Comentario del Domingo

Por MARCELO SOLERVICENS

Ir a la Portada Domingo 10 de Septiembre del 2006



Marcelo Solervicens

1.- LOS DESAFÍOS DE LA PRÓXIMA ELECCIÓN EN QUEBEC.
2.- REFLEXIONES SOBRE LA DOBLE PRESIDENCIA MEXICANA.


 
   1.- LOS DESAFÍOS DE LA PRÓXIMA ELECCIÓN EN QUEBEC.

Luego de casi cuatro años de gobierno que ha batido los records de impopularidad el primer ministro liberal de Québec se prepara para llamar a elecciones este Otoño o en la próxima primavera, una apuesta arriesgada y llena de incertidumbres que revela los enormes desafíos que confronta la sociedad quebequense y en sus relaciones con el resto de Canadá.

La victoria de Jean Charest no parece asegurada, pese a que tradicionalmente el electorado quebequense vota siempre dos veces seguidas por el mismo partido ministerial.

Los cínicos pueden recordar que al comienzo de su mandato, cuando su popularidad se evaporó, Jean Charest planteaba que adoptaría medidas impopulares al comienzo de su mandato y que los electores las habrían olvidado cuando fueran a elecciones. Ello parece no ser seguro, pese a que según las ultimas encuestas ha disminuido su impopularidad, con 32% de apoyo, los liberales de Jean Charest todavía tienen 5 puntos de porcentaje por debajo de los pequistas de André Boisclair. Aunque el gobierno insiste en que el balance de su gestión es positivo, lo cierto es que nadie lo defiende como un buen gobierno. Luego de recientes inversiones en diversos proyectos en regiones que se calculan en más de 3 mil millones de dólares y casi seis meses sin errores de gestión el gobierno liberal parece finalmente estar listo para gobernar pero no es seguro que pueda ganar las elecciones contando solamente con los potenciales defectos de André Boisclair. La incertidumbre actualiza de manera interesante los desafíos a los que está confromtada la sociedad quebequense.

En lo que se refiere a la coyuntura positiva para los federalistas que exista un gobierno conservador en Ottawa que manifestó apertura en responder a las reivindicaciones tradicionales de Québec durante la campaña electoral. Por lo ocurrido durante el verano,  no está claro que las decisiones futuras del gobierno de Stephen Harper van a favorecer a los liberales porque luego de la luna de miel con el electorado quebequense, el gobierno pro-Bush de Harper se aleja de los valores y los intereses quebequenses. En materia de desequilibrio fiscal, todo indica que los conservadores no van a satisfacer las reivindicaciones de Québec. Tampoco en política exterior están los quebequenses en el mismo diapasón que los conservadores. Además, los conservadores no quieren apoyar a Charest, porque esperan que este sea derrotado en las próximas elecciones y la ayuda que le den puede servirle a un gobierno separatista.

Como se sabe, en el sistema electoral quebequense, es el primer ministro quien tiene el poder de definir la fecha de las elecciones y puede de ese modo desestabilizar la oposición eligiendo el momento que mejor le conviene. Más allá de ese debate sobre la fecha en que Jean Charest llame a elecciones, lo efectivo es que la próxima contienda electoral replantea la actualización de los viejos debates de la sociedad quebequense y sus relaciones con la sociedad canadiense.

La primera reflexión se refiere a los desafíos que se plantean para la sociedad quebequense en el seno de Canadá y las perspectivas independentistas. Por un lado, el nuevo liderazgo pequista aparece menos nacionalista que sus predecesores y las perspectivas de un nuevo referendo sobre la seberanía parecen aún lejos del radar político de Québec, aunque la inteligentzia canadiense aparece cada vez más preocupada de las perspectivas de contar con un nuevo gobierno soberanista que reabra el debate constitucional pese a contar con la llamada ley de la claridad referendaria. Lo cierto es que los partidos federalistas tienen estructuralmente cada vez menos asidero en Québec y la carrera a la presidencia del Partido Liberal no parece despertar el interés por el resurgimiento del partido de Pierre Elliot Trudeau. Lo que está claro sin embargo, es que tanto el Canadá de los conservadores como el de los liberales, plantean la absorción de Québec en el seno de la Nación Canadiense y no tienen nada específico que ofrecerle a la “Belle province”.

La segunda reflexión se refiere a lo que algunos consideran como el estancamiento de Québec, pese a que se vive el periodo más alto del ciclo económico capitalista en situación de alto crecimiento económico, de baja cesantía, un ciclo expansivo que no ha provocado un sentimiento de prosperidad generalizada porque se ha acompañado de la imposición de enfoques neoliberales que no permiten que los beneficios sean distribuidos de manera igualitaria y mientras las grandes compañías y los bancos muestran beneficios inéditos,  existen bolsones inaceptables de pobreza en una sociedad riquísima como la del Québec. Frente a esta situación, tanto los liberales como los pequistas no parecen tener respuestas originales aunque pueden diferenciarse en sus grados de mayor o menor sensibilidad social. El partido de Mario Dumont, se inscribe a la derecha del espectro político y tampoco plantea políticas diferentes. Por su parte la propuesta de los partidos extra-sistema electoral como Québec solidario, o más recientemente el partido verde aparece limitado en su influencia por el sistema electoral. Québec solidario cuenta con una plataforma de nacionalismo progresista que puede transformarse en alternativa en el mediano plazo en el eje izquierda/derecha. Por su parte, el partido verde que pretende inscribirse al exterior de los ejes izquierda y defender el medioambiente desde una perspectiva europea. Las posibilidades que en las próximas elecciones sean estos los temas los que marquen el electorado son difíciles, incluso desde la perspectiva de una victoria en alguno de las circunscripciones.

En tercer lugar, desde una perspectiva coyuntural, está claro que los liberales de Jean Charest deben maniobrar de manera apropiada si desean ganar las próximas elecciones. Esta semana, el resurgimiento del debate sobre la privatización del Monte Orford, que el proyecto Nicolet no parece resolver, indica que no podrán dejar atrás los errores cometidos durante el gobierno. Por otro lado, el informe del derechista Instituto económico de Montreal, criticando los liberales por no haber cumplido sus promesas  de bajar los impuestos y desmintiendo con cifras los argumentos del gobierno en el sentido de que si había cumplido con ese objetivo, muestra que tampoco los liberales han respondido a las esperanzas de quienes son sus aliados más cercanos. También, las posiciones de Stephen Harper en materia internacional y su enfriamiento en arreglar el tema del desequilibrio fiscal, señalan que no podrá esperar ganar votos en materia de relaciones federales / provinciales.

La mayoría de los analistas partidarios del gobierno insisten que no sería apropiado que lance las elecciones este Otoño, porque todavía el gobierno es demasiado impopular. Sin embargo, por otro lado, los liberales esperan aprovechar la juventud y las controversias sobre André Boisclair el nuevo jefe del PQ como herramienta para ganar las elecciones en una campaña rápida. Lo cierto es que ello depende de que cuando André Boisclair entre a la Asamblea Nacional, cause decepción.


Lo importante, tras todo este debate sobre el desempeño decepcionante del gobierno liberal, es que los movimiento sociales quebequenses fueron capaces de detener las tendencias más destructivas del gobierno de Jean Charest, pero ello no asegura la victoria de los partidos excluidos hasta hoy del parlamento pese a que los resultados electorales de una próxima gesta electoral siguen siendo inciertos.

   2.- REFLEXIONES SOBRE LA DOBLE PRESIDENCIA MEXICANA.

En el marco de la victoria de fuerzas progresistas mediante procesos electorales en América latina en los últimos meses, la experiencia mexicana merece una mención especial, por la reacción ciudadana frente al fraude electoral de la pasada elección presidencial del 2 de Julio contra la “coalición Por el Bien de Todos” dirigida por Andrés Manuel López Obrador.

El miércoles de esta semana en México, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, trató de cerrar definitivamente el debate con el anuncio oficial de la victoria, en las elecciones del 2 de Julio pasado, del candidato presidencial del derechista Partido Acción Nacional, Felipe Calderón por menos de medio punto de porcentaje sobre el candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel Lopez Obrador. De este modo el derechista Felipe Calderón sucederá oficialmente a Vicente Fox el 1 de Diciembre próximo como presidente mexicano por los próximos seis años. Se consolida así el fin del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como fuerza política que aspire a la presidencia mexicana y que gobernara México durante 70 años. El Partido Acción Nacional (PAN) que gana por segunda vez la presidencia, parece heredar de los mismos mecanismos usados por el PRI para mantenerse en el poder. Por su parte, el PRD que se inscribe como el nuevo paso normal de la transición democrática mexicana, ha visto truncado nuevamente su posibilidad de hacer elegir su candidato presidencial.

Se repitió así el mismo escenario de la derrota del otro candidato del Partido de la Revolución Democrática Cuahutemoc Cárdenas en 1988. En ese entonces, los observadores consideran que el Partido de la revolución Institucional con el apoyo del Partido de Acción Nacional consiguieron robarle la victoria al candidato de la izquierda democrática. La diferencia en este caso es que Andrés Manuel Lopez Obrador no se plantea abandonar tan fácilmente la partida como Cuahutemoc Cárdenas. Desde el 2 de Julio planteó la revisión de la votación y mantener la movilización de su base electoral que acampa desde hace semanas en la plaza del Zócalo en México para que se le reconozca como presidente legítimo. Ahora se espera que la Convención Nacional Democrática que se realizará el próximo 15 y 16 de Septiembre defina una orientación que bajo la forma simbólica de un gobierno paralelo dirigido por Andrés Manuel Lopez Obrador, puede mantener la movilización social y que sirviéndose de la base parlamentaria de los diputados y senadores de la coalición Por el Bien de Todos, pueda efectivamente imponer limitaciones a la agenda ultraderechista del Partido de Acción Nacional.

México se encontrará entonces, según los observadores con dos presidentes, uno legal pero ilegítimo, y otro legítimo pero ilegal, revela así la polarización de la sociedad mexicana.

En efecto, más allá de que Felipe Calderón haya mantenido un perfil bajo y plantea llamados a gobernar con la oposición. Lo cierto es que se plantea continuar con la política de privatización de los petróleos mexicanos y no tiene proyectos que permitan visualizar soluciones para los pobres mexicanos que, según cifras oficiales, los que se encuentran en estado de pobreza relativa son 70 millones de los 104 millones de habitantes de la Federación de estados mexicanos. Lo cierto es que la elección de Felipe Calderón se debe principalmente al control de los medios de comunicación y la hegemonía de Televisa y los medios tradicionales. Además por supuesto del uso estatal de la información por parte de Vicente Fox, además, según diversos analistas, del recurso a mecanismos tradicionales de fraude del sistema electoral mexicano.

México se encuentra en plena crisis institucional, por la difícil transición a un sistema democrático pluralista luego de más de 70 años de gobierno de partido único bajo el PRI y un mandato decepcionante del Partido Acción Nacional. La política de cuestionamiento y de no-reconocimiento de la legitimidad del nuevo presidente Felipe Calderón por parte del candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador ha sido muy criticada en la prensa tradicional mexicana e internacional. Sin embargo, ello no es más que el reflejo del nivel de polarización de la sociedad mexicana y de las agudas contradicciones sociales que existen y que se ven agudizadas por los seis años de inacción durante el gobierno de Vicente Fox. Otros síntomas de polarización están dados por las diferencias geográficas en México entre el Norte y el Sur y por la existencia de situaciones abiertas de rebeldía como son los gobiernos locales instalados por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas y las recientes experiencias de gobiernos populares en Oaxaca.

Es indudable que la experiencia de Cuahutemoc Cárdenas, que aceptó la derrota cuando se le robó la presidencia 1988 y que se tradujo en una desmovilización de la izquierda cuenta mucho en la posición de resistencia civil pacífica actual de AMLO, el gran desafío sin embargo es que AMLO pueda canalizar ese descontento en una fuerza social capaz de tener influencia social y política durante los próximos seis años. En esa medida se trata de una experiencia interesante de democracia ciudadana directa que puede dar resultados importantes si consigue articularse con la multiplicidad de iniciativas de poder ciudadano que existen en México y que no son reconocidas en el sistema político oficial, caracterizado ahora como en el pasado por la exclusión.

La experiencia Mexicana es un reflejo de las complejidades de los procesos políticos latinoamericanos contemporáneos que revelan la incapacidad de las elites tradicionales en resolver entre otros, los problemas de pobreza, de exclusión, de políticas económicas neoliberales y de inserción en la economía mundial.

No está claro cuáles serán los resultados de la política de resistencia ciudadana pacífica de AMLO, las posibilidades de una radicalización y polarización están presentes, también las posibilidades de una desmovilización social frente a los desafíos existentes. Sería un error, sin embargo, como lo hace la prensa internacional, el considerar la situación como el simple resultado de un empecinamiento de un mal perdedor, las fuerzas sociales excluidas que llevaron al desmoronamiento del PRI siguen en acción en condiciones en que el Partido de Acción Nacional ha decepcionado, dejando abierto el camino para la búsqueda de nuevas alternativas para resolver los candentes problemas de la sociedad mexicana.

Está claro que el caso mexicano no existe en un contexto cerrado, las consecuencias sociales de la globalización y, en primer lugar de la integración de la economía mexicana a la economía estadounidense que permite la movilidad de capitales y productos pero mantiene la exclusión de la movilidad de personas desconociendo la inmigración clandestina hacia Estados Unidos que han erigido un muro de vergüenza.


En esa medida, la solidaridad con la experiencia de resistencia civil ciudadana mexicana contra el fraude mexicana realizada por  los movimientos ciudadanos es fundamental. Esa solidaridad es un elemento fundamental en la continuidad del proceso político mexicano de reforzamiento de la democracia y las posibilidades que este pueda ir más allá de una reacción puntual frente al fraude electoral.

   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
 Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor