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por MARCELO SOLERVICENS |
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1.- El panorama político Quebequense.
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El panorama político quebequense ha cambiado desde las elección de un gobierno minoritario hace un año. Todo indica que el gobierno minoritario de Jean Charest sobrevivirá frente al voto de confianza por el segundo presupuesto presentado esta semana por la ministro Monique Jeróme-Forget. En política federal sin embargo, las perspectivas de sobrevida del gobierno minoritario conservador parecen reducirse porque Stephen Harper está atribuyendo característica de voto de confianza para una serie de temas con lo que terminará obligando al la oposición liberal dirigida por Stephane Dion de hacer caer el gobierno, o seguir perdiendo prestigio y fortaleciendo el gobierno conservador que actúa como gobierno mayoritario. Mientras la clase política realinea fuerzas tanto en Québec como en Canadá para salir de la situación de gobiernos minoritarios, se amontonan los vaticinios de recesión económica venida desde Estados Unidos, antes que los gobiernos hayan aprovechado 14 años de crecimiento ininterumpido para reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población. En Québec está claro que la situación ha cambiado completamente desde que los liberales de Jean Charest se transformaron en gobierno minoritario hace un año, mientras la Acción Democrática de Québec de Mario Dumont despintaba como el partido más fuerte gracias a sus críticas a los llamados acomodos razonables, quitando el cargo de primer partido de oposición a los pequistas del entonces presidente del PQ, André Boisclair. El pQ quedó transformados en tercer partido en la Asamblea Nacional y con su peor votación en más de 30 años. Ahora un año después de la casi derrota de los liberales, Jean Charest aparece fortalecido. Esta semana ganó el 97% de apoyo en el congreso liberal del fin de semana pasado y ha mejorado su imagen en las encuestas porque ha logrado no cometer errores desde las elecciones de abril del año pasado; también ha multiplicado los mecanismos de consulta y desechado con un revés de la mano todos los puntos que puedan ser controvertidos, como fueron las recomendaciones sobre la privatización de la salud de la llamada comisión Castonguay. Resultado de esta nueva popularidad es que la ADQ debía apoyar el presupuesto de la ministro de Finanzas Monique Jeróme-Forget, porque no podía ganar las elecciones. Ello pese a que le califique de presupuesto que no va a pasar a la historia. El presupuesto de esta semana no tiene ninguna propuesta que permita resolver los problemas de pobreza y mala distribución de ingresos y tiende más bien a proteger la provincia en caso de recesión. Lo cierto es que le debate sobre el presupuesto desapareció rápidamente y no como ocurre generalmente con un gobierno minoritario.. Ello revela que efectivamente Charest puede pensar que puede sobrevivir un año más y que incluso puede comenzar a soñar que podría conseguir ser reelegido por tres veces, aunque sea como gobierno minoritario, un record que no ha sido superado desde los tiempos de Maurice Duplessis, hace más de 50 años. Lo único que ha empañado el regreso de Jean Charest fue la polémica creada esta semana por las revelaciones de que su partido le paga un segundo sueldo de 75,000, fuera del que recibe como primer ministro. Lo cierto es que parece no ser el único porque Mario Dumont también recibe un segundo sueldo de su partido de 50,000 dólares sin que nadie lo supiera y ello provocó resquemores en la reunión de los adequistas en Laval este fin de semana por la falta de transparencia del Jefe de un partido que pretende ser de nuevo tipo. Esta claro que el apoyo del partido de Mario Dumont al presupuesto de la ministro de finanzas Monique Jeróme Forget obedece a un cálculo político. Eso le ha hecho perder plumas frente a quienes pensaban que iba a hacer la política de una nueva manera no politiquera e iba a defender los principios de derecha. El año pasado Mario Dumont rechazó el presupuesto porque le convenía entonces ir a elecciones. Ello pese a que los liberales habian tomado diversos aspectos de su política, además se agregaba la decisión de Charest de usar los fondos federales destinados a eliminar el llamado desequilibrio fiscal a bajar los impuestos como lo propone la ADQ. Las encuestas dan ahora la ADQ de vuelta a los porcentajes tradicionales de tercer partido y por ello no le convienen ahora las elecciones. Luego de desaparecer del debate de la comisión Taylor Bouchard sobre los llamados acomodos razonables, Mario Dumont busca ahora en la reducción del número de inmigrantes su caballo de batalla pero hasta ahora no ha conseguido detener la caída de su popularidad. Por su parte, en este realineamiento de fuerzas, el partido quebequés se ha jugado la sobrevida, mostrando la puerta a André Boisclair y eligiendo a Pauline Marois que ha propuesto reinventar el partido quebequense, eliminando el “referendismo” y modernizando la socialdemocracia. Aunque en la reunión del Consejo nacional del PQ reunido en St Hyacinthe, Pauline Marois ha conseguido liberarse de estar forzada a llamar a un referendo sobre la soberanía de Québec en su primer mandato, no consiguió imponer la conversación con los quebequenses sobre el proyecto de soberanía, copiando el término usado por los nacionalistas escoceses, y estos han elegido el término debate sobre la soberanía. Pauline Marois plantea crear una ciudadanía quebequense, repatriar todos los poderes permitidos en el marco federal como gestos de soberanía y crear un vasto movimiento favorable a la soberanía de Québec. A pesar de estar imponiéndose en el PQ, contra la oposición más radical del PSQ libre, lo cierto es que no ha conseguido aumentar las perspectivas de que el PQ gane las próximas elecciones con un gobierno mayoritario, es incluso superada como mejor para el puesto por Jean Charest. Ciertamente mejoró su posición con su victoria en el Consejo Nacional del PQ, pero todavía no está claro cual es su propuesta de renovación de la socialdemocracia, el otro aspecto de su desafío político. Mientras se amontonan los vaticinios de recesión y los efectos probables sobre el empleo del fin de un ciclo de crecimiento, y cuando partidos alternativos como Québec Solidario o los Verdes no consiguen aumentar significativamente su popularidad en las encuestas, los temas de inmigración y de identidad ocupan la escena política, destacando las barreras a la integración de los inmigrantes en empleo. También están los efectos de la recesión en estados unidos sobre sectores importantes de la industria manufacturera y sobre la industria forestal que ha perdido miles de empleos. El ADQ ha logrado imponer los llamados temas de la familia en el presupuesto la ministro Monique Jeróme-Forget. La política quebequense siempre tiene un componente importante referido a la problemática de las relaciones federales provinciales. Por el momento las relaciones del gobierno harest con el gobierno federal aparecen complicadas porque el llamado federalismo de apertura de Stephen Harper, el que le permitió conseguir votos en Québec, no ha prosperado y la luna de miel entre Jean Charest y Stephen Harper ha terminado. Harper pareció elegir ahora a Mario Dumont como su aliado en Québec visitándolo hace unos meses en su circunscripción con gran pompa. Desde una perspectiva más general las relaciones entre Stephen Harper y las provincias se han deteriorado y, aunque consiguió desarmar el conflicto creado por su inacción en apoyar las industrias afectadas por la recesión en Estados Unidos, está en abierto conflicto con el gobierno de Dalton McGinty de Ontario. Lo cierto es que mientras Stephen Harper ha conseguido imponer su presupuesto con el apoyo de los liberales, de prolongar la misión en Afganistán hasta 2011 también con apoyo de los liberales, de eliminar esta semana el proyecto privado que permitía economizar impuestos a los que invertían en el fondo de ahorro para estudios a pesar que era un proyecto privado de un diputado liberal. En este marco de relaciones federales provinciales y de la reorganización de fuerzas en Québec, es indudable que el panorama político quebequense sigue en compás de espera mientras se perfila una agudización de problemas económicos y sociales por los crecientes rumores de recesión económica. La solución de la crisis entre Colombia Ecuador, Venezuela y Nicaragua, mostró la madurez de los países latinoamericanos, que logaron no profundizaron la división entre los países transformándola en un conflicto territorial. Pero, es necesario recordar, al mismo tiempo que el conflicto colombiano sigue entero y con una carga de gran inestabilidad, a pesar que según el gobierno de Álvaro Uribe no existe conflicto interno. Los hechos recientes muestran que el gobierno de Uribe no es favorable a una salida política porque con la liberación de los rehenes las FARC pueden transformarse en fuerza beligerante reconocida, lo que podría terminar con el ciclo de violencia política en Colombia. Veamos los antecedentes. En la madrugada del 1 de marzo, el Ejercito Colombiano, bombardeó mientras dormían los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, matando al número dos de la guerrilla Raúl Reyes, violando así la soberanía nacional ecuatoriana invocando el derecho a la persecución, contrario al derecho internacional. El ataque ocurrió apenas dos días después de la liberación incondicional de cuatro nuevos rehenes en poder de la Guerrilla. Raúl Reyes era precisamente quien negociaba una nueva liberación de una decena de rehenes entre los que se encontraba la más célebre de entre ellos Ingrid Betancourt. Tanto el gobierno ecuatoriano como el gobierno francés reconocieron que estaban negociando la liberación de nuevos rehenes. Esta claro que el timing de la intervención del Ejército Colombiano correspondía a la estrategia