arte arte latino por MARCELO SOLERVICENS
Ir a la Portada Comentario del Domingo 3 de Junio del 2007



Marcelo Solervicens

1.- La cumbre del G8 en Alemania.
2.- Reflexiones sobre la primera crisis del gobierno minoritario de Jean Charest en Quebec.


  
   1.- La cumbre del G8 en Alemania.

Del 6 al 8 de Junio se realiza en Heiligendamm, en Alemania, una nueva cumbre del G8, el club selecto de los 8 países que cuentan por 10% de la población mundial y concentra el 60% de las riquezas del planeta. En una reunión secreta los “amos del planeta” discuten temas y deciden acciones que afectarán miles de millones de personas. El G-8 es efectivamente una de las instancias claves de los países que se ubican a la cabeza del sistema mundial y sirve para impulsar la globalización neoliberal. También el G-8 permite que la elite mundial pueda negociar sus diferencias y relaciones de fuerza. Lo que más se publica sin embargo es que los líderes del G-8 tratan de aumentar su popularidad y legitimidad planteando resolver problemas como el cambio climático, la pobreza en el mundo, de ayuda a África y hacen declaraciones grandilocuentes y promesas que no cumplen.

Las organizaciones sociales han embestido con críticas y movilizaciones el espacio internacional desde los años noventa. Las manifestaciones de protesta y de presión denuncian el rol antidemocrático del G-8 y sus promesas no cumplidas. Por ejemplo de la pobreza de terminar con la pobreza aumentando al 0,7% del PIB la ayuda de los países desarrollados a los países pobres, promesa planteada en 1981 y nunca cumplida. Las movilizaciones de la sociedad civil en Rostock que comienzan el 2 de Junio aparecen inscritas en la tendencia de otras movilizaciones por otra mundialización como el Foro Social Mundial. Con ello muestran que la sociedad civil se ha constituido en un actor internacional capaz de denunciar el carácter ilegítimo y antidemocrático del G-8.
La cumbre de Alemania que es presidida por la canciller alemana Angela Merkel se concentrará oficialmente en el tema del cambio climático, de la ayuda a África y la globalización. Tras esos debates y en secreto, los presidentes establecerán las relaciones de fuerzas internas y plantearán coordinaciones para enfrentar la crisis energética. También se abordarán los crecientes roces entre Rusia y occidente, particularmente sobre el Kozovo y sobre el paraguas anticohetes de Washington. También estarán en la orden día las crecientes contradicciones entre los países europeos y Washington respecto del cambio climático. Está claro sin embargo que no existen grandes diferencias en cuanto a la lucha contra el terrorismo. La cumbre permitirá establecer las relaciones de fuerza internas de los países dominantes

Como se recordará el G-8 es el grupo informal de siete países más industrializados e influyentes del mundo. (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido.) además de Rusia. El antecesor del G-8 fue el G-7 formado en 1976 con la incorporación de Canadá, por presiones estadounidenses. La incorporación de Rusia se realizó de manera informal en los años 90, después del desplome de la Unión Soviética. A partir de 1997, el presidente ruso fue invitado anualmente pero solo en 2001 en Kananaskis en Canadá, el G7 se transformó en G8.

Aunque el G-7 y después el G-8 pretende ser un simple “Foro de discusión”. La realidad es que desde su creación en 1976, es una de las instancias de regulación y de reproducción de la estructura del sistema mundial. Funciona con reuniones periódicas que son apoyadas por los ministros de economía, de comercio, relaciones exteriores, medio ambiente, trabajo y otros ministros según la necesidad. Los ministros se reúnen para la preparación de los acuerdos, las medidas y llegar a consensos. También numerosos presidentes de países emergentes o de países pobres son invitados a participar en algunas reuniones dando un carácter particular a estos encuentros. En esta oportunidad asistirán entre otros los presidentes de Brazil y de México y muchos presidentes Africanos. Además, fuera de esos encuentros donde se presentan propuestas para mejorar el planeta, la característica más criticada del G-8 es la falta de transparencia y el carácter secreto de las discusiones. El único documentos público es la declaración final.

La historia de las decisiones y acciones del G-8 muestra que ha sido uno de las piezas claves del impulso de la globalización neoliberal a través de la liberalización comercial y financiera, de las privatizaciones, la flexibilidad del mercado laboral y políticas económicas deflacionarias. La cumbre del G-8 permite elaborar los consensos para la acción combinada de los países del G-8, en las instancias multilaterales que dominan y donde imponen sus dictados a los otros países, como es el FMI, el Banco Mundial y la OMC. También con otras instancias como el bloque de ipso de países desarrollados formado por la UE, Japón Estados Unidos y Canadá.

Otro aspecto del G-8 han sido sus anuncios y promesas de resolver las distorsiones y problemas del sistema mundial como la pobreza, el subdesarrollo, con iniciativas como la reducción de la deuda o la ayuda contra enfermedades como el SIDA, la malaria. El problema es que en la mayoría de los casos las promesas no se cumplen o se cumplen a medias porque no son verdaderas prioridades de los países del G-8. Por ejemplo, el aligeramiento de la deuda externa prometida a los países pobres en 1999 aún no se cumple completamente. Viejas promesas como la de 1981 de consagrar el 0,7% del PIB a la ayuda oficial al desarrollo nunca ha sido cumplida por ninguno de los países del G-8 y el promedio de ayuda alcanza apenas al 0,33% o menos según los países. Como se recordará, el cantante británico Bono que hizo campaña en 2005 para que la pobreza pase a la historia, dice que la mayoría de la ayuda de los países del grupo del G-8 han hecho menos que su promesa de 2005. Con todo ello, efectivamente las cumbres aseguran acciones que tienen gran impacto en los países del sur, pero al mismo tiempo reproduce la estructura de dominación.

Generalmente el huésped elige un tema que le interesa. Se recordará que el primer ministro canadiense Jean Chrétien hizo del NEPAD, el proyecto de desarrollo de África, el tema más importante del G-8 cuando se realizó en Canadá en Julio de 2001. En esta oportunidad la Canciller Alemana Ángela Merkel lanza la ofensiva de los cambios climáticos y de los cambios para evitar el calentamiento del planeta que es tema de tensión entre Washington y Europa. Con el apoyo del reino unido y otros países europeos Merkel exige el cumplimiento de los acuerdos de Kyoto y en la segunda fase en discusión que está en curso, quiere fijar como objetivo para 2050 la reducción de las emisiones de gases con efecto de invernadero al 50%. Por su parte, el presidente estadounidense George Bush planteó el Jueves 31 de Mayo un supuesto nueva plan verde, que se aleja del acuerdo de Kyoto, pero que tiene la novedad de plantear partir reuniendo a los principales países contaminadores del planeta del Norte como del Sur, para discutir como reducir los gases de efecto invernadero. El problema es que nuevamente plantea que las metas sean voluntarias, de acuerdo a las capacidades y las condiciones económicas de los países, lo que incluye la necesidad de desarrollar una nueva industria y nuevas tecnologías que enfrente los desafíos energéticos del cambio climático de otro modo. El ministro de Angela Merkel, Sigmar Gabriel calificó el plan verde de Bus como Caballo de Troya.

Como señalábamos otros debates son los referidos a las crecientes tensiones entre Rusia y occidente que hace que algunos hablen de que reviven la guerra fría: entre otros, el estatus del Kosovo, que los occidentales quieren que tenga un estatus de “independencia vigilada” por la ONU a lo que se opone Rusia que amenaza con usar su veto en el consejo de seguridad de la ONU. El presidente Ruso Vladimir Poutin ha criticado abiertamente el paraguas anticohetes en Europa como un acto hostil contra Rusia. A diferencia de la cumbre del G-8 en Saint Petersburgo en 2006, esta es una cumbre muy tensa.

En los últimos años las movilizaciones contra el G-8 se han transformado en foco de protestas de sectores diversos contra los “amos del planeta”. En 1998 en Birmingham las movilizaciones plantearon la eliminación de la deuda para los países más empobrecidos. En Génova en julio de 2001 fueron las movilizaciones más masivas y más violentamente reprimidas (1 muerto, miles de heridos y cientos de detenidos). Después el G-8 se ha reunido después lejos de los manifestantes y en oportunidades se vincula con las propuestas de soluciones del G-8 como en el caso de la cumbre en Gleneagles en Escocia en 2005. La realización de la cumbre del G-8 en Alemania se presenta entonces como una nueva oportunidad para hacer presión sobre los “amos del planeta” y denunciar su ilegitimidad al no optar por mecanismos multilaterales democráticas. Entre las organizaciones que participan se ve una vasta gama que va desde ATTAC, hasta la llamada “izquierda intervensionista”, la alianza anti G-8 y la cumbre paralela que se inscribe en la formulación del Foro Social Mundial, planteando que otro mundo es posible. Los manifestantes denuncian que “El mundo que resulta de la dominación del G-8 es un mundo de guerra, hambre, divisiones sociales, destrucción del medio ambiente y barreras contra los emigrantes y los refugiados.”

La cumbre del G-8 en Heiligendam, en Alemania del 6 al 8 de Junio no se traducirá en cambios o declaraciones extraordinarias. Está claro sin embargo que las movilizaciones de la sociedad civil ponen en evidencia la creciente crisis de legitimidad de este tipo de instancias de la globalización.fundamental.

   2.- Reflexiones sobre la primera crisis del gobierno minoritario de Jean Charest en Quebec.

La semana política quebequense estuvo muy movida esta semana con los tira y aflojas que culminaron finalmente en la aprobación por la asamblea nacional de Québec, del presupuesto de la ministro de finanzas Monique Jerome-Forget. Los adequistas votaron contra pero los pequistas, que también decidieron votar contra el presupuesto, con la excepción de tres diputados, se ausentaron de la votación con lo que el gobierno consiguió pasar su presupuesto con 46 votos a favor y 44 votos en contra. Nada indica sin embargo que la crisis por el presupuesto le haya servido a alguno de los partidos, las encuestas indican que si los quebequenses hubiesen votado nuevamente habrían elegido nuevamente un gobierno minoritario y hubiesen castigado el partido que les forzara a ir nuevamente a las urnas en dos meses y en pleno verano más encima. La crisis que agitó la clase política esta semana fue representativa de la situación política que prevalece en Québec desde la elección de un gobierno minoritario liberal el 26 de marzo pasado. Todo indica que el gobierno liberal minoritario no sobrevivirá a un nuevo presupuesto y los quebequenses irán a las urnas a más tardar el próximo año cuando se deba votar nuevamente por el presupuesto. Veamos algunos antecedentes.

En la tradición parlamentaria británica, el voto sobre el presupuesto, equivale a un voto de confianza de la Asamblea Nacional en el gobierno ministerial. Si este partido pierde en el voto por el presupuesto, está obligado a renunciar ante la representante de la Reina, que procede a llamar a nuevas elecciones. La ministro de Finanzas Monique Jerome-Forget presentó la semana pasada un presupuesto controvertido como si fuera un gobierno mayoritario, con rebajas de impuestos, sin buscar el apoyo de los pequistas que como segundo partido de oposición tiene la balanza del poder. La ministro de finazas confirmó la promesa del primer ministro Jean Charest hecha durante la campaña electoral cuando prometió a la sorpresa de todos. que la totalidad de los nuevos fondos provenientes del gobierno federal por la perecuación y atribuidos por el primer ministro federal Stephen Harper a la solución del llamado desequilibrio fiscal, irían a rebajas de impuestos.

Los analistas están de acuerdo en señalar que el gobierno Charest cometió un error de lectura de la nueva situación del PQ con la partida de Andrés Boisclair y la virtual entronización de Pauline Marois. Puesto que las encuestas hacían resurgir el PQ desde sus cenizas luego del descalabro electoral del 26 de Marzo, los pequistas reaccionaron frente a la ausencia de sus exigencias de base para apoyar el presupuesto y formuladas por Francois Gendron como (1) aumentar los fondos para los estudiantes con dificultades de aprendizaje; (2) aumentar los fondos en atención domiciliaria para los adultos mayores; (3) destinar fondos para la diversificación en las regiones y además (4) no usar los fondos del arreglo del desequilibrio fiscal a bajas de impuestos. Finalmente, y luego de diversos tira y afloja, los pequistas decidieron votar contra el presupuesto pero no hacer caer el gobierno a cambio de 110 millones de dólares destinados a la educación, la salud y las regiones, financiados con nuevos impuestos para las petroleras y los bancos.

El gobierno de Jean Charest fue intratable en negociar el respeto de su promesa electoral de bajar los impuestos de la llamada clase media y alta, pese a que el 70% de los encuestados estaba en desacuerdo. Aunque el gobierno de Jean Charest ganó porque consiguió conservar las rebajas de impuesto, está claro que los pequistas también beneficiaron de aparecer como verdadero partido de oposición frente al juego de la silla vacía que adopto Mario Dumont, el jefe de la oposición oficial. Es verdad sin embargo que en la reticencia final de los pequistas en ir a elecciones contra un presupuesto que no recibe el favor popular, entraron varios cálculos políticos: las encuestas indicaban que los resultados no variarían dramáticamente la composición de la asamblea nacional; Pauline Marois no está todavía en su puesto y; el esperado informe del Juez Grenier sobre Opción Canadá, no entregó nuevos antecedentes sobre las violaciones de la ley de las consultas populares de Québec para el referendo de 1995 por parte de los lideres de la campaña del No, entre los que estaba el actual primer ministro Jean Charest, cuando era líder de los conservadores. En ese marco, los pequistas moderaron sus ardores electoralistas y prefirieron buscar una salida negociada, por el momento.

El presupuesto liberal es un giro decidido a la derecha del espectro político y un acto de seducción para el electorado de la ADQ, por ello es que los elogios vinieron principalmente de los representantes de organizaciones patronales. Las medidas principales del presupuesto son: la reducción de 950 millones de impuestos (los 700 millones del desequilibrio fiscal y los 250 millones ya anunciados por el ex ministro de finanzas Michel Audet en Febrero, antes de las elecciones); el anuncio de la eliminación del impuesto a la ganancia de las empresas progresivo hasta 2010; el alza de las matrículas en las Universidades y; sobre todo por el anuncio de que Claude Castonguay, partidario de la privatización del sistema de salud, sería jefe de una comisión para recomendar medidas concretas de privatización de los servicios.

Los adequistas señalaron que no apoyaban el presupuesto porque el gobierno no disminuía la deuda pública, lo que les inscribía votando contra las medidas que ellos mismos planteaban que los liberales les robaban. Lo cierto es que la ADQ ya había señalado que votaría contra el presupuesto cualquiera que este fuera, por ello Mario Dumont hasta prefirió no juntarse con Charest el Jueves para recibir una propuesta del gobierno en vísperas de la votación por el presupuesto. Los analistas señalan que con ello, Mario Dumont cometió un error mayor, porque mostró que no está en condiciones de gobernar.

La crisis del presupuesto esta semana no terminó en elecciones, pero está claro que como lo señalan diversos analistas, que la campaña electoral ya ha comenzado. Lo más relevante sin embargo, son los acomodamientos que revela en el panorama político quebequés.
En primer lugar, existe unanimidad en señalar que a pesar de que Jean Charest consiguió ratificar su presupuesto y aparecer como el representante de la clase media, sus días a la cabeza del Partido Liberal están contados. En efecto, el drama y las tensiones de esta semana podrían haberse resuelto antes si Jean Charest practicara la idea de que un gobierno minoritario debe conversar con los partidos de oposición. Su empecinamiento en la rebaja de impuestos contra la opinión pública hizo arriesgar ir a elecciones en las que los liberales podrían haber ocupado el tercer lugar del espectro político si se creen las encuestas. Con el mantenimiento de su impopularidad, Jean Charest podría difícilmente ganar las próximas elecciones y obtener un gobierno mayoritario. Ello puede resultar en que los liberales deban cambiar de líder lo antes posible si desean permanecer en el gobierno. Los días de Jean Charest están contados, pero como señalan los analistas cumplió con su rol de combatir los soberanistas porque la opción pequista está muy debilitada.

Por su parte en el PQ, luego del choque de las elecciones del 26 de Marzo, de haber mostrado la puerta a Andrés Boisclair, aparecede revigorizado con la llegada de Pauline Marois. Al PQ al punto que por un momento creyó a la posibilidad de desatar elecciones y obtener el gobierno, las encuestas ulteriores mostraron que los pequistas deberán hacer mayores sacrificios si desean obtener el apoyo popular. Está claro sin embargo que el PQ está en vías de reorganizarse como partido con pretensiones de acceder al poder con un discurso pluriclasista y moderar su opción soberanista, aunque se declare socialdemócrata y soberanista.

Por su parte la ADQ, parece haber perdido una oportunidad de mostrar altura de jefe de gobierno, y por primera vez, los periodistas de los medios tradicionales le criticaron por sus frases de crítica populista destinada a la televisión y denunciaron que actuó como cualquier partido tradicional. Al mismo tiempo, está claro que en el nuevo contexto están de regreso los mismos asesores de la gran finanzas que rodearon a Mario Dumont en 2002, cuando aparecía con posibilidades de ganar las elecciones, y cuando terminó haciendo su discurso en Toronto en el Canadian Club y su candidatura se desinfló. Todo indica que con la pérdida de popularidad de los liberales de Jean Charest las elites económicas están mirando a Mario Dumont. Stephen Harper prefiere apoyarse sobre Mario Dumont antes que el impopular Jean Charest.

La semana política quebequense no cambió finalmente gran cosa en las relaciones de posiciones entre los partidos. El problema es que los quebequenses se quedan con un presupuesto que fuera de las pequeñas medidas concedidas por el gobierno a los pequistas es un decidido giro a la derecha de la política quebequense en materia fiscal, porque el presupuesto prioriza los intereses de las empresas y de los sectores de ingresos medios y altos y no ofrece nada desde el punto de vista de mejorar los servicios de la población amenazando aumentar la segmentación social y no presenta una visión para mejorar la calidad de vida de la población. Se trata de una triste semana para los sectores progresistas en la “Belle Province”.

   Marcelo Solervicens                Desea escribir al autor ?
 Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor