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por MARCELO SOLERVICENS |
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1.- Reflexiones sobre los nuevos intentos de privatización del sistema de salud Quebequense. |
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En el presupuesto de la ministro de finanzas de Québec, Monique Jerome Forget, aprobado hace unas semanas, destacó la propuesta de formar una comisión para recomendar nuevas alternativas para enfrentar los problemas del sistema de salud. La mayor parte de los observadores considera que la elección de Claude Castonguay como presidente de la comisión, un reconocido defensor de la privatización del sistema de salud y las posiciones derechistas a favor de la llamada clase media quebequense luego del incremento de la votación de la ADQ de Mario Dumont, por parte del gobierno liberal, anuncian una nueva ofensiva de la privatización del sistema de salud quebequés, que se apoya además en el fallo de la Corte Suprema que abrió la puerta a las compañías de seguros. Se trata de un debate importante porque afecta la vida cotidiana de millones de quebequenses, pero es también importante porque la privatización de los sistemas de salud es desde hace años una de las más importantes trincheras de las políticas neoliberales y objeto de la ofensiva de las compañías multinacionales. Veamos algunos elementos de reflexión. El objetivo privatizador del gobierno liberal minoritario de Jean Charest quedó claro al elegir como presidente de la comisión a Claude Castonguay, un ardiente defensor de la privatización del sistema de salud, aunque se le haya sindicado equivocadamente como padre del seguro de salud, porque era ministro cuando las movilizaciones sociales contra el gobierno de la época le impusieron el sistema de salud a pesar que él no lo apoyaba. Por ejemplo, se ha denunciado que en un estudio, Claude Castonguay propone que se abran los bloques operatorios y los servicios de radiología, a la práctica privada, los fines de semana y las noches, porque están subutilizados, con ello se podría financiar el sector público y se reducirían las listas de espera. También quedó manifiesto que la ADQ será un aliado de los liberales minoritarios en su nueva ofensiva para la privatización del sistema de salud, cuando Mario Dumont anunció que su representante en la comisión sería Joanne Marcotte, conocida por haber sido la realizadora de un filme (La Ilusión Tranquila) que criticó el modelo de salud quebequense. La posición del PQ está menos clara, ella siempre se ha caracterizado por su ambigüedad. La designación por parte del PQ de Michel Venne el director general del Instituto del Nuevo Mundo, un crítico abierto de la privatización, podría indicar que los defensores del carácter universal y publico del sistema de salud podrían contar con un aliado. El problema es que no se sabe aún a ciencia cierta, si la modernización de la socialdemocracia que propone la nueva Jefa del PQ Pauline Marois, incluye ó no, la privatización del sistema de salud. Siempre existe, para los cínicos, la posibilidad que esta nueva comisión termine relegada a los archivos, como ha ocurrido con otras comisiones, sobre todo si existe una fuerte oposición de la opinión pública. En ese caso podrían quedar sin efecto sus recomendaciones, pero está claro que con los vientos favorables a la llamada clase media (El eufemismo que encontró la ADQ para sus políticas derechistas) el carácter universal del sistema de salud quebequense está en peligro con lasa propuestas de la alianza liberal / adequista. Los partidarios de la privatización del sistema de salud tratan de enmascarar los intereses de los poderosos lobby de las compañías de seguros y las compañías multinacionales que operan en el sistema de salud (farmacéuticas y de equipos médicos) y sus aliados locales, bajo la preocupación por reducir las listas de espera y adaptarse a la modernidad. El argumento principal en favor de la privatización del sistema de salud es que los quebequenses no pueden pagárselo, porque cuesta cada vez más caro. Ello sería producto del envejecimiento de la población. Lo cierto es que la hipótesis del envejecimiento no resiste el análisis porque no existe una relación entre la crisis actual del sistema de salud y el aumento de pacientes porque todavía no se produce el llamado envejecimiento de la población. Los analistas coinciden que el principal problema del sistema de salud reside en la penuria de los recursos humanos, de médicos y enfermeras principalmente, y ello está directamente a la jubilación temprana de miles de profesionales de la salud en aras del déficit cero a fines de los noventa- El bullado envejecimiento de la población es más bien parte de un vasto proyecto de las multinacionales farmacéuticas que esperan con nuevos remedios y servicios aumentar sus ganancias. Los escándalos creados por la codicia de las compañías farmacéuticas están ampliamente documentados. Un ejemplo es lo que ocurre con un remedio que fue creado para atacar el cáncer del colon, pero que