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por MARCELO SOLERVICENS |
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1.- La crisis política Canadiense.
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Apenas reelegido en octubre, el gobierno minoritario conservador de Stephen Harper sobrevivió esta semana frente a la coalición opositora formada por el Partido Liberal y el Nuevo Partido Democrático, apoyada por el Bloque quebequense. Para ello debió aconsejar a la gobernadora general, Michaèle Jean de “prorrogar” el parlamento hasta el 26 de Enero. Con ello cerró los debates en parlamento y se las arregló para ganar tiempo y evitar el voto de confianza previsto para el 8 de diciembre y abandonó el enunciado económico que causó las iras de la oposición. El 26 de enero comienza una nueva sesión en la que Stephen Harper debe presentar un nuevo “discurso del trono” y en la que se espera que proponga un nuevo presupuesto que evite el llamado a elecciones generales. Stephen Harper sale debilitado de la crisis, porque perdió la confianza de la Cámara con su enunciado económico que no tenía nada que ver con la crisis económica y perdió su prestigio de estratega. La oposición formada por la coalición salió debilitada porque al aparecer liderada por el impopular líder saliente del partido liberal, dio flanco al contraataque de Stephan Harper. El Canadá salió debilitado porque se postergaron la adopción de medidas para enfrentar la crisis económica y ayudar a sus víctimas. Lo cierto es que fue un verdadero terremoto que hace que la política canadiense se mantiene en una zona de incertidumbre. Veamos algunos antecedentes. En primer lugar, es importante destacar que fue Stephen Harper quien provocó la crisis que casi le costó su puesto. Actuó como si hubiera sido elegido como gobierno mayoritario, a pesar de haber sido elegido nuevamente con un gobierno minoritario, lo que en el sistema parlamentario de origen británico significa que debe contar con el apoyo de por lo menos parte de la oposición para obtener una mayoría en los llamados votos de confianza que se refieren por ejemplo a votar favorablemente en el enunciado económico. En efecto, por un lado, sin haberlo mencionado en la campaña o en ningún otro momento, planteó eliminar la subvención de un dólar noventa y cinco centavos por cada voto recibido por un partido en las elecciones. Esta medida fue establecida por Jean Chrétien para hacer más transparente el financiamiento de los partidos políticos evitando los famosos sobres amarillos con dinero en efectivo revelados por la comisión Gomery en el llamado escándalo de las Comanditas. Considerando que los liberales tienen dificultades financieras, esto era una movida que ahorraba apenas 26 millones al Estado, pero que era como castigar en el suelo al partido liberal, justificando la tesis que el objetivo de Harper era el de destruir el partido liberal como lo revela uno de sus biógrafos. Esta medida innecesaria, se agregaba a que el gobierno planteaba suspender el derecho a huelga de los empleados públicos y limitar el recurso a los tribunales en causas relativas a la equidad salarial entre hombres y mujeres, además, planteaba vender una serie de inmuebles federales para equilibrar el presupuesto. En suma, se trataba de una respuesta neoliberal a la crisis económica siendo que en todo el mundo la repuesta que se ha elegido es precisamente la contraria: se estimula la economía en lugar de contraerla como lo planteaba el enunciado. El gobierno conservador planteaba esperar que la situación empeorara antes de proponer medidas de apoyo después de que asumiera Barack Obama en Estados Unidos. La estrategia de Harper era de aprovechar la debilidad de los liberales, que están en campaña para elegir un nuevo jefe y tienen sus arcas desprovistas de dinero, para ahogar los otros partidos que no se atreverían a llamar nuevamente a elecciones. El subterfugio era demasiado evidente y efectivamente los partidos de oposición señalaron que votarían contra el enunciado, pero que para evitar nuevas elecciones y en respeto del sistema parlamentario, formaría una coalición de gobierno que propondrían a la gobernadora general en reemplazo del gobierno conservador. Harper debió retroceder, pero efectivamente, la confianza se había perdido, según los partidos de oposición. Que la propuesta de la coalición formada por el partido liberal y el NPD con el apoyo del bloque quebequense que sin ser parte de la coalición la poyaba por lo menos hasta junio de 2010, era viable, lo mostró que Harper se jugara por evitar el voto de confianza y recurriera a la medida última en sistema parlamentario de prorrogar el funcionamiento de la cámara, lo que es contrario al espíritu del sistema parlamentario que depende siempre del parlamento. El gran error de la coalición fue de colocar al impopular Stephan Dion como primer ministro del gobierno de coalición que reemplazaría al gobierno ministerial conservador. Principalmente porque Stephan Dion se retira de sus funciones cuando los liberales elijan un nuevo jefe en su congreso de junio, pero además porque el consiguió la peor votación para los liberales en la historia de Canadá. Por ello luego del fracaso de la coalición en obtener el apoyo de la gobernadora general, se levantan voces abiertamente para designar a Michael Ignatief como jefe de los liberales en el caso de que Stephen Harper vuelva a la guerra con su discurso del trono en enero. El gran error de Harper fue no sólo de mostrar abiertamente que no tiene plan para enfrentar la crisis económica, sino que también de invocar como critica a la coalición el que esta incluyera los separatistas. Con ello mostró que sus propuestas hacia los quebequenses, expresadas en el llamado federalismo de apertura, no eran más que medidas de tipo propagandístico para ganar votos en la provincia, pero que el Stephen Harper del partido reformista, y crítico de Quebec era su verdadera posición. Los observadores coincidieron que Harper se había sacado la máscara de apertura hacia Quebec. Incluso Harper llamó a manifestarse contra la traición de Stephan Dion a la unidad de Canadá. Por otro lado mostraba un doble discurso al hablar de separatistas en inglés y de soberanistas en francés. Incluso en el Canadá inglés planteaba que Dion había vendido el país a los separatistas y en francés planteaba que fueron los soberanistas del bloque quebequense que se habían vendido a los federalistas representados por Stephan Dion, el padre de la ley sobre la ley de la “claridad referendaria”. A pesar de que la crisis terminó el jueves con la aceptación de parte de la gobernadora general del consejo del primer ministro Harper, y que fue notorio que se demoró mas de dos horas en convencerla, ayer se realizaron manifestaciones en todo el país que muestran divisiones regionales y que la situación solo se ha postergado. Stephan Harper se ha puesto en campaña para obtener los 12 votos de parlamentarios que le faltan para sobrevivir a un voto de confianza para que su discurso del trono y del presupuesto sea aprobado. Está claro sin embargo que Harper sale debilitado y algunos de sus miembros de partido han hablado abiertamente de la necesidad de reemplazarlo luego de este error que casi hace perder el poder a los conservadores. Los liberales tienen la gran tarea de designar muy rápidamente su nuevo jefe, porque en caso contrario está claro que no podrán ir a nuevas elecciones y se repetirá el escenario de impotencia del último parlamento frente al voto del presupuesto. En cuanto a la coalición, no está claro si esta sobrevivirá porque ella depende de lo que proponga Stephen Harper, quien de seguro propondrá un nuevo presupuesto que tendrá aspectos populistas que le permitirán conquistar algunos diputados liberales o ir en mejores condiciones si hay llamado a elecciones. Ciertamente, el sistema parlamentario obliga a los liberales y al NPD de plantearse una coalición para enfrentar a la derecha unida en el partido conservador, pero ello no parece posible por el momento. El bloque quebequense sale fortalecido de la crisis, porque con la votación obtenida en Quebec, fue quien impidió que Harper obtuviera un gobierno conservador mayoritario. En ese caso Harper podría haber impuesto las medidas que causaron la unidad de la oposición. Sin embargo, la crisi revela también las profundas diferencias regionales de Canadá, con el gran respaldo de que gozan los conservadores en las provincias del Oeste. Un dato que va más allá de los debates entre izquierdas y derechas y que tienen que ver con las profundas fallas del federalismo canadiense. En ese marco y aunque parece difícil que resurja una crisis constitucional, lo cierto es que el Quebec aparece más distintivo que nunca y las elecciones de mañana para elegir los diputados de la Asamblea Nacional de Quebec adquieren una nueva dimensión. Más de cinco millones de electores quebequenses deben concurrir a las urnas el 8 de diciembre para elegir los 125 diputados de la asamblea nacional de Quebec, cuando la disyuntiva parece ser entre un gobierno mayoritario liberal o un gobierno liberal minoritario. Por su parte, el partido quebequense de Pauline Marois está asegurado de obtener la posición de oposición oficial y la Acción democrática de Mario Dumont pelea para mantener estatus de partido político reconocido en la Asamblea nacional, vale decir elegir 10 diputados. Además, Quebec Solidario parece encaminarse según los observadores a poder hacer elegir Amir Khadir en la circunscripción de Mercier. Si se consideran todos estos cambios en la relación de fuerzas políticas y el trasfondo de posible recesión económica, se trata de elecciones importantes. Sin embargo, el interés ha estado ausente y se teme que la participación sea baja. En los últimos días los partidos de oposición, sacan una lectura diferente de la que hace Jean Charest sobre la crisis política en Ottawa. Tanto Pauline Marois, como Mario Dumont insisten creen que Charest puede provocar sorpresas y repetir lo que hizo en su mandato mayoritario, promoviendo que aunque los gobiernos mayoritarios sean estables, los gobiernos minoritarios permiten controlar las veleidades de los gobernantes, como le ocurrió a los conservadores de Stephen Harper. Luego de 33 días de campaña entrecortados por la crisis política en el parlamento federal, y sin mayor interés del electorado, excepto en los últimos días, Jean Charest parece ganar su apuesta: de que aunque los electores no lo deseen, puede convocarles a elecciones cuando el calcula que puede obtener la mayoría de los parlamentarios, aprovechándose de la debilidad de la Acción democrática de Mario Dumont. Su argumento no ha variado, se trata de elegir un gobierno mayoritario liberal para enfrentar la crisis económica en nuestras puertas. No está claro sin embargo, como se plantea enfrentar la crisis y cuestiones inquietantes aparecen en el sentido de que efectivamente aplicará una política neoliberal semejante a la que propuso Harper, vale decir, dejar que el mercado arregle la crisis. Por ejemplo se opone a revelar el estado de la Caja de Depósitos e Inversiones (la Caisse de depót et placement) que según la oposición habría perdido su valor y que justificaría alzas de cotizaciones para el seguro de automóviles, la alza de la electricidad entre otras. Es curioso también que los partidos de oposición no hayan conseguido imponer como tema el de la evaluación de su mandato. Se dio en la campaña la situación de que los liberales luego de estar 6 años en el poder todavía critican al partido quebequense como si estuvieran en campaña para reemplazarlo y no que deben dar cuenta de seis años de gobierno mayoritario y minoritario. Jean Charest consiguió efectivamente y gracias a su asesor de imagen mutarse en lo opuesto de su primer mandato mayoritario y se encamina a ser por tercera vez primer ministro, algo que no ocurría desde el gobierno de Maurice Duplessis. Frente a la crisis no ha planteado nada concreto y frente a las negativas de Ottawa, aparece sin relaciones de fuerza para defender los intereses de la provincia, sobre todo ahora que Harper la dejó fuera de sur radar. Por su parte Pauline Marois, como jefe del partido quebequense y primera vez que una mujer postula al cargo de primer ministro, ha hecho una campaña correcta, sin embargo sufrió del hecho de que no estaba preparada. También sufrió de haber sacado el tema de la soberanía de la campaña política, aunque este ha vuelto a instalarse producto de la crisis política de Ottawa y la ruptura de Harper con los electores quebequenses. Sufrió también de haber posicionado el partido quebequense al centro político que ya está ocupado para estas elecciones por el partido liberal de Jean Charest, por ello es que su plataforma parece intercambiable con la de Jean Charest en cuanto a las guarderías, al sistema educacional, en el sistema de salud. Ello debiera normalmente ayudarle cuando un gobierno está desgastado por el ejercicio del poder, sin embargo Jean Charest, eligió bien el momento para llamar a elecciones porque mejoró su imagen al tener un perfil muy bajo desde que estaba a la cabeza de un gobierno minoritario. El gran error de Pauline Marois ha sido de no atacar el primer mandato de Jean Charest y el hecho de que puede resurgir el mismo Jean Charest en cuanto sea nuevamente mayoritario. Lo ha hecho en los últimos días, pero ha estado en la defensiva de los anteriores gobiernos pequistas, como si Jean Charest no gobernara desde hace 6 años. Por su parte, Mario Dumont, lucha por su sobrevida y a pesar de gozar de una cobertura extraordinaria de los medios, parece haber perdido el capital de simpatía que le dieron los quebequenses durante casi 18 años. Sus políticas y propuestas de populismo conservador aparecen gastadas y se equivocó medio a medio con su aliado conservador a quien apoyó públicamente en la campaña federal anterior. El giro centrista y el abandono de la prioridad por la soberanía de Quebec, por parte del PQ, hace que el partido Quebec Solidario pueda específicamente en la circunscripción de Mercier y en menor medida en Gouin, pueda elegir a uno de sus portavoces, ya sea Amir Khadir o Francoise David, respectivamente. Es lo que opinan diversos observadores, que critican también a Pauline Marois el no haber llegado a un pacto con Quebec solidario o con el Partido Verde para ganar las elecciones, una especie de coalición de estilo quebequense. A pocas horas de las elecciones y habiendo sido la campaña avara en encuestas, todo indica que normalmente los quebequenses se despertarán el martes con un gobierno liberal mayoritario, es de esperar que no sea una reedición del primer gobierno de Jean Charest, que causó una verdadera movilización social. Sin embargo, algunos pronósticos apuntan a que existe una serie de circunscripciones en las que los resultados no aparecen claros porque todo depende de adonde se van los votos de los que votaron por la ADQ en las últimas elecciones, sobre todo entre los francófonos donde Pauline Marois tiene mayoría. Por otro lado, es difícil también concluir sobre los efectos de la crisis política en Ottawa. Para Jean Charest, esa crisis justifica que se elija un gobierno mayoritario liberal. Para otros, la crisis mostró precisamente la importancia de tener un gobierno minoritario para cerrar el camino a los abusos de un gobierno mayoritario que hace cosas diferentes que las que le prometió a los electores. Los silencios de Jean Charest en una serie de áreas justifican la prudencia, y en esa medida un gobierno minoritario con contrapeso es una buena póliza de seguro frente al posible regreso del Jean Charest neoliberal, porfiado y arrogante del primer mandato mayoritario. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y Secretario General de AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias). Colabora con TuGuíaLatina de Montreal desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor. |
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