arte arte latino por MARCELO SOLERVICENS
Ir a la Portada Comentario del Domingo 20 de Mayo del 2007



Marcelo Solervicens

1.- Los nexos del Presidente Uribe con los paramilitares en Colombia.
2.- Reflexiones sobre los impactos del nueo gobierno Zarvkosy en Francia.
3.- El cambio de liderazgo en el Partido Quebequense (PQ).


  
   1.- Los nexos del Presidente Uribe con los paramilitares en Colombia.

El gobierno del principal aliado de Estados Unidos en América latina, el presidente de Colombia Álvaro Uribe, está confrontado a un creciente escándalo por las revelaciones de un ex jefe desmovilizado de las Autodefensas Unidas de Colombia, que tiende a confirmar los lazos estrechos del gobierno actual y de los anteriores con los paramilitares. A ello se agregan las revelaciones de la revista la Semana sobre el espionaje de la policía para controlar sus rivales y las granjerías acordadas a los paramilitares presos. Todo ello se da en el marco de las crecientes condiciones de respeto de derechos humanos exigidas al gobierno colombiano por los demócratas estadounidenses, ahora mayoritarios en el Congreso estadounidense, para la aprobación con el sistema de fast track del tratado de libre comercio de Estados Unidos con Colombia.

Un efecto colateral de la pelea entre los demócratas y republicanos con vistas a las próximas elecciones presidenciales pero que afecta al principal aliado de Washington en la región porque chocan con el marco institucionalizado de violencia como sistema de dominación y de violaciones de derechos humanos que existe en Colombia. Un contexto que incita a aprobar la “mano dura” que sirve de base a la popularidad del actual presidente colombiano Álvaro Uribe que cuenta con más del 70% de intenciones de voto, porque se le ve como artífice, de la relativa disminución de la violencia en las ciudades colombianas y que le permitió ser reelegido el año pasado. Veamos algunos antecedentes.

El primer aspecto se refiere a que las declaraciones de Salvatore Mancuso confirman los lazos institucionales del paramilitarismo con el estado Colombiano. También revelan que el “Uribismo está profundamente impregnado de paramilitarismo” según declaraciones del senador del Polo Democrático Alternativo Gustavo Petro a la revista Cambio 16. Se confirman así lo que señalaban las organizaciones de derechos humanos desde hace largos años.

El ex comandante paramilitar desmovilizado Salvatore Mancuso, declaró el Lunes ante la Fiscalía de Medellín, que el actual ministro de defensa de Uribe, Juan Manual Santos se había reunido en diversas oportunidades con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y que había incluso complotado con los paramilitares en los años noventa para derrocar al gobierno del presidente Ernesto Samper.

También señaló que el actual vicepresidente de Uribe, Francisco Santos, también se había reunido con las Autodefensas Unidas de Colombia, para apoyarles y planificar el desarrollo de una sección paramilitar activa en Bogotá. El ex jefe de las AUC también implicó otros tres generales y señaló que “fueron vitales para el crecimiento de la organización.” También implicó los generales Iván Ramírez Quintero, Martín Orlando Carreño y Rito Alejo del Río que ya habían sido denunciados por organizaciones de derechos humanos por su rol en las violaciones de derechos humanos.

Estas revelaciones confirman según los analistas, los lazos estrechos del surgimiento y desarrollo de los paramilitares en Colombia con la estrategia de contrainsurgencia desde hace décadas se aplican en Colombia para mantener el modelo de democracia restringida que existe en ese país. También confirman que los paramilitares se transformaron en fuerzas que incrementaron la violencia y la institucionalización de las violaciones de los derechos humanos en Colombia. Según los críticos, revela también que las AUC no sólo se dedicaron a combatir la guerrilla, como se le hace creer a sectores importantes de la población colombiana que le dan el voto a Uribe, sino que son parte y contribuyeron a la corrupción y de las estrategias para el mantenimiento de las prerrogativas del poder económico de la oligarquía colombiana recurriendo gracias medios ilícitos. Lo que un autor señaló como un estado lumpen que es incapaz de imponer el estado de derecho en su territorio. Lo cierto es que el fenómeno de la violencia en Colombia tiene raíces profundas en el cierre del Estado a las reivindicaciones populares y el uso del asesinato político como mecanismo de dominación, que ubica Colombia como uno de los países más violentos del mundo.

El segundo aspecto importante de lo ocurrido esta semana es que las violaciones de derechos civiles siguen siendo moneda corriente porque se agregaron las revelaciones de la existencia de un programa de espionaje policiaco contra los rivales del partido en el poder incluyendo al ex candidato a la presidencia Carlos Gaviria. Las revelaciones obligaron al presidente Uribe a exigir la renuncia a 12 generales de la policía nacional. Las revelaciones de la revista “La Semana” también mostraron transcripciones de conversaciones por celular de los paramilitares presos que desde la cárcel continuaban sus actividades delictivas incluyendo comercio de drogas y planificación de asesinatos. Una de las personas bajo espionaje era el Senador Gustavo Petro que es uno de los principales denunciadores de implicación del presidente Uribe con los paramilitares cuando que era Gobernador de Antioquia.

En este sentido es interesante destacar que la Corte Suprema de Justicia ordenó la detención de cinco parlamentarios a quienes se acusa de “concierto para delinquir agravado” con los grupos paramilitares. Con ello ya existen doce congresistas arrestados por la misma causa. A esto se agrega la existencia de un pacto secreto firmado por autoridades locales con los paramilitares en 2001 y que está siendo investigado.

El tercer aspecto se refiere al impacto de estas revelaciones sobre las relaciones entre Colombia y Estados Unidos y sobre la firma del Tratado de Libre Comercio Bilateral que es una parte importante de los objetivos de las clases dominantes colombianas y del gobierno de Uribe.

Un editorial del New York Times esta semana, argumentó sobre la creciente evidencia del nexo de Uribe con los paramilitares. Los paramilitares son reconocidos hasta por el Departamento de Estado en Washington como los autores de las peores masacres y violaciones de derechos humanos en Colombia. Mas de 33 mil se desmovilizaron y hay sólo 52 presos. El problema es que la ley de justicia y paz, es que en la practica, en su aplicación se ha transformado en una ley de impunidad para los paramilitares porque no condicionaba las granjerías que obtuvieron con la necesidad de decir la verdad o que se juzgaran los crímenes cometidos..

Estas revelaciones no hacen más que confirmar lo que se sabía pero aumentan la presión por las demandas del Congreso dominado por los Demócratas que le exige ahora a Colombia no sólo las medidas que pide generalmente a los países latinoamericanos en los tratados bilaterales de libre comercio y que responden a los intereses de su política exterior y de sus transnacionales, como de legislación laboral, de medio ambiente, de derecho de propiedad, de patentes farmacéuticas, entre otros.

Específicamente en el caso de Colombia el tema de la violencia y el de las violaciones de los derechos humanos, como el poner coto a los asesinatos de sindicalistas y miembros de organizaciones de derechos humanos. La intervención del Congreso de estados Unidos es proverbial en este sentido. Las elites colombinas señalan que no se le puede pedir a Colombia que se respeten los derechos humanos porque no es Suiza. El Editorial del periódico el Tiempo señala que “El problema es que Colombia no es Suiza. Y exigir inmunidad para los sindicalistas es casi un insulto dada la problemática nacional”. El editorial considera un éxito que el número de sindicalistas asesinados haya pasado de 120 en 2002 a 59 en 2006. Lo cierto es que las revelaciones de los paramilitares prueban la imbricación estrecha del Estado Colombiano con los paramilitares y particularmente del gobierno actual con los paramilitares.

Lo peor sin embargo es, como lo señala Gustavo Trepo, es que la popularidad actual del presidente Uribe revelaría la existencia en Colombia de una cultura de violencia que acepta violaciones de derechos humanos para controlar la violencia, que no debe ser aceptable de acuerdo a cánones internacionales. La llamada desmovilización de los paramilitares no se ha acompañado ni de la verdad o de la justicia lo que aumenta precisamente esta cultura de la impunidad y de la violencia. Aparecen involucrados con los paramilitares desde funcionarios de gobierno hasta los transnacionales estadounidenses a pesar que las AUC sean consideradas organizaciones terroristas por Washington. En abril la compañía bananera Chiquita tuvo que pagar una multa de 25 millones de dólares por haber financiado las AUC.

Es en ese contexto que las revelaciones del ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso adquieren importancia porque cercan al presidente Álvaro Uribe, y revelan la necesidad de que en Colombia se inicie un verdadero proceso de paz que debe pasar por la democratización de las instituciones estatales.

   2.- Reflexiones sobre los impactos del nuevo gobierno de Zarvkosy en Francia.

Esta semana asumió el poder el sexto presidente de la 5ª República en Francia, nuevamente se trata de un presidente de derecha, Nicolás Sarkozy que logró romper con su antecesor Jacques Chirarc y aparecer como un nuevo comenzar para la derecha francesa. Se trata de una noticia que tiene importancia internacional, no sólo por el peso de Francia en los asuntos internacionales y miembro fundamental de la comunidad europea que juega un rol cada vez más importante en el mundo, sino porque los éxitos de las derechas o las izquierdas en Francia inciden en la definición de las posiciones políticas en otros países que miran Francia como ejemplo. En el caso específico de la victoria de Sarkozy y la imposición de su nuevo estilo que pretende superar las divisiones tradicionales entre izquierda y derecha en Francia, pone en evidencia la crisis de la izquierda francesa que nuevamente ha sido incapaz de acceder al poder asegurando la alternancia en la presidencia francesa desde Miterrand.
El de Sarkozy ha sido presentado como un nuevo modelo de gobierno de derecha que pretende dejar atrás sus complejos y presentarse bajo sus propios valores individualistas conservadores.

Un gobierno que en el discurso de Sarkozy se inscribe en ruptura contra la pretendida herencia de Mayo de 1968 vale decir sobre la base del mito que en Mayo 68 se haya establecido un cambio fundamental de la política francesa. Algo así como por comparación cuando se habla en Québec, de la ruptura con el modelo quebequense surgido de la revolución tranquila.

Lo cierto es que el objetivo discursivo de Sarkozy se inscribe en el debate ideológico existente desde la revolución francesa sobre la imposibilidad de la derecha francesa de imponerse con legitimidad ideológica su discurso conservador al igual de su contraparte en Inglaterra. No está claro aún según los observadores, la profundidad de la propuesta ideológica de Sarkozy, lo cierto es que consiguió efectivamente quitarle los complejos a la derecha durante la campaña y ahora pretende apropiarse de los símbolos tradicionales de la izquierda francesa como el del rol de los resistentes frente a la ocupación Nazi.

Nicolás Sarkozy, logró imponerse en la primera y segunda vuelta sobre la candidata presidencial socialista Segolène Royal, la que no logró imponer su estilo diametralmente opuesto al de Sarkozy. Segolène Royal señaló que el nuevo presidente francés puede llevar Francia a un nuevo impasse al acentuar las contradicciones. Una crisis que puede explotar en las calles, en este caso contra lo que en Francia se considera como las poblaciones salidas de la inmigración y los sindicatos y altermundialistas de todo tipo.

Sarkozy plantea un discurso que defiende la autoridad establecida y promueve el mérito personal y la posibilidad de enriquecimiento como un valor conservador fundamental, que se opone a criterios tradicionales de justicia social y de igualitarismo que impregnan la sociedad francesa.

También en el tema de la inmigración Sarkozy se inscribe en ruptura con el tradicional discurso de tierra de asilo contra la opresión, hipócrita según algunos, que caracteriza a Francia. Sarkozy plantea posiciones defensivas muy cercanas a las de la extrema derecha ligada a Jean-Marie le Pen, además de defender claramente una política de asimilación y de valorización de la identidad francesa como lo demuestra la creación del ministerio de la identidad.

Nicolás Sarkozy, también aparece como el adalid de la ley y del orden por lo que los observadores le consideran como un émulo del antiguo Alcalde de New York, Rudolph Giulianni. Ciertamente los resultados mostraron que la mayoría de los electores franceses apoya la línea dura prometida por Sarkozy y las perspectivas de un incendio de la sociedad francesa planteada por los observadores puede transformarse en realidad rápidamente. El combate de los suburbios franceses puede reavivarse.

Su victoria electoral se debe también en parte a la cos constructores de imágenes y a sus excelentes contactos con los medios de comunicación, lo que le ha valido la comparación con Berlusconi, el sanguíneo ex líder del gobierno Italiano. Lo cierto es que sus dotes de comunicador le permitieron presentarse como un moderado en el debate final con Segolène Royal, con lo que se aseguró la victoria en la segunda vuelta.

Además sus posiciones en política internacional harán que Francia se acerque más a los Estados Unidos sobre todo en el Medio Oriente y en la campaña contra el terrorismo. Se le considera como el presidente más favorable a los Estados Unidos que haya tenido Francia. En política Europea se plantea en contra de la entrada de la Turquía y por mantener la centralidad de la vieja Europa en el seno de la comunidad europea.

El gran peligro para la izquierda francesa no es sólo de no poder articular una posición que le permita acceder al poder en las próximas elecciones presidenciales, sino que de manera inmediata, la de lograr evitar la derrota en las próximas elecciones legislativas que se desarrollarán dentro de dos semanas. En sus primeros gestos esta semana, Sarkozy, ha conseguido mostrar que puede romper con los ejes tradicionales de izquierdas y derechas, al reclutar para sus ministerios a tres socialistas, entre ellos a Norbert Kouchner, que fuera ministro de François Miterrand y que ahora estará a la cabeza del prestigioso ministerio de relaciones exteriores. Norbert Kouchner, fue, paradojalmente, uno de los actores más visibles de Mayo de 1968, fue fundador de Médicos sin Fronteras y se caracterizó por defender el principio de ayuda humanitaria y del deber de ingerencia cuando los derechos Humanos están siendo violados por un Estado, como ocurrió en el Kosovo. Aunque el partido socialista expulsó a los tránsfugas está claro que la izquierda no tiene el monopolio como en el pasado de la intelligentzia francesa.

La llegada a la presidencia francesa de Nicolás Sarkozy, es un desafío para las corrientes progresistas en Francia y en Europa. Se trata de un proyecto que busca no sólo desarrollar un nuevo modelo de gobiernos de derecha desde la perspectiva delas políticas económicas y adoptar la realpolitik como enfoque de los otros aspectos, como es tradición de la derecha en Francia. En este caso, Sarkozy trata de posicionar la derecha en la perspectiva de las políticas sociales y de defender los valores conservadores. Sus primeros días de gobierno confirman que su estilo populista puede permitirle obtener niveles insospechados de poder si gana las elecciones legislativas que se realizan el 10 y el 17 de Junio.

La primera conclusión que surge del análisis es que Nicolás Sarkozy consiguió transformar su discurso populista de derecha en alternativa electoral con la que busca posicionar ideológicamente a la derecha francesa respecto de desafíos contemporáneos en una clara tendencia conservadora. Por ello, su experiencia tendrá perspectivas internacionales.

En segundo lugar, todo indica que su presidencia no será tranquila y que se producirán nuevos enfrentamientos del gobierno con los sectores olvidados de la sociedad francesa, principalmente con los movimientos sociales, con las llamadas poblaciones inmigrantes y con los sindicatos.

