros sectores. Como señaló un representante de Mining Watch Canada, Harper mostró que favorece los intereses de las corporaciones mineras y se desentiende de los efectos de la extracción minera sobre las comunidades afectadas. Lo cierto es que el gobierno canadiense entrega un mensaje contradictorio con el espíritu de la definición de la consulta a la sociedad civil canadiense porque avala sin críticas la actitud de la empresa Barrick Gold, a la que según Harper debiera hacérsele confianza. En el peor de los casos Harper señaló que la responsabilidad de determinar si Barrick Gold respeta las reglas de protección del medio ambiente le incumbe, según el primer ministro canadiense a los gobiernos de Chile y de Argentina .

Lejos de ser un fenómeno aislado, se trata de una característica fundamental de la globalización neoliberal, que coloca el derecho de las transnacionales por encima del derecho de los ciudadanos y se encuentra la centro de los tratados bilaterales, como el que firmó Chile con Canadá hace diez años y lo que se trata de ampliar en las actuales negociaciones de la ronda de Doha en la organización mundial de comercio.
Esta claro que la movilización social contra el proyecto minero de la Barrick Gold en Chile y Argentina en la región del Huasco, es lo único que permitirá que pueda salvar las comunidades que se verán afectadas por la contaminación del agua y de su habitat. Se trata de una lucha conjunta de las organizaciones sociales canadienses y chilenas.

   2.- Reflexiones sobre la brutalidad policial contra los futbolistas chilenos en Toronto.

La brutalidad de la policía de Toronto el Jueves 19 de Julio contra los futbolistas de la selección chilena que participa en el mundial de la sub20 que se realiza en Canadá se ha transformado en un conflicto diplomático entre Chile y Canadá. La presidenta de Chile envió una nota diplomática exigiendo explicaciones por la violencia excesiva usada por la policía y denunciada por el cónsul Chileno en Toronto. Por su parte la policía insiste en que actuó de manera apropiada para poner fin a una altercación, mientras que el Primer ministro Stephen Harper, señaló que era un tema de importancia menor y que en Canadá la investigación de los hechos permitiría definir las responsabilidades. Los hechos muestran la brecha cultural que existe entre los dos países, el que el fútbol y los futbolistas son muy populares en Chile, a nivel más importante que los jugadores de Hockey en Canadá y la agresión fue recibida como una agresión a todos los chilenos, porque se considera que les trataron como delincuentes o como animales según los medios de comunicación.

Se trata de una pésima manera para el gobierno Harper de terminar su semana de nuevas relaciones con América latina. En efecto, la reacción displicente del primer ministro canadiense en lugar de calmar la situación, puede afectar de peor manera las relaciones entre los dos países y los proyectos de estrechamiento de los lazos comerciales. Ya han llovido las acusaciones de racismo. Lo cierto es que existe unanimidad tanto en Chile como de parte de las organizaciones de la comunidad chilena y latinoamericana en Canadá para exigir excusas y aclarar las responsabilidades en lo ocurrido.

Aunque se trata de una situación que está lejos de provocar una nueva guerra del Fútbol, se trata de un hecho inaceptable que revela la falta de preparación y el desconocimiento de los procedimientos para mantener la seguridad en la realización de un evento de envergadura mundial, en una disciplina deportiva que apasiona multitudes, por parte de las fuerzas policiales de Toronto.

También revela las debilidades de las autoridades de la FIFA en Canadá para exigir que este tipo de eventos de envergadura mundial sea debidamente encuadrado en un país donde el fútbol es una disciplina deportiva que todavía donde se desconocen las reglas escritas y no escritas dentro y afuera de la cancha.

Lo que ocurrió en Toronto no fue un problema de Hooligans. El problema fue la falta de debido respeto a los jugadores, quienes no pueden ser tratados como delincuentes o hooligans potenciales. Se trata de jóvenes que representan su país en un evento internacional y merecen respeto a pesar de su juventud. Tampoco puede esgrimirse como justificación por parte de las autoridades de la ciudad de Toronto, lo ocurrido durante el partido, con el árbitro porque ello está regido por la FIFA ante la que deberá responder por su arbitraje el árbitro. Lo que ocurrió afuera del estadio es harina de otro costal.
Está claro que, independientemente de las diferentes versiones que circulan, la reacción de violencia excesiva de la policía de Toronto fue inaceptable y la ciudad de Toronto debe excusarse al tratar de ese modo a la delegación chilena que participa como embajadores en la gesta deportiva. El hecho de que la policía insista en que era correcto tratar los jugadores como cualquier individuo, siendo que en realidad representan un país, es también inaceptable.

La cobertura mediática en Canadá también ha sido confusa. Algunos medios de televisión intentan justificar que los problemas se debieron a los jugadores chilenos y no a la fuerza excesiva usada por la policía de Toronto. Incluso, en los noticiarios, se mostró la noticia seguida por la batahola entre las barras de Servia y otro equipo en Europa. Allí se recurrió a una técnica de manipulación para mejorar la imagen de la policía y enlodar la imagen d de los jugadores.

Lo ocurrido en Toronto, es un hecho lamentable porque transgredió la esfera deportiva para embestir la esfera de las relaciones diplomáticas. Solamente las excusas públicas permitirán subsanar una situación que podría empañar de manera duradera la imagen y el desarrollo del fútbol en Canadá. Podría también empañar las relaciones entre Chile y Canadá porque aunque el fútbol ha sido sindicado como el opio de las multitudes, lo cierto es que en los campeonatos mundiales cementan las relaciones entre los pueblos o las hacen más difíciles.

   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
 Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor