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     COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Temas del Domingo 16 de Marzo, 2003
1.- LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
2.- EL CARÁCTER INMINENTE DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.


  LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.

Como se esperaba, el primer ministro saliente, Bernard Landry anunció, al día siguiente de la presentación del presupuesto fiscal, el inicio de la más esperada campaña electoral de la historia de Quebec. La campaña, anunciada el miércoles 11 de marzo, durará 33 días. Los electores quebequenses deberán acudir a las urnas el lunes 14 de Abril para elegir el próximo gobierno provincial entre los pequistas de Bernard Landry, los liberales de Jean Charest y los adequistas de Mario Dumont.
Se trata de una corta campaña electoral que comienza sobre el trasfondo de los preparativos y lanzamiento de la guerra de Estados Unidos contra Irak. Guerra, contra la cual, las manifestaciones de los quebequenses y sobre todo los montrealenses, les han transformado en campeones del movimiento pacifista de las Américas. Algo que se comprobó en la multitudinaria manifestación de ayer en Montreal, Quebec y otras ciudades de la provincia. Los observadores estiman que la guerra disputará los titulares de primera plana a las elecciones reduciendo la importancia que los medios de comunicación acordarán a la cobertura electoral. Ello podría favorecer al partido quebequense que según las encuestas sería el partido favorito para formar el próximo gobierno provincial y que es percibido como un valor más seguro en condiciones de crisis internacional.
La primera característica del proceso electoral actual son ciertas características inéditas. Por un lado, se da a tres bandas, lo que va contra la tradición y el carácter bi-partidista del sistema electoral británico que impera en Canadá. Hay que remontar a 1976 para ver una elección a tres bandas en Quebec. Esa elección permitió que el Partido Quebequense formara su primer gobierno. Además, en algunas circunscripciones la disputa electoral se dará a cuatro bandas por la presencia de la emergente formación de izquierda, Unión de Fuerzas Progresistas (UFP). Esa disputa es particularmente importante en la circunscripción de Mercier, donde la batalla electoral será a cuatro bandas con la candidatura del doctor Amir Khader. No sólo la UFP podría bloquear a Daniel Turp, candidato del PQ, permitiendo una nueva victoria de la candidata liberal Natalie Rochefort, podría además, soñar con una victoria.
Por otro lado, si se cree en las encuestas, estas elecciones pueden permitir la tercera elección consecutiva de un gobierno ministerial pequista. Esa posibilidad va contra una tradición de alternancia en el poder en las elecciones provinciales que sólo fue rota por los gobiernos de Maurice Dupplessis en los años cincuenta. El presidente de la Acción Democrática de Quebec provocó escarnio hace unos días al comparar el gobierno del PQ con el de Dupplessis. Todo indica que aunque el PQ podría ganar un tercer mandato, la comparación es difÌcil. Sobre todo con un partido que surgió precisamente del Quebec de la Revolución Tranquila contra el oscurantismo de la era dupplessista. Ciertamente, el partido quebequense lleva nueve años en el poder, sin embargo ha visto el paso de tres primeros ministros, Parizeau, Bouchard y ahora Bernard Landry, estando lejos del personalismo del régimen de Dupplessis.
Además, estas elecciones, por primera vez en muchos decenios, no estarán marcadas por el debate nacionalista, sobre el futuro de Quebec en la Confederación Canadiense. Esa percepción se ha confirmado esta semana cuando el primer ministro Landry consiguió que el partido quebequense confirmara que habrá referendo sobre la soberanía de Quebec sólo si existen las llamadas condiciones ganadoras. El saliente primer ministro Bernard Landry ubica otros temas al centro de la campaña pequista, como es el balance de la gestión de su gobierno y su propuesta de conciliación del trabajo y la familia y la medida de la semana de cuatro días para las familias con hijos.
Por su parte, el líder de la oposición oficial y jefe del Patido Liberal provincial, Jean Charest, también ha dejado de lado el debate constitucional y el carácter separatista del PQ como tema principal de la campaña electoral. Fuera de las críticas al desempeño de la Caja de depósitos e inversiones (Caisse de Dépôt et Placement), Jean Charest ha hecho de la salud y en particular del acceso a la salud y la disminución de las listas de espera, el tema principal de su campaña electoral. La reciente inyección de casi dos mil millones de dólares en el último presupuesto, gracias en parte del gobierno federal, los objetivos planteados en la plataforma liberal aparecen en parte en vías de realizarse.
Por su parte, el jefe vedette de la ADQ, el ultraderechista Mario Dumont, también ha abandonado el tema constitucional. Ha señalado que la soberanía o los problemas constitucionales no forman parte de sus prioridades. Al mismo tiempo sus declaraciones de hace algunos meses en Toronto, lo hicieron perder la imagen de partido soberanista blando que le había dado su apoyo al referendo soberanista de 1995. Lo cierto es que el tema principal de la ADQ, es de “modernizar” Quebec, reduciendo el tamaño del aparato del estado, reduciendo el poder de los sindicatos y la seguridad de empleo con la subcontratación. Los adequistas consideran el envejecimiento de la población y el pago de la deuda como los problemas principales. Todo eso se traduce en un programa que pese a abandonar algunos aspectos como el impuesto único, se inscribe claramente en la lógica neoliberal. Mario Dumont plantea, lo que el califica de nueva revolución tranquila que terminará con el llamado modelo quebequense que se asemeja a la Revolución del sentido común de Mike Harris en Ontario. Como se recordará, se llama “modelo quebequense” a la orientación de la acción estatal, surgida en Quebec con la llamada revolución tranquila en los años sesenta : Un rol importante para el aparato estatal en el desarrollo de la provincia y en la distribución de la riqueza. Un elemento que se ha transformado en la base de la campaña del PQ, que ha vuelto a sus raíces social demócratas, abandonadas durante el llamado combate para terminar con el déficit fiscal.
En esa medida entonces, debe constatarse que el interés de la campaña son los aspectos que están en juego. Se trata de un nuevo tipo de campaña, ligada a contenidos y visiones del progreso de la sociedad quebequense que genera un debate de ideas según el espectro de izquierdas y derechas. Es necesario entonces, observar la campaña electoral, no sólo para decidir por quién votar sino que, además, para comprender lo que está en juego.
En primer lugar, debe constatarse que las elecciones en los sistemas de democracia liberal representativa reflejan el estado de relaciones de fuerzas entre los componentes de la clase política, sin que ello represente necesariamente los temas y debates que existen en la sociedad. Debe destacarse que una enorme cantidad de temas serán dejados de lado durante la campaña electoral. Hay otros, de los que ni siquiera se hablará, por la influencia del sistema de elección por primera mayoría por circunscripción y la ausencia de representación proporcional de intereses sectoriales, por no hablar de expresiones de izquierda que no pueden sobrevivir frente al control de los medios de comunicación o la importancia de los temas dominantes. En ese sentido, la integración de los inmigrantes y la eliminación de cierto racismo ordinario del que se habla durante la semana contra el racismo, en curso, no se debate. Por ejemplo que debe fortalecerse la representación de los miembros de las llamadas comunidades étnicas en la función pública. Ni siquiera los liberales, para quienes las comunidades étnicas tradicionales son un electorado cautivo, apenas mencionan ese tema en su plataforma electoral. Ello pese a la importancia que tiene la inmigración en Canadá y que es responsabilidad del gobierno quebequense la gestión de la integración de los inmigrantes, desde hace varios años. Otros temas aparecen ocultos en el debate general, porque no existen expresiones de la diversidad de la sociedad a nivel de las fuerzas políticas, como lo señalara la Comisión sobre la Reforma de las Instituciones Políticas.
En segundo lugar, lo importante, es que las encuestas, aunque reflejen las tendencias no son más fotografías instantáneas que deben tomarse con cuidado por las importantes diferencias regionales en Quebec. En efecto, las encuestas dan una mayoría al PQ, dan el segundo lugar a los liberales y anuncian un tercer lugar, cada vez más lejos, para la ADQ.
Sin embargo, todos los observadores están de acuerdo en que si la ADQ obtiene menos del 20 % de los votos, es el Partido Liberal el que saldrá ganador, o por lo menos es imposible anticiparlo ahora. Ello es porque, la ADQ no afecta las circunscripciones liberales más seguras, como la de Outremont por ejemplo. O bien de otras circunscripciones anglófonas o tradicionales de inmigración. La ADQ quita votos al PQ, en la corona Norte y en la corona Sur de la región de Montreal y sobre todo en las regiones donde el voto llamado francófono es fundamental. También donde, como en la llamada región de la capital nacional, en Quebec, el voto de desgaste del PQ se reparte entre los adequistas y los liberales. Ello indica entonces que si la campaña lleva a la desaparición de la ADQ, ello permitiría una victoria de los liberales. Por eso los dados están lejos de haber sido echados y la campaña puede efectivamente provocar sorpresas.
En tercer lugar, las encuestas señalan a Bernard Landry, líder del PQ como el líder más popular. A pesar de ello, Landry es conocido por cometer errores. Como fue la declaración calificando como los cerebros de chorlitos para los asistidos sociales, hecha frente a representantes de grupos de mujeres; confirmada después en el congreso donde señaló que prefería conversar con la Sun Life antes que con los grupos de mujeres que habían tergiversado opiniones vertidas en privado. Es necesario recordar que la Compañía de seguros Sun life es un enemigo histórico del PQ. La compañía decidió trasladar su sede principal en 1976, como reacción ante la elección del partido quebequense y fue considerada como la punta de lanza de la campaña federalista contra la independencia de Quebec, en esa época. También puede mencionarse su conversación captada por la televisión, después del referendo de 1995, que todavía pena en medios étnicos favorables sin embargo a la soberanía de Québec.
Pero está claro que Jean Charest se juega el combate de su vida política. No sobrevivirá a una nueva derrota. Él, que era considerado como el salvador de Canadá, artífice de la derrota del PQ y del movimiento soberanista. Su derrota en 1998 afectó su reputación y ahora aparece como un líder menos popular que su partido. Ciertamente, Charest tiene, según los observadores, dificultad para conquistar el electorado francófono que es el que decide la elección porque forma el 85 % de los electores. Sin embargo, la elección puede permitir que recupere los votos perdidos por Dumont en lugar que ellos vuelvan al PQ.
Finalmente, Mario Dumont que se pensó en un momento que podría incluso ganar las elecciones, se desinfló en las encuestas. Ya no es el niño maravilla y comienza la campaña en la defensiva. Sin embargo, no está claro cuantos votos obtendrá ni como desarrollará su campaña. Es posible que una vez que se confirme que no es una alternativa de gobierno, recupere algunos votos de protesta contra los pequistas y liberales.
Por ello, y a pesar que las elecciones se realizan con el trasfondo de la guerra de Estados Unidos contra Irak, la campaña que ya ha comenzado será muy interesante porque se ubica en una encrucijada que determinará el futuro de la provincia.


  EL CARÁCTER INMINENTE DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.

La comunidad internacional, la verdadera, ve con temor los últimos preparativos para el inicio de la Guerra de Estados Unidos contra Irak, que está a horas o días de comenzar. Todo indica que la Casa Blanca abandonará la vía diplomática y los esfuerzos por obtener una mayoría en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La prensa estadounidense cree que la reunión de hoy en una base militar estadounidense en las islas Azores, entre el presidente Bush y los primeros ministros Tony Blair del Reino Unido y José María Aznar de España, sus dos más estrechos aliados, será más bien un consejo de guerra que dará un ultimátum al Consejo de Seguridad de la ONU. Según el Washington Post, el presidente estadounidense se dispone a hablar a su Nación mañana lunes para dar un ultimátum de algunos días antes de comenzar la invasión de Irak. Según otros, el tiempo sería aún más escaso y el comienzo de la guerra se mediría en horas. Mientras tanto, otros esperan que se imponga la vía de la razón y se espere, un nuevo informe del Jefe de los inspectores de las Naciones Unidas la COCOVINU, Hans Blix en los próximos días. Mientras tanto los miembros permanentes del Consejo de Seguridad como Francia, Rusia y China han confirmado su veto contra una resolución que autorice un ataque contra Irak, antes que se dé una oportunidad realista para un desarme por medios pacíficos y diplomáticos.
Ello, mientras que la semana que termina ha sido muy confusa en el plano diplamótico y las búsquedas de nuevas resoluciones que aumenten los plazos antes de que se lance la invasión contra Irak han seguido la propuesta de Canadá. Los Estados Unidos han retenido su segunda resolución que autoriza el uso de la fuerza porque Irak no se habría conformado a la resolución 1441, pura y simplemente. Eso porque los inspectores señalan que existe cooperación de las autoridades iraquíes y porque el veto de Francia y Alemania y del propio Secretario General auguran un fracaso de esa propuesta. Abandono también de la resolución de compromiso propuesta por parte de Gran Bretaña, porque Tony Blair se confronta al rechazo de la opinión pública y de su propio partido que exigen el aval del Consejo de Seguridad de la ONU antes de embarcarse en la aventura de la Casa Blanca. El Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido Jacques Straw había anunciado un proyecto de resolución que daría un mayor tiempo a las inspecciones que fue desestimado sin mayor debate por Washington quién señaló, por boca de Donald Rumsfeld (ministro de defensa), que no necesitaba el apoyo de la Gran Bretaña para ir a la guerra. Para completar el cuadro, diversos intelectuales británicos argumentaron que la guerra contra Irak sería un gesto ilegal que podría ser considerado una violación del derecho internacional y por lo tanto sometido a juicio por parte de la Corte Internacional Permanente. Aunque la Casa Blanca haya buscado liberarse de los juicios de la corte, estableciendo una veintena de acuerdos de amnistía para sus soldados y políticos, difícilmente podrá escapar al juicio de la comunidad internacional. Además, hasta el Secretario General de la ONU señaló que lanzar la guerra contra Irak, sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, era una violación de la Carta de la ONU.
Por su parte, se mantiene la confusión sobre el voto de los 10 miembros no permanentes, particularmente de los seis países que siguen indecisos, sufriendo presiones de todo tipo de la Administración Bush que no han fructificado por el momento. La propuesta del presidente de Chile, Ricardo Lagos, fijando una fecha más lejana para la invasión de Irak, fue despreciada por la Casa Blanca sin siquiera discutirla como en el caso de la Gran Bretaña. Como se recordará, Chile y México son los dos países latinoamericanos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Todo indica entonces que la Casa Blanca ha abandonado las esperanzas de obtener el beneplácito del Consejo de Seguridad que ha recibido desde las Azores el ultimátum de Estados Unidos, del Reino Unido y de España, que amenazan con pasar de todas maneras a la acción, rápidamente, si el Lunes no se aprueba la invasión de Irak en la ONU.
Ello, pese a que ese gesto belicoso unilateral de la Administración Bush aparece claramente como una guerra injusta, como lo señala el ex presidente Jimmy Carter. Porque todas sus razones se justifican por los intereses egoístas de Estados Unidos y no es una guerra de defensa sino una guerra ofensiva.
Por ejemplo, en función de los intereses de las compañías petroleras estadounidenses que desean asegurarse el control de los ricos yacimientos petroleros del norte de Irak, disminuyendo la dependencia de la energívora economía estadounidense de su aliado cada vez más inestable en Arabia Saudita. Por ejemplo en función de los objetivos del Pentágono, para poder relanzar la industria militarista, el llamado complejo militar industrial como mecanismo para salir de la crítica situación económica y de estancamiento económico que se vive en Estados Unidos.
Por ejemplo, en función de los objetivos estratégicos y geopolíticos del Imperio estadounidense en la región del Medio Oriente, estableciendo un gobierno aliado de Estados Unidos en Irak para asegurar su control estratégico sobre esa región. Una estrategia que se combina con la ocupación de Afganistán y que se inscribe en un marco que va más de allá de Irak, porque que lanza un mensaje al resto de los países del mundo y potencias intermedias en el tablero de ajedrez mundial de que Estados Unidos gobiernan el mundo. Ello explica en parte las disidencias de los países europeos que buscan mantener un rol activo en el escenario internacional, de manera independiente o como comunidad europea, como es el caso de Francia y Alemania. También se explica la posición Rusa para la cual Irak es parte de su zona de influencia tradicional y también de China que vería limitados sus objetivos de gran potencia.
La Casa Blanca se plantea pasar unilateralmente a la guerra pese a las consecuencias explosivas de la invasión de Irak y específicas sobre una región que es un verdadero polvorín listo para explotar. Es lo que ocurriría con el establecimiento en el norte de Irak de una nación Kurda independiente sobre los mayores pozos petroleros después de los de Arabia Saudita. Ello desestabilizaría la Turquía que es la frontera europea hacia el Oriente Medio. Desestabilización también de Jordania que aparece esta vez en el campo de Estados Unidos a diferencia de la Guerra del Golfo, de Bush padre y , en general de toda la región con agudización del conflicto israelo- palestino y una agudización del cuestionamiento de parte de las masas populares árabes y musulmanas de los gobiernos dictatoriales o monárquicos de la región.
Todo indica que se viven los últimos días y horas antes del inicio de la invasión de Irak, bajo la excusa del desarme por armas de destrucciÛn masiva y de combate contra los estados Pariahs y como un aspecto lateral de la guerra contra el terrorismo. En realidad, la acción de la Casa Blanca busca cambiar un régimen que pese a ser una dictadura y vivir desde hace doce años una situación de guerra, no corresponde a la Casa Blanca arreglar sin el aval del Consejo de Seguridad. Una posición que va contra el derecho internacional que plantea el respeto de la autodeterminación de los pueblos.
Aunque la guerra contra Irak parezca inevitable, y comience la segunda guerra (después de Afganistán) para asegurar la primacía del Imperialismo Estadounidense, lo cierto es que el movimiento contra la guerra que se ha constituido a nivel mundial porque se inscribe en esta era de mundialización en la lógica de los movimientos sociales de la sociedad civil a nivel mundial, es de vital importancia. Este movimiento contra la guerra, ya ha marcado los límites del poderío de la Casa Blanca, no porque Bush la escuche, sino porque las presiones de las movilizaciones evitan que los países accedan a las presiones de la Casa Blanca, como ocurre con los miembros no permanentes del Consejo de seguridad. Y es que el debate mundial, en torno a la guerra de la administración Bush contra Irak, ya ha dejado inscrita esa guerra como una guerra ilegal e injusta y contraria al derecho internacional. Las movilizaciones contra la guerra en todo el mundo y las vigilias que se preparan en caso de inicio de la guerra son nuevos hitos que manifiestan la existencia de otra mundialización, aquella que anuncia, como dice el slogan, que ìOtro mundo es posibleî. Una situación que debe seguirse de cerca.

 Marcelo Solervicens

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