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      COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Temas del Domingo 20 de Junio, 2004
1.- EL DEBATE SOBRE EL LEGADO DEL PRESIDENTE ESTADOUNIDENSE RONALD REAGAN.
2.- EL DEBATE DE LOS JEFES Y LAS ELECCIONES FEDERALES EN CANADÁ.
3.- EL IMPACTO DE LOS REFERENDOS PARA EL DESMEMBRAMIENTO DE LAS MUNICIPALIDADES EN QUEBEC.

 EL DEBATE SOBRE EL LEGADO DEL PRESIDENTE ESTADOUNIDENSE RONALD REAGAN.

Hay algo escandaloso en el debate de las últimas dos semanas sobre el legado del ex-presidente estadounidense Ronald Reagan, con ocasión de su reciente fallecimiento. Presentar ahora a Ronald Reagan como un gran presidente a nivel internacional no hace más que confirmar la disonancia entre Estados Unidos y el resto del mundo. Es algo que interpela a muchos que en ese país no comprenden los resultados de una encuesta reciente que mostraba que los Estados Unidos no son populares a nivel mundial.
En la mitología estadounidense el presidente Reagan que gobernó dos periodos durante los años ochenta es asociado a la recuperación del rol imperial de estados unidos a nivel mundial, que era cuestionado después del fracaso de la aventura vietnamita. Su presidencia es asociada al fin de la guerra fría con el desplome de las experiencias del llamado socialismo real y, en particular de la Unión Soviética. Sus años de gobierno son asociados también a la reaganomics que habría permitido el retorno de la prosperidad en Estados Unidos.
Lo cierto es que la realidad es más compleja que lo que pretende esa visión limitada del legado de quién se caracterizó por ser antes que nada un comunicador que se caracterizaba por su falta de profundidad en los análisis. Es esa la primera constatación, Reagan fue , una imagen y no un estadista. Fue la imagen pública de la elite conservadora, que lanzó la transformación conservadora ideada en las oficinas de las multinacionales. Veamos algunos elementos.
Lo primero que debe destacarse es que en realidad, en política económica sirvió las grandes compañías, desreglamentó el funcionamiento económico, redujo el gasto social incrementando la pobreza, la segmentación social y el déficit. No en balde se le asocia en política al reaganismo o el thatcherismo que enterró el Estado Providencia y la incorporación de las masas populares al consumo. Una política que desde la crisis de los años treinta había asegurado la convivencia social, por una política de reducción de gastos sociales. Su política de reducción unilateral de impuestos creó el mayor déficit de Estados Unidos en toda su historia. El recorte fiscal de 1981 fue uno de los mayores en la historia de los Estados Unidos ello aumentó las desigualdades en la sociedad estadounidense. El despido de 1,800 controladores aéreos en huelga al comienzo de su mandato, destruyó la capacidad de negociación de los sindicatos iniciando una era de control absoluto de las empresas. Debilitó las normas de salud y del medio ambiente.
La transnacionalización de su política económica se tradujo en el la imposición por parte de las instancias multilaterales dominadas por Washington como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de los programas de ajuste estructural a los países que necesitaban los créditos de esas instancias multilaterales. Esos planes incluían : liberalización, la desregulación, la privatización, el énfasis en las exportaciones y la inserción en la economía mundial, que ha llevado a la indigencia y las crisis sociales a los países del tercer mundo.
En política internacional se señaló que Reagan fue quien ganó la guerra fría y fue el enterrador del bloque soviético y aseguró la caída del socialismo real. Lo cierto es que efectivamente Reagan llevó la humanidad al borde de la tercera guerra mundial al lanzarse con frenesí en la guerra armamentista, con la guerra de las galaxias, con el despliegue de misiles nucleares algo que condujo a la Unión Soviética al hundimiento económico al tratar de seguir la carrera armamentista. Ciertamente, la izquierda mundial aún no establece un consenso sobre las causas del desplome de los socialismos reales, pero existe consenso en que fueron las propias condiciones internas de esas experiencias las que les llevaron al desplome, dando razón a las críticas desde Trotsky en los años veinte hasta las de la izquierda guevarista latinoamericana en los años setenta y ochenta, frente a la invasión de Checoslovaquia el 68 y de Afganistán a fines de los setenta.
También se le adjudica el restablecer la potencia estadounidense a nivel mundial después de la derrota del imperialismo en Viet-Nam. Reagan continuó con la política agresiva tradicional estadounidense a nivel mundial armando a Saddam Hussein para detener el integrismo musulmán de los ayatollahs iraníes, financió y dio origen a los Talibanes en Afganistán para combatir a los ocupantes soviéticos. Apoyó directa e indirectamente el régimen del Apartheid en Sud-Africa. Lanzó la guerra sangrienta en América Central contra los procesos revolucionarios en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala instalando un clima de terror y miedo que cobró decenas de miles de vidas aplicando medidas terroristas que fueron condenadas por la Corte Internacional por uso ilegal de la fuerza recurriendo su gobierno al llamado escándalo Iran Contras. Reagan destruyó la experiencia democrática en Nicaragua instalando nuevamente las elites proclives a las políticas de Washington y llevando a que ese a país le dispute hoy a Haití el triste sitial del país más pobre de América latina .
Es indudable que los años Reagan marcaron los Estados Unidos y la situación internacional pero, precisamente, de manera negativa. Se entiende que el presidente Bush celebre la gestión del presidente Reagan porque era su mentor. Según el intelectual estadounidense Noam Chomsky en torno al actual presidente Georges W. Bush, está la misma elite de Reagan, empezando por el Vice-presidente Dick Cheney, tambien con Colin Powel, y Jim Negroponte. Hasta Elliot Abrams que fuera inculpado por mentirle al Congreso en el llamado escándalo Irán Contras y que recibiera el perdón presidencial, funge ahora como Jefe de la sección del medio oriente en el Consejo Nacional de seguridad.
La políticas de Reagan hacia América latina causaron enormes daños, sobre todo en Centroamérica. Ello explica que el ex-canciller mexicano durante el sexenio de José Lopez Portillo, Jorge Castañeda (padre) haya declarado recientemente que Reagan era considerado como la figura más odiada en América latina.


 EL DEBATE DE LOS JEFES Y LAS ELECCIONES FEDERALES EN CANADÁ.

El próximo 28 de junio los electores canadienses deberán acudir a las urnas para elegir los 308 diputados del Parlamento federal. Se trata de las elecciones más cerradas que se hayan vivido en Canadá desde los años setenta, en la medida en que la única certidumbre, si se cree en las encuestas dadas a conocer hasta el día de hoy es que el próximo gobierno federal será minoritario. El debate de los jefes de los cuatro principales partidos no produjo cambios significativos y se mantiene el escenario de un gobierno minoritario que puede ser liberal o conservador. mantuvo la situación según revelan las encuestas
Ello quiere decir que el partido que obtenga mayor cantidad de diputados tendrá menos de la mayoría absoluta, por lo cual dependerá del apoyo de otro partido para sobrevivir a un voto de censura. En el sistema parlamentario de origen británico que existe en Canadá los gobiernos minoritarios son un epifenómeno que nunca dura más de un par de años. El último gobierno de ese tipo fue el efímero gobierno conservador de Joe Clark a fines de los años setenta y que permitió el retorno en gloria y majestad de Pierre Elliot Trudeau que aprovechó para asegurar la derrota del referendo del partido quebequense e imponer el repatriamiento de la constitución, que cimentó la desinteligencia entre Québec y el resto de Canadá que luego del fracaso del acuerdo del Lago Meach dio origen al bloque quebequense que ahora aparece como ganador en la provincia de Québec al punto que si es un gobierno conservador el que gana la elección, no contará con ningún diputado elegido en Québec.
Los debates de esta semana, en francés el lunes y en inglés el martes mostraron esta compleja situación. Según los observadores, el lunes el debate lo ganó el candidato de los bloquistas Gilles Duceppe, algunos atribuyen a eso que manejaba mejor el francés, lo cierto es que fue capaz de mostrar con acusaciones pertinentes que Paul Martin no puede liberarse del escándalo de las comanditas porque no ha cumplido la promesa de mostrar claramente los responsables y no usar el dinero sucio en la campaña. Por otro lado defendió adecuadamente que el bloque es pertinente en la medida en que defiende los intereses de Québec mejor que los otros partidos federales.
En el debate en inglés, fue Paul Martin quien salio en mejores condiciones en la medida en que resistió a los ataques de Stephen Harper que apareció incapaz de capitalizar del momentum que parecían darle las encuestas. Los liberales insisten en sus promesas en materia de salud y otras competencias provinciales y se presentan como defensores de valores canadienses tradicionales frente a las orientaciones radicales de conservatismo social, fiscal económico y moral de Stephen Harper que apareció en la defensiva en materia de la libertad de elección de las mujeres en materia de aborto, del derecho al matrimonio de parejas del mismo sexo y en materia de pena de muerte.
Pese a que Stephen Harper, moderó su agenda conservadora en relación a lo que planteaba la Alianza Democrática, no ha conseguido ganar adeptos en Québec. Sin embargo, todo parece indicar que conseguirá recuperar los votos de la llamada cintura bíblica en Ontario, tradicionalmente conservadora pero que votaba liberal en los últimos años por la división de la derecha. Sin embargo, está claro que la estrategia de miedo desarrollada por los liberales ha dado algunos buenos resultados en el resto de Canadá. A ello se agrega el error de los conservadores de acusar a los liberales y al NDP de apoyar la pornografía infantil por no apoyar el proyecto de los conservadores de declarar cualquier representación, incluso artística de niños y jóvenes.
En cuanto al Partido Democrático Nuevo, Jack Leyton, no pudo demarcarse más allá de aparecer como el principal candidato para la balanza en el poder de un gobierno liberal minoritario como ocurriera durante el gobierno de Trudeau a mediados de los setenta.
En cuanto a los conservadores, estos pueden obtener un gobierno minoritario si consiguen suficientes diputados en la provincia de Ontario. En ese caso, los bloquistas aparecen como balanza del poder, sin embargo, según los observadores, por las posiciones progresistas del bloque, bajo la dirección de Gilles Duceppe, de lo que se trata más bien es de que estos elijan el mejor momento para deponer el gobierno de acuerdo a sus intereses estratégicos.
En las postrimerías de la campaña por las elecciones del próximo gobierno federal, está claro que efectivamente se dan dos visiones de Canadá. El problema es que ellas se dan entre la extrema derecha de Stepehen Harper que se alinea sobre la derecha estadounidense por un lado; y por otro lado por la derecha representada en las posiciones de Paul Martin que privilegió el combate al déficit y el pago de la deuda antes que los intereses de los trabajadores cuando fue ministro de finanzas; que se caracteriza por la ambigüedad de sus posiciones en materia de política económica e internacional y del que se desconoce a pesar de las ideas generales que plantea, cual es su visión sobre el futuro de Canadá.
La última semana de la campaña electoral se anuncia movida. Por lo pronto, si las encuestas se confirman, Gilles Duceppe surgirá como nueva figura del movimiento soberanista, mientras se consolida la división del Canadá Inglés y del Canadá francés sin que ninguno de los líderes nacionales liberales o conservadores se proponga tener respuestas para las inquietudes específicas de los quebequenses.
Por otro lado, está claro que el NPD no tiene la fuerza para levantar una alternativa progresista global a nivel del Canadá a pesar del desmoronamiento del partido liberal por el escándalo de las comanditas. Por ello es que el debate aparece nuevamente en el de la alternancia en el poder entre liberales y conservadores sin que se vean los beneficios de los electores. Estamos frente a la perspectiva de un gobierno minoritario que será uno de transición hasta que en un máximo plazo de un par de años los electores vayan nuevamente a las urnas.


  EL IMPACTO DE LOS REFERENDOS PARA EL DESMEMBRAMIENTO DE LAS MUNICIPALIDADES EN QUEBEC.

Hoy un millón de ciudadanos que viven en el territorio de 89 antiguas municipalidades quebequenses ejercerán su derecho a voto para decidir el desmembramiento 26 municipalidades fusionadas durante el anterior gobierno pequista. A pesar de que las elecciones federales han opacado los referendos, a pesar de tratarse de un tema eminentemente local, cuyo desenlace parecía evidente, lo cierto es que el debate de los últimos días muestra un panorama bastante más complejo : tanto a nivel de las antiguas municipalidades que decidan desmembrarse, como por el sentimiento de traición que anima los llamados defusionistas por la traición que creen sufrir de parte de todos los liberales. Se trata de un ejercicio en el cual parece que no habrán ganadores y que seguirá ocupando la actualidad. Veamos algunos elementos.
Como se sabe, el gobierno pequista dirigido por Bernard Landry lanzó una ambiciosa reforma municipal piloteada por la entonces ministra Louise Harel. El objetivo de dicha reforma era el de combatir, luego de treinta años de debates, las consecuencias negativas de la segmentación económica provocada por la expansión urbana. Ello se traducía en que los suburbios no pagaban su parte para financiar los costos de los servicios urbanos. Se crea de ese modo la paradoja de que los centros urbanos mas pobres financiaban los costos de la región mientras que los suburbios, mucho más ricos, beneficiaban de esos servicios. También se planteaba que la conformación de aglomeraciones más grandes permitía desarrollar en mejores condiciones estrategias locales frente a la mundialización. Esto era principalmente el caso la Isla de Montréal donde se realizó el sueño del antigua alcalde Jean Drapeau de “una ciudad una sola isla”, pero también en Québec, en Sherbrooke y Gatineau y otras regiones. Se seguía así también una tendencia internacional de valorar las grandes aglomeraciones urbanas.
Se sabe también que los liberales apoyaron la oposición de los ciudadanos de las ciudades llamadas fusionadas, según muchos por intereses electorales. Ellos prometieron dar el derecho a que si los ciudadanos lo deseaban podrían restablecer las antiguas municipalidades. Esta promesa sirvió en gran parte para la elección de los liberales contra los pequistas el 14 de abril de 2003.
Los liberales aparentemente cumplieron su promesa con los referendos que se realizan hoy día. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Esta semana, hasta el periódico más crítico de las fusiones, el cotidiano Inglés “The Gazette” llamó a votar contra el desmembramiento de la municipalidad de Montreal. Según el influyente periódico anglófono, los liberales traicionaron su promesa porque la situación que resultará después del desmembramiento no será la que prevalecía antes de las fusiones. Más aún lo que viene con el Consejo de aglomeración será aún peor que la continuidad de la situación actual de la Municipalidad de Montreal sobre toda la isla de Montreal.
En efecto, los ciudadanos no volverán a recuperar las municipalidades tal come existían anteriormente. La llamada ley nueve que reglamenta el desmembramiento de las municipalidades, establece que en el caso del desmembramiento se creará un consejo de aglomeración que mantendrá el control de las gran mayoría de las responsabilidades y en el que las municipalidades contarán con un voto ponderado de acuerdo al número de habitantes. Eso surgió en los debates entre el alcalde de Montreal Gerald Tremblay y el antiguo alcalde de la riquísima Westmount : los ciudadanos de las municipalidades desmembradas no tendrán derecho a voto sobre 3/4 de los impuestos que paguen.
Por ello, debe señalarse que los efectos de los referendos es que en lugar de cerrar el debate, no harán sino mantener una situación de constante tensión en el mundo municipal, porque las municipalidades desmembradas, adquirirán el poder como instancias legales, de hacer juicios contra las Ciudades centrales para recuperar sus anteriores poderes de gestión. Todo ello con el objetivo de volver a la situación anterior.
Por lo menos la mitad de los 22 barrios en que se realizan referendos en Montreal y la mitad de las antiguas municipalidades en los referendos de Québec y Gatineau. Con ello es el proyecto de creación de entidades económicamente viables lo que aparece cuestionado. Por ejemplo, el retorno al centro de la ciudad que se vive en Montreal en los últimos 10 años, podría invertirse. Se volvería así a la tendencia Norteamericana que los centros son pobres y peligrosos mientras los suburbios parecen otro planeta. La consecuencia de ello será el reforzamiento de la segmentación económica porque serán precisamente las municipalidades más ricas las que se separan.
Otra consecuencia es, como lo señalan los alcaldes de las actuales municipalidades de Longueuil y de Québec, que ellos perderán toda legitimidad para continuar en el largo proceso de transición de 18 meses antes que se instale la nueva estructura municipal en el Concejo de Aglomeración.
Otro efecto de la situación es que se diluye la responsabilidad provincial inscrita en la Constitución canadiense y que determina que el gobierno provincial es el que organiza el mundo municipal. Los liberales consiguieron ganar las elecciones porque los pequistas no habían medido la oposición a las fusiones por las identidades locales. Bernard Landry reconoció eso esta semana y prometió no meter nuevamente la mano en esa caja de Pandora. Sin embargo, los liberales también perdieron popularidad porque la ley 9 no permite que las viejas municipalidades recuperen la situación fiscal anterior.
Al final del ejercicio de hoy, lo que está claro en que no habrá ganadores, la Isla de Montreal no será una sola ciudad o municipalidad; las antiguas municipalidades recuperarán una cáscara para recuperar sus antiguos poderes; los liberales se han alienado una parte importante de sus electores que no les perdonan que no les permita volver a la situación anterior. Los pequistas terminaron de perder la batalla por las fusiones porque ni siquiera levantaron la voz para defender el proyecto de la ministro Harel. En suma, una historia que no ha terminado.


 Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
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