sirve para combatir la ceguera ligada el envejecimiento, como lo denuncia un periódico local. En lugar de utilizar ese medicamento, las compañías farmacéuticas prefieren comercializar un nuevo remedio, que sería más específico y que abre un enorme mercado cautivo ligado al envejecimiento de la población. Lo mismo ocurre con la invención de nuevos equipos para hacer diagnósticos o para la cirugía. La realidad actual es que la producción de medicamentos y de nuevos equipos médicos se ha transformado en uno de los sectores de punta de la economía mundial. Una de las industrias más importantes. Otro argumento respecto de los problemas de acceso al sistema de salud, está ligado al escaso personal médico o de enfermeras, pero eso, es cómo decíamos que se trata precisamente de una de las consecuencias negativas del combate por obtener el bullado déficit cero por parte del antiguo primer ministro Lucien Bouchard. El debate es sobre como rehacer un sistema de salud destruido por la lógica neoliberal del déficit cero. A pesar de algunos esfuerzos en aumentar el personal, todo indica que tomará un largo periodo tiempo antes que pueda recuperarse el personal calificado que se necesita para que funcione de manera apropiada el sistema de salud. Además, no se han explotado suficientemente posibilidades como la de recurrir a los médicos y a las enfermeras inmigrantes como lo hizo la provincia de Saskatchewan cuando los médicos locales se negaron a entrar en el nuevo sistema de salud en los sesenta. El gobierno comienza a reconocer que debiera contar con esa capacidad no utilizada, pero tomará tiempo. Debe reconocerse además que otro de los graves problemas del sistema de salud como son las enfermedades y las infecciones provocadas por las bacterias C difficile y otras, están ligadas al deterioro de la limpieza en los hospitales, por la reducción de personal de apoyo y las privatizaciones de esos servicios. Los otros argumentos a favor de la privatización del sistema de salud son de carácter ideológico. Por ejemplo se plantea que el sistema de salud universal gratuito sería injusto hacia los que tienen dinero porque ellos, a pesar de poder pagarse esos servicios deben esperar que les llegue el turno en listas de espera interminables. En ese argumento, el abrir el sistema de salud al sector privado permitiría que los pobres puedan beneficiar de los servicios gratuitos con menores listas de espera. Lo cierto es que está abundantemente documentado que el establecimiento de un sistema de salud para los ricos y otro para los pobres lleva al deterioro generalizado de los servicios de salud y su función social de asegurarle el derecho a la salud que está inscrito en la carta fundamental de las naciones Unidas. Entre otros estudios, baste mencionar que se deterioren los servicios para la generalidad de la población. Es lo que muestran muchos estudios, como el de la OCDE en 2004, que reconoce que la privatización no lleva a una reducción de los costos del sistema público y a un mejoramiento del sistema de salud público. La existencia de dos sistemas paralelos lleva a una trasvasije de los mejores profesionales del sector público hacia el sector privado donde pueden recibir mejores salarios. El debate hace olvidar el hecho que en Québec y en Canadá, no está prohibido el ejercicio privado de la profesión médica. Lo que no se permite es que es que el profesional de la salud que ejerce privadamente pueda acceder al sistema de salud público, financiado por la tarjeta de seguro de enfermedad. Lo que ocurre es que los que pueden acceder al sistema público universal financiado con los impuestos, no desean golpear las puertas del sector privado, muy costoso. Es esta posibilidad la que abre sin embargo las puertas a la existencia en la práctica de una cierta privatización de algunos servicios de salud y exámenes que no están cubiertos por el seguro de enfermedad. Se argumenta también que la incapacidad del sistema de salud de servir en un tiempo razonable algunas cirugías debiera necesariamente abrir las puertas al sector privado. Es lo que permite el bullado fallo de la Corte suprema en el llamado caso Chaulí, que confirma que es un atentado contra el derecho individual, que el sistema universal de salud público no responda a las necesidades de los enfermos que no son graves por lo que obliga al gobierno provincial a buscar soluciones que permitan asegurar el acceso a las cirugías. En lugar de reforzar el sistema de salud privado, es un secreto a voces que el gobierno de Jean Charest se propone autorizar a las compañías de seguros privadas que se ocupen de las cirugías menores, como la de las cataratas, de la rodilla, de la cadera, entre otras. Con ello se espera disminuir las listas de espera garantizando el acceso de todos al sistema de salud. Desgraciadamente, la problemática es mucho más compleja. Para algunos cínicos la imposibilidad en encontrar soluciones eficaces a los problemas del sistema de salud demuestran la falta de interés por un sistema universal y público. Se busca así manipular la opinión