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Temas
del Domingo 5 de Enero, 2003
1. REFLEXIONES SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA INTERNACIONAL A COMIENZOS DEL 2003.
2. LA SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL EN AMÉRICA LATINA.
REFLEXIONES SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA INTERNACIONAL A COMIENZOS DEL 2003.
Luego del fin de los recuentos anuales es importante analizar cuales son las tendencias más importantes de la situación internacional para el año 2003. Es indudable que la dinámica principal del sistema político-militar internacional está dada por las acciones de Estados Unidos, potencia hegemónica del mundo unipolar surgido del fin de la guerra fría.
A pesar de ello, se aprecia una clara incoherencia entre los procesos reales de las diferentes regiones del planeta y los intentos de la autoproclamada primera potencia planetaria por organizar el mundo en función de sus intereses particulares. Ello principalmente por que mientras el resto del mundo busca, a través de sus instancias multilaterales, terminar con el hambre como fue planteado por la Agenda del Milenio, o bien, desarrolla planes para, entre otros, contener los gases que producen el calentamiento del planeta, la potencia hegemónica no se preocupa por esos temas y trata de imponer una agenda mundial en función de su obsesión por la seguridad en la guerra contra el terrorismo y con la demostración prepotente de su poderío militar en Irak, sin que haya construido una justificación suficiente.
El primer aspecto que salta a la vista es que el mundo en 2003 aparece marcado por el carácter unipolar del sistema internacional, luego del desplome de las experiencias socialistas del Este europeo. En ese marco, el plano regulador de la interpretación del mundo en torno a un esquema bipolar ha desaparecido, sin haber sido reemplazado por un esquema de tipo unipolar que permita interpretar el mundo. La definición del enemigo es un mecanismo que permite actualizar la existencia del esquema internacional. El primer ensayo fue en favor de interpretarlo en función del combate contra las drogas y el narcotráfico, sin embargo por su carácter focalizado, ello no permitía construir un esquema mundial de interpretación. Esto era complementado por la propuesta de la globalización y el desarrollo de la democracia a nivel mundial acompañada por el desarrollo de la libre empresa. Sin embargo aquel esquema presentaba evidentes riesgos al revelar las incongruencias de los tradicionales, dos pesos, dos medidas, de la política internacional de Washington.
Hasta los atentados suicidas del 11 de septiembre de 2001, se vivió una larga transición de 10 años, marcada por la reflexión, en círculos de Washington, de como llenar de contenido simbólico el nuevo rol de potencia hegemónica incontestada de Estados Unidos en el siglo XXI. La reacción rápida y coherente de la Casa Blanca y el Pentágono frente a los atentados suicidas con la formulación de la guerra contra el terrorismo y el anuncio de la nueva doctrina, llamada de ataques preventivos confirma que Washington busca asegurar, consolidar y defender su rol dirigente del sistema internacional unipolar. La doctrina Bush de los ataques preventivos reemplazó el discurso de defensa de valores universales como los derechos humanos o la democracia, esgrimidos durante la administración Clinton, por una visión egoísta que persigue abiertamente mantener los Estados Unidos como potencia hegemónica atacando, si es necesario, cualquier país que pueda cuestionar su poder, asegurándose el monopolio del uso último de la fuerza como es el del arma nuclear a nivel internacional.
Valga señalar que la guerra contra el terrorismo y contra los llamados ìejes del malî otorga un rol de gendarme internacional a Washington y justifica el despliegue de su presencia militar a nivel mundial en regiones como Afganistán, que anteriormente no controlaba. La guerra contra el terrorismo se inscribe en la lógica de la seguridad, un reflejo tradicional de las clases dominantes desde el descubrimiento del miedo a las clases peligrosas, por el liberalismo, en el siglo diecinueve. Es la lógica de las ciudades modelo de California, atrincheradas tras barrotes que crean una ilusión de seguridad al interior de muros que vistos de afuera, asemejan más una cárcel que un espacio de libertad. Es la instalación de barrotes y zonas protegidas por las burguesías latinoamericanas en México o en Brasil o Chile para protegerse de la delincuencia económica. Es el cierre de las fronteras en los países del norte para impedir que regresen los descendientes de inmigrantes que partieron a conquistar el mundo o para impedir que los condenados de la tierra pretendan acceder a los beneficios de los países desarrollados construidos gracias a las desigualdades del sistema internacional.
La estrategia de la administración Bush es de carácter represivo, está ligada a las concepciones radicales de la derecha fundamentalista estadounidense. Fue derrotada la alternativa de los llamados liberals estadounidenses representados, entre otros por el ex-presidente Jimmy Carter. Cuando este recibió el premio Nóbel de la Paz, que planteó que el desarrollo económico es un mejor mecanismo que la guerra, para evitar que se siga desarrollando el odio contra los Estados Unidos por las poblaciones que sufren los efectos de la iniquidad del sistema mundial, por los musulmanes del medio Oriente de África, Asia o América Latina. Ello no significa que esa alternativa que es de carácter más económico y soft desaparezca, pero que los halcones se apoderaron de la Casa Blanca con la misma lógica que cree que la pena de muerte permite reducir la criminalidad, pese a que todos los estudios demuestran que se trata de variables independientes.
Lo cierto, es que el análisis revela que la estrategia de Washington es una construcción ideológica, que algunos creen poder desmontar fácilmente. Para algunos se trata de los últimos coletazos del Imperio que recurre, como en las postrimerías del Imperio romano a atrincherarse para protegerse contra los bárbaros, que no son sólo los otros, los que no comparten los valores occidentales y llevan al llamado choque de civilizaciones de Huntington, sino que son, además, todos quienes se oponen al pensamiento único, al modo de vida que la potencia hegemónica busca imponer en el mundo. Entre ellos, son también enemigos bárbaros, los del movimiento internacional que promueve que otro mundo es posible. Ello mientras que el imperio tiene pies de barro como lo revela el escándalo de Enron y otras compañías transnacionales estadounidenses.
Se asiste a un intento de reorganización del mundo sobre la obsesión por la seguridad, pero que construye su contrario, la inseguridad, porque esa política llevará probablemente el mundo en 2003 a conflictos y guerras irracionales e innecesarias, coherentes únicamente con los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Es el caso de la guerra innecesaria contra Irak, que hasta el Papa Juan Pablo II se permitió cuestionar recientemente. Guerra guiada por el revanchismo contra un antiguo aliado y para asegurar la dominación de las petroleras estadounidenses en el golfo pérsico. Una lógica semejante anima la psicosis creada frente a la decisión de Corea del Norte de reactivar sus centrales nucleares. Como si Washington no supiera que ese país pertenece al reducido grupo de potencias nucleares y persigue terminar con victorias no logradas con el fin de la guerra fría. Una lógica que animará la agudización de tensiones con América latina por los intentos de nuevas experiencias autónomas como la de Brasil o de Ecuador, donde se repetirán las políticas desestabilizadoras que están siendo aplicadas contra la Venezuela de Chavez.
Sin embargo, tras el discurso ideológico que esgrime como fundamento del sistema internacional el conflicto entre la potencia hegemónica y los bárbaros terroristas, el mundo sigue andando. Numerosos conflictos existentes a nivel mundial escapan a la lógica del Imperio con el fin organizar un sistema internacional unipolar bajo su control. Son los conflictos locales o regionales que están animados por lógicas que escapan a los intereses estadounidenses y a su obsesión por la seguridad. Como es el caso del conflicto colombiano en América Latina; de la guerra civil en Costa de Marfil, en África. Del conflicto Israelo-palestino que no puede entenderse solo como un conflicto de tipo terrorista porque existe desde antes incluso que el conflicto Este - Oeste y porque revela que para la Casa Blanca pueden darse actos terroristas buenos o malos dependiendo de si son aliados o adversarios quienes los cometen.
Por ello, la simbología buscada por Washington, con su doctrina de los ataques preventivos, con la guerra contra el terrorismo y contra los Ejes del mal en continuidad con la doctrina de guerra contra los Estados Parias, con la guerra contra el narcotráfico, revela profundas incoherencias. Una de ellas, es el paso a un segundo plano de la justificación de sus acciones internacionales por la defensa de los derechos humanos y de la democracia, porque la lógica de la seguridad contradice el respeto de las libertades civiles, incluso en Estados Unidos, porque para atacar los países malvados es necesario aliarse con dictaduras y limitar los derechos civiles para combatir a dictadores con veleidades autonomistas o grupos terroristas entrenados en el pasado por los propios servicios de seguridad estadounidenses. Ello revela improvisación e incoherencias enormes que favorecen un simbolismo opuesto al buscado. En lugar de asegurar la hegemonía estadounidense en el mundo de la pos-guerra fría, la estrategia de Washington cuestiona precisamente el carácter de dominación por consenso que todo Imperio trata de alcanzar.
LA SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL EN AMÉRICA LATINA.
La situación económica y social en América Latina a fines del año 2002 y comienzos del 2003 es la de un polvorín listo para estallar por la agudización de la crisis económica y de las desigualdades sociales por el fracaso de veinte años de modelos neoliberales posteriores a la crisis de la deuda externa de los ochenta y de inserción en la dinámica globalizadora. En ese marco, los ensayos de nuevas experiencias políticas y de nuevos movimientos sociales como en Venezuela, en Ecuador y en Brasil, por no mencionar que los más evidentes, reflejan el retorno a la búsqueda de nuevas alternativas de desarrollo nacionales para resolver los problemas creados por los embates de la globalización. Todo ello en un marco difícil producto del retorno de las aspiraciones imperialistas totalitarias de Washington para la región, que radicalizan las situaciones graves como la de Colombia.
El año que termina ha sido calificado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL como uno de los más críticos de la historia económica de la Región. El producto regional cayó en 0.5 %, continuando un desempeño adverso que ha hecho que la CEPAL considere los últimos cinco años como una media década perdida para el desarrollo, como lo ocurrido en los años ochenta con la crisis de la deuda externa. En Argentina la producción cayo en 12 % en 2001, acumulando una caída del PIB en cuatro años de 22.4 %; una de las más dramáticas que haya conocido América Latina. En Uruguay, también se acumula una caída del PIB de 20 % en el cuatrienio. En el caso de México, de los cinco países de América Central y de la región del Caribe, fue la desaceleración de la economía de Estados Unidos, el principal socio comercial de la Región, que provocó la desaceleración. Sólo Costa Rica, El Salvador y República Dominicana tendrán un crecimiento positivo del PIB per cápita en 2002.
En 2002 la producción por habitante alcanzó apenas niveles de 1997 pese a un aumento de la población de 2,1 % anual. Ello se debe a que más de la mitad de los países tuvo una contracción de su PIB per cápita mientras que algunas economías tradicionalmente dinámicas han detenido su expansión, como es el caso de Chile cuyo PIB creció solamente en 1.8 %. El desempleo oficial, mientras tanto, ha llegado al 9.1 % : el nivel más alto de la historia latinoamericana, que supera los peores registros de la llamada década perdida para el desarrollo.
Es necesario destacar que la crisis económica que vive la región se debe, como en el pasado, a su inserción subordinada a la economía mundial, ahora en el marco de la globalización. El estancamiento de la economía mundial se tradujo en una reducción de la demanda de productos de exportación latinoamericanos y en una reducción de la llegada de capitales a la Región afectando aspectos centrales del modo de desarrollo implementado en América Latina en reemplazo del modelo Nacional desarrollista.
El dato más importante a retener es que 2002 fue el quinto año consecutivo en el cual el pago de intereses de la deuda ha superado el endeudamiento externo neto. Esto se conjuga, además, con la caída brusca de la inversión extrajera directa, principal fuente de capitales en los últimos años. En 2002, hubo una sustracción neta de recursos desde América Latina al resto del mundo de 39 mil millones de dólares, equivalentes al 2.4 % del PIB regional. Por otro lado, la inflación subió al 12 %, el doble que en 2001 producto de las depreciaciones de las monedas frente al dólar.
Además, los términos de intercambio continuaron deterioróndose. Esto significa que los precios de los productos exportados por las economías de la región, con la notable excepción de los que exportan petróleo (Argentina, Ecuador, Colombia, México y Venezuela), cayeron en los mercados internacionales. La deterioración de los precios relativos externos acumulados a nivel internacional en los últimos cinco años, las han sufrido Perú (-21 %); Chile (-19 %) y Brasil (-16 %). La caída más importante de precios fue la de minerales como el cobre, estaño y zinc; también del café y el azúcar y entre las materias primas agrícolas están los precios del algodón, del cuero y de la celulosa. Aunque los países produzcan más para la exportación, la caída de los precios internacionales hace que esas exportaciones tengan menor valor. Es la moderna versión de lo que acuñó en los años sesenta la llamada teoría de la dependencia que nadie se atreve a volver a visitar en estos tiempos del nuevo modernismo globalizado.
En el marco de capacidad de maniobra reducida de las dirigencias políticas estatales, las medidas monetaristas y fiscales adoptadas, agudizaron los choques externos en lugar de atenuarlos, como fue el caso de la sobre valuación de las monedas como lo mostró el colapso de la convertibilidad Argentina. Los pilotos automáticos y los efectos reguladores del mercado libre no funcionan en la realidad.
Desde el punto de vista económico el llamado Consenso de Washington, que lanzó las políticas neoliberales a comienzos de los ochenta, a nivel mundial con una serie de postulados que estaba prohibido discutir, terminó siendo un espejismo. La constatación no es exclusiva de círculos a la izquierda del espectro político. El informe de la CEPAL durante este año 2002 confirma la pérdida de grados de libertad de las autoridades para manejar la coyuntura económica, principalmente por presiones de los mercados cambiarios y la sostenibilidad de la deuda pública. Se abre el debate a nivel internacional sobre posibilidades alternativas de desarrollo, que posibilitaron la elección de Ignacio Lula da Silva en Brasil, a la cabeza de un vasto conglomerado pluriclasista. Se trata no sólo de resolver los problemas de los pobres y permitir que nadie pase hambre en el gran país de la samba. Se está frente a una nueva apuesta de sectores de la burguesía brasileña en favor de un desarrollo nacional como la mejor manera de negociar la dependencia y ganar mayores márgenes de maniobra frente a la globalización de la economía.
En ese marco las perspectivas económicas para el año 2003 no son positivas y es probable que situación social en la región siga deteriorándose. En noviembre, el informe anual Panorama social de América Latina 2001-2002, la CEPAL anunció que 214 millones de personas, casi el 43 % de la población, vivía en la pobreza en 2001. De estos, 93 millones (18.6 %) vivía en la indigencia. En 2002 la organización multilateral estima que la pobreza aumentará a 44 % de la población : más de 7 millones de habitantes engrosarán los rangos de los pobres, sobre todo en Argentina, donde la situación es la más dramática. Desde 2000, el número de pobres ha aumentado en más de 20 millones.
En ese contexto, son muy escasas las posibilidades de cumplir con el objetivo de reducir a la mitad el número de latinoamericanos que viven en la extrema pobreza para 2015 fijado solemnemente por la Declaración del Milenio de la ONU. Según la CEPAL, para alcanzar ese objetivo se requeriría un crecimiento anual promedio de 2.7 % durante 15 años. Aunque algunos países llamados emergentes tienen posibilidades de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes (como Chile, Brasil o Costa Rica) la mayoría de los países pobres no tiene ninguna posibilidad de lograrlo. Debe considerarse además que el Informe de la CEPAL confirma que la situación distributiva de la región latinoamericana es una de las más desiguales del mundo. Por ello, es absurdo depender exclusivamente del aumento de la actividad económica para reducir la pobreza. Se necesitan políticas de redistribución progresiva de los ingresos como única alternativa viable para alcanzar los objetivos mínimos que se fijó el Plan del Milenio.
En conclusión, luego del fracaso de los remedios neoliberales propuestos por el Consenso de Washington y producto de la deterioración de las condiciones de vida, la región latinoamericana vivirá nuevamente en 2003, la agitación social y política por la búsqueda de nuevas alternativas de desarrollo que respondan realmente a las necesidades de los habitantes de la región y la resistencia que ello engendrará en las oligarquías y los dueños de la globalización.
Marcelo Solervicens
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