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1.- REFLEXIONES SOBRE TRATADOS COMERCIALES Y EL LUGAR DE AMÉRICA LATINA EN LA ECONOMÍA MUNDIAL..
La diplomacia económica de las relaciones entre Estados en el contexto de la globalización nunca ha estado tan activa en América latina como ahora, cuando los temas políticos como es la emergencia de nuevas izquierdas en el poder ubica según los observadores a los gobiernos latinoamericanos en la izquierda del panorama político.
Para poner esto de manifiesto, basta con señalar algunos ejemplos recientes.
Por un lado está la Cumbre entre la Unión Europea y los países latinoamericanos realizada en Viena hace una semana, donde ocupó un lugar central la reciente nacionalización parcial de hidrocarburos en Bolivia y las posiciones del presidente venezolano Hugo Chávez. Pero esa Cumbre mostró también que existe un proceso importante de acercamiento en las últimas décadas en las relaciones comerciales entre América latina y los países europeos, que viene a contrarrestar el tradicional poderío estadounidense en la economía latinoamericana. De los años sesenta o setenta. Esta situación es aun más importante cuando la Casa Blanca está más preocupada del Medio oriente que de la situación en la región.
También debe anotarse la reciente renuncia de Venezuela a su participación en la Comunidad Andina de Naciones, en repuesta a la reciente firma de tratados de libre comercio bilaterales entre estados Unidos con Colombia y con Perú. Según Venezuela y Bolivia, los acuerdos comerciales bilaterales inhabilitan las posibilidades de la integración entre los países andinos. Una decisión que impediría precisamente que la comunidad andina de naciones respondiera a su objetivo de establecerse como un acuerdo que superaba los aspectos comerciales y se asemejara al otro intento de integración centroamericana también disminuido por la falta de avances del parlamento centroamericano. Esta situación revela la importancia adquirida por la alianza entre Venezuela y Bolivia.
A estos hechos se agregan las dificultades que viven en los últimos meses los países que forman parte del Mercosur, por el diferendo de la papeleras entre Uruguay y Argentina. Se agregan a ello los debates con Evo Morales con las compañías brasileñas de hidrocarburos donde pese a que Bolivia es sólo observador del MERCOSUR, se revela que entre los nuevos gobiernos de la izquierda latinoamericana tienen diferencias importantes cuando se trata de ver como se apoyan las Corporaciones estatales o las multinacionales.
Estos antecedentes de las relaciones comerciales, de inversiones y económicas entre los países latinoamericanos y con Europa que rebelan una imagen más compleja que aquella del neocolonialismo, se agregan las relaciones con Estados Unidos, la primera potencia mundial, que nadie, o casi nadie se atreve a calificar de Imperialismo. Es importante anotar el fracaso de la Casa Blanca en establecer el ambicioso proyecto de un solo mercado de libre comercio desde Alaska a la Tierra del fuego planteado desde comienzos de los 90 por Georges Bush Padre. El Acuerdo de libre comercio de las Américas en su alcance original está muerto. La creciente resistencia de países como Brasil y Venezuela lo ha transformado en un acuerdo de carácter simbólico que no causará impacto real. Por ello es que la Casa Blanca se ha dedicado a establecer Acuerdos de libre comercio bilaterales con la mayoría de los países latinoamericanos. Pero estos acuerdos de tipo bilaterales se realizan con enormes discusiones en varios países y no tienen los efectos que tendría un solo acuerdo de libre comercio. Lo que ha conseguido la casa Blanca sin embargo ha sido de imponer nuevos reglamentos y enfoques desde la perspectiva del derecho de propiedad y de las nuevas tecnologías.
Por último debe anotarse entre las principales experiencias de comercio y relaciones entre países, la reciente nueva propuesta del Acuerdo Bolivariano de las Américas. Una iniciativa solidaria de carácter más ideológico que práctica de cooperación entre los pueblos, que ha alcanzado nuevas dimensiones luego de que se incorporara a la alianza entre Cuba y Venezuela, el Bolivia de Evo Morales. El ALBA cuenta con el petróleo Venezolano, Hugo Chávez cuenta con una arma importante para imponer su discurso en el ámbito práctico en sus relaciones con otos países para reforzar la causa bolivariana, tal y como lo hizo en Nicaragua.