pública para que acepte como algo inevitable la existencia de un sistema de salud privado que se ocupará de la parte más rentable y fácil del sistema de salud. No debe olvidarse que el objetivo del sector privado es lograr cuotas de ganancia que fuera de provenir de condiciones de trabajo precarias, provienen de ocuparse de enfermedades a costo seguro, vale decir para las que no aumenten los costos aferentes como en las enfermedades graves o crónicas que requieren muchos exámenes y cuidados de largo plazo que no son rentables porque requieren una gran capacidad instalada. El problema de estas lógicas distintas, de servicio, o de ganancia, hace que el equilibrio ideal es imposible y las experiencias muestran un constante deterioro de los sistemas públicos. El atractivo para los profesionales de la salud por parte del sector de salud privado es semejante a lo que ocurre provocará un fenómeno semejante al que lleva a que son pocos los médicos que desean ejercer su profesión en regiones alejadas que cuentan con pocos profesionales y sufren un deterioro constante de la calidad de servicios. Otro argumento ideológico que se usa a menudo es la apología del sector privado, y la crítica al pecado original del sistema universal que sería ineficiente porque esta controlado por los funcionarios o por un movimiento sindical que consigue condiciones de trabajo privilegiadas. Se trata de un argumento falso en la medida en que todos reconocen el nivel de agotamiento del personal del sistema de salud y los altos niveles de eficiencia que demuestran pese a trabajar con pocos recursos financieros y humanos. Ciertamente, faltan mejores administradoras y una mayor participación social en la definición del sistema que evite el excesivo peso de los funcionarios y la complejidad y la rigidez burocrática, pero la búsqueda de esas soluciones son parte del debate político entre las diversas tendencias que existen en Québec, y que se necesita para mejorar el sistema de salud y encontrar soluciones prácticas. Lo cierto es que a pesar de las críticas que hacen al sistema de salud, los quebequenses siguen oponiéndose a una privatización del sistema de salud y a la imposición de costos directos que terminen con la universalidad del acceso. Ellos recuerdan con razón o por percepción el viejo sistema de salud dominado por las compañías de seguros y el reciente documental del controvertido cineasta Michael Moore que denuncia el sistema de salud privado dominante en Estados Unidos, refuerza ese sentimiento. El debate sobre el sistema de salud es una verdadera batalla ideológica con consecuencias sociales enormes; se trata de un debate sobre el tipo de sociedad en que se quiere vivir. El aspecto más grave del debate es que la privatización, con mayor o menor profundidad, entregará, en mayor o en menor medida el control del sistema de salud a las compañías de seguros privadas que operan con una lógica que no tiene nada que ver con los objetivos de servicio a los pacientes. Es lo que ocurre en los países en los que controlan el sistema de salud, como en Estados Unidos donde el 40% de la población no tiene acceso a ningún seguro de enfermedad, se trata de 50 millones de personas. Ello a pesar de que el sistema de salud estadounidense es uno de los más costosos del planeta. No se trata de un sistema único, debe mencionarse la experiencia Suiza o incluso el caso del sistema de salud neoliberal chileno en el que las compañías de seguros no aseguran el tratamiento de las llamadas enfermedades catastróficas o las enfermedades crónicas por no ser rentables para sus accionistas. Ello ha llevado a que el gobierno deba imponer un programa especial, el llamado plan auge que busca asegurar el servicio de algunas enfermedades graves que no son rentables para las compañías de seguros las Isapres. Lo cierto es que los sistemas paralelos, público y privado, o la existencia de un fuerte sector privado y un sector público destinado a los indigentes no aseguran un mejor funcionamiento social del sistema, aseguran más bien que el acceso a la salud es jerarquizado, aumentando tensiones sociales, conflictos y las injusticias. El debate sobre el sistema de salud quebequense es uno de varios terrenos de conflicto ligados a la globalización neoliberal. En efecto, las compañías transnacionales y sus aliados locales intentan arrebatar al control estatal y controlar lo que consideran como uno de los más lucrativos mercados mundiales que se estima que crece en tres trillones de dólares a escala mundial cada año. La codicia de las compañías farmacéuticas y las que producen equipos médicos son las causantes de la explosión de los costos de los sistemas de salud en el ámbito mundial. Tienen tanta fuerza que han conseguido que se reconozcan sus derechos a aumentar sus ganancias por encima del derecho de los ciudadanos a la salud. La mayoría de los países desarrollados y en los países llamados emergentes o del tercer mundo, han suscrito tratados bilaterales que aseguran el derecho de propiedad sobre los medicamentos producidos por las transnacionales aunque la mayor parte de los fondos que financian la investigación y el desarrollo provienen de fondos públicos. Los tratados bilaterales, los acuerdos del GATT (Acuerdo general de tarifas y comercio) y probablemente como resultado de las negociaciones de la llamada ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio sancionan la primacía de las compañías transnacionales. Por ejemplo se les reconozca el derecho de propiedad sobre sus medicamentos en la mayoría de los países. Como en Canadá, durante 20 años. Se trata de medidas que aumentan los costos de los medicamentos con consecuencias dramáticas en el caso del tratamiento de enfermedades como el SIDA. Las compañías transnacionales farmacéuticas prefieren regalar algunas cantidades de medicamentos en lugar de autorizar la producción de medicamentos genéricos de más bajo costo. Otra gran batalla de las transnacionales es la de obtener la apertura de los servicios médicos para las inversiones y la acción de las compañías extranjeras. Ello se plantea desde la gestión de los hospitales, hasta que los gobiernos estén obligados a comprar sus productos de limpieza y otros sobre la base de no discriminar las compañías extranjeras. Las compañías transnacionales buscan transformar los servicios de salud en nuevo campo de acción privada que traten los pacientes como clientes. Uno de los temas en negociación en la actual ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio persiguen la apertura de los servicios médicos, a las compañías extranjeras. Se trata de un fenómeno ligado al viraje a favor de las políticas neoliberales desde los años ochenta. Entre otros ejemplo está la privatización del sistema de salud británico bajo Margareth Thatcher. También valga mencionar el ejemplo del sistema de salud impuesto por la dictadura de Pinochet en Chile, uno de los ejemplos de políticas neoliberales que se plantea que otros países latinoamericanos debieran imitar. En todos estos casos, el acceso al sistema de salud es jerarquizado por el dinero y no asegura la función social de asegurar la salud de todos los ciudadanos. El sistema de salud público y universal, Quebequés está bajo ataque desde hace tiempo, - pero ni los lúcidos de Lucien Bouchard, ni el crecimiento constante de las clínicas privadas, han conseguido convencer a la población de que la privatización y el fin del principio de universalidad del acceso a la salud pública sea una solución positiva. Aunque todos reconocen que el sistema de salud quebequense está en crisis, existe el temor de botar el bebé con el agua del baño o que el remedio sea peor que la enfermedad. Lo cierto es que los medios tradicionales de comunicación y las elites anuncian la necesidad inexorable hacia la privatización de un sistema de salud que aunque está sometido a enormes presiones es mejor que el resultaría con la privatización. El fallo - hace casi un año de la Corte suprema conocido como el caso Chaouli – abrió una nueva posibilidad para la privatización basada en el argumento que el gobierno provincial es responsable si no puede asegurar el acceso a tratamiento para los enfermos en lista de espera, más allá de un periodo razonable o que les agrava el estado de salud por esperar. Por otro lado, el bullado filme del controvertido documentalista Michel Moore que critica el sistema de salud Estadounidense y ensalza el sistema de salud canadiense, entre otros, lleva agua al molino de los que defienden la universalidad del acceso a la salud y se oponen al establecimiento de un sistema privado que no funciona bien en ningún lado, porque la combinación del sistema privado y el sistema público no asegura socialmente el acceso a la salud.. En este marco la nueva ofensiva privatizadora del gobierno minoritario liberal apoyada por la ADQ de Mario Dumont abrirá un debate que se transformará en un tema importante de las próximas elecciones que se esperan a más tardar la primavera de 2008. Es posible también que el gobierno use las recomendaciones de la Comisión Castonguay para imponer avanxes en la privatización del sistema de salud. Por ello es que se inscribe la vigilancia ciudadana para imponer reformas adecuadas, como las de aumentar los efectivos con los inmigrantes calificados; controlar mejor y asegurar la soberanía del estado frente a las transnacionales de medicamentos y de seguros médicos y buscar soluciones frente al aumento de los costos de medicamentos; asegurar una mayor participación de los que obran en el sector, entre otras medidas. Se trata de lograr que las transformaciones que se le planteen al sistema de salud puedan efectivamente mejorarlo respetando su carácter universal y público. La actual crisis del sistema de salud, no debe ser la justificación para que la salud sea una nueva ocasión de lucro y se imponga el retorno de la dictadura de las compañías de seguro, las que buscan permanentemente reducir costos con la letra pequeña de los contratos y aumentar las ganancias para sus asociados anónimos y conocidos. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor |