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     COMENTARIO DEL DOMINGO / por Marcelo Solervicens

Tema del Domingo 11 de Mayol, 2003

REFLEXIONES SOBRE EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL:

  LA ONU; EL MEDIO ORIENTE; LA NUEVA VERSION DE LA GUERRA DE LAS GALAXIAS Y LA ENCRUCIJADA LATINOAMERICANA.

Un mes despus de la victoria de la invasión de Estados Unidos y el Reino Unido en Irak en un gesto unilateral condenado por la comunidad internacional y cuando se aprecia que ese gesto unilateral no era algo aislado, es importante reflexionar sobre las consecuencias de este y otros gestos de la Casa Blanca en las diferentes regiones del mundo sobre el orden internacional. Un término que se refiere a la manera en que están organizadas las relaciones internacionales, no sólo las relaciones entre países sino que además de las organizaciones multilaterales y las tendencias de la economía mundial.
Vivimos un periodo de transición desde el fin del conflicto Este - Oeste, pero los analistas vacilan en concluir que se ha instalado efectivamente un sistema unipolar a la cabeza del cual están los Estados Unidos. O bien, si existen perspectivas del desarrollo de un sistema político multilateral que correspondería mucho más al esquema de la mundialización económica que se desarrolla a nivel mundial y en el que los llamados Estados Naciones ya no son los actores fundamentales. Ello porque además debe verse cómo otros nuevos actores como, la opinión pública mundial, los movimientos sociales y otros actores políticos diversos se plantean su accionar en el nuevo contexto.
En primer lugar analizaremos la reorganización neocolonial del Medio Oriente, en seguida el impacto del nuevo orden sobre las instancias multilaterales viendo de paso la situación creada en AmÈrica del Norte con la reactivación del proyecto de paraguas anti-cohetes de la administración Bush y después como se ubica la región latinoamericana en este contexto. Valga señalar que la semana que termina trajo antecedentes que certifican los avances de parte de Estados Unidos en instalar un nuevo orden mundial y que reafirme su estatus de potencia mundial incontestada del planeta, para asegurar que como lo desean los halcones del Pentágono y de la Casa Blanca, el siglo XXI será el siglo estadounidense. Una situación que sin embargo todavía no ha sido ganada para los ideólogos a quienes les gusta compararse con el Imperio Romano defendiéndose de las invasiones de los bárbaros con sus ataques preventivos.
El primer antecedente es el rol que le asigna la administración Bush a las Naciones Unidas en Irak. En efecto, el embajador de la Casa Blanca en las Naciones Unidas, John Negroponte presentó esta semana un proyecto de resolución en el Consejo Seguridad que transformaría la organización multilateral - que debiera, teóricamente, ser el pilar del orden mundial después de la guerra fría - en una instancia subalterna al servicio de las potencias ocupantes en Irak, los Estados Unidos y el Reino Unido.
Para todos los fines prácticos el proyecto de resolución le impone a la instancia onusiana que esta legitime un acto que rechazó el Consejo de Seguridad. Ello, más encima, cuando la urgencia de la invasión se había justificado porque Irak poseía armas de destrucción masiva. Sin embargo, estas armas nunca han sido encontradas hasta ahora. Elle prueba que en el mejor de los casos Washington buscaba derrocar a Saddam Hussein; algo reñido por el derecho internacional. Lo cierto es que la causa real también era de poder controlar el petróleo iraquí y continuar el plan de neo-colonialización de la región iniciado con la invasión de Afganistán. Todo ello, para reactivar la economía estadounidense que se encuentra nuevamente al borde de una crisis semejante a la que sufriera a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta. En el caso de este gesto de guerra tampoco se puede invocar la cruzada de guerra contra el terrorismo porque un documento que establece el nivel de terrorismo en el mundo por parte del propio Departamento de Estado, señaló que había decrecido el año pasado. Además nunca se ha establecido un lazo entre el gobierno de Saddam Hussein y Al Qaeda.
El proyecto de resolución exige que se levanten las sanciones contra Irak y se le otorgue el rol de potencia ocupante y de responsable del gobierno en Irak a la llamada coalición estadounidense-británica por doce meses. Plantea también terminar dentro de cuatro meses con el plan petróleo contra comida que fuera instalado en 1996 para paliar los efectos del embargo impuesto en 1990.
La resolución propone la creación de un fondo de asistencia a Irak con los ingresos de venta de petróleo, y que estará bajo la autoridad de Estados Unidos e Inglaterra y será administrado por el Banco Central iraquí que está dirigido ahora por el estadounidense Peter Mcpherson, ex-secretario del Tesoro en Estados Unidos. En el consejo de administración de ese Fondo de asistencia, la ONU solo tendrá un rol de consulta gracias a un representante de Koffi Anan, a otro del Banco Mundial y otro del FMI. Por otro lado, la resolución estipula que la venta del petróleo iraquí por parte de los estadounidenses no podrá ser enjuiciada en los tribunales. Esta resolución permitirá que las empresas estadounidenses y las de su aliado britónico se repartan el botÌn petrolero iraquÌ; mientras que las de otros paÌses deberan contentarse con ser subcontratistas. Ya se han designado varias centenas de millones de proyectos para la reconstrucción de infraestructura iraquí a firmas como Bechtel y otras que están ligadas directamente a personeros del círculo restringido de la oficina oval.
Por otra parte, esa resolución asigna sólo un rol humanitario para la ONU, a diferencia del rol que debiera asumir una instancia multilateral que tiene como rol el de asegurar la paz. Ni siquiera se plantea desplegar los famosos cascos azules que aseguran la paz en otras regiones del planeta. En esa medida, la ONU aparece relegada al rol de resolver los aspectos sociales y humanos que son la consecuencia de la invasiÛn.
Al respecto de la resoluciÛn, los paÌses que se opusieron a legitimar la invasiÛn como Francia y Rusia plantean que debe averiguarse primero si Irak ha sido efectivamente desarmado. Lo cierto es que todo parece indicar que la resolución que debe ser votada probablemente el 3 de junio, podría ser adoptada y permitirá zanjar la violación del derecho internacional cometida por Estados Unidos y ubicar la potencia imperial por encima de todos los otros países. En ese marco es el futuro del sistema multilateral institucional existente sobre la base de la presencia de los países del mundo y que pese a deber ser democratizado es por lo menos la instancia m·s portadora del derecho internacional.
Las que de ello pueden ser importantes sobre la organización internacional que aparece destinada según Washington al futuro de la fallecida Sociedad de Naciones antes de la segunda guerra mundial. Lo cierto es que lo único que complota contra los intentos hegemónicos de Estados Unidos es precisamente el hecho de que en el marco de un proceso de mundialización de las comunicaciones y de la economía, los procesos políticos simplemente nacionales o incluso internacionales no son el único espacio de acción del sistema internacional. Lo más probable es que la ONU pase a ser congelada hasta que se agote la reacción del Imperio. Se trata por lo tanto de una situación dinámica.
El segundo aspecto que ejemplifica los esfuerzos de la Casa Blanca por establecer su nuevo orden internacional en el vacío creado por el desplome de los países del llamado socialismo real y el fin del conflicto Este - Oeste, es que luego de invadir Afganistán e Irak, los Estados Unidos se plantean por primera vez recolonizar el Medio Oriente. Algo que no osaron hacer después de la segunda guerra mundial y actuaron principalmente a nivel económico y con intervenciones, mortales por cierto, de la Agencia Central de Inteligencia para derrocar gobiernos como el de Irán, Irak y favorecer a Saddam para detener a Khomeini o apoyar los talibanes en su lucha contra los soviéticos.
Después de la invasión de Irak, el plan de la Casa Blanca para el conjunto de los países árabes combina la zanahoria y el bastón. En un discurso solemne esta semana Georges Walter Bush, propone la prosperidad para la región cuyo Producto Interno Bruto (PIB) combinado apenas alcanza al de España. Para ello propone la creación de una zona de libre comercio para el año 2013, semejante a los acuerdos de libre comercio concluidos con Israel y Jordania y al que ahora se negocia con Marruecos. Para ello se prevé el próximo mes que se realice un encuentro en Jordania que avanzaría en esa propuesta. Se trata entonces de imponer como se realiza en el caso de África, el imperio de la libre empresa y el estilo de desarrollo que plantea occidente liderado por Washington. Sin embargo es difícil que se realice un tal acuerdo. Por ello es más bien una maniobra propagandística por la naturaleza de una región que depende principalmente de las exportaciones petroleras y estructurada con una economía casi de subsistencia que se traduciría en una dependencia mayor, con la llegada de maquiladoras y otras. Sobre todo porque los regímenes de la región son todos restringidos, con monarquías aliadas de Washington como Jordania o Arabia Saudita. Esto no cuadra con la propuesta de traer la democracia a la región aunque sea una democracia de representación restringida como la que proponen los estadounidenses y que asimilan a la libertad.
Por otro lado Washington exige, y ese es el bastón, que los países árabes combatan el terrorismo bajo cualquiera de sus formas y acepten la existencia de un estado judío en Israel. Ello pese a que la Casa Blanca no acepta los estados islámicos como el de Irán y trata de detener el avance hacia formar otro de estos en el mundo árabe.
Nuevamente, la zanahoria es la creación de un estado Palestino para 2005 gracias a la llamada hoja de ruta propuesta por la Casa Blanca y que suponóa la nominación de un primer ministro de la autoridad palestina Ahmmoud Abbas que le es agradable a Israel y que la autoridad palestina desarme los grupos como Hamas o Hezbollah, mientras que a Israel se le pide sin gran convicción que pare la construcción de colonias en los territorios palestinos ocupados. Lo cierto que este nuevo plan al que ya ni siquiera se le llama plan de paz sino que simplemente una hoja de ruta está destinado al fracaso por cuanto supone mantener la política de agresión de Israel sin que los palestinos obtengan nuevas condiciones. En ese marco lo más probable es la agudización de la sublevación palestina y los atentados suicidas que son percibidos por los resistentes palestinos como la única manera eficaz de responder a la agresión. Una lógica de guerra autodestructora que radicaliza aún más el odio y las dificultades para una solución negociada. En ese marco, la propuesta estadounidense de una hoja de ruta no tiene destino. Sólo permite seguir manteniendo esa situación imposible.
En tercer lugar está el debate provocado por los anuncios de implantación de las primeras etapas de construcción de un paraguas anti-cohetes por parte de la administración Bush para proteger la América del Norte. Se trata de un proyecto heredero de la guerra de las galaxias de Ronald Reagan y que persigue el objetivo de establecer la seguridad de Estados Unidos contra los ataques con cohetes de parte de los llamados países del eje del mal o también llamados estados parias o dentro de un escenario que sería mas propio de las películas de espionaje alejadas de la realidad, un ataque atómico de terroristas. Lo cierto es que nuevamente, como en el caso de Irak las principales motivaciones de un Imperio en decadencia, son los intereses económicos que pugnan por obtener los planes multimillonarios que costaró instalar el sofisticado mecanismo de radares; hasta en Gran Bretaña y el establecimiento de sistemas en la tierra, el mar y en el aire. Se trata por lo tanto de revivir el complejo militar-industrial como mecanismo de expansión económica.
Este debate ubica al gobierno federal de Canadá frente a la disyuntiva de responder por la negativa a una propuesta de la parte de Washington que cuenta con el territorio canadiense como si fuera su patio trasero. Lo cierto es que en cualquiera de los casos, está claro que un gobierno que se desinteresa de lo que digan países como Francia o Rusia no escuchará a Ottawa. Lo cierto es que Canadá puede perder el cierto capital positivo ganado al no embarcar en la guerra contra Irak si embarca en este proyecto militar. Se trata de una situación difÌcil que está ligada a las consideraciones de política extranjera no resueltas y del rol que se plantea jugar a Canadá a nivel mundial.
Lo cierto es que según diversos analistas, más allá de la patología de la fortaleza sitiada que se ve en la lógica del paraguas protector (semejante a la de los ricos en países pobres que se esconden tras barrotes para proteger sus bienes contra las invasiones bárbaras), se trata de un proyecto económico que permite lanzar una industria militar que puede quemar los miles de millones de dólares de circulante que existen y que no pueden invertirse de manera productiva, según la lógica del capital. Valga, en ese contexto, recordar la tesis de Marx en el sentido de que la acumulación de ganancias hace que después de cada ciclo, se deban destruir las fuerzas productivas para poder comenzar un nuevo ciclo de expansión. Un elemento interesante. porque precisamente los pies de barro del gigante estadounidense son de que es el único país del mundo que no aplica las reglas que impone a otros. Como la de no tener un déficit fiscal o la de reducir el tamaño del aparato estatal, entre otros. Es una situación que en el largo plazo augura una militarización creciente de la potencia mundial y que según los analistas, lleva peligrosamente al mundo al marco de una guerra permanente.
A pesar de la distancia de Irak y del medio Oriente, de Afganistán y de las regiones y temas sobre los que parece concentrarse la administración estadounidense, América latina se encuentra confrontada a encrucijadas importantes al frente del nuevo orden internacional en construcción sobre la base de la unipolaridad estadounidense en una lógica imperial que no es desconocida para la región. Paradojalmente sin embargo, aunque el control económico, político y militar de Estados Unidos sobre la región es evidente, este no es hegemónico precisamente por la experiencia histórica de la región, pero sobre todo por los fracasos de los modelos propuestos por Washington y una presencia relativamente más importante de la comunidad europea. La situación latinoamericana muestra un verdadero conflicto en lo económico y polÌtico entre la propuesta regional estadounidense y la de la comunidad europea. En el caso de América Central y del Sur y de México, los Estados Unidos no han conseguido que participe el conjunto de los paóses de la región en su proyecto de guerra contra el terrorismo mundial y embarcar en su proyecto de guerra contra Irak : sólo siete países lo apoyaron. Ello no significa conflictos antagónicos sino que refleja el impacto de la opinión pública sobre gobiernos confrontados a las crisis económicas creadas por el fracaso de los proyectos neoliberales.
Es necesario destacar que el proyecto de zona de libre comercio de las Américas comienza a hacerse cada vez más difícil, luego del fracaso de los proyectos neoliberales aplicados en Argentina y otros países. Ello porque está lejos de poder garantizar que ese proyecto ambicioso que ha sido negociado sin participación de los ciudadanos pueda ser viable y mejorar la situación de los países. Frente a lo que la CEPAL ha señalado como el lustro perdido para el desarrollo después de la crisis asiática, podría favorecer la región que se abra el mercado estadounidense a productos latinoamericanos. Sin embargo, lo cierto es que no es eso lo que está en cuestión con el ALCA, que busca más bien incorporar nuevos mecanismos de inversiones y de protección de los inversionistas. Washington privilegia los acuerdos bilaterales como en el caso de Chile y con las actuales negociaciones con los países de América Central.
Por otro lado, frente al fracaso de las experiencias neoliberales, en América Latina surgen nuevos experimentos centrados en mejorar las condiciones de vida del país y las negociaciones con la economía mundial. Ello para confrontar la creciente pauperización de las masas latinoamericanas que son un terreno proclive para el desarrollo de movimientos insurgentes de masas y que causa cada vez mayores presiones sociales en Argentina, en Bolivia y Perú. Es el caso del inicio de experiencias de carácter populista para hacer frente a las crisis como en Brasil, Venezuela y Ecuador.
Lo cierto es que Washington no ha podido formar su llamada coalición de voluntarios en América Latina porque no se ven los beneficios para la región. Lo cierto es que en el reforzamiento del control neo-colonial de Estados Unidos sobre la región, Washington plantea por un lado propuestas económicas hacia los países de América Central como el desarrollo del llamado Plan Puebla - Panamá que formará una sola gran maquiladora al servicio de las multinacionales estadounidenses. TambiÈn tiene propuestas de dominación en el terreno político como la desestabilización de los regímenes de Cuba y de Venezuela por pretender tener posiciones autónomas en la región.
Ciertamente, el caso de Cuba es aparte porque se inscribe en la larga guerra soterrada entre los dos países. En el nuevo marco, está claro que el plan del Pentágono es el de invadir Cuba. Ello no es nuevo, pero el que se pase a la acción depende de la reacción de los países latinoamericanos, del mundo y de la solidaridad internacional. Ya lo han señalado manifiestamente los voceros oficiales de la Casa Blanca y la reciente ofensiva encabezada por James Cason que transformó en oposición títere y en agentes, lo que podía haber sido una oposición tolerada, lo demuestra. En ese marco la agudización del conflicto entre la Habana y Washington es la próxima etapa de la acción de la Casa Blanca. Debe recordarse que Cuba forma parte de los países ejes del mal o estados parias de los que cree que debe defenderse Washington.
Por otro lado, está la desestabilización del gobierno de Chávez y la derrota de ese gobierno por medio del próximo referendo sobre la continuidad de su gobierno en Octubre o bien con el inicio de una nueva asonada golpista contra el ex general populista que goza sin embargo del apoyo de la gran mayoría de pobres en Venezuela, que son la gran mayoría del país. En ese marco, se agrega la situación de Argentina, que elegirá a Kirchner el domingo próximo, que propone una política mas centrista y moderada en lo económico que el seguidismo de la Casa Blanca encarnado por el ex-presidente Carlos Saúl Menem. De Ecuador, donde Lucio Gutiérrez se muestra reticente a aceptar que se instale una base militar para el plan Colombia en su territorio, de Bolivia y de Perú que viven periodos de movilizaciones importantes que han dejado atrás las fuerzas políticas tradicionales. En ese marco entonces debe concluírse que la situación de la región no es toda rosa para los halcones del pentágono.
A ello se agregan los recientes hechos en Colombia donde El Presidente de la mano dura y aliado más seguro de Washington en la región, Álvaro Uribe, acaba de sufrir un revés importante cuando trató de plasmar su política de mano dura y negarse a establecer un acuerdo de intercambio de rehenes con las FARC. El asalto de rescate de uno de los lugares de cautiverio de rehenes de la guerrilla provocó la muerte de dos hombres políticos y de ocho militares rehenes. Los familiares de las víctimas denunciaron la irresponsabilidad gubernamental mientras que los medios de prensa internacional han ocultado el hecho de que la muerte de los rehenes se produjeron cuando las tropas colombianas, con asesoría estadounidense, trataron de liberar los rehenes como en una película de Hollywood. Se espera que el presidente colombiano vuelva a la mesa de negociaciones. En el actual frenesí y campaña antiterrorista estadounidense todo vale.
Esta política está gobernada por una lógica maniquea y de casa de brujas que denunciaron algunos esta semana con la publicación de los archivos de las entrevistas del senador republicano Joseph McCarthy en los años cincuenta mostrando que se trataba efectivamente de casa de brujas sin fundamentos. Ella sirvió sin embargo para convencer de la justeza de la guerra fría al pueblo estadounidense. Es evidente que la situación de guerra en Colombia es una tragedia. Está claro también que las causales políticas son mucho más complejas para poder explicar una guerrilla de más de cuarenta años y que cada vez gana más adeptos. Por otro lado, debe recordarse que el carácter restringido del sistema político colombiano se mantiene y las posibilidades de una solución política semejante a la del Salvador por ejemplo son muy difíciles. La experiencia de los centenares de muertos de la llamada Unión Patriótica en los ochenta lo demuestran.
Ello significa sin embargo que en los planes del siglo estadounidense de los halcones de la casa Blanca, la región latinoamericana también se ve confrontada a la zanahoria y al bastón. Aunque algunos piensen que la potencia imperial es omnipotente, la vida real de los pueblos muestra que la historia no ha terminado. El nuevo orden internacional unipolar que intenta imponer la Casa Blanca no ha sido consolidado.

 Marcelo Solervicens

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