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Tema
del Domingo 8 de Junio, 2003
1.- LA INAUGURACIÓN DEL NUEVO GOBIERNO LIBERAL DE JEAN CHAREST ESTA SEMANA
2.- LA FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO ENTRE CHILE Y ESTADOS UNIDOS EN MIAMI
LA INAUGURACIÓN DEL NUEVO GOBIERNO LIBERAL DE JEAN CHAREST ESTA SEMANA
Esta semana causó gran revuelo el discurso de inauguración
del nuevo gobierno liberal de Jean Charest en Quebec. Paradojalmente,
el discurso no trajo grandes novedades por cuanto el nuevo primer
ministro presentó los elementos que contenía su programa
de gobierno presentado ya el año pasado y repetido durante
la campaña electoral.
Lo cierto es que confirmó los temores del mundo sindical en
el sentido de que los liberales se proponen cambiar la ley que prohíbe
la subcontratación y que fue una gran victoria del movimiento
sindical. Algunos observadores califican ya que el gobierno liberal
se asemeja al de Colombia Británica y adopta consignas semejantes
a las propuestas ideológicas de los neoconservadores que se
han enseñoreado de la política en América del
Norte desde la Reaganomics.
En espera de la presentación del presupuesto por parte del
nuevo ministro de finanzas Yves Seguin la próxima semana, la
inquietud se mantiene por las consecuencias de la reingeniería
del Estado surgido de la revolución tranquila que propone Charest.
Como se recordará esta propuesta había sido rechazada
por los electores en las elecciones anteriores. Esta vez fue más
bien el agotamiento del gobierno del partido quebequense antes que
la existencia de una crisis económica que justifique una política
de austeridad lo que permitió el acceso de los liberales al
gobierno. Estos actúa como si Quebec se encontrara en
situación de crisis económica con lo que se revela el
carácter ideológico de sus propuestas. Ciertamente,
el sistema de salud y el de educación se encuentran en crisis
producto de la disminución de los efectivos que fue creada
por la lucha iniciada por otro conservador federal que se transformó
en primer ministro provincial, Lucien Bouchard del partido quebequense
que concluyó el combate por el déficit cero con la disminución
de personal que ahora se busca desesperadamente. En ese marco, la
propuesta de invertir más dinero en la salud, dar un rol más
importante al sector privado al mismo tiempo que disminuir los impuestos
se asemeja de manera evidente de las recetas que Mike Harris aplicó
en Ontario.
Otro tema de inquietud es que persiste la confusión en el expediente
de la promesa liberal de deshacer las municipalidades. Según
los observadores el debate en torno a la separación de las
municipalidades remplazará las antiguas querellas constitucionales.
Como si pudiera asimilarse el problema de la cuestión nacional
al de la problemática de municipalidades que de acuerdo a la
organización estatal canadiense son emanaciones del gobierno
provincial y no un nivel de gobierno que tenga una existencia autónoma
como en el caso de los niveles provinciales o federal. Además,
mientras el Canadá es una Confederación formada por
la decisión de cada provincia de adherir a la Confederación,
en el caso de las municipalidades los opositores buscan mantener entornos
privilegiados con respecto al resto de la región. Ciertamente,
el debate en el caso de la Isla de Montreal, la situación es
compleja porque no sólo se trata de mantener municipalidades
por cuestiones de tipo económico, también se trata de
mantenerlas por razones de tipo lingüístico
Lo cierto es que los debates que se anuncian puede terminar con que
las únicas municipalidades que volverán a su anterior
estatus sean aquellas como Westmount que cuentan con el dinero necesario
para asumir los costos que implica el proceso de desfusión,
porque el gobierno liberal se alinea en torno a la idea de aumentar
los costos de la separación. En efecto, el nuevo ministro de
asuntos municipales se plantea transformar su idea de dejar que se
exprese la democracia a nivel municipal, en dos propuestas que deben
ser dirimidas por los electores. Por un lado se trata de que las nuevas
municipalidades surgidas de la fusión deben proponer una nueva
forma de organización que responda a las exigencias de los
antagonistas de la fusión realizada por la ex-ministra pequista
Louise Harel. Por otro lado los partidarios de volver a la situación
previa, deben tener claro cuales serán los costos de la separación.
Lo cierto es que mientras se espera que se realice el debate en la
Asamblea Nacional las nuevas municipalidades fusionadas como la de
Montreal, están virtualmente paralizadas.