Todos estos antecedentes sobre los acuerdos comerciales y sobre las relaciones de fuerzas que ellos expresan permiten sugerir algunas reflexiones importantes en la coyuntura latinoamericana actual.
En primer lugar, está claro que América latina ocupa un lugar distinto en a economía mundial que hace 30 años. La globalización ha provocado cambios importantes en la estructura y el lugar que ocupa América latina en la economía mundial al punto que no puede ubicársela exclusivamente en su dependencia respecto de estados Unidos.
Ciertamente, la caída de los países del llamado socialismo real y con ello el polo económico alternativo que estos podían engendrar, provocó estrategias de adaptación a la economía mundial en América latina en el marco estrecho de políticas neoliberales y de apertura económica inscritas en el marco del llamado Consenso de Washington.
Son los fracasos de esas experiencias neoliberales en los años ochenta y noventa (los llamados decenios perdidos para el desarrollo) y las consecuencias sociales catastróficas los que han provocado cambios de gobiernos que han abierto nuevas alternativas políticas que respondan mejor a los intereses de los pueblos.
Lo cierto es que durante ese proceso de apertura neoliberal y de entrega a los intereses de las transnacionales, se diversificaron las relaciones comerciales con otras regiones geográficas del planeta. Aumentó la inversión española y países europeos en el sistema financiero, en las comunicaciones y hasta en el agua. Todo ello para señalar de manera simple que la dependencia latinoamericana de estados Unidos no es del mismo carácter que hace 30 años aunque la región siga siendo dependiente del funcionamiento de la economía mundial.
En el caso de Bolivia por ejemplo, entre las multinacionales afectadas por la nacionalización no hay ninguna que tenga su sede central en el territorio estadounidense. Ese dato que puede ser anecdótico es revelador de la inscripción actual de América latina en la economía mundial.
El segundo aspecto que debe destacarse, es que los agentes más activos de la economía mundial y los que se encuentran moviendo y empujando por la apertura de las economía y las firmas de tratados son las empresas transnacionales. Son las transnacionales las que benefician de la mayor parte de las disposiciones de los tratados de libre comercio y las que mueven generalmente los esencial de los servicios y de los productos y en la nueva sociedad de la información los saberes que circulan gracias al uso de las nuevas tecnologías.
No en balde, lo más dinámico en los Tratados de libre comercio bilaterales, son los acuerdos sobre las reglas de concurrencia, de competencia, lo que significa abrir los mercados nacionales a las firmas transnacionales, incluso los mercados fiscales.
Esto significa que gran parte de los valores de las transacciones entre que circulan en la economía mundial y entre estados es de naturaleza privada, desde el punto de vista de la ley, vale decir que es la acción de corporaciones que actúan como personas de derecho que representan sus acciones y tienen como único objetivo el de aumentar las ganancias de sus accionistas. Esta característica de la economía mundial actual hace que la definición de las reglas comerciales se hagan bajo la presión directa de las transnacionales.
Un claro ejemplo de ello son los acuerdos bilaterales de protección de las inversiones. Lo que no puedo obtenerse con el esperado acuerdo de la Organización Mundial de Comercio en Seatle en 1989 y en las sucesivas reuniones de la OMC, se ha obtenido con una estrategia de paso a paso, de rodajas de salame que hace que la totalidad de los países latinoamericanos tenga acuerdos bilaterales de protección de las inversiones.
El tercer aspecto fundamental del debate sobre le comercio es que a pesar de la globalización y del peso que han adquirido las empresas transnacionales, son los gobiernos los que siguen siendo los actores fundamentales en la definición de las reglas comerciales. Es la pusilanimidad de los gobiernos la que permite que las empresas transnacionales puedan explotar riquezas básicas sin pagar un centavo de impuestos como lo hizo la Exxon en Chile. O bien, que al contrario, se vean obligadas de pagar hasta el 82% de las utilidades como se plantea en Bolivia con la nueva reforma de los hidrocarburos.
También en la medida en que los gobiernos pueden efectivamente acrecentar su poderío gracias al control de sus riquezas básicas como ocurre con Venezuela que pueden incidir en la región. O bien, puede ocurrir que los países se vean sometidos a las llamadas fuerzas del mercado sin poder reaccionar como ocurre en el caso mexicano y de otros países en los que los gobiernos no osan actuar y son expulsados por las masas populares movilizadas.
En ese marco la importancia de los gobiernos también radica en que son, a pesar de la globalización y en ausencia de instancias reales de presión social y política directa de los ciudadanos en las instancias que gobiernan la globalización como la Organización Mundial de Comercio y otras instancias multilaterales. Fuera de esos lugares, los espacios más importantes de definición de las políticas económicas que afectan los países concretos siguen siendo las ciudadanías. Es lo que demuestran los recientes cambios y virajes en los gobiernos de los países latinoamericanos. La ola de optimismo que recorre América latina en el sentido de que por fin los intereses de los, pueblos formaran parte de las agendas económicas, se debe precisamente al desarrollo de nuevos mecanismos de acción política en la llamada sociedad civil y de las masas populares activadas, que imponen su agenda a los gobiernos. En algunos casos esto significa han repercutido en cambios de gobiernos sucesivos en algunos países y, en otros a la instalación de nuevas dirigencias con proyectos reales de transformación.
2.- EL GOBIERNO CONSERVADOR CANADIENSE REVELA SU AGENDA ULTRA CONSERVADORA.
Esta semana el gobierno conservador minoritario de Stephen Harper reveló aspectos de su verdadera agenda ultra conservadora, imponiendo un decidido giro a la derecha del gobierno federal canadiense tanto en política exterior con su política respecto del acuerdo de Kyoto y de la presencia militar canadiense en Afganistán, como en política interna con el desmantelamiento del registro de armas de fuego.
Con su ultimátum de 48 horas para un voto sobre la extensión de dos años de la presencia militar canadiense en Afganistán, el primer ministro Harper impone también un estilo presidencialista que es ajeno al estilo tradicional de la política canadiense que está basada en el llamado gobierno responsable que debe buscar el apoyo de la oposición y los acuerdos antes que imponerlos como hechos consumados. En este caso, el del voto por la extensión de dos años de la presencia militar canadiense en Afganistán, se revela un cálculo electoralista evidente. Está claro que Harper se dio cuenta que con el aumento de las muertes de soldados canadienses, y la opinión mayoritariamente negativa de la opinión pública canadiense sobre la presencia canadiense en Afganistán que no le convenía esperar. La coyuntura estaba madura para que luego de un voto mayoritario de apoyo general a la presencia canadiense en Afganistán por parte del parlamento hace un par de meses que no podía perder el voto. Además que por cálculo electoralista y considerando la división sobre el tema de parte de los liberales que fueron los primeros que decidieron enviar las tropas a Afganistán porque la decisión estaba sancionada por la ONU y que se trataba entonces de algo diferente de la invasión de Irak sin el beneplácito de la ONU.
Al ganar por sólo 4 votos y gracias precisamente al apoyo de más de veinte diputados liberales, Harper ganó su apuesta pero perdió legitimidad para su proyecto de extensión de la presencia de tropas canadienses en Afganistán. La muerte de la primera mujer oficial en combate en Afganistán, lo que lleva el número de muertos canadienses a 17, recuerda que la intervención en Afganistán es de un tipo completamente diferente de las tradicionales intervenciones a favor de la paz por parte de los soldados canadienses desde los años cincuenta. En efecto, en Afganistán se trata de participación directa en una guerra que seguirá cobrando vidas. Además, la extensión de la presencia canadiense de 2007 a 2009, elevará los costos, limitando la participación en otras operaciones de paz como en Balfour y, ahora se plantea que en 2008 Canadá se hará cargo de todas las operaciones de la OTAN en Afganistán, con lo que aumentará su responsabilidad mientras otros países se están retirando.
El compromiso de Stephen Harper con la llamada guerra contra el terrorismo y su amistad con el Primer Ministro australiano John Howard , otro adalid de la guerra contra el terrorismo, hace comentar a muchos observadores que si los conservadores obtienen un gobierno mayoritario en las próximas elecciones, se transformarán la política exterior canadiense en fuerza agresiva sobre la escena internacional. Es necesario señalar sin embargo que fueron los liberales de Paul Martin los que abrieron la puerta a esta nueva política al decidir que la política exterior canadiense debía estar basada en la colaboración entre un aspecto militar, un aspecto de gobernabilidad y un aspecto de desarrollo. El problema es que los conservadores han enfatizado el aspecto militar en desmedro de los otros. Como se sabe, desde la ocupación de Afganistán por la OTAN para expulsar a los Talibanes, ese país ha vuelto ha transformarse en e principal proveedor de las drogas derivadas del opio, en el mundo.
El gobierno conservador también reveló su política conservadora en la reunión internacional de Bon sobre los acuerdos climáticos y el inicio de discusiones sobre Kyoto 2. En efecto, Canadá de ser un líder entre los países desarrollados en proponer el acuerdo de Kyoto, ha renegado del acuerdo, hablando abiertamente que es imposible alcanzar las cuotas fijadas por el acuerdo internacional que se transformó compromiso internacional hace un año. Por un lado, los conservadores perdieron un voto en el Parlamento que le forzaría, por lo menos moralmente a honorar el acuerdo firmado por Canadá, por otro lado la ministra del medio ambiente Rona Ambrose que asumía la presidencia por Canadá de la reunión interministerial en Bon, esta semana no sólo señaló que Canadá no estaría en condiciones de cumplir con las cuitas de Kyoto, sino que se plantea partidario de la iniciativa llamada del Asia Pacífico que es liderada por la Administración Bush y que se traduce en medidas de tipo voluntario que convienen a las empresas.
En condiciones en que un reciente estudio muestra que la convención de Montreal que prohibió las substancias que afectan la capa de ozono, comienza a dar resultados, porque la capa de ozono dejó de deteriorarse y comienza a regenerarse, negar la evidencia del cambio climático provocado por las emanaciones de anhídrido carbónico es negar la realidad. En ese marco, está claro que tanto por la política de intervención militar internacional como por el acuerdo de Kyoto, el gobierno conservador minoritario está efectivamente cambando de manera negativa la imagen internacional de Canadá.
En política interna, los conservadores también emplearon el mismo estilo de medidas de hechos consumados con respecto al registro de armas de fuego. Aprovechando el informe de la Auditora federal Sheila Frazier, que criticó los costos alcanzados por el sistema de registro de armas de fuego, pese a reconocer que ya el sistema funciona ahora de manera eficaz. Aprovechando ello, el ministro Stockwell Day anunció un reglamento que da amnistía de un año a los portadores de armas de cazadores, para que no inscriban sus armas de fuego.
Los conservadores saben que no tienen los votos necesarios para cambiar la ley, pero el reglamento les permite para todos los fines prácticos cambiar la ley porque deja oficialmente fuera del registro las armas de cazadores. Como se recuerda, fuera de los problemas de gestión del registro de armas de fuego, este sistema instalado después de la masacre de mujeres en la escuela politécnica de Montreal en 1989, es eficaz en disminuir el uso de armas de fuego en violencia intrafamiliar y es usado constantemente por los policías quienes no apoyan a los conservadores en esta medida que es evidentemente de carácter ideológico, calcada de las políticas de la derecha conservadora estadounidense.
Todos estos antecedentes revelan que el gobierno conservador de Stephen Harper está aprovechando las debilidades de la oposición y sobre todo de los liberales, para actuar como si fuera un gobierno mayoritario. El problema para Harper es que a medida que aumenta su seguridad en su estilo presidencial es que va revelando su agenda ultraconservadora que es precisamente lo que los electores temían para darle su apoyo. En los tres temas de esta semana, el de la guerra en Afganistán, el del acuerdo de Kyoto y el del registro de armas de fuego el sentimiento del electorado canadiense y sobretodo de los quebequenses es contrario a las políticas de los conservadores. Con ello, la victoria de esta semana del estilo agresivo de Harper, puede ser precisamente su talón de Aquiles. Una situación que debe seguirse de cerca.
Marcelo
Solervicens Desea
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