Finalmente, aunque la izquierda francesa logró evitar la humillación de ser eliminada en la primera vuelta de las presidenciales como en 2002, cuando le Pen consiguió llegar a la segunda vuelta por la división del voto de izquierda, está claro que la izquierda no encuentra aún el discurso y las propuestas que le permitirán volver al Eliseo.

   2.- El cambio de liderazgo en el Partido Quebequense (PQ)..

La partida de Andrés Boisclair de la dirección del Partido Qeubequés, el desistimiento de Gilles Duceppe y la virtual entronización que se dibuja con Pauline Marois como única candidata a la jefatura del partido soberanista ha redefinido dramáticamente el panorama político quebequés surgido de las elecciones del 26 de Marzo. Más allá de la zaga que han pintado los medios tradicionales que interpretaron los resultados como el fin del separatismo y que el PQ tenía sus días contados, lo cierto es que el PQ parece haber renacido de sus cenizas al optar por una coronación de Pauline Marois como jefa sin oposición en lugar de una divisiva nueva campaña que puede debilitar aún más los pequistas. No está claro aún si Pauline Marois podrá efectivamente hacer resurgir al PQ, porque la tarea es ardua.

Luego que la despreciaron en beneficio de Andrés Boisclair y, Pauline Marois aparece como la salvadora del PQ por su experiencia ministerial y como vice primera ministra bajo el gobierno de Bernard Landry. Pauline Marois fue también la autora de la transformación de las comisiones escolares confesionales en comisiones lingüísticas, además de ser la campeona reconocida del popular programa de “guarderías a cinco dólares”. A ello se agrega el hecho de ser mujer, con lo que coloca incluso a los electores de Québec Solidario en una disyuntiva. Pero sobre todo el valor que parece encarnar Pauline Marois es su capacidad de poder reunir las diferentes tendencias en ese partido pluriclasista cuya unidad está cimentada en el objetivo de alcanzar la soberanía de Québec.
Se trata de una tarea, la de reunir a amplios sectores soberanistas, que el líder del Bloque quebequense Gilles Duceppe, sindicado como del ala izquierda y urbana y portador de una visión cívica del movimiento soberanista, no podía cumplir. Duceppe está enajenado de los sectores más tradicionales que resistían su salto de la política provincial a la política federal. El cambio de idea de Duceppe, de ir a una carrera por el liderazgo del PQ contra Pauline Marois y retractarse en 24 horas, fuera de que era una decisión evidente porque no encontró apoyos en la diputación del PQ, fue motivo de escarnio por parte de sus adversarios, aunque el Bloc québécois le ratificó su apoyo como jefe. Aunque Gilles Duceppe cometió un error con anunciar que abandonaba el Bloc québécois para postular a la jefatura del PQ, hubiera cometido dos errores si se hubiera empecinado en una campaña contra Pauline Marois que habría desgastado el PQ en una nueva guerra fraticida de la que hubiera salido más debilitado. Fuera de que hubiera dado el tiempo a la ADQ de Mario Dumont y al partido liberal para mostrar que la política quebequense podía funcionar sin el PQ.

Lo cierto es que las encuestas revelan que el PQ aparece nuevamente como un actor político que se vuelve a posicionar para un buen desempeño en las próximas elecciones bajo el liderazgo de Pauline Marois, sobre todo porque plantea la soberanía sin la espada de Damocles del referendo “lo antes posible en el primer mandato” y postula una nueva versión de la Socialdemocracia.

Algunos analistas plantean que el que ahora debe preocuparse es Jean Charest porque los liberales obtuvieron los peores resultados de su historia pese a haber conservado el poder con un gobierno minoritario.

Por su parte, Mario Dumont, que comienza su experiencia de jefe de la oposición oficial, también aparece en una situación más compleja porque el PQ ha comenzado nuevamente a posicionarse en los debates al no estar enfrascado en luchas intestinas. Está claro que la ADQ cuenta con el apoyo de los medios de comunicación que le ven naturalmente como el próximo primer ministro. El análisis más en boga es de que el PQ fue el partido de una generación y que ahora le toca el turno a la ADQ que sería el partido de la nueva generación.

El regreso del PQ, replantea la problemática del gobierno minoritario de Jean Charest. Luego de que el líder interino del PQ François Gendron planteara que de todos modos el PQ no haría caer al gobierno de Charest, ahora se habla de que los pequistas podrían oponerse al presupuesto de Jean Charest si este conserva las bajas de impuestos planteadas a fines de la campaña electoral y gracias a los fondos de perecuación ofrecidos por Ottawa y ligados según el gobierno de Stephen Harper a la solución del tema del desequilibrio fiscal.

Pero no está claro si efectivamente la llegada de Pauline Marois permitirá que el PQ pueda renacer de sus cenizas. Andrés Boisclair no consiguió sobrevivir a las críticas que le responsabilizaron por la derrota y no consiguió convencer a su partido que podía ser el artífice de la renovación del PQ. Las exigencias de un voto rápido para confirmar su liderazgo mostraron que el PQ destruye sus líderes cuando estos no consiguen ganar las elecciones o dudan de la soberanía, como ha ocurrido con otros de envergadura y experiencia mayor incluso que la de Boisclair. Lo mismo podría ocurrirle a Pauline Marois. Ahora aparece dictando condiciones para ser jefe del PQ, pero si no gana las próximas elecciones podría también verse en dificultades.
Lo cierto es que la sublevación que llevó a la partida de Boisclair parece responder al reflejo primario de sobrevida antes que a una reflexión más profunda sobre las perspectivas del PQ y las posiciones defendidas por Pauline Marois.

El mensaje de los electores el 26 de Marzo fue el de confirmar la impopularidad de Jean Charest, que obtuvo los peores resultados de la historia del Partido liberal de Québec, que además se enajenó su base incondicional anglófona al designar solamente una diputada anglófona de origen inmigrante en su equipo ministerial. Las acciones del gobierno, a pesar de recurrir a la novedad de un gobierno ministerial paritario de igual número de hombres y mujeres, no muestran gran imaginación cuando se trata de mostrar sus proyectos para su segundo mandato. Jean Charest ya ha olvidado que la salud era su prioridad absoluta en la campaña electoral y promete realizar la promesa de la baja de impuestos aunque nadie se la exige, como una concesión a la llamada clase media. En la práctica no ha hecho ni promete nada nuevo como para ganar la voluntad del electorado francófono. No tiene tampoco los reflejos de adoptar buenas políticas como cuando vaciló en reaccionar frente a la disminución del peso relativo de Québec en el parlamento federal con el aumento de circunscripciones en el Oeste, por el crecimiento demográfico, con lo que el peso político específico de Québec sigue disminuyendo en la Confederación.

Por su parte Mario Dumont, pese a que ha conseguido mantener la disciplina en su grupo parlamentario, no ha conseguido mostrar fuera de toda duda que puede formar el próximo gobierno mayoritario. Necesita más tiempo para poder mostrar que tiene la madurez y el equipo suficiente para gobernar.

El problema del PQ se mantiene, pese a que efectivamente Pauline Marois parece plantear respuestas a las inquietudes mostradas por el electorado. El problema es que ello no necesariamente permite asegurar la causa soberanista. Su discurso es aún muy ambiguo. Está claro sin embargo que la soberanía será moderada por la tarea de escuchar la población antes que de convencerles, por otro lado, la reinvención de la socialdemocracia significa un fortalecimiento de políticas que combinen el neoliberalismo con la preocupación por lo social. En esa medida, el reflejo que se revela tras la partida de Andrés Boisclair y la llegada de Pauline Marois, parece animada por el deseo de salvar a toda costa al PQ, pero no tiene mucho que ver, al menos por el momento, con un proyecto social que plantee y lleve a cabo transformaciones sociales y anticipe una victoria del proyecto soberanista.

   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
 Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor