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por MARCELO SOLERVICENS |
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1.- LAS CONSECUENCIAS DEL DEBATE SOBRE EL RECONOCIMIENTO DE LA NACIÓN QUEBEQUENSE EN EL PARLAMENTO FEDERAL.
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Esta semana, el partido conservador, el partido liberal, el partido democrático nuevo y los bloquistas, adoptaron casi por unanimidad una resolución que reconoce que los quebequenses forman un nación que existe al interior de un Canadá unido. Más allá de los significados que se asignan al término nación, más allá del carácter simbólico y no constitucional de ese reconocimiento, lo cierto es que la decisión del parlamento reabre la caja de Pandora de la política canadiense sobre el estatus de Québec que vuelve a las definiciones de los años sesenta antes de la imposición de la visión unificada de Pierre Elliot Trudeau. Veamos algunos antecedentes. En lo inmediato, el proceso que llevó a la adopción de la decisión del parlamento federal que reconoce que los quebecois son una nación al interior de un Canadá unido, se inscribe en consideraciones tácticas de los partidos federales con vistas a ganar votos en la provincia de Québec. En efecto, fue luego que el bloque quebequense presentó una moción que planteaba que el Québec es una nación, sobre la base que el nuevo partido democrático había adoptado una moción semejante en su congreso del verano, sobre la base que el ala quebequense del partido liberal, también adoptó una propuesta en ese sentido a instancias de los partidarios del candidato a la jefatura de ese partido Michael Ignatief. Se agrega a ello que durante una reunión del gabinete del partido conservador minoritaria que se realizó en la ciudad de Québec en vísperas de la fiesta nacional de los quebequenses el 24 de Junio, el primer ministro Stephen Harper, se negó a reconocer la existencia de la nación quebequense. El anuncio sorpresa de Stephen Harper de que ellos reconocían que los quebequenses eran una nación en el seno de un Canadá unido fue una sorpresa que llevó los comentaristas a señalar los talentos de estratega de Harper por parte de los comentaristas federalistas. Con ello parecía robar la bandera principal de los soberanistas, insistiendo al mismo tiempo que los quebequenses eran una nación por ahora y para siempre en el seno de un Canadá unido. La decisión final de los bloquistas de apoyar la moción porque de todos modos reconoce como un hecho la existencia de la Nación quebequense, les permitió salvar su imagen y posicionarse en el debate sobre las consecuencias del reconocimiento de la existencia de la nación quebequense. La adopción de la moción no fue unánime. El ministro de relaciones federales provinciales del gobierno conservador federal, renunció por considerar que la moción implicaba el reconocimiento del nacionalismo étnico. Una veintena de diputados liberales votaron contra, mientras otros de ese y otros partidos estaban ausentes. Con ello se relanzó el debate en el Canadá Inglés. Una encuesta confirmó que dos tercios de los canadienses fuera de Québec siguen negando que Québec sea una nación. La resolución federal permitió que los organizadores del Congreso de los liberales retiraran la moción sobre la nación quebequense de sus debates y que dividía profundamente ese partido. El último capítulo de la zaga fue la adopción por la Asamblea Nacional de Québec de una moción común de los liberales provinciales, de los pequistas y de la ADQ, que reconoce como positiva la resolución del parlamento federal. Ello refleja el debate sobre el uso que los liberales quieren hacer de la resolución federal para mostrar que el federalismo es la mejor solución para Québec y ganar las próximas elecciones. En suma, puede señalarse que la resolución sobre la nación quebequense dividió los conservadores, los liberales y el NPD porque reveló que si bien podían ganar apoyo en Québec, lo perdían en el resto del país. Para los bloquistas, demostró que deben tener cuidado en confrontar los federalistas pensando que la negativa será absoluta, es un cambio con respecto a la actitud de los liberales de Jean Chretien. En Québec los liberales de Jean Charest salen fortalecidos porque es posible obtener reconocimientos del gobierno federal, mientras André Boisclair no ha conseguido mostrar liderazgo, más allá de señalar que obviamente la resolución no implica resolver el problema que la Constitución de 1982 le fue impuesta sin el consentimiento de la Asamblea Nacional de Québec y que subsisten problemas de desequilibrio fiscal y la necesidad de ser un país. El debate sobre la nación quebequense no ha terminado y será parte integrante de los próximos debates en el ámbito provincial y federal. Ello puede traer consecuencias inesperadas. El carácter de la nación quebequense, la resolución federal, vuelve a la percepción que existía hasta los años sesenta según la cual el Québec era uno de los pueblos fundadores de Canadá. Algo inscrito desde la declaración del Acta de la América del Norte Británica que dio origen a Canadá en 1867. Valga señalar que en esa concepción se consideraban los canadienses franceses, los llamados habitants o los herederos de los franceses que llegaban a la nueva Francia. Es ese el sentido de la resolución de Stephen Harper que se basa en los individuos y no en el territorio. Se trata por ende de la concepción de nacionalismo étnico que existía en Québec hasta los 60. Como se sabe desde los años sesenta la Asamblea Nacional considera Québec como un territorio, la concepción de Quebec como Nación y no de los canadienses franceses o los quebequenses como individuos. En la nueva percepción el Québec es una nación que comprende el territorio y todos los que viven en ese territorio. La percepción de los conservadores sobre la nación quebequense aparece confusa e insiste en el carácter de que son los individuos los que forman parte de la Nación y no se hace referencia a un territorio, aunque ello no engloba, aparentemente a los francófonos fuera de Québec. Tras el debate sobre la nación se ha indicado acertadamente que se trata de un concepto que es entendido de manera diferente en la tradición ideológica francesa o inglesa. Por un lado, para la tradición Inglesa, el concepto Nación se refiere a un territorio y a un país, por ello las naciones unidas hacen referencia a los países que la integran. Por otro lado, en la tradición ideológica francesa, el concepto de nación se refiere a los debates del siglo de las luces y la constitución de Estados Naciones como oposición a la monarquía. Por ello existe una distancia entre las naciones y los países. Por supuesto que se trata de una simplificación plantearlo así. Lo importante es que ello revela la crisis del federalismo canadiense. La visión dominante en el Canadá Inglés y entre los tenores del federalismo es que el país y la nación es Canadá, un resultado del concepto de nación de los años Trudeau. Ello corresponde a la percepción de los soberanistas que la única manera en que Québec puede desarrollarse como nación es al exterior de Canadá. Por el momento la tesis del federalismo que acomode la nación quebequense aparece como un espejismo, que una realidad o una posibilidad si se considera el fracaso del acuerdo del Lago Meach y la negativa de los tenores federalistas de reabrir el debate constitucional para reconocer a Québec. El debate sobre la nación quebequense recuerda las razones que explican la permanencia del bloque quebequense como representante del nacionalismo quebequense en Ottawa. Nada indica que la resolución de los conservadores vaya a cambiar algo. Ya se ha señalado por parte de Stephen Harper, que se trata de un gesto simbólico sin consecuencias en el ámbito constitucional o político. Con ello muestra que su acción fue abiertamente oportunista porque contradice todas sus declaraciones anteriores y la visión mayoritaria. El tiempo dirá si con ello recupera votación en Québec para asegurarse la votación para un gobierno mayoritario. Todos consideran que ello beneficia más a su amigo Jean Charest que se posiciona para ganar las próximas elecciones. El debate sobre la nación quebequense revela las fallas que existen en el edificio de los soberanistas. Por un lado, en la búsqueda de mecanismos para obtener condiciones ganadoras han buscado transformar el proyecto soberanista en acciones concretas o, como en este caso, en el reconocimiento simbólico de la nación quebequense. Se ha olvidado la necesidad de forjar una coalición más allá de los partidos en torno a un proyecto en que la soberanía es esencial y no exclusivamente ganar el gobierno. La llegada del nuevo partido Québec Solidario puede llevar ese debate a una perspectiva más amplia. Por lo pronto, aunque los federalistas tratan de dejar atrás el debate sobre la nación, porque se escapa de su control, la tempestad provocada recuerda que el Canadá sigue sin resolver el llamado problema quebequense. El futuro dirá si este debate abre una puerta o si se trató de un desliz provocado por intereses partidistas de corto plazo que no consideraron los temas subyacentes. La victoria de Rafael Correa el candidato de la Alianza País, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ecuatorianas del 26 de Noviembre, consolida la existencia del eje progresista latinoamericano. Ello no obsta sin embargo que el nuevo presidente tendrá una ardua tarea porque no cuenta con las mayorías necesarias en el parlamento. Veamos los antecedentes. La victoria por una amplia mayoría de más de 20% por parte del candidato presidencial de Alianza País, Rafael Correa, constituye una victoria importante de las fuerzas progresistas en América latina. No sólo derrocó al candidato de las fuerzas derechistas y rey de la banana y candidato de Washington Alvaro Noboa, sino que además lo hizo con un claro discurso anti-neoliberal y nacionalista de izquierda. Es necesario recordar que Noboa había ganado por cuatro puntos en el primer turno, gracias al derroche de dinero, el apoyode toda la derecha y de la embajada de estados Unidos. La elección de Rafael Correa responde a que obtuvo el voto de apoyo de la Confederación Nacional de pueblos indígenas del Ecuador, la CONAIE y otros sectores populares que han depuesto a sucesivos gobiernos neoliberales en los últimos diez años. El programa de gobierno de Rafael Correa, se caracteriza por una posición antineoliberal, de combate a la corrupción y de posicionar a Ecuador de lleno en el eje progresista latinoamericano. En el terreno interno plantea la convocatoria a una Asamblea constituyente, el uso de mayores fondos para el gasto social combatiendo la pobreza en Ecuador. Tambièn plantea la lucha contra la corrupción y el rescate de las riquezas naturales de Ecuador principalmente del petróleo. El objetivo de la Asamblea Constituyente serà el de reformar el estatuto electoral oligárquico vigente. En política internacional, plantea el no al tratado de libre comercio con estados Unidos, la entrada de Ecuador al MERCOSUR, el no involucramiento en el conflicto interno colombiano, exigiendo el cierre de la base militar estadounidense de Manta usada para el Plan Colombia. También plantea usar más fondos para el gasto social, invertir las ganancias petroleras planteando el reingreso de Ecuador a la Organización de Paises Petroleros, OPEP donde hará frente común con Venezuela y con Irán. Ya confirmó en una entrevista que hará que el petróleo sea refinado en Caracas con lo que Ecuador obtendrá mayores dineros que pueden ser usados en gasto social. Ecuador posee grandes reservas de petróleo y de minerales estratégicos. Está claro que en el terreno interno, pese a la alta votación alcanzada por Rafael Correa, que la tarea no será fácil. Correa corresponde a la nueva oleada de presidentes populistas surgidos del desplome del sistema de partidos políticos en América latina. Correa no cuenta con ningún diputado en el parlamento con lo que puede revivir el conflicto entre el parlamento y el poder ejecutivo que ha caracterizado las últimas presidencias en Ecuador y que han sido dirimidas por las manifestaciones en las calles. El estilo de la presidencia dependerá de su capacidad de movilizar las masas populares para presionar en el conflicto con el parlamento logrando imponer la Asamblea Constituyente. Es en política internacional que el impacto del nuevo gobierno de Rafael Correa será el más evidente. La victoria de Correa, rompe el eje establecido en la Comunidad Andina de Naciones por Colombia y Perú. Est-a claro que su victoria reforzará el MERCOSUR actual Correo planteó que pedirá ingresar. También fortalecerá la iniciativa Bolivariana de los pueblos planteada por el presidente Chavez de Venezuela. Esta vez si está claro a diferencia de Lucio Gutierrez que Rafael Correa se inscribe en la tendencia progresista en América latina. Todavía es demasiado pronto para analizar las perspectivas del nuevo gobierno ecuatoriano que debe asumir el 15 de Enero próximo. Por lo pronto, se debe considerar que a la excepción de Colombia, de Paraguay y Perú (Donde algunos disputarían que el nuevo presidente sea de derecha o que el gobierno de Michelle Bachelet sea de izquierda). Lo cierto es que en América del Sur se vive un nuevo ciclo de gobiernos progresistas que no puede más que radicalizarse en la medida en que las condiciones objetivas que existen en la región exigen cambios estructurales importantes para terminar con las desigualdades sociales Las próximas elecciones en Venezuela, en Nicaragua y en otros países parecen indicar que es una tendencia de fondo. En ese marco, la presidencia de Rafael Correa está confrontada a desafíos importantes en el terreno interno porque debe gobernar sin partidos en un estilo populista y por otro lado porque no se vislumbra la constitución o desarrollo de partidos a partir de los movimientos sociales. Se trata allí de un problema generalizado en el continente del socialismo del siglo XXI en que no aparece respaldado por partidos políticos socialistas fuertes sino que más bien dependientes de presidentes populistas. Luego del desplome de la política de la Casa Blanca en Irak y en general en el medio oriente, expresada en la derrota de los republicanos en las últimas elecciones, está claro que se produce un recentramiento de la política de Washington en la que su tradicional patio trasero servirá de refugio. Las voces que se elevan en Washington son un llamado de atención para el eje progresista latinoamericano. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor |