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     COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Temas del Domingo 13 de Abril, 2003
1.- SE MANTIENE EL SUSPENSO EN LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
2.- EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL Y LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.


  SE MANTIENE EL SUSPENSO EN LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.

Luego de cuatro semanas y media de campaña oficial y después de casi un año de campaña extraoficial, se espera que mas de cinco millones de quebequenses concurran a las urnas el lunes 14 de abril para elegir los 125 diputados de la próxima legislatura de la Asamblea Nacional y cual partido tendrá la mayoría necesaria para formar el próximo gobierno que puede durar por un móximo de hasta cinco años.
9 partidos presentan candidatos, pero sólo los pequistas, liberales y adequistas tienen posibilidades de elegir sus candidatos. El sistema parlamentario de tradición británica imperante en Quebec como en el resto de Canadá, es uninominal por circunscripción lo que tiende a favorecer un sistema bipartidista aunque puedan existir variaciones dependiendo de las regiones. Es lo que ocurre a nivel federal, donde el bipartidismo en Quebec es entre liberales y bloque quebequense y en el Oeste entre la Alianza Democr·tica y los liberales. El debate en cuanto a introducir un sistema proporcional surge de manera recurrente desde hace varios años, pero, como en otras oportunidades, los partidos presentes en la Asamblea Nacional vacilan en dar el paso de una gran reforma electoral que permitiera un representaciÛn proporcional que respete de mejor manera la diversidad de posiciones políticas que existen en Quebec.
En cuanto a la representación de la diversidad de posiciones, la sorpresa podría provocarla la Unión de Fuerzas Progresistas, formación de izquierda que presenta por primera vez candidatos y que, según los observadores tiene posibilidades de elegir al médico Amir Khadir en la circunscripción de Mercier. Esa es uno de los resultados que debe seguirse con atención. En esa circunscripción la lucha se da a cuatro bandas, entre la diputada saliente, Natalie Rochefort, el pequista Daniel Turp, que busca recuperar esa circunscripción que los pequistas habían ganado tradicionalmente.
Dicho esto, se mantiene la incertidumbre sobre los resultados de las elecciones de mañana aunque las encuestas, favorecen ahora a los liberales de Jean Charest a diferencia del comienzo de la campaña. El giro se produjo con el debate del 31 de marzo de los jefes de los partidos representados en la Asamblea nacional. Según los observadores, el jefe del Partido Liberal, Jean Charest, consiguió desestabilizar al jefe de los pequistas Bernard Landry, respecto de la presuntas declaraciones del ex-primer ministro Jacques Parizeau, aunque después se comprobara que Parizeau no había insistido en sus formulaciones, el daño ya estaba hecho. Sin embargo, los resultados no aseguran una victoria fácil de los liberales porque la concentración del voto liberal en circunscripciones anglófonas hace que para ganar obtengan en las encuestas por los menos 6 % más que los pequistas o que obtengan más que el 30 % entre las llamadas circunscripciones mayoritariamente francófonas.
Por su parte, las encuestas indican que el partido de Mario Dumont, la derechista Acción Democrática no alcanzaría al 20 % de los votos o a elegir 12 diputados lo que permitiría que se transforme en partido político. Ello no elimina el hecho de que la votación de la ADQ, podría afectar los resultados de la elección en las circunscripciones en las que existe una pequeña diferencia de votos entre liberales y pequistas. Es en particular el caso de las 15 a veinte circunscripciones que determinan que partido formará el próximo gobierno. Ese es el caso de la corona norte de la región de Montreal, en Laval por ejemplo y en la región de la capital Nacional. Otras circunscripciones importantes es por ejemplo en el duelo que opondró al ex Alcalde de Montreal, Pierre Bourque, quién se trasladó a la Acción Democrática y que disputará la diputación a la actual ministra de la Cultura Dianne Lemieux.
A la hora del balance de la campaña debe destacarse que la Guerra de Estados Unidos contra Irak opacó la campaña y distrajo la atención de los electores. Por ello es que el debate de los jefes adquirió la importancia que estiman los observadores. Está claro sin embargo que los electores gracias a las críticas de sectores sindicalistas y de izquierda, desnudaron el carácter reaccionario del cambio ofrecido por la Acción Democrática de Mario Dumont además de demostrarse que no está en condiciones de poder administrar la provincia. El futuro de la ADQ es incierto, salvo en el caso en que producto de la división del voto pueda producirse un gobierno minoritario en el cual la ADQ pueda ser la balanza del poder. En todo caso esa es la presentación fundamental de Mario Dumont en los últimos días de la campaña. Por otro lado, queda claro que la sensibilidad de los liberales de Jean Charest es completamente distinta de la que proponen los pequistas. Para ello bastaba leer el sábado las argumentaciones de los periódicos al momento de aconsejar sus lectores de votar por los liberales en el caso de la Presse y de la Gazette y por los pequistas, en el caso de Le Devoir. En efecto, aunque los liberales han concentrado su campaña en torno a su propuesta en favor de asegurar el acceso a la salud tratando de mostrar gracias a su marco presupuestario que es posible conciliar un mayor inversión a nivel de la salud con una menor intervención estatal y con una disminución de los impuestos. Pese a ello, está claro que su propuesta se basa en establecer un marco menos intervencionista que el que propician los pequistas.
Por su parte, los pequistas, pese a plantear como eje central de su campaña la propuesta de conciliación entre el trabajo y la familia, está claro que plantean continuar con una política socialdemócrata en la cual el Estado asume efectivamente un rol en la economía. El argumento principal es de que han sido un buen gobierno y que por lo tanto el próximo mandato también será con un buen gobierno. Según los observadores, esa idea no encarna el deseo de cambio que existiría en el electorado después de dos mandatos pequistas y que tradicionalmente apunta a la alternancia en el poder desde hace más de cuarenta años. Esta vez fue el jefe liberal Jean Charest quien trajo a la palestra el tema de la soberanía, tratando de demostrar que Landry tenía una agenda oculta para impulsar la soberanía. Sin embargo, ello no produjo resultados en la medida en que existe un consenso de que si no se dan las llamadas condiciones ganadoras, los pequistas se quedarán a nivel de la oratoria en lo que respecta a la soberanía.
Lo cierto es que los partidos dejaron una enorme cantidad de temas olvidados. El más importante es el del combate a la pobreza. Pese a que el gobierno de Bernard Landry hizo votar una ley para eliminar la pobreza, no ha deseado responder a las preguntas sobre como esto se concretaría. Tanmpoco se ha tocado os temas de la inmigración por ejemplo, o los temas que se refieren al desarrollo. O el de como va a plantearse los temas de respeto del medio ambiente.
Las elecciones provinciales de mañana son importantes para el desarrollo de esta provincia. El único veredicto que cuenta es el de las urnas. Las incógnitas creadas por la presencia de la ADQ en algunas circunscripciones, la perspectiva de un gobierno minoritario, el nivel de desgaste en el poder de los pequistas. Todo ello plantea un recuento interesante de los votos.


  EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL Y LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.

A 25 días del inicio de la invasión de las tropas estadounidenses y británicas en Irak, y tal como se esperaba, el régimen de Saddam Hussein se desplomó, la principal potencia militar de la tierra usó todos sus armamentos y explosivos para bombardear y establecer su presencia como fuerza de ocupación de tipo colonial en un país agotado por guerras sucesivas y sometido a diez años de sanciones económicas. Derrocó así el gobierno que ayudó a mantener en el poder y que sirvió durante los diez años de la guerra contra Irán como puesto avanzado de la defensa de occidente contra el integrismo musulmán. Luego de tres semanas de bombardeos y de sitio de las principales ciudades, las instituciones del régimen del partido Baas que sustentaban el liderazgo de Saddam Hussein desaparecieron. Basora terminó por caer, Bagdad también. Sin que capitularan y negociaran la rendición como sabiendo que la guerra era sin cuartel y que nada podía esperarse de la potencia invasora. La presentación de la lista de las personas perseguidas por las fuerzas de ocupación en base a un naipe de 55 cartas es revelador de una simbología prepotente de la fuerza de ocupación.
Sin embargo se dió la paradoja que el desaparecimiento de las fuerzas organizadas del régimen de Saddam Hussein no se transformó en la liberación del pueblo iraquí. Las doscientas personas que echaron abajo la estatua de Saddam Hussein gracias a los Marines, dieron el símbolo de una fuerza manipulada y el mundo guardará la imagen del marine que tapa la cara de Saddam con la bandera de Estados Unidos. Mas que las escenas de liberación y de acogida a las tropas, fue el pillaje en las ciudades ocupadas que ocupa la atención. Además por la negligencia en dar la ayuda humanitaria, se mostró el desprecio de la Convención de Ginebra, que obliga a la potencia ocupante de asegurar la seguridad de la población civil.
Como se esperaba también, los Estados Unidos aún no han encontrado las pretendidas armas de destrucción masiva con las que intentaron justificar el acto guerrero. Con ello se revela la hipocresía de la justificación de la guerra y que la posición de los opositores en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas era apropiada desde el punto de vista del derecho internacional. Algunos señalan irónicamente que las armas de destrucción masiva ya están en camino, demostrando que la legitimidad de la guerra será difícil de justificar por parte de la Casa Blanca. Con la invasión de Irak, la primera ocupación colonial de parte de Estados Unidos en un país árabe, se constató que el mundo entró en una nueva etapa, que terminó con la transición creada por el desplome de los regímenes de los países del llamado socialismo real. Un mundo en el cual en lugar de que domine el derecho internacional basado en instituciones internacionales multilaterales, se impone la ley del más fuerte y el ejercicio de la potencia de la principal potencia militar del mundo, que se ubica por encima de la ley. No en balde los artífices de la política de la Casa Blanca hablan de asegurar que el siglo 21 será el siglo estadounidense. Desde el punto de vista de los análisis se trata de la destrucción de los avances en el derecho internacional que fijan una moralidad de ciudadanos del mundo y de la paz. Se trata del retorno del ejercicio de la fuerza desnuda en las relaciones entre los países. Del desprecio por las instituciones multilaterales que permiten construir el derecho internacional basado en el bien común de la humanidad y no los intereses específicos de las grandes potencias. En esa medida, desde ya surgen las voces de quienes dicen que fuera de la sumisión a los intereses de Estados Unidos no existe nada realista. Es como si se trasladara el argumento en favor de la mundialización al exterior de lo cual no existía alternativa y que ahora se revela como una falacia. Como si se reemplazara aquello por las presiones a que los países acepten que no son las instituciones multilaterales (que deben democratizarse), las que deben regir las relaciones internacionales sino que lo haga la Casa Blanca.
No se esperaba sin embargo que los Estados fueran incapaz de capturar o asesinar a Saddam Hussein y que no recibieran el saludo de las multitudes que aclamaban a los invasores. En la práctica aunque el régimen de Saddam Hussein ha desaparecido, no ha existido una capitulación. Lo que se ha impuesto ha sido más bien la promoción del pillaje y la ley del más fuerte al amparo de las tropas estadounidense que han asistido y promocionado la desorganización social, como mecanismo de catarsis de la población de los barrios más pobres. La destrucción de los símbolos y de las estructuras del régimen iraquí permiten crear las condiciones para poder reconstruir sobre esas ruinas un nuevo orden social con el pro-consul estadounidense, el general retirado Jay Garner el control de Irak. La única seguridad que han mantenido las tropas estadounidenses y británicas es la de los pozos petroleros en el sur y el norte de Irak.
Está claro que la Casa Blanca considera que la reconstrucción de Irak es parte del botín de guerra que no desea compartir con otros porque ellos han realizado el esfuerzo de guerra. El presidente Bush ha señalado que las Naciones Unidas podrían cumplir un rol en la ayuda humanitaria pero no en lo que se refiere a la reconstrucción propiamente tal sino que solamente en la distribución de la ayuda humanitaria. Es que ya se prevé que los miles de millones de dólares que ganarán las compañóas estadounidenses ligadas a los halcones del pentágono por los proyectos de reconstrucción permitirán que la economía estadounidense salga de su periodo de estagnación y de postración actual. En el debate sobre la reconstrucción donde hasta el grupo del G7 y el FMI plantean que debe enfrentarse de manera colectiva podría ser la nueva trinchera de los países que intentan cada vez más disputarle un liderazgo en el marco del nuevo sistema unipolar. Ello pese a las presiones de Rusia, Francia y Alemania que insisten en que las Naciones Unidas asuman un rol importante en la reconstrucción de Irak. Ello cuando la promesa de la reconstrucción de Afganist·n ha sido olvidada.
Mientras se anuncia la caída de Tritik, la ciudad de origen de Saddam Hussein, ya han comenzado los ataques suicidas y el recurso a tácticas de guerra de guerrillas de parte de soldados desmovilizados de Saddam Hussein, de parte de los combatientes árabes que han llegado de otros países y, sobre todo de combatientes nacionalistas que se oponen a la invasión. Lo cierto es que aunque las tropas británicas y estadounidenses han ganado la batalla, pero están lejos de poder plantearse asegurar el control del territorio o de haber ganado la batalla de los corazones. No está claro tampoco como van a establecer el nuevo gobierno en Irak o, como lo señala la administración de la Casa Blanca, la democracia. Lo importante, ya señalado y de manera explicita por los halcones del pentágono, es que Estados Unidos debe imponer a nivel mundial los valores estadounidenses.
La pretendida victoria de la guerra de Estados Unidos y el Reino Unido en Irak va revelando desde ya que la invasión de ese país árabe, forma parte de un designio mucho más grande que el de desarmar Irak de armas de destrucción masiva. Mayor incluso que el de hacer caer el régimen de Saddam Hussein porque era una dictadura. Mayor incluso la de asegurarse el botín del petróleo iraquí y sus reservas petroleras para reducir la dependencia de Arabia Saudita. Se trata de imponer la ley estadounidense en el oriente medio eliminado los países que puedan plantearse hostiles a Estados Unidos y apoyando la consolidación de Israel como ejmplo de régimen político para el resto de la región.
Desde ya, las declaraciones del ministro de defensa Donald Rumsfeld apuntan con amenazas que el próximo blanco sería Siria, porque su territorio estaría sirviendo de tierra de asilo de los lugartenientes de Saddam Hussein. La lógica ya ha comenzado a ponerse en marcha y como se sabe, Siria es la que controla el Líbano y sería la puerta para asegurar la dominación del estado de Israel.
En ese marco, quienes piensen que lo que ocurre en Irak está demasiado lejos como para que pueda concernirles, deberían releer a Bertold Bretch. Sin ir más lejos, la amenaza contra Siria parte de la base de señalar que si nadie puede oponerse a la fuerza bruta y la tecnología estadounidense, porque no aprovecharían de eliminar otro de los regímenes considerados estados parias por parte de la Casa Blanca. También los responsables del Pentágono y los consejeros de la Casa Blanca plantea que habría llegado el momento de sacarse la espina que ha constituido el régimen castrista en Cuba desde hace más de cuarenta años. Lo cierto es que el mundo que surge después de la invasión de Irak será mucho más inestable.

 Marcelo Solervicens

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