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por MARCELO SOLERVICENS |
![]() Marcelo Solervicens |
1.- Reflexiones Sobre el Informe de la Comisión Bouchard-Taylor en Quebec. |
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El jueves 22 de junio, un año después de su creación, en un contexto controvertido por la publicación anticipada de capítulos del informe por el periódico The Gazette, los presidentes de la Comisión de consulta sobre las prácticas de acomodos razonables ligados a las diferencias culturales, Gerard Bouchard y Charles Taylor, presentaron oficialmente el esperado informe de 307 páginas. La comisión propone 37 recomendaciones al gobierno liberal de Quebec, Jean Charest. La principal conclusión de la Comisión Bouchard-Taylor es que no existió una crisis producto de los llamados acomodos razonables como se creyó hace poco más de un año. De lo que se trató más bien, fue de una percepción de crisis, que se debió tanto al rol jugado por los medios de comunicación, como por la circulación de rumores injustificados y por la inseguridad tradicional de la mayoría francófona en temas de identidad. En realidad hubo un número relativamente reducido de casos concretos, que son analizados en un estudio solicitado por la Comisión y presentados en el informe. La comisión también plantea la necesidad de profundizar el modelo intercultural quebequense, de adoptar una laicismo abierto e implementar prácticas de armonización de las relaciones interculturales. Las conclusión sobre la inexistencia de una crisis por los acomodos razonables, podría hacer pensar que la creación de la Comisión hace un año, fue un gesto inútil, motivado por el interés político de Jean Charest para evitar que Mario Dumont, de la Acción Democrática de Québec, que benefició de la denuncia de los casos de acomodo razonable, siguiera ganando adeptos en la campaña electoral. Como se recordará, fue precisamente la denuncia de los casos de acomodos razonables lo que permitió que el partido de Mario Dumont adquiriera nuevamente popularidad lo que le llevó a transformarse en la oposición oficial destronando al Partido Quebequense. Pero nadie ha denunciado abiertamente que la creación de la comisión fuera inútil, pese a que costó más de tres millones de dólares, porque causó gran interés como lo muestra que recibió 900 memorias, 241 testimonios, que realizó 4 foros nacionales y tuvo 31 días de audiencias. Para muchos fue una sesión de terapia colectiva, necesaria, en la que no faltaron situaciones que alimentaron los monólogos de los cómicos, pero que mostraron la capacidad de Québec de discutir abiertamente de temas delicados. La popularidad de la comisión y los temas que está abordó en su informe parece indicar que tras de la percepción final para explicar la crisis de percepciones muestra que tras el malestar por ciertos acomodos razonables, se mantienen los problemas tradicionales referidos a la identidad quebequense francófona que cuenta por sólo 3% en América del Norte, referidos a los problemas constitucionales no resueltos de la federación canadiense y que se expresan en el contexto de nuevos debates sobre los acomodos razonables y los debates sobre la inmigración a nivel mundial con el cierre de los países europeos a los flujos migratorios y también por el cambio de precepciones del mundo posterior al 11 de septiembre de 2001 en el que los temas de religión se han transformado en fundamentales. Es necesario destacar que tras los silencios y las ambigüedades o complejidades del informe de la comisión se expresan no sólo el estilo académico de intelectuales de alto vuelo sino que además de la elección por parte de Jean Charest de dos presidentes de la comisión, uno, de ellos, un filósofo esencialmente federalista, Charles Taylor y el otro, un sociólogo esencialmente soberanista, Gerard Bouchard, para evitar las críticas de la oposición Pequista en la época. Los elementos esenciales de enfoque del informe se encuentran ya en las hipótesis que levantaron los presidentes y en sus escritos anteriores. Se recordará el revuelo causado por las declaraciones de Gerard Bouchard sobre que la reacción frente a los acomodos razonables era producto de la inseguridad de los quebequenses, en el sentido de que ellos se sentían disminuidos frente a los inmigrantes que contaban con religiones fuertes, porque los quebequenses habían perdido puntos de referencia con el laicismo impuesto por la revolución tranquila. De Charles Taylor, un filósofo de gran renombre internacional, se conoce su preferencia por la diversidad y el pluralismo que privilegia los valores individuales lo que según críticos, lleva su concepción el interculturalismo a asemejarse a los planteamientos multiculturales del ex-primer ministro canadiense Pierre Elliot Trudeau. Por la complejidad del tema y el estilo de los redactores, el informe se presta a múltiples interpretaciones posibles de los textos, lo que servirá para comprender los desafíos estratégicos de Québec, pero servirá para dirimir los debates en política partidista o las soluciones que buscaban quienes deben decidir sobre acomodos razonables, término que el comité propone cambiar por ajustes culturales. El informe de 307 páginas cuenta con 5 partes, una conclusión general y las recomendaciones. En la conclusión los autores insisten que para el buen funcionamiento de la sociedad es necesario que haya una buena integración de los inmigrantes que depende de la solución previa de problemas de orden social, como el subempleo, la pobreza, las desigualdades, la existencia de condiciones de vida inadmisibles, y los diversos tipos de discriminación. En segundo lugar, es necesario consolidar el mandato y dar mayores recursos a los que están en primera línea de relación con los inmigrantes como en los CLSC, las escuelas, los medios de comunicación y los grupos comunitarios. En tercer lugar se debe mejorar el acceso de los inmigrantes a los recursos, como el aprender francés, a la salud, a la formación y el reconocimiento de diplomas. En cuarto lugar, concluyen que las críticas de racismo contra los llamados quebequenses de origen canadiense francés no son apropiadas, en lugar de racismo se trata de la inseguridad colectiva o de situaciones de explotación de esa inseguridad. Finalmente insisten que se debe tener paciencia porque los problemas son complejos. En la conclusión general los presidentes de la comisión dan a conocer su enfoque de análisis. Ellos plantean como base del informe la existencia de tres líneas de análisis interconectadas. En primer lugar, el concepto del interculturalismo que es, según los autores la correspondencia quebequense del multiculturalismo canadiense y que se basan ambos en la ideología pluralista. Los autores reconocen la existencia de una tensión en e interculturalismo que proviene de la necesidad de buscar un equilibrio entre los imperativos del pluralismo que provienen de la diversificación creciente de las sociedades y, por otro lado de necesidad de mantener la unidad de una nación pequeña que es una minoría en el continente. Las críticas a esta postura, señalan que al concebir así el problema de Quebec, la comisión evacuó el tema de la identidad quebequense. La segunda línea es la de la laicidad abierta, una nueva concepción que reconoce la necesidad de mantener espacios de pluralidad religiosa en el espacio cívico pero basándose en la neutralidad del estado. Plantea así e desafío de mantener el equilibrio entre los principios de libertad de conciencia, de igualdad de los ciudadanos, de autonomía del Estado y de la Iglesia y de neutralidad del estado. Se trata de una visión compleja, pero es necesario rescatar, según lo plantean algunas críticas es que no confina la religiosidad al espacio privado, como lo pretende el laicismo tradicional, lo que es coherente con una ampliación del reconocimiento de pluralidad de religiones. Las consecuencias de ello es que se considera el estado como neutro y por ello se recomienda sacar el crucifijo de la asamblea nacional, no se permite que quienes ejercen el rol represivo o de control estatal como los jueces o los policías o los guardias de prisiones ostenten símbolos religiosos, pero si permite que los servicios estatales o espacios cívicos puedan ostentarlos, como los profesores, los que trabajan en hospitales por ejemplo. Finalmente, los autores plantean que todo depende del mecanismo de búsqueda de equilibrios a través de prácticas de armonización; para dar cuerpo y obtener los equilibrios a los enunciados de interculturalismo y de laicidad abierta. Los autores atribuyen una responsabilidad mayor en la búsqueda de equilibrio intercultural y de laicismo abierto al que llaman grupo etnocultural mayoritario, los quebequenses de origen canadiense francés, que en la concepción de los autores deja de ser la sociedad de acogida sumada a los grupos étnicos otros que han ido forjando el Quebec cívico que postula el nacionalismo moderno en Quebec. En esta concepción del interculturalismo, de la laicidad abierta hay ambigüedades importantes, por lo que las recomendaciones de la comisión aunque cierran el debate sobre la existencia de una crisis de los acomodos razonables, dejan abierto el debate sobre los desafíos de la sociedad quebequense. Respecto de las recomendaciones, entre más notables, estaba la de retirar el crucifijo instalado por el primer ministro Maurice Dupplesis en 1936. El primer ministro Charest, luego de la polémica creada por las declaraciones en el mismo sentido del ex jefe pequista André Boisclair, que acentuaron su pérdida de popularidad, decidió actuar rápidamente y obtuvo el apoyo de los otros dos partidos de oposición para sacar un decisión unánime de la asamblea nacional para mantener tanto el crucifijo como para mantener otros signos de patrimonio quebequense. El primer ministro Jean Charest publicó incluso una página en los diarios para fortalecer los elementos propios de la identidad quebequense, porque los intereses de la mayoría francófona y sus problemas de búsqueda de identidad no aparecieron en el informe. Respecto de la integración de los inmigrantes, la comisión rescata propuestas de quienes se presentaron ante la comisión, como es la de intensificar los esfuerzos por la regionalización de la inmigración, por favorecer esfuerzos de francización y de integración de inmigrantes apoyando los organismos de acogida. También plantea disminuir la cesantía de los inmigrantes provenientes de África. También rescata la propuesta de las organizaciones de acogida y defensa de inmigrantes en el sentido del reconocimiento de los títulos. Aunque estas ideas no son nuevas, no está claro si el gobierno desarrollará una prioridad presupuestaria hacia la inmigración. Otras propuestas son más delicadas y complejas, como la de que se haga un libro blanco sobre la laicidad abierta, vale decir, abrir un debate sobre cómo se limita la laicidad de la revolución tranquila a una fórmula que se abre a la religiosidad pluralista y diversa. Está claro que el gobierno Charest no está de acuerdo con esta medida que abriría un debate muy complejo y desestabilizador. Otras propuestas están referidas a la apertura al uso de símbolos religiosos en el espacio público. Por ejemplo, a comisión plantea que los jueces, los policías, los fiscales y los guardianes de cárceles no pueden usar símbolos religiosos distintivos. Una propuesta que va contra la decisión de la corte suprema de Canadá que autorizó a los policías de origen Sikh el uso del turbante. Pero por otro lado, plantean que los funcionarios, los profesores, el personal de los hospitales si pueden usar esos símbolos distintivos. La comisión insiste en que los acomodos deben de todos modos ser negociados caso por caso y los presidentes de la comisión proponen la creación de un organismo que establezca esos criterios más claramente. En ese marco es importante destacar que no existe unanimidad al respecto y lo más probable es que no haya muchos desarrollos en este campo en el marco de un gobierno minoritario. El informe también propone el reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres como un valor fundamental de la sociedad quebequense como lo ha propuesto el primer ministro Charest. La respuesta de los partidos de oposición ha sido la de proponer el establecimiento de una constitución interna basada en elementos esenciales de la identidad quebequense. Pauline Marois señala efectivamente que lo importante del informe son los silencios y precisamente el que se refiere a la identidad de la sociedad quebequense. Por su parte, Mario Dumont, insiste también en la necesidad de una constitución, pero Jean Charest no parece dispuesto a abrir esa caja de Pandora. ¿Cuál va a ser el impacto de la comisión Bouchard-Taylor? ¿Cual ha sido su utilidad? Se trata de una respuesta difícil de responder porque depende de las relaciones de fuerzas políticas en Québec y de cómo tanto el gobierno liberal minoritario de Jean Charest, como los dos partidos de oposición van a responder a las recomendaciones de la comisión. Lo más probable sin embargo es que como otras comisiones sirva de referencia para los expertos y telón de fondo en el debate. Pero algo se ha ganado, la comisión fue capaz de mostrar sin la sombra de una duda que la crisis de los acomodos razonables fue el resultado del periodismo sensacionalista de algunos medios que para aumentar sus tirajes recurrieron a transformar casos aislados de acomodos, previstos legalmente como resultado de la Carta de derechos individuales, en problema semejante al de una invasión de inmigrantes. Aunque la comisión no lo afirma, está claro que también se transformó en crisis por la explotación política que realizaron desde los consejeros de Herouxville hasta Mario Dumont que reconstruyó su popularidad sobre el temor al extranjero. Los presidentes de la comisión no consideran los acomodos razonables el contexto internacional, tanto de creciente cierre de los países desarrollados a la inmigración y la ola de islamofobía que se ha implantado desde 2001. El informe de la comisión constituye una excelente fuente de información sobre los enfoques de la problemática de la sociedad quebequense y canadiense. En esa medida el documento, a pesar de que sus recomendaciones pueden quedar letra muerta, no acumulará polvo porque será utilizado en las universidades y por los investigadores porque plantea desafíos teóricos y los límites de las concepciones epistemológicas liberales. En el terreno práctico, porque el documento soslaya la problemática de la mayoría francófona, deja abierto el debate sobre los temas relativos a las percepciones autonomistas y soberanistas en Quebec. Pero, dentro de todo la comisión habrá conseguido su objetivo de calmar los espíritus en un tema complejo y dejar a los políticos el cuidado de definir los otros temas, lo que en el contexto de gobierno minoritario en Quebec es difícil, porque los liberales de Jean Charest han probado que la política de la inacción les sirve, mientras los Pequistas de Pauline Marois y la ADQ de Mario Dumont plantean la necesidad de una Constitución quebequense cuyos efectos prácticos parecen confusos, por lo menos dentro de la federación canadiense. Marcelo Solervicens es Cientista Político de la Universidad de Montreal y colabora con TuGuíaLatina.com desde su fundación en Febrero 2002. Las opiniones expresadas en este artículo, son de exclusiva responsabilidad del autor |