del presidente Álvaro Uribe de recuperar la iniciativa en el conflicto interno y conseguir mostrar éxito en su campaña de mano dura contra la guerrilla. Buscaba conseguir que los gestos unilaterales positivos de la guerrilla no le permitieran ganar prestigio como para transformarse en fuerza beligerante que ya es reconocida por el presidente Hugo Chávez. También no quería perder prestigio por haber torpedeado las intervenciones de mediación del presidente venezolano. En la práctica mostraba su oposición a una salida organizada frente al conflicto interno. Las informaciones indican que fue la inteligencia estadounidense la que permitió al Ejercito colombiano el poder ubicar el campamento de las FARC, bombardear ese campamento mientras los guerrilleros dormían provocando una verdadera masacre. Washington saludó inmediatamente el ataque conectándolo a su guerra mundial contra el terrorismo. Durante su visita a América latina Condoleeza Rice ha condenado el presunto apoyo del presidente Hugo Chávez a las FARC y amenazó con que “observaremos la situación y actuaremos en consecuencia”. El ataque contra la soberanía ecuatoriana, causó una crisis inmediata con Ecuador, que rompió relaciones y con Venezuela que declaró que si Colombia hacía lo mismo en su territorio eso sería causis beli, causa de guerra y movió dos batallones a la frontera y rompió relaciones con Bogotá. Nicaragua también rompió relaciones en solidaridad con Ecuador. En ese marco fue que intervino el Grupo de Río, reunido en Santo Domingo que fue el cuadro para que se diera la reafirmación del respeto de la soberanía territorial de los países latinoamericanos en cualquier circunstancia. Con ello el presidente Álvaro Uribe reconoció su falta y pidió excusas oficiales a Rafael Correa. También anunció que abandonaba su acusación de cómplices de genocidio. Aunque la duda sigue instalada en las relaciones entre los dos países, está claro que los países latinoamericanos refrendaron la doctrina de la integridad territorial contra la posición de Bush que justifica la intervención en el marco de su guerra contra el terrorismo. Esto fue considerado como un paso importante en la diplomacia latinoamericana. Algunos plantean la existencia de una “nueva diplomacia del Sur” como un nuevo modelo de resolución de conflictos internos sin influencia de poderes exteriores a la región latinoamericana y que beneficia de la existencia de un mundo multipolar donde se contrarresta la hegemonía militar estadounidense. En esa medida, el fin de la crisis fronteriza, con mecanismos institucionales propiamente latinoamericanos como el Grupo de Río, evito que la región fuera desestabilizada con conflictos entre países que hubieran permitido una intervención directa estadounidense. En primera instancia la Organización de estados Americanos, considerada tradicionalmente como el ministerio de Colonias de Estados Unidos, no condenó a Colombia por violar la soberanía territorial Ecuatoriana, pero si reconoció la violación de la soberanía ecuatoriana, mostrando que no es la instancia completamente dócil de la política de Washington. Sin embargo fue la instancia propiamente latinoamericana, el Grupo de Río, sin presencia de Washington la que forzó a Colombia de abandonar su política de ingerencia y justificación de la violación del territorio ecuatoriano Ciertamente la salida sin conflicto entre países latinoamericanos no resolvió el conflicto interno colombiano. Está claro que la guerrilla de las FARC deben adoptar una posición responsable si desean ser reconocidas como fuerza beligerante y liberar incondicionalmente todos los rehenes. Está claro también que el gobierno del presidente colombiano Álvaro Uribe no puede adoptar la doctrina de ingerencia de su aliado del Norte, pese a que sigue oponiéndose a cualquier salida pacífica de la crisis. El impasse tradicional del conflicto interno colombiano se mantiene aunque se levantan más voces para exigir una salida política al conflicto en Colombia mismo. Lo cierto es que la búsqueda de una solución política, es lo único que garantiza que la larga situación de guerra interna en Colombia puede tener una salida positiva. Ayer se realizaron en todo el mundo manifestaciones condenando nuevamente la guerra lanzada por Estados Unidos en Irak. Este Jueves 20 de Marzo se cumplirá cinco años de una invasión que quedará inscrita como uno de los casos más flagrantes de violación del derecho internacional y de manipulación de la opinión publica estadounidense y mundial para justificar una guerra injustificable. Cinco años después de la invasión, Irak no tiene visos de recuperarse y los únicos que parecen ganar a río revuelto son las compañías petroleras porque el precio del crudo ha explotado transformándose incluso en refugio frente a la crisis monetaria estadounidense. Está claro que lo principal del esfuerzo militar y económico de Estados Unidos en el marco de su llamada guerra mundial contra el terrorismo se ha volcado con la guerra en Irak. Por su parte, la principal potencia militar planetaria no ha sido capaz de dar con el paradero de quien habría orquestado los atentados suicidas contra las torres gemelas en Nueva York y contra el Pentágono. Diversos críticos señalan que la falta de interés por la guerra en Afganistán y por la caza efectiva de Osama Ben Laden se explican porque los objetivos de la guerra mundial contra el terrorismo corresponden más bien a una estrategia global de relaciones internacionales donde la ingerencia sobre los territorios de otros estados es un elemento fundamental para asegurar el poderío estadounidense en un nuevo marco de emergencia de multilateralismos. Ello explica la creciente inestabilidad en Pakistán, y los crecientes rumores de bombardeos contra Irán a pesar que Washington no ha conseguido interesar la opinión pública a favor de la guerra como lo consiguiera con Irak. Está claro que la invasión de Irak fue justificada con mentiras del más puro estilo de guerra psicológica. Un vasto estudio del Departamento de Estado publicado de manera discreta pero difundido por la cadena noticiosa ABC, confirma los resultados de la comisión de investigación del 11 de Septiembre del congreso luego del análisis de seiscientos mil documentos oficiales iraquies y mies de horas de interrogatorios a ex colaboradores del depuesto presidente Saddam Hussein: No existían lazos entre la red de Osama Ben Laden y el gobernante Iraquí. Si alguna duda quedaba, está claro ahora que la administración Bush ha mentido. Se trata por ende de un acto de agresión basado en la fuerza militar y no en el derecho internacional, por lo que algunos grupos exigen que el presidente estadounidense sea juzgado como criminal de guerra. Algo que ciertamente no ocurrirá por las condiciones de la realpolitik mundial, pero ya no se trata de una guerra justa porque la agresión estadounidense contra Irak en 2003 estuvo basada en una mentira y se realizó a pesar que la comunidad internacional se oponía a esta agresión. En estos cinco años, los estados Unidos han atacado y desarticulado un país cuna de las más antiguas civilizaciones del mundo, con 6,000 años de historia. Se desmanteló el estado, se abolieron las instituciones, se instaló un gobierno fantoche que aún no obtiene legitimidad y que ha puesto en jaque la unidad del territorio. En estos años el sistema educativo, sanitario, económico, de seguridad y la infraestructura no han recuperado los niveles anteriores a la invasión. 70% de los iraquies no tienen acceso al agua potable, el suministro de electricidad no ha alcanzado los niveles previos a la invasión. 70% de la población activa no tiene trabajo. Se ha desarticulado el tejido social y cultural y se han favorecido las divisiones de grupos religiosos y tribales. Aunque no existen datos oficiales verificables, hay un consenso que han muerto alrededor de un millón de civiles iraquies, que unos cinco millones han buscado refugio fuera de Irak o son desplazados internos (entre ellos por lo menos un millón y medio de niños). Los prisioneros y expuestos a la tortura y la humillación se calculan en decenas o centenas de miles. La corrupción es un fenómeno generalizado. Los miles de millones de dólares pretendidamente invertidos en la reconstrucción no han dado resultados. Ahora se considera a Irak como el tercer país más corrupto del mundo. Al lado de los 170 mil militares estadounidenses hay entre 50 mil y 200 mil mercenarios, según las fuentes, que tiene rienda suelta para actuar como policía militar o fuerzas paramilitares en defensa de las empresas estadounidenses. Las mentiras de Bush y la pérdida de popularidad de la guerra en Irak, por el aislamiento internacional creciente de la casa Blanca en la guerra de Irak. Sus aliados más fieles como el ex primer ministro británico Tony Blair, o el ex presidente español José-Maria Aznar han recibido la sanción negativa de los electores, o se han visto obligados a renunciar. En la campaña presidencial, estadounidense la guerra en Irak, o en Afganistán se ha transformado en un tema tabú para os candidatos, en lugar de ser como se preveía un tema importante. Lo cierto es que luego de desarticular Irak, la casa Blanca y probablemente la próxima administración sea cual sea el color, buscará preparar el retiro oficial de las tropas estadounidenses mediante un tratado que les permita seguir controlando el petróleo y la política interna de Irak, probablemente manteniendo bases militares y un poder de supervisón de la política iraquí como lo han experimentado en el pasado en otras regiones. En el quinto aniversario de la invasión estadounidense en Irak, la razón histórica está de parte de los manifestantes que denunciaron en numerosas ciudades del mundo las mentiras que pretendían justificar la guerra y ahora las consecuencias inaceptables de un conflicto del que solo han beneficiado las compañías petroleras y los aliados de los grupos de poder tras la presidencia. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor |