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Temas
del Domingo 2 de Marzo, 2003
1.- LOS PREPARATIVOS PARA LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
2.- BALANCE DE LAS PERSPECTIVAS DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK.
LOS PREPARATIVOS PARA LAS ELECCIONES PROVINCIALES EN QUEBEC.
Todo indica que los quebequenses irán a elecciones el lunes 14 de abril. La esperada campaña para las elecciones provinciales en Quebec, que de manera extraoficial, ya lleva más de un año, comenzará probablemente el 11 de marzo próximo, inmediatamente después de la presentación del presupuesto para el año 2003-2004 de la ministro de Finazas Pauline Marois, que seguramente tendrá un sabor electoral.
Como se recordará, en el sistema político parlamentario de origen británico que funciona en Canadá, el primer ministro tiene el privilegio de decidir la fecha de las elecciones al interior de un periodo máximo de cinco años, que se completarán el otoño próximo. Como las recientes encuestas dan el primer lugar al partido quebequense, es casi seguro que el primer ministro Bernard Landry lanzará como se espera las elecciones para el 14 del abril. Sin embargo Landry ha insistido que todavía no es seguro, pero está claro que la posibilidad de desarrollo de una guerra en Irak que podría distraer los electores ahora, le sirve en la medida en que según los observadores, los electores privilegiarán la experiencia y un gobierno que conocen antes de embarcarse en la aventura que le propone la ADQ, en un contexto de incertidumbre a nivel internacional.
La campaña electoral será muy corta y decisiva. Durará solo cuatro semanas y nadie puede a ciencia cierta afirmar quien formará el próximo gobierno. Veamos algunos antecedentes.
Hace sólo seis meses nadie pensaba que el partido quebequense pudiera ser capaz de conservar el gobierno. Desde el gobierno de la Unión Nacional dirigido por Maurice Duplessis en los años cuarenta y cincuenta, ningún partido ha obtenido un tercer mandato de gobierno consecutivo. Por ello era evidente que se caería en la alternancia en el poder y era por lo tanto el turno del Partido Liberal dirigido por Jean Charest. Desgraciadamente para el líder liberal fue el partido Acción Democrática de Quebec el que obtuvo, según las encuestas, el apoyo de los decepcionados con el gobierno apareciendo como el Partido que podría formar el gobierno.
Posteriormente y de manera sostenida, las encuestas han mostrado una resurrección del PQ que ahora aparece con posibilidades de formar el próximo gobierno. En una batalla a tres, los pequistas están primeros, le siguen los liberales y los adequistas están en tercer lugar. De todos modos no es seguro que el PQ puede efectivamente ganar las próximas elecciones por cuanto la existencia de una lucha a tres es una experiencia desconocida en la provincia. Además, por la distribución geográfica de la población dividida entre francófonos, anglófonos y alófonos, y la tradición del voto, en elecciones que no estarán dominadas por la cuestión nacional o constitucional sino en torno a proyectos dentro del espectro de izquierdas y derechas, abre incógnitas importantes. El partido quebequense deberá defender la victoria de sus diputados en algunas circunscripciones contra el partido liberal y en otras contra los adequistas de Mario Dumont y sufrir la sangría de votos por el impacto de los candidatos de la Unión de Fuerzas Progresistas en algunas circunscripciones estratégicas.
En el caso de Jean Charest, los desafíos son también enormes. Jean Charest, llegó a partido Liberal, desde el exangüe partido conservador federal, como el salvador de los federalistas y para ganarle al partido quebequense en las elecciones de 1998, luego del susto provocado por la casi victoria soberanista en el referendo de 1995, cuando estos perdieron el referendo por la soberanía por sólo unos 40 mil votos. En 1998, no pudo contrarestar la popularidad de Lucien Bouchard y hasta ahora no ha podido capitalizar claramente del desgaste en el gobierno por parte del PQ luego de dos periodos de gobierno y que el ex primer ministro Lucien Bouchard abandonara hace un par de años al ver que la soberanía del Quebec estaba muy lejana. Son solamente los errores de la ADQ y en particular de Mario Dumont que han permitido que los liberales puedan reposicionarse nuevamente. Los liberales aparecen cantonados en las circunscripciones anglófonas y alófonas y tiene dificultades en los sectores más importantes de la provincia que están en los sectores francófonos. A pesar de ello nadie puede señalar que no beneficiarán a nivel de las regiones, por cuanto es a ese nivel que el jefe liberal a concentrado sus esfuerzos en los últimos dos años.
Por su parte los adequistas de Mario Dumont han tenido una caída tan acelerada como su ascenso fue fulgurante hace menos de un año en las encuestas que les daban como ganadores y con posibilidades de formar un gobierno. Algo confirmado en las elecciones parciales de la primavera del año pasado. Está claro que la ADQ va a obtener un aumento importante en su votación pero no está claro si va efectivamente a transformarse en la oposición oficial o si podrá formar un gobierno de minoría o mayoritario. Ciertamente, la ADQ ha podido acceder al voto liberal tradicional, siendo una escisión de los liberales porque la cuestión constitucional no está en el radar de Mario Dumont como lo señalara ante el Canadian Club en Toronto. Por otro lado, la ADQ también consigue votos pequistas, porque apoyó el último referendo y porque aparecía como el partido del cambio.
Además, en estas elecciones a tres debe contarse con un cuarto partido. El partido de la Unión de Fuerzas Progresistas aparece como un nuevo partido de izquierda capaz de incidir en los resultados al atraer a los sectores más progresistas de la sociedad cansados de los virajes neoliberales de los pequistas. Esa situación es importante en algunas circunscripciones. Por ejemplo en Mercier donde el popular médico Amir Khadir, que fue candidato del Bloque quebequense, es el candidato de la Unión de Fuerzas Progresistas haciendo peligrar la elección del candidato pequista Daniel Turp, que fuera diputado del Bloque Quebequense y que perdió en las últimas elecciones federales. Como se recordará, en una elección parcial el PQ perdió esa circunscripción tradicionalmente pequista frente a la liberal Natalie Rochefort que se presenta nuevamente.
Lo cierto es que la UFP debe poder obtener por lo menos que se reforme el sistema de voto uninominal por circunscripción en alguna forma de representación proporcional para que la diputación sea más representativa de la diversidad quebequense. Todo ello sin perder de vista que para que surja una alternativa electoral de izquierda en la provincia se requiere una tenacidad y constancia importante en torno a algunos principios fundamentales.
En ese sentido, las elecciones provinciales próximas serán sumamente interesantes por cuanto se entra a la campaña electoral con niveles de incertidumbre importantes. Todo dependerá entonces de como van a posicionarse los partidos. Para ello, valgan algunas reflexiones sobre lo que está en juego.
En primer lugar, algunos plantean que la característica de estas elecciones es que se realizan fuera del debate del lugar de Quebec en Canadá o sobre la independencia. Sin embargo, como en las anteriores, la cuestión nacional, de la autonomía de Quebec sigue siendo el telón de fondo. Aunque el debate no se dé en torno al referendo sino que con respecto a la salud o el rol del Estado, está claro que la perspectiva del rol de Quebec será un aspecto importante de la campaña, como no sea porque Landry lanzó la perspectiva de un nuevo referendo para 2005. Quizás el debate nacional como tela de fondo es algo mas sano en la medida en que se pondrá en el tapete los debates sobre el futuro de la sociedad quebequense. También sobre como mejorar aspectos concretos, la llamada lista de promesas, que corresponde más al estilo de los liberales acostumbrados a buscar el poder, o bien el debate sobre el futuro del llamado modelo quebequense que ha lanzado la ADQ.
En segundo lugar, la Salud aparece como el problema central de la campaña. Sin embargo, la inversión reciente de cerca de mil millones de dólares en el sistema de salud producto del acuerdo federal provincial de gasto del excedente federal y que levanta en parte la presión existente en el sector de la salud, permite un debate más general respecto del futuro del sistema de salud y el rol del estado y las propuestas del aumento del sector privado. Lo cierto es que en ese debate es interesante notar que pese a que todos reconocen que el problema es que los costos en salud aumentan porque existen nuevos instrumentos y nuevos mecanismo para mejorar la población, y no sólo producto de cortes en el área. A pesar de ello nadie plantea la necesidad de que surja un debate sobre la negociación de mejores condiciones con las compañías multinacionales farmacéuticas que reciben enormes subvenciones para investigación y desarrollo y que después mantienen el derecho de propiedad intelectual durante años obteniendo grandes ganancias.
La propuesta pequista es más bien la del statu-quo, y se asemeja a la de los liberales. Ella promete enfrentar el problema de manera cotidiana y sin gran visión. Por su parte la ADQ con su propuesta ultraliberal de privatización, a pesar de la confusión y ambigüedad que mantiene, está claro que tendría efectos desastrosos respecto del acceso de la población a los servicios de salud. En todos los lugares del mundo en los que se han instalado sistemas privados coexistiendo con el sistema público, se da una medicina para ricos y otra para el resto. La propuesta de que los médicos puedan operar en un sistema público y otro privado es inaceptable para los observadores en la medida en que aumentará aún más las consecuencias negativas que se observan producto de las políticas económicas neoliberales del Partido Quebequense desde hace años.
El tercer aspecto entonces que orienta el debate es que más allá de la lista de promesas específicas en las elecciones se da un cierto debate respecto al rol del Estado, una discusión sobre el llamado modelo quebequense, que pese a incorporar políticas liberales ha terminado manteniendo a Quebec como una de las provincias más progresistas de Canadá. Se recordará que en las elecciones de 1998, Jean Charest trató de atacar el modelo quebequense y plantear un proyecto mas neoliberal, pero debió recular frente a la reacción generalizada en su contra.
En ese campo, es precisamente la ADQ de Mario Dumont la que aparece como la alternativa más clara frente al partido quebequense. Según los analistas es precisamente el que ha contribuido a despertar interés en la campaña electoral que aparece como una que está dominada por las reglas más tradicionales de izquierdas y derechas.
La ADQ representa una alternativa ultraliberal, en la línea directa de la llamada Revolución del sentido común de Mike Harris en Ontario, o la de Ralph Klein en Alberta. Una línea programática que se inscribe también a nivel internacional en los planteamientos de la administración Bush, como es con los famosos bonos de educación. Una posición ideológica de extrema derecha moderados por un cierto pragmatismo oportunista que le lleva a moderar sus contenidos ideologizados abandonando por ejemplo la propuesta de que todos paguen un impuesto de un mismo nivel.
La propuesta electoral de la ADQ fue dada a conocer esta semana y se confirma que se trata de una alternativa de derecha que recoge, veinte años mas tardes preceptos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher que son presentados paradojalmente como una novedad. En efecto, la idea detrás de la propuesta de la ADQ es que el Estado es menos eficiente que el sector privado. Por ello plantea el fin del artículo 45 de la ley del trabajo que prohibe que se subcontrate. Mario Dumont quiere reducir el tamaño de la función pública con lo cual ya se anticipa un conflicto con los sectores sindicales. Quiere eliminar la seguridad del empleo de los funcionarios. En salud plantea que el sector privado tenga un mayor peso permitiendo que los médicos puedan pasar del sector público al privado indistintamente. Se plantea además el recurso al sector privado a nivel del transporte colectivo y en las obras públicas. En la educación plantea utilizar la idea de los bonos de educación a distribuir directamente a los padres. En lo positivo, plantea el relance de los grandes proyectos hidroeléctricos para que la hidroelectricidad se transforme en el petróleo de Quebec. Por otro lado, aunque deja de lado la idea del impuesto único se plantea disminuir los impuestos sin precisar los sectores beneficiados y pagar de manera significativa la deuda fiscal. Lo cierto es que se trata de un proyecto que puede asimilarse a una provocación, sobre todo en un momento en que Quebec producto de los ciclos de desarrollo capitalista se encuentra en su nivel más alto del ciclo.
Por su parte, los liberales dieron a conocer su programa hace ya unos meses. Un programa que tiene dificultad en separarse de lo que efectivamente está haciendo el partido quebequense por lo cual aparece más como una lista de promesas antes que como un plan articulado de desarrollo. Ciertamente el PQ no ha dado a conocer aún su plataforma. Está claro sin embargo que se trata de gobernar de manera centrista, sin cambios radicales y reposicionar la soberanía solamente si se dan las llamadas condiciones ganadoras. En ese sentido, la campaña electoral que comenzará dentro de algunos días será muy interesante. Un momento privilegiado para que las llamadas comunidades culturales, como se nos conoce, hagan valer sus reivindicaciones específicas.
EL VOTO TURCO POSTERGA LOS PREPARATIVOS DE LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA IRAK
Lo menos que puede decirse sobre la guerra de Estados Unidos contra Irak es que la situación es confusa. Confusa, porque la oposición a la guerra se amplifica, mientras los Estados Unidos siguen contra viento y marea sus preparativos de una guerra relámpago y lo más rápido posible antes que empiece el calor en el desierto iraquí. Una guerra que, como lo ha denunciado esta semana el primer ministro de Canadá, Jean Chrétien, busca no sólo desarmar Irak, busca ademós el derrocamiento de Saddam Hussein y un cambio de régimen lo que no ha sido convenido por la comunidad internacional en la resolución del Consejo de Seguridad.
En primer lugar, están los antecedentes diplomáticos. La resolución 1441 del Consejo de Seguridad exige que haya una segunda resolución que constate que Irak no quiere desarmarse de armas de destrucción masiva para autorizar el uso de la fuerza. En esa medida, el informe de Hans Blix hace dos semanas no dió los argumentos para pasar a la acción y se fortaleció la posición europea de dar tiempo a los inspectores defendida por Francia y Alemania. Se espera un nuevo informe de los inspectores en Irak, para la semana próxima. Ello podría permitir que los Estados Unidos presenten su moción, con el apoyo de Inglaterra y España en el sentido que Irak no respetó la resolución 1441 y se justifica desarmarlo por la fuerza.
También podría permitir que la propuesta de Europa que plantea que los inspectores continúen mientras se obtenga el desarme de Irak de manera pacífica porque la guerra debiera ser la última alternativa y no la primera.
Por su parte, lo único claro es que la propuesta de Canadá en el sentido que se fije un plazo fijo para asegurar el desarme de Irak, no fructificó precisamente porque se inscribe en una posición intermedia que no interesa a los principales actores. Fue criticada por los opuestos a la guerra contra Irak porque justificaría la guerra. Fue criticada por los partidarios de la guerra porque la fecha del desarme era para ayer.
En ese marco diplomático el debate se ha desplazado a como van a votar los miembros del Consejo de Seguridad, porque se necesitan nueve votos para aprobar una resolución y es después que interviene el veto de alguno de los miembros permanentes. Como se sabe de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, Estados Unidos e Inglaterra están por la guerra, mientras que Francia, Rusia y China están contra. La duda allí es si ellos pondrían un veto a la resolución. Lo que permitiría sin embargo que Estados Unidos cuente con la mayoría del Consejo si obtiene el voto de siete otros miembros no permanentes del Consejo. De los diez miembros no permanentes del Consejo de seguridad, España se ha transformado en un aliado importante de Estados Unidos en los últimos días. También Bulgaria es favorable a Estados Unidos.
Los que ya se han manifestado contra la guerra están, Alemania que es un país europeo que favorece dar tiempo a los inspectores. También está Siria, el único país árabe miembro del Consejo de Seguridad que manifiesta su oposición a todo tipo de guerra contra Irak.
Cuatro a favor de la guerra y cinco en contra. Quedan entonces los otros seis miembros indecisos. En primer lugar están los latino americanos, México y Chile. Dos países que han firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos y que se inclinan por la posición Europea pero que pueden ser comprados por Estados Unidos ya sea en el caso de México para hacer avanzar el expediente del estatus de los mexicanos ilegales en Estados Unidos. En el caso de Chile, Otto Reich el encargado de América latina fue a Santiago a presionar al presidente Ricardo Lagos. Por su parte, en el caso de Pakistán, y de los tres países africanos miembros: Guinea, Angola y Camerún que manifestaron su oposición a la guerra pero que Washington busca convencer ofreciendo apoyo económico y otros mecanismos.
De los cinco votos que le faltan a Bush, estos se definen por los miembros no permanentes y por ello en el caso de América latina es importante la presión que pueda ejercerse sobre esos gobiernos.
En ese marco, las alternativas diplomáticas siguen abiertas.
En segundo lugar, respecto a los inspectores debe señalarse que todo indica que el informe que Hans Blix debe entregar la próxima semana al consejo y como lo prueba una filtración de su contenido esta semana, será del mismo tenor diplomático. Vale decir, Irak está cooperando pero no totalmente y se debe dar más tiempo. A no ser que hayan nuevos elementos que cambien dramáticamente la situación.
En tercer lugar, está claro que el rechazo de la propuesta de prestar el territorio turco como base para el ataque contra Irak desde el norte de Irak. En efecto, el sábado 1 de marzo, los parlamentarios turcos le negaron la mayoría absoluta a la moción qu permitía la instalación de más de 60 mil soldados estadounidenses en el sur de Turquía. Ello a cambio de una ayuda de 30 mil millones de dólares por los efectos que podría provocar esa situación. Eso constituye un revés importante para el Pentágono porque detiene la instalación del cerrojo contra Bagdad. Los 60 mil soldados estadounidenses estaban esperando en las cercanías y en otras regiones para instalarse. Ello puede significar una postergación de la guerra, pero lo más probable es un nuevo voto la próxima semana sobre la base de una nueva proposición. En este caso es precisamente la democracia Turca (el único país de la región que tiene un régimen de democracia representativa de estilo occidental). Como se recordará, en recientes elecciones un partido pro-musulmán ganó las elecciones y un porcentaje importante de los parlamentarios del partido en el gobierno votaron contra la moción. Además, como en el caso de otros países musulmanes, la opinión pública turca está masivamente contra la guerra y teme las consecuencias del conflicto también respecto de los Kurdos que se encuentran en el sur de Turquía y en el norte de Irak y que son aliados también de Estados Unidos.
En ese marco, la situación de guerra contra Irak, desde cualquier perspectiva diplomática y de la opinión pública debiera en el peor de los casos postergarse. Ello sería, sin contar con la porfía de Estados Unidos que tiene todo preparado para la guerra y que le cuesta cientos de millones de dólares y que está movida por fuertes intereses petroleros y de reorganización de la región. Una situación que debe seguirse de cerca.
Marcelo Solervicens
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