Comentario del Domingo

Por MARCELO SOLERVICENS

Ir a la Portada Domingo 04 de Diciembre del 2005
 

1.- LAS ELECCIONES DE PRESIDENTE Y DE PARLAMENTARIOS EN CHILE.
2.- LOS ELECTORES CANADIENSES SOMETIDOS A UNA SEGUNDA CAMPAÑA ELECTORAL EN MENOS DE DOS AÑOS.


 
     1.- LAS ELECCIONES DE PRESIDENTE Y DE PARLAMENTARIOS EN CHILE..

El próximo domingo 11 de diciembre, los electores chilenos deben concurrir a las urnas en las cuartas elecciones desde el retorno de los gobiernos civiles en 1990. Todo indica que se mantendrá en el poder la coalición gobernante, la Concertación de Partidos Por la Democracia, forjada en la oposición política a la dictadura militar y consolidada luego de la victoria contra el plebiscito de Pinochet en octubre de 1988. Por 15 años, el modelo de sistema político pactado entre la coalición gobernante y los militares en Julio de 1989, ha dado una de los sistemas de democracia representativa más estables de los que surgieron del fin del ciclo de dictaduras militares que asolaron el continente entre las décadas de los 60 a los 80.

Luego de los gobiernos de Patricio Aylwin, de Eduardo Frei, y de Ricardo Lagos, la elección de Michelle Bachellet, la primera mujer que será elegida presidenta de Chile, marcará el periodo más largo de gobierno de una coalición de gobierno, más largo incluso que el de la dictadura militar de Pinochet que duró 16 años.

En las elecciones se elige el presidente entre cuatro principales contendores. Por un lado, Michelle Bachellet del partido socialista, hija de un militar no golpista asesinado por la dictadura militar, que es la candidata de la coalición gobernante luego que abandonó su candidatura la democratacristiana Soledad Alvear. Las últimas encuestas indican que ha tenido una baja importante a nivel del 39% de los votos según una encuesta de una institución de la derecha, el Centro de estudios Públicos (CEP). Esto obligaría nuevamente a ir a una segunda vuelta como le ocurriera a Ricardo Lagos en Enero del 2000. Pero aunque que eso ocurra, es segura ganadora en la segunda vuelta. Esa situación revela un importante desgaste en el poder que no se debe solo a las buenas o malas calidades de la candidata. Su propuesta es de continuidad insistiendo en la sensibilidad social para perfeccionar el modelo neoliberal y humanizarlo.

La derecha presenta dos candidatos presidenciales para acumular el máximo de votos al decidir no dirimir entre los dos candidatos y dejar la tarea al electorado. Por un lado está Joaquín Lavin de la Unión Demócrata Independiente, quién diera una sorpresa en 2000 que perdió por escaso margen obligando a que se diera por primera la segunda vuelta, que fue ganada por el presidente saliente Ricardo Lagos. Su experiencia como alcalde en Santiago y una seguidilla de errores le hicieron perder el lustre de su postura de cambio que había marcado una eficaz campaña electoral.. El otro candidato de la derecha, de renovación nacional, Sebastián Piñera, se ha transformado en el candidato de la derecha. Frente a la caída de Joaquín Lavin. Piñera que las encuestas dan como segundo con 22% frente a 21% para Lavin, se ha transformado en el candidato de la derecha esperando pasar a la segunda vuelta.

La izquierda excluida del sistema político por el sistema binominal de lecciones está representada esta vez por Tomás Hirsch, de la coalición Juntos Podemos. Los caballos de batalla se refieren a la crítica del modelo económico y plantean una serie de alternativas de transformaciones económicas sociales y políticas. Ha jugado un rol importante de denuncia y de apertura del debate pero no tiene ninguna posibilidad. Las encuestas le otorgan entre un 3 a un 6%. Es probable que su votación disminuya por el retroceso de Bachellet y el voto estratégico para cortar el camino a un candidato de derecha que se expresa generalmente en la segunda vuelta.

También se eligen los 120 diputados (dos por cada distrito) y 20 de los 40 senadores. Independientemente de algunos cambios menores en la composición del Congreso, lo que se vislumbra es la continuidad.

En ese marco, la importancia de las elecciones en Chile no radica realmente en su probable resultado, ellas son importantes tanto por su contexto como por las perspectivas que abren.

La más importante novedad de estas elecciones es precisamente que son las primeras que se realizan sin la sombra de Pinochet. Como se sabe, Pinochet ha sido procesado por sus violaciones a los derechos humanos, de los que ha podido escapar hasta ahora por su llamada “demencia senil”. Ahora encara nuevamente un caso de asesinato masivo. Como es el llamado caso de los 119. También encara un juicio por evasión fiscal al comprobarse que no sólo fue un asesino sino que además un ladrón. Si bien la derecha política chilena se enorgullecía de lo primero, considera inaceptable lo segundo y le ha quitado todo respaldo dejándolo aislado y en espera de su muerte en la deshonra más absoluta. Se trata de una victoria para los defensores de derechos humanos. El desaparecimiento de Pinochet como actor político abre perspectivas importantes de debate de los temas olvidados por el pragmatismo complaciente de la clase política. La tesis de la política de lo posible por la presencia de poderosos poderes fácticos se desdibuja dejando a los que están en el poder político actual como marionetas del poder económico a espaldas de las grandes mayorías.

Un segundo aspecto ha sido el inicio de un debate sobre elementos intocables de los tres últimos lustros, como son el tema de los efectos sociales nefastos del modelo económico y de la globalización. Una puerta que se abre, a un debate latinoamericano contemporáneo que está marcado por el desplome de las experiencias neoliberales, ello aunque Chile siga siendo un ejemplo emblemático de modelo neoliberal de apertura a la globalización, de privatización de la vida económica, social y cultural, de destrucción del medio ambiente y individualismo consumista. El modelo chileno ya no le sirve a ningún país latinoamericano. Los vientos que corren en América latina, renuncian efectivamente al neoliberalismo. Por un lado, los efectos de la globalización han traído crisis económicas, sociales y políticas en Argentina, en Bolivia, en Ecuador, entre otros. Por otro lado los viejos partidos han sido reemplazados en varios países por proyectos de nuevo tipo como en Venezuela y probablemente por Evo Morales en Bolivia a mediados de diciembre. También han sido reemplazados por presidentes sin partidos tradicionales como en Perú, en Ecuador y se abren perspectivas que durante los procesos electorales de 2006. Lopez Obrador pueda ganar las elecciones en México, que el partido de Lula gane nuevamente las elecciones en Brasil. El continente está en búsqueda de nuevas alternativas, lo que interpela la izquierda chilena.

El debate presidencial del 19 de octubre ha sido señalado como un momento en que se volvió a poner en el tapete los temas olvidados por el exitismo de la agenda neoliberal dominante en el gobierno y en la derecha política. Tras esos debates hay evidentes razones electoralistas. Lo cierto es que entreabren la puerta a cuestiones que se ha ocultado del discurso público y que se relacionan con el proceso social y económico que ha seguido su curso como trasfondo de los exitos macroeconómicos del neoliberalismo chileno. La concentración de la riqueza en Chile se revela en el hecho de que apenas el 5% de las empresas chilenas (de un universo de 600 mil), facturan más del 80% del total de las ventas. Por ello también la capacidad de consumo de los trabajadores no aumenta, lo que ha tenido como impacto una reducción de las inversiones.*

Con ello adquieren nueva vigencia las críticas tradicionales de la izquierda. Todos los participantes en la campaña desde los dos candidatos de derecha, Joaquin Lavin y Sebastián Piñera, hasta la candidata de la Coalición de gobierno, Michelle Bachellet, pasando por Tomas Hirsch del izquierdista Juntos Podemos, coinciden en que la situación es inaceptable.

A ellas se agregan algunas voces críticas en el stablishment mismo con respecto a que las desigualdades de ingresos revelan una situación de violencia social inaceptable. No sólo no ha existido el famoso chorreo económico pese a la acumulación de riquezas enormes, sino que ni siquiera ha habido goteo. Hasta los dirigentes empresariales como Felipe Lamarca, uno de los dueños de Chile, critican el modelo porque Chile es una de las 10 naciones con el desarrollo más desigual según el Banco Mundial. Tras esta preocupación hay un objetivo definido. La situación de inaceptable desigualdad de ingresos, impide que Chile, como lo desea el sector empresarial, pueda acceder al añorado club de los países de la OCDE donde están las economías más avanzadas del planeta (Organización de Cooperación y desarrollo Económico).

En este marco, las elecciones del 11 de diciembre próximo en Chile, aunque acaparen la atención por la elección de la primera mujer presidente de la historia de Chile, por el paso probable a una segunda vuelta, abren perspectivas insospechadas en el proceso político chileno que pueda finalmente liberarse de las amarras dejadas por los militares y recuperar una posición progresista en el concierto de las naciones latinoamericanas.

* Paul Walder, El Modelo ¿Herido de gravedad?, Publicado en Punto Final, # 603, 28 de Octubre de 2005.

   2.- LOS ELECTORES CANADIENSES SOMETIDOS A UNA SEGUNDA CAMPAÑA ELECTORAL EN MENOS DE DOS AÑOS.

La caída del gobierno minoritario del primer ministro Paul Martín el lunes 28 de noviembre, obliga a los electores canadienses a ir nuevamente a las urnas apenas 17 meses después las últimas elecciones. Un ejercicio que puede ser tan estéril como el de hace 17 meses, cuando se eligió un gobierno minoritario y por ende inestable. Es difícil esperar, si se cree la matemática electoral y la distribución geográfica actual del voto, que se obtenga un gobierno mayoritario estable. Pese a que los gobiernos minoritarios son una anomalía del sistema parlamentario de origen británico que existe en Canadá, lo más probable es que se repita el escenario de los años sesenta con una seguidilla de gobiernos minoritarios, algunos de los cuales fueron positivos. Si los liberales consiguen formar nuevamente el próximo gobierno será por un quinto mandato consecutivo, mostrando las dificultades de alternancia en el poder del complejo paisaje de los partidos políticos canadienses que se han transformado en partidos más regionales que nacionales.

Desde que se diera a conocer el primer informe de la Comisión sobre los escándalos de las comanditas, más conocida como Comisión Gomery, los días del gobierno minoritario federal de Paul Martín estaban contados. Luego de múltiples tergiversaciones, la oposición forzó la caída del gobierno antes del segundo informe de la Comisión Gomery, que no se cree que traiga nuevos elementos porque más bien debe proponer medidas para que no se vuelva a repetir lo ocurrido. El gobierno federal no consiguió imponer su escenario que era llamar a elecciones en marzo, y debió forzar una campaña electoral en pleno periodo de fiestas de fin de año. Las elecciones se realizarán en pleno invierno, el 23 de Enero, con una pequeña tregua entre Navidad y Año Nuevo. Si se considera que la participación de los electores está en baja constante, el mayor desafío de los cuatro principales partidos será que los electores vayan a votar en enero con temperaturas de dos dígitos bajo cero y cuando las tempestades son frecuentes. Este factor es importante porque puede influenciar el resultado de la votación. Nuevamente se habla de reformar el sistema para imponer elecciones en fecha fija, pero ello va contra la tradición parlamentaria que entrega al primer ministro y al parlamento el desatar la campaña electoral.

Como se recordará el parlamento canadiense cuenta con 308 diputados. Los liberales con apenas 133 diputados no contaban con la mayoría necesaria. Consiguieron sobrevivir a votos de confianza en la primavera gracias al apoyo del Nuevo Partido Democrático que con 18 escaños no alcanzaba a completar la mayoría necesaria por lo que la completaron con el voto de la tránsfuga conservadora, Belinda Stronack. Los Conservadores con 98 escaños formaban la oposición oficial pero debían contar con los votos de los bloquistas de Québec con 53 escaños y con los votos del NPD para hacer caer el gobierno. Todo ello para señalar que el cierre del parlamento muestra un complejo panorama de distribución regional del voto que no asegura que esta vez se obtendrá un gobierno mayoritario. Según las encuestas, los liberales tendrían más votos que los conservadores, pero ello no les asegura formar un gobierno mayoritario. Siempre según las encuestas, el NPD mantendría su votación y los bloquistas en Québec, dependiendo de la campaña podrían aumentar su votación.

El centro electoral que definirá la elección sigue siendo la provincia de Ontario, la más poblada y por ello elige el tercio de los escaños. Los liberales cuentan con la mayor parte de sus diputados en esta provincia. Su votación regional se concentra también en Québec y en las provincias marítimas y presencias muy limitadas en las provincias del Oeste. Como los liberales no esperan aumentar el número de escaños en Québec y hasta peligran sus principales ministros como Pierre Pettigrew, Liza Frula-Hebert y hasta Jean Lapierre, los votos en Ontario son fundamentales.

Por su parte, las fortalezas conservadoras de Stephen Harper se encuentran en las provincias del Oeste y alguna reducida presencia en las provincias marítimas. Deben ganar nuevos escaños en Notario si desean formar un gobierno minoritario conservador, porque están completamente ausentes de la provincia de Québec donde se eligen 75 escaños..

La campaña electoral comienza en un contexto económico favorable. No se vislumbra una recesión en el horizonte cercano, la cesantía está en sus niveles más bajos de los últimos 30 años, alrededor del 6%. Lo que ensombrece el horizonte son los efectos de la globalización, con cierres de empresas por traslado a otros países como ocurre con Bombardier o con DOMTAR. También están los efectos negativos del no respeto por parte de la Administración Bush del tratado de Libre Comercio de América del Norte en cuanto a la madera de construcción. Ya quedó atrás el debate sobre la participación en la guerra de Irak y sobre el establecimiento del paraguas anti-cohetes de América del Norte. En ambos casos los gobiernos liberales han seguido la opinión pública, dando una respuesta negativa a la Casa Blanca.

Los temas de la elección pueden variar pero se centraran en primer lugar en el escándalo de las comanditas, principalmente en Québec porque en el resto de Canadá parece haber pasado a tema del pasado. Como se recordará el llamado escándalo de las comanditas se refiere a la investigación que confirmó que los liberales federales desviaron parte de los fondos de 300 millones de dólares de un programa de comanditas en favor de la unidad nacional y contra la separación de Québec, beneficiando a un puñado de agencias de publicidad cercanas al partido liberal y usaron mecanismos ocultos e ilegales para financiar al partido liberal federal en Québec. Aunque el juez Gomery exoneró de culpas al primer ministro Paul Martín que era ministro de finanzas de la época, quedó la duda según los observadores de que el dicho escándalo era más sistémico que un simple desliz de funcionarios y publicistas venales. Los liberales insisten desde los primeros días de la campaña que el escándalo de las comanditas ya quedó atrás y que se debe pasar a otras cosas. Los conservadores de Stephen Harper y Jack Layton, jefe del NPD insisten que los liberales perdieron la confianza del electorado pero no se plantea hacer del escándalo el eje de sus campañas.

El escándalo de las comanditas será un tema importante de la campaña es en la provincia de Québec, donde todo parece indicar que ese escándalo confirmó la creciente tendencia favorable a la soberanía de Québec anticipando un nuevo referendo en un próximo gobierno pequista dirigido por el recientemente elegido jefe del PQ Andrés Boisclair. La pésima popularidad del gobierno liberal provincial de Jean Charest, hace que hasta los liberales federales consideren inevitable la victoria del PQ en las próximas elecciones y actualicen la amenaza separatista. Lo cierto es que en caso de la poco probable victoria de los conservadores, el Canadá estaría gobernado por un partido ministerial que no contaría con ningún representante de Québec.

La batalla electoral en Québec es diferente del resto de Canadá. Puede ser el primer paso en la recomposición de las fuerzas soberanistas para ganar las elecciones provinciales de 2007 y un posible referendo ulterior. En esa medida, el bloque quebequense busca victorias simbólicas contra rivales como Pierre Petigrew que señaló que los soberanistas eran una banda de perdedores, o Stephan Dion, que es portador de un modelo centralizador que aplica hasta en cuanto se refiere al medio ambiente como ocurre al margen de la conferencia internacional de Montreal sobre los cambios climáticos. Ayuda a los bloquistas que las relaciones entre los liberales de Jean Charest y los de Paul Martín no han sido buenas y Ottawa sigue imponiendo sus dictados en programas de jurisdicción provincial exclusiva y desconoce el desequilibrio fiscal.

Los conservadores han dominado los primeros días de la campaña replanteando bajar el impuesto a los productos y servicios federales del 7 al 5%. Como se sabe, este impuesto que traslada al consumidor los impuestos al valor agregado, fue instalado por los conservadores de Brian Mulroney para favorecer los exportadores y la adaptación de Canadá al Acuerdo de libre comercio de América del Norte. Los liberales que habían prometido abolirlo, se desistieron cuando llegaron al poder. Aunque en si la medida favorece principalmente a los sectores de ingresos medios y altos, está claro que es una medida electoral que ganará votos para los conservadores. Un tema que puede causar daño a los conservadores, es su propuesta de reabrir el debate sobre la ley que permite los matrimonios de personas del mismo sexo, que plantearon al comienzo de la campaña para que no les persigan después y no se transforme en tema de campaña. El gran objetivo de los conservadores en estas elecciones es el de aparecer como un partido centrista y no como una derecha moral. Deben disputar el centro político a los liberales. Una tarea difícil pero con las técnicas de comunicación existentes, pueden lograrlo.

Por su parte, los liberales insistirán en un balance positivo del gobierno, sobre el buen desempeño de la economía. Lo cierto es que no está muy claro todavía que es lo nuevo que aportará un quinto gobierno liberal al panorama político canadiense. El tema del sistema universal de salud es una bandera de continuidad, el tema de la globalización no es abordado y Canadá adolece de una política que compense los efectos negativos de la mundialización. La existencia de enormes excedentes fiscales permite teñir la campaña con inauguraciones pero, según los observadores, a Paul Martín le falta proyectar la imagen del Canadá del futuro.

Si se creen las encuestas y la campaña se da sin sobresaltos, lo que es poco probable, se prevé un nuevo gobierno liberal minoritario. Las elecciones federales han mostrado que los canadienses no son tímidos en cuanto a influenciar el panorama político. Hicieron casi desaparecer el partido Conservador en los noventa y solo la alianza con el partido de la reforma permitió que se hable todavía de los conservadores aunque su naturaleza sea totalmente distinta. También permitió la existencia del Bloque quebequense que se ha transformado en parte permanente del paisaje político en defensa de los intereses de los quebequenses en Ottawa. En ese marco, las sorpresas son posibles por lo que es necesario seguir el debate.

   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
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