Finalmente, en el campo de las relaciones federales provinciales,
la presencia de la bandera canadiense en la ceremonia de juramento
del nuevo gobierno, ya marcó que el debate constitucional no
será un tema del nuevo gobierno. Ciertamente, la idea de exigir
el fin del llamado desequilibrio fiscal marcará las relaciones
y las posibilidades de alianzas con otros gobiernos provinciales.
Sin embargo, mientras los liberales viven los últimos meses
del gobierno de Jean Chrétien y cuando Paul Martin se prepara
para ser el nuevo primer ministro en enero próximo, el peligro
de aceptación final de la Constitución canadiense de
1981 por el gobierno liberal en Quebec es una posibilidad que
por el momento no se discute.
Los quebequenses se dan cuenta que no sólo cambiaron de gobierno.
Los liberales de Jean Charest implementarán varias de las propuestas
que se le criticaban a la ADQ por considerarlas de extrema derecha.
Los orígenes conservadores de Jean Charest son evidentes en
sus propuestas de gobierno que se sitúa a las antípodas
de los liberales que implementaron la llamada revolución tranquila
en los años sesenta, la que permitió el acceso de Quebec
a la modernidad. El desmantelamiento del rol activo del estado en
la única sociedad francófona de América del Norte,
la que permitió precisamente que pueda asegurarse el desarrollo
del Quebec francés, preocupa a muchos. No sólo
a los críticos de la oposición oficial del partido quebequenses
que se descubren nuevamente sus tendencias socialdemócratas,
sino que además al mundo social y sindical que se prepara para
reivindicar en el caso por ejemplo del fin de la universalidad de
la propuesta de las guarderías, que pese a no constituir un
monto de dinero importante, se trata de una cuestión de principio
para el nuevo gobierno del partido liberal.
El gobierno del primer ministro Jean Charest, elegido el 14 de abril
pasado se plantea una reingeniería del estado quebequense que
deje atrás la herencia de la revolución tranquila proponiendo
temas que se pensaban más propios del programa de la Acción
Democrática de Quebec del malogrado candidato Mario
Dumont. En efecto, el término reingeniería es usado
en la administración del sector privado para aumentar las ganancias
de las compañías. Lo que se traduce generalmente en
el despido de trabajadores. En este caso los liberales se plantean
reducir el rol del estado y dar mayor peso al sector privado. Una
vieja receta que no ha dado resultado sino para el aumento de beneficios
de las grandes empresas.
En la campaña electoral, la izquierda quebequense y los movimientos
sociales fueron eficaces en denunciar el proyecto de la ADQ, los analistas
ahora consideran que como el partido quebequense obtuvo apenas un
tercio de los votos, la mayoría de los electores están
por posiciones de derecha. Lo cierto es que la situación es
mucho más confusa y las propuestas que surgen del gobierno
de Jean Charest son asimiladas ahora a las políticas del conservador
ex-primer ministro de Ontario, Mike Harris o las del actual primer
ministro liberal de Colombia-Británica, plantean desafíos
de vigilancia para los movimientos sociales. La situación se
clarificará con la presentación del presupuesto la próxima
semana.
LA FIRMA DEL TRATADO DE LIBRE COMERCIO ENTRE CHILE Y ESTADOS UNIDOS EN MIAMI.
El viernes 7 de Junio de 2003 se firmó finalmente en Miami, en
una ceremonia de bajo perfil, el Tratado de libre comercio entre Chile
y Estados Unidos luego de doce años de negociaciones confirmando
así el acuerdo obtenido en diciembre del año pasado. La
última etapa que falta para la entrada en vigor del acuerdo es
su ratificación por parte de los Congresos de los dos países.
La Casa Blanca cuenta desde el año pasado con el Trade Promotion
Authority, más conocido como Fast Track. Esa disposición
permite que la presidencia presente en bloque un proyecto de Tratado
comercial y el Congreso está obligado a ratificarlo o rechazarlo
sin poder modificarlo y en un periodo máximo de 90 días.
Por ello los observadores estiman que el TLC entrará en vigor
en enero de 2004.
Se trata de un acuerdo de tipo comercial que influenciará no
sólo el desempeño de la economía y la sociedad
chilena sino que además tendrá un importante impacto a
nivel de América latina porque se inscribe en la estrategia comercial
de la casa Blanca en su zona de influencia latinoamericana para asegurar
su predominio económico con el Acuerdo de libre comercio de las
Américas o mediante la firma de una seguidilla de tratados bilaterales
que aseguren la hegemonía estadounidense sobre la región.
En esa medida la firma del tratado ubica al gbierno chileno en contradicción
con la estrategia de los países del MERCOSUR y de la región
andina que plantean modificaciones al ALCA. Lo que salva al gobierno
chieno es que su estrategia de apertura no se realiza solamente con
Estados Unidos, sino que también con la Unión europea
con la que firmó un acuerdo Asociación el año pasado
y además con Corea del Norte. Valga señalar que la economía
chilena se encuentra entre las diez economías más abiertas
a la economía mundial al lado de Singapur entre otros. El TLC
con Chile entrará para aprobación en al congreso al mismo
tiempo que el con Singapur.
Se trata del primer tratado de libre comercio entre Estados Unidos y
un país de América del Sur, y el sexto a nivel mundial.
La conclusión del acuerdo con Chile y con Singapur que viene
después del acuerdo con Jordania, muestra que Estados Unidos
fortalece sus estrategia de firma de acuerdos de libre comercio bilaterales
no sólo en el marco regional del ALCA sino que también
en el marco de las negociaciones en curso en la Organización
Mundial de Comercio. Con el fin de hacer avanzar su estrategia de imponer
acuerdos de libre comercio de nueva generación vale decir que
incorporen el trato nacional para las inversiones, el derecho de propiedad
de las compañías multinacionales que beneficia sobre todo
a las compañías farmacéuticas y los mecanismo de
solución de diferendos que permiten que las empresas puedan enjuiciar
los estados no sólo por expropiaciones sino que además
porque las decisiones ambientales o de otro tipo puedan limitar las
ganancias de los inversionistas. En el caso de América latina
se inscribe en la estrategia de contrarrestar las veleidades de Brasil
o Venezuela mediante acuerdos bilaterales como América Central.
Para el representante comercial estadounidenses Robert Zoelick la firma
del tratado fue un evento que pavimenta el camino para la firma del
Acuerdo de libre comercio de las Américas. Un premio para Chile
que es considerada e como la economía más libre y competitiva
de América latina.
En el caso del gobierno de Chile el Tratado de Libre Comercio es un
éxito del gobierno de Ricardo Lagos. Más allá de
ello sin embargo, marca la culminación de la política
de apertura económica unilateral iniciada con la revolución
neoliberal y de apertura al comercio mundial impuesta en 1976 por la
dictadura de Pinochet traducida en baja de aranceles y el tratamiento
nacional del inversionista extranjero con el llamado decreto 600, con
lo que se destruyó la industria nacional y se impuso un modelo
de desarrollo basado en la exportación de recursos naturales
con poco valor agregado.
A esta estrategia, los gobiernos civiles electos desde 1990, con Patricio
Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos agregaron la reinserción
de Chile en el concierto de naciones mediante el establecimiento de
una gran cantidad de acuerdos de libre comercio y de todo tipo, incluyendo
garantías para las inversiones de las compañías
multinacionales. Ello permitió el aumento de las inversiones
y la mantención de la expansión económica iniciada
a mediados de los ochenta con el desarrollo de nuevos productos como
los salmones, las paltas y otros. En los últimos doce años
Chile logró establecer una gran cantidad de acuerdos de libre
comercio, con Mexico, con Canadá, con Costa Rica entre otros.
En el último año estableció tratados con la Unión
Europea y con Corea del Sur y ahora con Estados Unidos. Según
Osvaldo Rosales el Director de relaciones internacionales de la chancillería
(DIRECON), Chile tiene acuerdo de libre comercio con mercados que cuentan
con el 57% del PIB mundial. Ello no puede más que consolidar
el carácter de exportación de productos naturales con
algún nivel de transformación reducido que según
los analistas se comienza a agotar desde la crisis de 1998.
En esa medida, el acuerdo de l libre comercio con estados Unidos se
inscribe en la estrategia del gobierno de la Concertación de
partidos por la democracia de profundizar la estrategia que persigue
asegurar el acceso de Chile a los mercados extranjeros mediante acuerdos
comerciales. Al mismo tiempo que mantiene niveles de apertura económica
que han sido caracterizados por la Heritage Foundation en su Informe
Anual de la Libertad Económica como una de las más abiertas
Esta estrategia se combina en los últimos años con la
del desarrollo de Chile como plataforma regional para las inversiones
de compañías multinacionales internacionales que por el
nivel de apertura de la economía chilena pueden usar ese mercado
para instalar sus sucursales para América latina. Un rol semejante
al que juega en los últimos años Irlanda con respecto
a Europa.
Más precisamente, y dentro del marco de las estrategias generales
que consolida, el tratado de libre comercio con Estados Unidos tiene
beneficios y costos enormes para Chile.
El Tratado de libre comercio fue presentado por el gobierno chileno
liderado por el socialista Ricardo Lagos, como un acuerdo que ubica
a Chile en el concierto de las grandes naciones permitiendo el acceso
a un mercado de más de 250 millones de consumidores, permitirá
la llegada de nuevas inversiones, bajará aún más
la cotación del riesgo país y aumentar de manera significativa
el intercambio con Estados Unidos. Se espera que las exportaciones pasen
de 3600 millones a 5000 millones de dólares dentro de tres o
cuatro años. El tratado, permitirá según sus partidarios
aumentar en 2% el producto interior bruto.
La firma augura sin embargo una relación de subordinación
de Chile frente a su aliado comercial. Un indicador de aquello es que
el presidente estadounidense Georges Bush infringió una falta
de respeto diplomático al no firmar personalmente con Ricardo
lagos el tratado en la Ciudad de Washington Según losobservadores
fue en castigo porque Chile no apoyó la guerra de la casa Blanca
contra Irak, en el Consejo de seguridad de la ONU, donde es miembro
por dos años. La ceremonia de firma se realizó entre personeros
menores: la ministro de relaciones exteriores Soledad Alvear y el negociador
comercial Robert Zoelick que ni siquiera es del mismo rango protocolar
que la ministra de relaciones exteriores de Chile. También estuvo
presente el gobernador de Miami Jeff Bush, el hermano del presidente
estadounidense.
La firma del acuerdo se realizó en el palacio Vizcaya de Miami
que, aunque fue presentado por el gobernador de la Florida Jeff Bush
(hermano del presidente) pueda ser presentada como la puerta de entrada
a Estados Unidos, lo cierto es que se asemeja históricamente
a la entrada al patio trasero de Estados Unidos.
Con respecto al Tratado, este cuenta con 15 capítulos. Entre
ellos los tradicionales que corresponden a la apertura al comercio de
mercancías caracterizado como el acceso a mercados, pero es notable
la ausencia de una capítulo referido al control de las medidas
para contrarrestar el dumping.
Después del acuerdo el 87% del volumen exportado no tendrá
aranceles en dos años sería del 95%. El tratado aumentaría
en 2% el PIB haciendo pasar de 3600 millones a 5 mil millones las exportaciones
a Estados Unidos. También permitirá el desarrollo de algunas
exportaciones especificas como los salmones y las paltas, entre otras.
Un efecto negativo es el de la eliminación progresiva del sistema
de banda de precios que permitió salvar los sectores agrícolas
del trigo y del azúcar contra el sistema de dumping
que practican los países desarrollados. Además de ello,
el tratamiento recíproco igual entre países con una desigualdad
enorme en términos de mercado y en términos de capacidad
económica. En ese caso Chile reforzará su modo de producción
de país exportador de materias primas y recursos naturales y
en el mejor de los casos recibir empresas contaminantes y transformarse
en algo semejante al norte de México.
Es importante destacar que por el tipo de gestión estatal chileno,
que supone dejar al sector privado y al mercado el funcionamiento de
la economía (Chile es el país más privatizado del
planeta), pero gracias a impuestos se busca moderar los efectos negativos
del funcionamiento del mercado principalmente gracias al Impuesto al
Valor agregado. En este caso el ministro de hacienda Nicolás
Eyzaguirre se plantea aumentar el IVA en dos puntos al 17% durante dos
o tres años para compensar la disminución de las recaudaciones
estatales producto de la baja de los aranceles (del orden de 500 millones
de dólares). Es así como son los consumidores chilenos
los que van a pagar por las reducciones de aranceles que benefician
a las empresas exportadoras e importadoras. Esos fondos permitirán
financiar la modificación del sistema de salud gracias al llamado
plan AUGE que busca asegurar la atención en caso de las llamadas
enfermedades catastróficas. Servirán también para
financiar el proyecto Chile Solidario que busca apoyar los sectores
más pobres.
Otro efecto negativo se refiere a que Chile se ve obligado a eliminar
el sistema de encaje mínimo por un año de las inversiones
limitando así el efecto de los capitales golondrinas que favorece
la especulación y provocó la crisis en México y
Argentina. Aunque Chile rebajo el encaje a 0% desde la crisis de 1998,
la eliminación de un mecanismo de control financiero importante
que se instalara, valga anotarlo, durante la dictadura militar de Pinochet,
con el fin de evitar la repetición de la crisis de 1982.
Además en el marco de los acuerdos sobre las inversiones, d ela
propiedad intelectual y de la solución de diferendos, el Tartado
se inscribe claramente en la misma linea del acuerdo de libre comercio
de América del Norte, ALENA, donde el llamado capítulo
14 ha producido enormes críticas porque permite que las empresas
puedan enjuiciar los estados gracias a una definición extendida
de la expropiación. Se trata aquí de un acuerdo que escapa
a la dimensión exclusivamente comercial.
Además, el tratado significa la apertura de todos los sectores
económicos a la inversión extranjera, incluidas la salud,
la educación y otros donde imperará el criterio de tratamiento
nacional para el capital extranjero. En esa medida lo que se busca es
abrir las puertas a una especie de acciones conjuntas entre capitales
extranjeros o chilenos como si el territorio chileno no tiene opacidad
ni deba protegerse sectores de la industria nacional.
En el tema de la propiedad intelectual, el Tratado va más allá
que el ALENA y se espera que sirva de modelo para los debates de la
actual ronda de negociaciones en la Organización Mundial de Comercio.
Ello favorece el reconocimiento de las patentes inscritas por las multinacionales.
El tratado no sólo tiene impactos económicos. El acuerdo
obliga a la formulación de cambios legislativos y de funcionamiento
del Estado chileno. En primer lugar, se trata de que se abre a los inversionistas
estadounidenses las compras estatales. Vale decir que las empresas estadounidenses
pueden competir en las mismas condiciones que las chilenas por contratos
estatales a través del sitio Internet recientemente creado. La
legislación se encuentra incorporada en la llamada agenda de
probidad.
A pesar de todos los elementos anotados anteriormente, el Tratado de libre
comercio de Chile con Estados Unidos, no marca una línea de inflexión.
Se trata, en el mejor de los casos, de la culminación de una
política económica establecida en los inicios de la dictadura
militar de Pinochet. Por ello puede afirmarse que consolida y limita
el margen de maniobra del estado chileno, porque cuando un pequeño
país con un mercado de 15 millones de habitantes entra a jugar
en la corte de los grandes, al jugar con el elefante estadounidense
es fácil ser aplastado. En ese orden de cosas, es preocupante
que el tratado fuera firmado en Miami, en la puerta trasera del imperio
y no en Washington.
Lo que puede salvar a la economía chilena, sin embargo es que
también ha establecido el mismo tipo de acuerdos comerciales
con otros países que contrarrestan en alguna medida la dependencia
que creará el Tratado, como ocurre en el caso de Canadá.
La asociación con la Unión Europea, con Corea del Sur
y la serie de acuerdos de libre comercio en las Américas o en
negociación indican que Chile balancea el peso del tratado con
una incorporación agresiva a la economía mundial. Con
ello que puede jugar a balancear su situación de dependencia
de la economía mundial y no sólo de la principal potencia
mundial.
La tendencia es más preocupante cuando se considera el agotamiento
de la gobernante Concertación por la democracia que por lo menos
asegura una relativa distribución de los ingresos hacia los sectores
más pobres. En efecto, la coalición gobernante se va transformando
en un bloque que tiene dificultades en regenerar y reforzar su relación
con su base social de apoyo (democratacristiana o socialista). Preocupante
también porque la coalición gobernante comienza a mostrar
signos de corrupción como en otros países de América
latina. Entre otros, con el llamado escándalo del GATE, o coimas
exigidas por diputados desaforados. También con experiencias
de gestión poco transparente como con los llamados sobresueldos
pagados paralelamente por constructoras a los funcionarios del Ministerio
de Obras públicas y que han llevado a prisión a ex-ministros
y funcionarios. Aunque la Corte Suprema ha considerado que esas experiencias
no son necesariamente casos de fraude al Fisco, lo cierto es que han
permitido que la oposición de derecha obtenga mediante la llamada
agenda de probidad limitar el poder de la presidencia.
Algunos observadores estiman que el pragmatismo que domina en la coalición
gobernante explica la continuidad de una política de apertura
económica sin límites. Ello explica que luego de años
de tergiversaciones en materia de castigo a los culpables de violaciones
de derechos humanos y de reparaciones limitadas en favor de los familiares
de las víctimas de detenidos desaparecidos, la proposición
de poner punto final en el expediente de los detenidos desaparecidos
haya sido asumida por la oposición de derecha con una propuesta
de compensaciones monetarias para los familiares de detenidos desaparecidos
mientras Pinochet, presunto enfermo según la justicia chilena
se pasea por el país.
El contenido del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Chile,
aunque no marca un cambio de política de los gobiernos de la
Concertación, es preocupante precisamente porque facilita el
camino para una victoria de la coalición de derecha dirigida
por Joaquín Lavin en las elecciones de diciembre de 2005. n esas
condiciones, las promesas del presidente Ricardo Lagos en el sentido
que el Tratado también favorecerá a los pobres quedará
como letra muerta.
Marcelo Solervicens
Las
opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad
de su autor |
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